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Escritor

Elegancia de km

Reseña de TODO LITERATURA, por Isabel Alamar, 3 de julio de 2021.

Kepa Murua es un autor de culto que hace ya tiempo que encontró su propia voz como escritor en todos los géneros que practica (novela, poesía, ensayo) y al que sigue un público fiel y exigente.

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No en vano, lleva más de treinta libros publicados desde que comenzara su andadura literaria allá por el año 1999. En esta ocasión nos sorprende gratamente con una novela deliciosa, que consiste en una biografía atípica del gran modisto vasco Cristóbal Balenciaga, titulada “Elegancia”.

Esta biografía del diseñador de moda es algo diferente en comparación con otras que han sido escritas hasta la fecha, puesto que en su gran mayoría se centraron más en datos biográficos. En esta novela podremos apreciar, por el contrario, más la figura del modisto, especialmente en algunos de los momentos más importantes de su trayectoria, y desde diferentes ópticas o perspectivas, ya que accederemos, por una parte, a los pensamientos, recuerdos y vivencias del propio Balenciaga, pero, por otra, a los de su madre o a los de uno de sus discípulos más cercanos, llamado Emanuel.

En sus páginas iremos desgranando la vida del artista, sobre todo a nivel profesional, en su trabajo en diferentes ciudades, como la ciudad de la moda que fue París, hasta convertirse en ese gran referente que fue del siglo XX en el mundo de la moda, capaz de cambiar la manera de vestir de muchas mujeres; no obstante, a través de suaves pinceladas de todas las voces narrativas, incluida la del propio modisto, nos formaremos una clara idea de cómo era su personalidad (reservado, refinado, discreto, creativo, observador, trabajador incansable, humilde) y su físico (delgado, con gafas, elegante valga la redundancia).

En cuanto a la prosa del libro, esta se muestra en todo momento cuidada, serena, detallista, intimista. El autor maneja un estilo cercano, pero depurado al máximo, que resulta muy ameno y enriquecedor. Además, la obra posee un tono vitalista que busca y encuentra siempre la belleza en cada párrafo. “Si se es elegante, si se viste con comodidad, un día gris no es triste, la luz envuelve cualquier detalle, cualquier esquina por donde se pueda caminar”, nos confesará la costurera Martina Eizaguirre, madre del protagonista, nada más empezar el libro. “El viento de la costura es el mismo que el del mar en calma, la luz de un taller es tan intensa como la piel de un brazo desnudo que brilla, pero las cosas grandes se consiguen con la misma naturalidad que cuando son pequeñas”, se añade en otras páginas.

Grandes enseñanzas en una exigente prosa, sin duda, como se puede observar en esta confesión del propio Balenciaga a su discípulo Emanuel: “Pero el prestigio se forja detrás de las cortinas y se consigue con los dedos agarrotados por el esfuerzo, con los ojos cansados por la intensidad de la mirada que busca la perfección en la tela”. A su vez, como en un juego de espejos, la voz de Emanuel nos presenta al maestro costurero con devoción: “para mí era un dios y la primera vez que lo vi estaba arrodillado cortando un vestido con sus propias manos. Un hombre arrodillado ante la divinidad de su oficio”.

Una novela breve, agradable de leer, siempre enternecedora que nos hará disfrutar de inmediato. Cien páginas cuidadosamente cuidadas, que poseen una extraña magia en todo lo que narran. Palabras vivificantes, certeramente escogidas que nos transmitirán la pasión y el goce por el oficio de diseñador de moda, la satisfacción por el trabajo bien hecho y ante todo la importancia que tiene casi para cualquier cosa en esta vida la elegancia. Un lenguaje que hará sin duda las delicias de cualquier lector con buen gusto, aunque por su luminosidad, sencillez y belleza gustará a cualquiera que se acerque hasta sus páginas por ser una lectura altamente recomendable.

La vida de Cristóbal Balenciaga

Revista «ANIKA entre libros», por Y.M., 26 de junio de 2021.

«Elegancia» relata momentos especiales de la vida de Cristóbal Balenciaga, uno de los referentes dentro de la moda española e internacional.

