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Etiqueta: Poemas Kepa Murua Página 2 de 4

Será que estoy desnudo

© Del libro, Trilogía del corazón, Luces de Galibo, 2021.
© Fotografía de Rául Fijo.

Bandera

© Del libro, Trilogía del corazón, Luces de Galibo, 2021.
© Fotografía de Rául Fijo.

Cielo de lobos

© Del libro, Trilogía del corazón, Luces de Galibo, 2021.
© Fotografía de Rául Fijo.

La broma

El día que muera

El día que muera
no me enterréis con los míos,
dejadlos en paz.

Dejad a los Aurizenea con su timidez y su belleza
alzarse sobre una colina
con el apellido a cuestas.

Dejad a los Murua descansar por fin
con su inteligencia
y sus ojos ruidosos.

Dejad a mis amigos en su descanso.
A mis enemigos, dejad que sus huesos
les coman los gusanos.

Disfrutad de la fiesta el día que muera.
Prohibid exequias, negad mi buen nombre,
bebed un vaso de vino.

Leed algo, quizá un poema, pero no mío.
Y ahuyentando mi memoria
con una bengala detrás del horizonte, olvidadme.

Aventad mis cenizas el día que muera
en un círculo hecho silencio.
Ese día descansad y dejadme.

Y si alguno de vosotros llora
decidle que si es triste el recuerdo
la vida mereció la pena.

© Del libro No es nada, Calambur 2008, Amazon 2019.

Hiltzen naizen egunean

Ni hiltzen naizen egunean
ez nazazue lurperatu etxekoekin,
horiei utzi bakean.

Utzi Aurizeneatarrei bere lotsa eta edertasunarekin
mendian gora egiten
abizena bizkarrean daramatela.

Utzi Muruatarrei atseden hartzen azkenean
euren adimen guztiarekin
eta euren begi zalapartariekin.

Ez ezazue nire lagunen atsedena asaldatu.
Etsaiei, harrek hezurrak
garbi diezaizkietela.

Festaz gozatu ni hiltzen naizen egunean.
Debekatu hiletak eta ukatu nire izena,
edan ezazue baxoerdi bat.

Irakurri zerbait, poemaren bat agian, baina nirerik ez.
Eta zeruertzetik bengala batez
oroimena usatu eta ahaztu nitaz.

Hiltzen naizenean haizeratu ene errautsak
isiltasunezko zirkulu batean.
Egun horretan utz nazazue bakarrik.

Eta zuetariko batek negar egiten badu
esaiozue oroitzapena tristea bada ere
bizitzak merezi izan duela.

© km, «Ez da ezer» liburuko olerkia, Calambur, 2008 eta Amazon, 2019.

Los sentimientos somos nosotros

Los sentimientos somos nosotros
y alguna vez son los demás.
Pero el amor es ese cuchillo
que solo a nosotros nos hace daño
mientras su fuerza rodea al mundo
con su manto de bondad.
Los sentimientos infundados
sobre la sospecha mientras el amor
se desenvuelve ajeno
a lo que nos pasa
y se confiesa como ese beso entregado
a las profundidades de un espejo
donde aparecemos desnudos
con las arrugas del cuerpo
y el rostro tras el tiempo detenido
de las palabras inconfesables.
También los miedos son así: son nuestros
y algunas veces, de otros.
Pero el amor sustituye al deseo,
su inconformidad más latente.
En una noche hermosa
donde el hombre espera a su amada
y esta no vuelve.
En una mañana de lluvia
donde la amada quisiera darle un abrazo
y el mundo se vuelve esquivo
y lo que se ve por la ventana
parece un mar plano y duro
como el suelo de cemento
en una ciudad deshabitada.
Los sentimientos como barcos a la deriva
en una cocina a fuego lento en nuestra casa.
Y alguna vez, a lo lejos, en la de los demás
como navegantes minúsculos
que parecen puntos negros
que juntándolos más tarde
hacen del aire un cuerpo unido
que nos sostiene en la duda
con una fatídica pregunta:
¿son verdaderos los sentimientos?
¿Nos engañan si los vivimos en silencio?
Otra vez lo que ven los ojos,
lo que se siente y lo que se dice.
En medio, el silencio
como la única verdad
que nos ata al mundo
como eso que sentimos propio
y ese amor ajeno que se nos escapa.

© Del libro Ven abrázame, editorial Amargord, 2014.

Enigma de una noche

Poema del libro inédito (b)Autismo de las plantas y los pájaros.

Las respuestas están en nuestro interior

Las respuestas están en nuestro interior, donde siempre han estado, como poemas escritos en un papel en blanco y lanzados un día en una botella al mar que más tarde vuelve hacia nosotros para recordarnos que la felicidad está de nuestro lado, aunque no nos demos cuenta.

© km

Y entonces supiste de la derrota
como quien alguna vez obtuvo
la felicidad momentánea.
Una realidad extraña, dura
como la piedra, porque no fue
por culpa de los demás
que aún te querían, sino por ti,
que respirabas aire contaminado
desde las uñas del amor
hasta los pies del abandono
como otros pronuncian palabras
atacadas por el desánimo
y aparentemente dulces.
Entonces cuando lo supiste
ya no había remedio.
Ya no había vuelta atrás
y tampoco podrías huir de todos
porque no fueron ellos los culpables
sino tú, tu único adversario.
Tú que vivías del aire
con palabras aparentemente sabias
que crecían desde tu cuerpo
abandonándote cuando sin más salían.
Entonces no pudiste hacer otra cosa
que volver a mirarte en el espejo.
Había aire en medio. Un aire
pegajoso como el que une las vocales
y las consonantes, duras como la piedra,
de tu nombre a tu rostro.
Pero ahí no había nadie reconocible.
Nadie. Solo aire.

(Poema de El cuaderno blanco, El desvelo, 2019).

Autorretrato con muro

Cuando se desmoronó
en un tiempo que luego la historia
se encargará de engrandecer
y de exagerar a su antojo
yo pasé por allí
tal como lo cuenta ahora la gente.

Pero yo pasé mucho frío
y mucha hambre
en el centro de un mapa
que podía ser el de mi cerebro.

¿Por qué elegí ese camino y no otro?
¿Por qué esa lengua y no otra
–como la de mi madre–
y esa soledad como un juramento
que necesita del silencio
para seguir adelante?

Han pasado pocos meses de aquello
y me veo aún más perdido
tras los pasos de una Europa
que no sabe cómo crece
ni en qué se convertirá
una vez que estos gobiernos
desaparezcan y nuevos nombres
se asomen por su barandilla
a ver cómo va el mundo.

Que dios me perdone
porque el único que no cambiará seré yo.
Lo haré de rostro y seguramente
temblarán aún más mis manos.
Pero no podré olvidar ese juramento
que hice a las puertas de un cementerio
de lápidas bellas y monumentales
con tantos nombres
que no reconozco.

Hacía frío, era invierno,
llevaba una gorra,
una vieja chaqueta.
La misma invisible cara
de ahora. De siempre.
Yo, el único que no cambiará.
Ni el mundo ni mis poemas.

(1990)

© km, del libro Autorretratos, El Desvelo, 2018.

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