Escritor

Etiqueta: Memorias de un poeta metido a editor

No se reprime nada

6 de enero 2010

Hay varias maneras de hacerlo, pero solo dos para afrontarlo. Una con ruido y otra en silencio. Yo ya elegí, hace años que vivo en la discreción, en la reserva, en la calma, e incluso, si me apuran, en el secreto, en el sigilo. Pero no se debe confundir lo que digo con la afonía o el mutismo, con el disimulo o la mordaza, con la tregua o la pausa. Se impone el silencio, pero no se reprime nada. Se vive con él, pero no se calla ni se omite frase alguna. Se entrega a su profundidad, pero sin olvidar lo que nos rodea. Tan solo se recuerda que se vive en el estruendo, en el ruido, y que las voces que se escuchan no alcanzan su sonoridad más plena. Son los sinónimos que parecen decir cosas diferentes, los estados vitales que recorren tiempos difíciles, las mismas palabras que buscan su significado en la memoria las que imponen las decisiones más íntimas.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La despedida en silencio, 2010).
© De la fotografía: Raúl fijo.

La belleza de ese paisaje solitario

1 de enero del 2010

No sé para qué sigo con estas memorias. No sé para qué abro una nueva carpeta. Por no saber no sé por qué sigo escribiendo, por qué sigo editando.

3 de enero

Las emociones más elevadas nos muestran frágiles ante los demás. Nos hacen aparecer ante sus ojos como unos ingenuos o unos tontos, pero es inevitable mostrarse tal como uno se siente en un momento determinado.

7 de enero

Escribo a E.U. que anda desorientado en Nueva York: “Estimado amigo. Sigue adelante. Si la vida es complicada, más confuso puede resultar el mundo de la escritura. Pero hay que confiar en lo que se hace. Yo mismo he sentido mil veces su vacío y, a menudo, me siento desplazado por la crítica y los gustos de la mayoría, tanto es así que todos los días reflexiono sobre si merece la pena escribir para tan pocos lectores, y sin embargo, sigo haciéndolo porque en el fondo sé que lo que escribo merece la pena. Es más, incluso llego a pensar que alguna vez puede cambiar esta realidad cultural que nos confunde a todos. Son dudas que nos asaltan a menudo, situaciones que nos pasan a los que nos enfrentamos a la página en blanco, a los que nos inventamos el trabajo cada día, y muchas veces no vemos los resultados esperados. Sé que es duro, y que es difícil asumirlo. Hace poco, por ejemplo, publiqué Faber, un libro al que no se le está haciendo caso. Intuyo que no ha sido entendido como esperaba, pero pese a todo, sigo adelante. Por lo demás, siempre podremos perdernos por las calles y sentir esa extraña felicidad de hacer las cosas lo mejor que sabemos”.

8 de enero

La nieve es para las aves como el frío para la amistad. Con la nieve que cae no se ven pájaros ni se escuchan sus cantos. Con el frío, con las malas rachas, los amigos huyen, se ocultan para siempre, quedándote aterido y solo en la intemperie. Mas queda la semilla dentro: el canto, la amistad o el amor. Y es cuestión de volver a salir a la calle, al campo para mirar y tocar las cosas un día que salió el sol. Empezar a sentir de nuevo, incluso la necesidad de esa pérdida o la belleza de ese paisaje solitario que nos obliga a refugiarnos dentro, pues el olvido finalmente es lo que queda después de lo que no hay.

11 de enero

De los escritores que ahora tienen éxito ya se hablaba en la década de los noventa. Era lógico que uno los buscara cuando pretendía encontrar voces diferentes. Y fueron estos autores los que ganaron los premios de renombre y fueron aclamados por la crítica por sus obras maestras, “difíciles de superar” en la narrativa de entonces. Solo que ahora todo se repite: los nombres, sus libros e incluso, los elogios y las críticas. Y yo me pregunto: ¿no hay nada nuevo desde entonces? ¿Por qué esa manía que tienen estos afamados autores de estirar sus novelas hasta límites insospechados para decir –al fin– lo que habían dejado de decir en aquella época? Hay algo que no me cuadra: o la crítica se equivocaba antes o se equivoca ahora. ¿Y los autores? O se creían lo que de ellos se decía o nunca se creyeron nada de nada, incluso lo que ellos mismos dijeron entonces.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La despedida en silencio, 2010).

© De la fotografía: Raúl fijo.