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Cristóbal Balenciaga es uno de los nombres por excelencia de la moda, tanto española como internacional. Sobre él se han escrito varias biografías, pero creo que ninguna como la que nos presenta Kepa Murua. El escritor vasco acaba de publicar con Menoscuarto «Elegancia», una novela corta que puede ser tomada también como una biografía del célebre modisto.

El relato es una delicia. La prosa de Kepa Murua es muy elegante y sutil. Da la impresión, al leerlo, que se ha contagiado de la propia elegancia del protagonista. Como si fuese un vestido que se va componiendo y cosiendo sobre un maniquí, No es una biografía convencional, más bien el autor ha seleccionado aquellos momentos más importantes o especiales en la vida del modisto, los da a conocer al lector. Personalmente, me han gustado muchísimo, son momentos que reflejan tanto la personalidad como los sentimientos de Balenciaga. Este más que aparecer como el gran modisto, lo hace como persona. Es un Balenciaga más humano el que nos muestra.

La verdad es que la lectura se hace muy amena y no es porque se trate de una novela corta, lo que realmente influye es el estilo narrativo de su autor. A mí me ha parecido muy poético. Relata cada detalle con sutileza, consciente de lo que quiere ofrecer y quiere que el lector aprecie. Es una prosa elegante, contagiada de la propia elegancia que tenía el arte de Balenciaga. Comparada con otras biografías o relatos que tienen a grandes modistos como protagonistas, la propia Coco Chanel o la biografía también novelada sobre Balenciaga que escribió Nacho Montes, esta de Kepa Murua ha logrado emocionarme más. Me ha dado la sensación de que se ha centrado más en el espíritu o en el alma, por así decirlo, del modisto. Esta visión más humana me ha parecido extraordinaria, aparte también ha jugado el hecho de que la narrativa de Kepa Murua siempre me resulta fascinante. Tiene una forma de escribir que no deja indiferente al lector, hay mucho lirismo en ella, así como sentimientos. Es un autor que se mete de lleno en la trama o historia que nos está relatando, algo que se nota desde la primera palabra.

«Elegancia» no solo responde a un título, en este caso también refleja el interior, lo que va a encontrar el lector. Por ello, no puedo más que recomendarla. Kepa Murua es siempre garantía de calidad, de buena literatura.

Tal vez mañana

Del libro, Faber, 2009.

Balenciaga, el artista de la moda

Una semblanza de uno de los grandes creadores de alta costura del siglo XX.
Revista «El Corredor Mediterráneo», nº 961, Argentina, 23 de junio de 2021.

A raíz de la publicación de Elegancia, una novela que tiene como protagonista a Cristóbal Balenciaga, se me ha interrogado sobre mi interés por la moda, así como por otros asuntos importantes de su biografía y que responden a cuestiones relacionadas con el trabajo del modisto, como pueden ser la relación con las clientas o el mobiliario de las tiendas que fundó en San Sebastián, Madrid o París, por citar algunos ejemplos.

Es verdad que durante tiempo revisé sus catálogos y dibujos a conciencia y analicé su vida, pero una vez que me puse a escribir sobre él, traté de olvidar los hechos que se mencionaban para adentrarme en una novela que pudiera mostrar el pensamiento de un hombre que llegó a transformar el mundo de la moda y cambió la manera de vestir de las mujeres.

En una de las entrevistas digo: “Cristóbal Balenciaga es uno de los grandes artistas del siglo XX y los libros que hay sobre él, aunque interesantes, no van más allá de la biografía con fechas y detalles de su vida en la que no profundizan en una mirada que a mí sí me interesa como escritor: esa que indaga en su oficio y reflexiona sobre su manera de ver la vida”. Ante la pregunta de ¿qué es lo que más te llamó la atención de su figura?, la respuesta es firme:la confianza de Balenciaga en el arte que permanece en el tiempo frente a la fragilidad de la moda, me hizo pensar en la solidez de su carácter y en las convicciones que tenía como modisto, pero lo que más me llamó la atención fue su discreción o esa reserva, podría decirse típicamente vasca, que combinó con la osadía para presentar su trabajo al mundo con acierto”.

