Escritor

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Un libro inolvidable.

“Un libro inolvidable, muy útil también para profesores de talleres literarios o profesores de Lengua y Literatura española. Un ensayo que nos cambiará positivamente la forma de ver y vivir este oficio de escribir”.

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Revista Todo literatura, Por Isabel Alamar, 6 de marzo de 2021.

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Kepa Murua, ensayista, novelista, poeta, conferenciante y en otro tiempo editor del desaparecido sello editorial Bassarai nos desvelará en este libro todos los entresijos de ser escritor.

A través de sus enseñanzas basadas en experiencias propias nos será más fácil conocer mejor el oficio de escribir y, desde luego, vivirlo de una forma más gozosa y placentera.

Un libro didáctico, escrito con una prosa sencilla, cercana, de fácil comprensión, no exenta de belleza. Además, Murua escribe con un tono amable y directo, yo diría que incluso conmovedor, que conectará fácilmente con el lector.

Aprenderemos, entre otras cosas, cómo escribir puede ayudarnos a definirnos o a saber mejor quiénes somos, y es que Cambiar con la escritura habla del poder transformador que tienen las palabras para nosotros, en particular, pero también para el mundo, en general.

Kepa Murua resalta lo maravilloso y mágico de este arte. Por otro lado, por su carácter altamente motivador resultará ideal su lectura para escritores principiantes o amateurs, aunque logrará encandilar fácilmente a cualquier lector que se acerque hasta sus páginas.

Murua es un escritor serio, honesto, de mirada nítida, y muy comprometido con este arte. Posee, además, un gran conocimiento, dominio y respeto por su oficio, lo cual sabe reflejar a la perfección en cada frase de este libro. Nos transmitirá, entre otras cosas, cuáles son las virtudes esenciales para ser escritores (paciencia, tesón, constancia, dominio del lenguaje…), la importancia que tienen nuestros profesores o maestros o los grandes escritores que nos han precedido, también nos señalará el necesario compañerismo entre escritores, la indiscutible labor que desempeñan tanto el editor como los medios de comunicación, etc.

En suma, un libro para leer tranquilamente disfrutando de cada palabra al tiempo que hacemos, de alguna forma, nuestras sus múltiples enseñanzas. De hecho, algunos nos sentiremos plenamente identificados con frases como la siguiente: “la escritura nos toca y no nos abandona nunca”.

Todo un alegato a favor y en defensa de la escritura. Un compendio de buenos y sanos consejos que nos enriquecerán como escritores. Kepa Murua se encarga en este ensayo de dignificar con cada una de sus palabras esta profesión, de hacer hincapié en su máxima relevancia para la cultura y para la vida. Y lo hará con un libro inolvidable, muy útil también para profesores de talleres literarios o profesores de Lengua y Literatura española. Un ensayo que nos cambiará positivamente la forma de ver y vivir este oficio a la par que nos estimulará a seguir siempre en el camino.

Escribir en un mundo que cambia vertiginosamente

Entrevista realizada por Margarita Sánchez-Mármol para la web de la librería Muga. 24 de febrero de 2021.

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Es una ocasión única para nosotros contar con la presencia de Kepa Murua en la librería Muga. Kepa, nos gustaría conocer mejor su último ensayo “Cambiar con la escritura”. ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

Suelo preguntarme sobre los cambios que observo en lo que hago o en lo que creo ser; la escritura me ayuda a pensar y me sirve para solucionar mis conflictos personales. Quería transmitir parte de lo aprendido en el oficio de escribir para que otras personas puedan hacerlo, sin miedo a la página en blanco, por ejemplo, o puedan mejorar lo que han escrito.

¿Qué significa para usted estar en la escritura?

No soy muy hablador, prefiero escribir y escuchar. Estar dentro de la escritura es sentir por dónde van las palabras, qué camino escogen; es plantear el texto, más allá de la mera argumentación, analizando el ritmo de las frases o la forma del libro, sopesando lo que se dice y lo que se ha de callar, apartando lo que en realidad no sirve y que suele ser eso que llama la atención al lector en un primer momento.

En el libro digo: “Por dentro, nos exige escribir mejor, hacerlo cada vez diferente y con una madurez a prueba de muchos silencios y demasiados fracasos. Por fuera, nos llama a ser mejores personas, a creer en la amistad, a ser generosos con nosotros mismos y con los demás. Nos cambia por dentro y por fuera para convertirnos en escritores a los que los lectores acuden para evadirse y conocer con otras palabras sus sentimientos”.