Volver a Rilke

3 de enero de 2008

Volver a la biografía de Rilke es volver al diccionario –el único libro que un poeta debe leer a menudo–. Es volver al aprendizaje de una lengua y situarse en otra. Es hablar y escuchar en una lengua y escribir en otra. Es transformar el canto interior del hombre en eco del paisaje. Es volver a la poesía religiosa sin ser religioso, a la poesía de la vida sin vivir como lo hace la gente, es volver al silencio y a la soledad extrema. A la ingenuidad también, a la profundidad de las cosas, al alma de lo innombrable junto a la visión detenida de los animales y las plantas. Saber algo más de Rilke apoyándose en sus textos es transformar la gramática cuando se empieza a escribir sintiendo la presencia de las palabras cuando no tienes con quien conversar y aprendes a hacerlo en silencio. Volver a Rilke es reconocer la naturalidad del cuerpo libre. Volver a un dios que por parecer triste o profundo, es humano y delicado. Es resistirse a una divinidad que nos convierte en únicos. Es resistirse frente a la derrota, seguir adelante con las palabras que no se emplean a menudo, continuar por un sendero ilimitado de sospechas y susurros. Volver a Rilke es reconocer un rezo invisible pronunciado por un hombre que se convirtió en poeta como quien persigue un amor sin saberlo. Es volver a la poesía en tiempos de derrota. Volver a Rilke es sentirse parte del mundo pese a su aparente tristeza.

8 de enero

Poco antes de morir, un ocho de enero de 1922, Katherine Mansfield escribe: “Quedarse tranquilo, explicarse y ser sincero. Acuérdate de esto”.

14 de enero

Este año se presenta difícil. La crisis económica internacional, la inestabilidad política en España, la falta de perspectivas del sector, la inexistencia de ayudas a las pequeñas empresas culturales en un entorno tan politizado como el vasco, son razones de peso a la hora de situar una empresa de literatura en un tejido económico que siente como un lujo que alguien se pueda dedicar a la poesía. ¡Qué se le va a hacer! A estas alturas me pregunto si todavía tendré tiempo para cambiar de oficio. Sea lo que sea, siento que estoy solo, que vuelvo al principio. Libro a libro, verso a verso, paso a paso, sin pensar demasiado en el futuro.

16 de enero

Otra de las razones de ser un poeta metido a editor es que, pese a conocer las trampas del sector, la dedicación se hace con una mirada radicalmente contemporánea. La ola es tan grande que nadie se atreve a cogerla, pero hay que lanzarse a por ella, aun a riesgo de salir despedidos.

20 de enero

El primer trabajo de un editor es el de lector, y el de un poeta, el de ciudadano del mundo.

22 de enero

Como desde hace un par de legislaturas los profesionales y tecnócratas de turno han llegado al poder, los políticos se han convertido en una casta aparte que vive alejada de los problemas reales de la ciudadanía. Pero en materia de cultura es significativo que se hayan transformado en una lacra que les marca por una pereza intelectual incapaz de comprender otras cuestiones diferentes al discurso dominante. Enfrentarse a ellos conlleva la obligación de prestar una atención desmesurada por sus encomiables servicios (sic) y una escucha interminable a un diálogo ensimismado que se sostiene en el mundo de las estadísticas. Debería decir entonces que es preferible encomendarse a los funcionarios de turno; pero no, porque estos se han transfigurado en una casta que se lava las manos y asiente con su sindical indiferencia a todo lo que mandan sus jefes. No obstante, si alguna vez vas a conversar con un servidor público, encomiéndate a Dios o al diablo por si te encuentras con un funcionario-poeta, o con un poco de buena suerte, con uno que iba para artista. Estos señores, la mayoría de ellos hombres, aparentemente cultos, conforman la casta más privilegiada del mundo laboral, pero a la hora de ubicarse en su trabajo critican los proyectos que se sostienen en el mercado y obstaculizan aquellos que no entienden como puramente artísticos. Oh, qué dolor cuando alguno me muestra sus poemas o me invita a ver sus cuadros. ¿Qué habré hecho yo en una vida anterior para atraer a tanto analfabeto y a tanto pelmazo al cruzar la puerta de las instituciones? Qué pesados son estos señores de la función pública que, aparte de vivir muy bien, nos exigen que coincidamos con un sentido puro de la vida. ¿Sabrán lo que cuesta escribir un libro? ¿Cuánto cuesta editarlo? ¿Y cuánto venderlo?