Cristóbal Balenciaga nació en Getaria, un pueblo de la costa vasca, bañado por el mar Cantábrico, situado a unos kilómetros de Zarautz, donde yo nací. De joven oí hablar de él; yo soy un buen escuchador y mi mente guardó esas historias hasta convencerme de que detrás de lo que se decía había algo más que moda. La labor de lectura sobre el modisto y los viajes al museo Balenciaga se intercalaron durante años con apuntes sobre el oficio de coser o de vestir y fueron el germen de esta novela titulada Elegancia.

Para escribirla volvía a Getaria, visitaba el museo, analizaba sus vestidos, paseaba por las calles del pueblo, me sentaba cerca del mar e, incluso, fui a visitar su tumba al cementerio. Es tal como lo pensaba: discreta, sin adornos. Cuando todo estaba dentro de mí, más o menos organizado, no tuve más elección que olvidarme de lo que se había dicho sobre el modisto para que fuera Balenciaga quien hablara y para que los que le rodeaban mostraran sus pensamientos sobre el maestro.

Fue un modisto que triunfó con sus colecciones y que elevó la moda a la categoría de arte; sin embargo, en un plano más íntimo o personal, no le gustaba hablar en público y no concedía entrevistas; era reconocido por su ropa. Sus manos cosían el vestido dibujado previamente en la cabeza, conocía el oficio de tejer y cortar como pocos y finalmente, por eso mismo, dejaba que su obra hablara por él. Yo he querido mostrar su vida a través de su arte. Es la libertad que concede la narración, la autonomía que tiene la ficción, pero el tono del protagonista es calmado, su voz es reflexiva, pues en la vida real no necesitaba llamar la atención para explicarse ni tampoco gritar para que le hicieran caso.

De Getaria también es Juan Sebastián Elcano, el primer navegante que dio la vuelta al mundo. Si pueden visitar el pueblo, en un paisaje que funde el monte con el mar, se puede admirar a unos metros del museo Balenciaga, el monumento que Victorio Macho realizó para conmemorar la gesta del marino. Las calles son estrechas, las casas están juntas y el puerto se adentra en el agua. Desde el mar, el navegante ve la iglesia. A un lado, un detalle no puede pasar desapercibido: una montañita a la que popularmente se le llama, “el ratón de Getaria”, cantado con sencillez por Gabriel Celaya en sus poemas, sostiene un faro que alumbra a los marineros el camino de regreso, después de las jornadas de pesca en medio de la lluvia o la tormenta.

En el puerto las cosas han cambiado; ya son años desde que Balenciaga nos dejó, pero en mi imaginación todo comienza con unas tejedoras que arreglan las redes de los marineros que salen a pescar en sus barcos, pues esas redes que surcan los mares son las que cosen las biografías de los navegantes en tierra; la misma que remendaban Cristóbal Balenciaga y su madre, quizá la figura más tierna de la novela, pues no solo le enseñó a coser, sino que, después de incansables jornadas de trabajo con aguja e hilo durante el día o una máquina de coser que se movía con pedales por la noche, lo instruyó para convertirse en el modisto que vistió con libertad a cualquier mujer que quisiera sentirse bella.

Elegancia habla de un modisto delicado y de un hombre adelantado a su tiempo, emboscado en un silencio sostenido, en una reserva que podría confundirse con la timidez que presenta aquel que no habla bien una nueva lengua y debe traducir sus pensamientos en nuevas ciudades; un costurero con una inteligencia audaz que se apoya en una mirada minuciosa, detenida tras la cortina que divide el atelier de su casa, y desde donde puede observar lo que pasa en la historia para atender a sus clientas y poder vivir, mientras tanto, de su arte.

Todo nace de un padre y de una madre, del lugar donde se vive de niño. En el caso de Balenciaga, de un pueblo con mar, de un marino que falleció cuando él era un muchacho y de una costurera que le enseñó el oficio de coser mientras le orientaba en el oficio más difícil: el de la vida, donde irrumpen otros nombres, como los de los amigos que confiaron en su arte o el de su gran amor que le abrió las puertas al mundo más refinado y que también falleció, en un tiempo cercano al de la desaparición de la madre.