28 de enero

Si en las novelas vemos que los adjetivos se emplean muy mal, en poesía hay que ser muy certeros, casi perfectos, con las palabras utilizadas. A menudo lo que suena no es y lo que no suena prevalece por su ritmo interno, por su sonoridad secreta. Es como el jazz, pero con el silencio de la cabeza tocando una secreta melodía que va apareciendo mientras se escribe o se lee.

2 de febrero

Estar en la escritura es escribir un poema, masticar sus palabras, sentir el peso de su ritmo, sopesar en el pensamiento su significado. Es leer un libro sin más. Es leer lo que otros han escrito viendo cómo lo hacen. Es leer en silencio. Es corregir en el pensamiento. Y escribir unas líneas sobre la escritura. Y escribir luego algo muy tuyo, que sale de muy dentro, que pertenece a la vida y que está en el límite del tiempo que nos corresponde mostrar una vez más en silencio.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).
© De la fotografía: Raúl fijo.

Más allá de la poesía

27 de agosto de 2012

Ven, abrázame es un gran libro. Hay poemas que fueron escritos para que pudieran ser leídos en el momento exacto en el que puedo comprender lo que me pasa. Decir que estuve perdido no es decir toda la verdad. En realidad podría decir que, como tantas veces, andaba tras un sentido amoroso que pensaba que había vivido antes, cuando hoy sé que no fue así. El poema “Los sentimientos somos nosotros” es una revelación que rodea con un abrazo a la poesía y eleva el tono del libro. Si miro la fecha, no ha pasado un año desde que lo escribí. Y sin embargo, dejaré que pasen algunos días más para volver a él y eliminar poemas que son demasiado personales y alguno más que podría resultar extraño. He llegado a pensar que no en todos los casos se puede decir todo.

(Fragmento del libro de memorias inédito, Mas allá de la poesía, 2012).

Me pregunto si no estamos escribiendo demasiado

20 de febrero de 2008

Me pregunto si no estamos escribiendo demasiado y también, si estamos haciendo algo mal –muy mal–, al ver lo que se valora como bueno.

28 de febrero

Este oficio te obliga a leer demasiado rápido. Pero como poeta, no debo olvidar que escribir rápido es hacerlo sin abrir ni el corazón ni los ojos a lo que se deberá leer despacio.

5 de marzo

¿Qué diferencia hay en decir se rompe o se ha roto? Un ligero cambio verbal, que supone cierto matiz en el habla, domina el tiempo del poema, el ritmo del pensamiento.

13 de marzo

Necesito olvidarme de este oficio por un tiempo. El fin de semana iré a la playa. Necesito pasear por la orilla.

14 de marzo

Porque en ese momento, un soplo que todavía reconoces como ajeno, y que el tiempo convertirá en algo propio, te atrapa por el lado más bello que aún desconoces.

16 de marzo

No es que no sientas la felicidad del momento, sino que el momento no te deja ver la felicidad momentánea.

24 de marzo

Leer un libro de poemas es tocar el pensamiento de quien lo escribió.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).


© De la fotografía: Mónica Picorel.

Unas páginas de «Los sentimientos encontrados»

Aquí puedes leer las primeras páginas de «Los sentimientos encontrados»: Kepa Murua, poeta, editor y enamorado de la cultura en sus diversas formas, nos abre las puertas de sus pensamientos y rinde homenaje a su peripecia vital, literaria y empresarial.

https://bit.ly/2ZsBYDC

Las cosas casi nunca han sido fáciles para mí

15 de junio de 2009

Llamo a Remar para que se lleven algunos muebles, así como el escáner y la impresora a color. Noto que cada cierto tiempo elimino la decoración superficial de la oficina, los utensilios que se almacenan sin darnos cuenta de su escasa utilidad. Y cada vez tiendo al vacío, a la depuración, a lo mínimo: veo que no hay tantas carpetas como antaño, apenas unos archivadores imprescindibles, unos cuantos libros, incluso estanterías vacías. Todo limpio y ordenado, y aunque inevitablemente se podría pensar que estoy dirigiéndome a la puerta de salida, se ve que es una oficina donde se trabaja.