En mis investigaciones para escribir el libro, me llamó la atención cómo el modisto cambiaba los colores de sus vestidos cuando celebraba la vida y cómo respondía a la nostalgia que lo embargaba con tonos que proyectaban sombras distintas, mientras enseñaba a sus colaboradores a tratar con mimo la tela y a las modelos a desfilar con soltura y firmeza, con la cabeza alta y la espalda erguida. Esas personas me mostraron la admiración que le profesaban las personas que trabajaron con él.

No es necesario copiar los halagos recibidos en diferentes épocas por el modisto ni creo que sea necesario mencionar los logros obtenidos por las colecciones de Cristóbal Balenciaga para pensar en su singularidad, tanto en el mundo de la moda como en el del arte. En un silencio impuesto para trabajar a conciencia, roto solo por el uso de los utensilios de coser, Balenciaga se muestra ante los demás con la humildad que proyectan los que saben lo que hacen y creen que el arte perdura.

Sus vestidos están vinculados entre sí por un hilo que enhebra cortes irreconocibles y las pocas frases que salieron de sus labios, con las que insistía en el valor de las telas o reivindicaba el oficio de modisto, son recordadas por sus seguidores y admiradores. Yo solo doy voz a lo que Cristóbal Balenciaga pensó y no dijo ante la gente: “pasé de ser un aprendiz a convertirme en un sastre con posibilidades. Conocí el valor de los tejidos de calidad y superé la timidez del trato con la clientela. Dibujar los vestidos, pintarlos, vestirlos, todo era parte del oficio; tardé en saber que una manga era perfecta si parecía pintada. Tampoco sabía que un vestidor era como un pintor o que un sastre podría convertirse en un artista, en un pintor o en un escultor, por ejemplo, porque un vestido vale lo que un cuadro o una escultura a la que la luz envuelve desde diferentes ángulos.”

Esos ángulos que recorren el cuerpo son los límites que bordean el mundo de Balenciaga que, como Elcano, fue un navegante visionario, acompañado de unos pocos fieles que creyeron en él desde que abriera la primera tienda en San Sebastián y pese a los avatares de los tiempos, como pueden ser la IIª Guerra Mundial que asoló París, donde el costurero se había asentado tras abandonar España debido a la Guerra Civil que unos años antes trastocó de golpe su vida de modisto reconocido.

Nadie como un ser silencioso y delicado para dirigir con destreza y sabiduría un barco de esa envergadura como es la casa Balenciaga que perdura aún hoy, mientras insiste en influir en el mundo de la moda, tal como lo hacía con cada colección el maestro. Algún periodista me ha preguntado por qué en la cima de su trabajo, en pleno éxito, el modisto se retiró, cerró sus tiendas y se apartó. Puede que nadie lo sepa, pero podría ser que ese misterio tuviera una respuesta: Cristóbal Balenciaga sabía que debía volver a ese mar desde donde empezó su viaje para dar la vuelta al mundo en un barco que llevaba unas redes y una vela cosidas por sus manos, tal como lo hacía su padre con las que tejía su madre. Desde el mar todo se ve de otra manera: la iglesia de Getaria tiene un color diferente para cada momento.

© km, junio de 2021.

Cuando no quiero algo, no lo hago

Sobre la elegancia

La elegancia no es una imposición, ni una manera de vestir o de maquillarse. La realidad de la elegancia dignifica el brillo de las cosas naturales como premia la belleza en total libertad, tiempo y edad. Se puede buscar la belleza en el exterior y sentir el arte como una representación de la vida, pero, al igual que la realidad, la belleza cambia con el tiempo. El gusto siempre va unido a un concepto propio de elegancia que cada uno debe saber cómo encontrar, sea hombre o mujer, de allí la libertad.

La verdad de la poesía

Dicen que la poesía es inútil hoy. Que la poesía es de los poetas que escriben encerrados en sus habitaciones sin mirar a la vida que pasa ante sus ojos. Dicen que en este mundo moderno la palabra escrita dejó parte de su razón en la pérdida de su alocado sentimiento. Dicen que los poetas intentan conducir a la poesía a su íntimo sueño. Que investigan el significado de su voz porque nunca han tenido la oportunidad de hacerlo como hombres. Dicen que en el origen de las cosas, la poesía no tiene sentido: que no cambia el mundo, que no cura las heridas de la vida, y tampoco en el amor se compromete a solas con sus semejantes. Dicen que en realidad somos lo que no somos y vemos lo que no vemos con extrema sencillez. Pero la voz es la emoción de las palabras cuando cobran sentido y en la garganta se siente el nervio de la lengua aferrándose a los mil sonidos desconocidos del cuerpo, y esa es su función poética: el sufrimiento de esas palabras por dar cuenta de lo que vieron, vivieron y las huellas que quedan en el alma. Lo que era verdad y que apenas intuíamos cuando la emoción estaba allí como estaba presente antes de que surgiera el poema. La poesía enciende la luz del mundo, cubre la oscuridad, el cielo y la ira, no cambia el mundo ni pretende con su grito nada, pero corre veloz con su ruido y su atmósfera envolvente, es la voz de hoy, como la de ayer y la del mañana.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.

Porque la vida tiene secretos

Porque la vida tiene secretos
que no cuenta a la muerte.
Porque en el camino se encuentra
el cielo de las cosas no dichas.
Porque la luz no es siempre blanca
y el sol de color amarillo.
Porque la tierra es frágil
con el hombre y su destino.
Porque la tristeza calla
cuando la vida recobra su alegría.
Porque nada es lo que parece
nada nos será prohibido.
Porque es libre el hombre
abrirá al fin sus ojos.

© Poemas del caminante, 2005.
© Ilustración de AFC, Mintxo.

Las frases que se escondían en la tela

La necesidad de exisitir

Un poeta debe ser un hombre libre y mantener su intimidad a salvo, como un elemento indispensable de su creación. Ha de ser independiente y crítico con la cultura oficial, así como con la política dominante y ha de basar su fuerza en un juicio honesto consigo mismo, pero que tenga en cuenta las necesidades de los demás. No ha de ser engreído y sí inconformista. No ha de ser hostil, pero sí auténtico y ha de estar tocado por un fino sentido del humor donde el elemento de la broma sea él mismo. Ha de aceptar sus miserias y derrotas tanto como los halagos y los posibles éxitos, y ha de aceptarse con humildad y alegría, no mostrándose ni artificial ni interesado. No puede faltar con sus actos a la dignidad que se merece ni al respeto que ha de tener por los demás. Ha de ser fresco si puede, original si sabe, creativo, inventivo, libre e, incluso, reconocer si se ha mentido a sí mismo en algún momento. Ha de saber vivir intensamente, sin excesos, con pocas cosas que le conforten, austero; de la misma manera ha de sentir intensamente las relaciones con la gente, con los animales y la naturaleza. Ha de admirar el silencio, la bondad y la belleza, incluso en las cosas desagradables ha de comprender la armonía del mundo. Ha de saber hablar, pero antes ha de saber escuchar. Ha de saber escribir, expresarse si se lo piden, hablar con sencillez y profundidad. Dudar mucho hasta que aprenda a dudar lo justo y nunca desdecirse ni en el amor ni en la guerra ni en el trabajo ni en la fiesta. Descansar si se lo pide el cuerpo, dotar al cuerpo de un vértigo inconcluso que se define como alma. Sentir el alma de todos en las palabras y dejar que vuelen como sombras libres que al final alcanzan su luz y su plenitud.

Me digo a menudo: yo soy uno con el universo y el universo es uno conmigo y la necesidad de existir es mi necesidad y la paz de encontrar un equilibrio es mi destino. El éxito está en intentarlo siempre. En la magia de reconocerse en los otros. Por eso no pongo límites al conocimiento y soy osado con los sentimientos mientras vivo el presente. Lo mejor está por venir, también me digo. Soy mi cuerpo y la fuerza que tengo tiene su razón en mi determinación, pues he de ser humilde tanto como ambicioso si quiero prosperar y conocerme. No tengo límites en lo que hago y ha llegado un momento en el que cada vez me siento mejor y, además, domino ese proceso que he asumido como propio, aunque a veces se me olvide quién soy y no recuerde la importancia de lo que hago.

© Fotografía: Raúl Fijo.


Revista Corredor Mediterráneo, nº 959, 9 de junio de 2021.

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