16 de junio

Pensaba que podría ser el vértigo, y es el tiempo detenido que merodea La decisión ininterrumpida. Creo que este es el título para el diario del 2008 y 2009. Sí, La decisión ininterrumpida. Para el comienzo, en cambio, para el tiempo del balbuceo y del aprendizaje que va desde 1996 hasta 2004, podría servir Los pasos inciertos. Los sentimientos encontrados corresponderían a los años más movidos, los que median desde 2005 a 2007. El título definitivo es el que estuvo en mi cabeza desde el comienzo: Diario de un poeta metido a editor. Al menos uno literario. ¿Qué significa la palabra ininterrumpida? Es un adjetivo que se refiere a algo sin interrupción, que no se corta, que no se decide, algo continuado que merodea en la cabeza desde atrás. Quizá esta reflexión se deba a que he revisado el libro de Pia Tafdrup y he vuelto a ver las películas de Tarkovski, como La infancia de Iván o Nostalgia. Andréi Rublev, pintor. Kepa Murua, poeta. Sin embargo, ¿dónde queda el editor que no podrá seguir así por mucho más tiempo? El sonido de los caballos sobre el campo de estos días. El silencio del agua. El águila en el cielo. El hombre que, consciente de su insignificancia, mira desde el suelo. Esculpir con el tiempo la lenta espera. Reducir a lo mínimo el auténtico significado de las cosas, el conocimiento a la nada, a la quietud la sabiduría del momento. ¿Seguiré con el diario en 2011, por ejemplo?

18 de junio

Si tenemos tiempo y queremos volver al poemario, o este nos deja, reescribimos algunos versos hasta dar con el ritmo exacto. También he de decir que, como lector, me gustan los poemas irregulares, a veces parecen más auténticos.

19 de junio

Lo del público –y especialmente los más cercanos– tiene miga, porque es como si se cerrase un círculo donde al fin se ve el camino trazado por todos y que solo los protagonistas colorean con sus propios rasgos, con su personalidad, con su biografía. Por eso, aparte de gozar del espectáculo, se emocionan y se ponen nerviosos, porque sienten el recorrido del éxito en la vida de esos conocidos, o en aquellos que se inmiscuyeron en sus vidas, tal como ellos se confunden con las de otros desconocidos. Es ese público que se vuelca en una complicidad interior porque no es capaz de expresar con palabras lo que siente. Pero después del espectáculo, una vez bajado del escenario, borrado el nombre de la portada, olvidada la foto del autor en la solapa del libro, pasado el tiempo, todos se repliegan en sus vidas, porque de la misma manera que el protagonista vuela tal como le permiten, ellos, uno a uno, saben que no se deberían preocupar por él, porque al fin y al cabo es como una prolongación de sus sombras y pensamientos durante el día.

20 de junio

Las cosas casi nunca han sido fáciles para mí. Todo lo que tengo, los aciertos, los errores, hasta lo que he perdido, se debe a mí. Mis libros, que no sé cuántos son, los de la editorial, que son más de ciento cincuenta, mi vida y mi trabajo que se confunden con lo que soy y lo que poseo, con lo poco que tengo y necesito para sobrevivir. ¿Será así también en el futuro? ¿Cómo será en esos días que me quedan hasta la vejez? ¿Seguiré escribiendo por placer? ¿Lo haré por conocimiento? ¿Para esos pocos miles que me siguen la pista? Creo que casi nunca ha sido fácil para nadie. Y es mejor que sea así, que exista una tensión, una fuerza oculta que nos renueve cada vez que sentimos la comodidad o el aburrimiento, la tentación de la repetición. En esa incertidumbre que no permite adocenarse a nadie ni acomodarse en lo que sentimos o hacemos, en lo que vivimos o escribimos, en lo que mostramos a los demás en unos tiempos en que los buenos libros no se venden ni se compran, ocultos como están por las grandes oportunidades que coloca como excepcionales el mismo sector, podremos mantener en vilo, en forma, nuestra conciencia. Y como el poder y el dinero no pueden con la conciencia, se intenta dominar la situación del mercado con el ánimo de dirigir el pensamiento de los ciudadanos. Los ciudadanos, no obstante, hacen lo que quieren, algo que a mí no me hace perder un segundo de mi descanso, pues es la misma ley de la selva la que impera en el mercado y en la elección, acertada o no, de los consumidores. Mas, ¿dónde se ubicarán los libros en ese futuro inmediato y concentrado donde por ahora solo existe lo que las grandes distribuidoras colocan en los supermercados? ¿Terminaremos produciendo de manera artesanal un objeto literario dirigido a una venta especializada en librerías de culto o en galerías de arte para unos pocos elegidos? A modo de justificación puedo pensar que casi nunca ha sido fácil para nadie.

21 de junio

Son así los días, algunos salen bien y otras veces temblamos por las malas noticias. Pero cuando se escribe, solo se escribe. Luego parece que uno no lo ha escrito porque se vive tal como lo hacen los demás. Es la magia de la vida y también de la escritura.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).

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