Independientemente del género con el que trabaje, su escritura parece que se desliza por los desfiladeros del significante: La nada se convierte en potencia creadora, la ausencia preludia el amor, lo estático genera movimiento. ¿De qué manera califica su relación con el lenguaje?

Puedo pasar horas eligiendo una palabra, en la corrección me asaltan dudas y se me abren nuevas posibilidades. El pensamiento sobre el vacío que ha de ocupar la palabra o el silencio que presenta lo escrito en la mente del lector debe tener una música envolvente. La partitura del autor se transforma en un ser vivo cuando el libro se abre y comienza a expandirse lo que en un inicio se pensaba que solo era lenguaje.

¿Cuál es la propuesta de cambio con la escritura?

Se puede alcanzar la felicidad con la escritura y en el plano personal, la escritura cambia nuestra visión de las cosas, nos convierte en mejores personas en un mundo cambiante, duro por momentos. La libertad es responsabilidad nuestra y como las palabras impresas no se pueden borrar, la escritura debe realizarse sin prisas, tiene que ser madura, bella, profunda, transformadora.

Se dice en el libro: “Escribir me dota de un espacio y de un tiempo diferente. Escribir me hace sentir más libre y creerme más fantasioso. Me hace volar sobre una realidad en un mundo que cambia vertiginosamente”.

Entre sus influencias literarias menciona “Carta al padre”de Franz Kafka y “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke. De este último, usted dice que fue el profesor que nunca tuvo. ¿A qué se refiere?

Con mis primeros libros me acerqué a escritores que no me hicieron caso. Eran famosos, pero andaban en sus asuntos. En esa búsqueda no tuve más remedio que apoyarme en los libros. Kafka me ayudó y Rilke fue el profesor que no tuve. Cuando no sabía cómo organizar un verso, me detenía en sus poemas hasta que era capaz de convertir algo que resultaba complicado en sencillo. Rilke me mostró que la soledad era el refugio. Nunca recibió un premio y su biografía presenta la fuerza que adquiere la poesía en un mundo cambiante.

En varias ocasiones he leído lo importante que es para usted la relación con el lector y el proceso creador. ¿Cómo trabaja para mantener ese equilibrio?

El lector ocupa una parte de mi mundo, sin ellos son soy nadie. No tengo muchos, pero son fieles y escucho sus comentarios para acortar la posible distancia que nos separa. Sus palabras me han servido para cambiar de rumbo, su visión me ayuda a ser mejor escritor; en ocasiones, porque me han dicho de todo, me he reído mucho con ellos.

¿Qué cree que le distingue como escritor?

La capacidad de superar el rechazo de editores e instituciones, así como la elaboración de una obra personal en géneros como la poesía, la novela o el ensayo. Concibo la escritura como un todo y a menudo pienso que mi obra, donde se mezcla el canto a la vida con el rezo ante la muerte, es un rezo poético en todos los sentidos y que mi atrevimiento de ir a contracorriente, aun no siendo recomendable, es notorio.

© De la fotografía: Raúl Fijo, 2021.

Las palabras del corazón, a la cabeza.

Entrevista realizada por Natxo Artundo, en BegiART de El Correo, 27 de diciembre de 2020.

Cambiar con la escritura, ensayo sobre el oficio y análisis metaliterario.

NAtXO artundo

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Fotografía de Rafa Gutiérrez.

Con cariño, con ternura

Cambiar con la escritura en Deia, 19 de dieimbre de 2020.

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Fotografía: Dibujo de Catalina Garcés para el libro Cambiar con la escritura.

Didáctico, tierno, cercano

Entrevista realizada por Carlos González con motivo de la publicación de «Cambiar con la escritura», en Mirarte de El Diario de Noticias, 1 de diciembre de 2020.

La escritura está infravalorada, pero los libros son esenciales

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El perdón y la esperanza

Reseña de La carretera de la costa. Babelia, el País, por Ernesto Ayala-Dip.
22 de agosto de 2010.

Acepto las opiniones de los lectores y valoro el trabajo de la crítica. Que un critico escriba unas palabras sobre una obra es importante para su difusión. En este caso, sin embargo, no es verdad lo que dice del padre asesinado del narrador y la hija de Ceferino Peña tampoco es la destinataria del relato.

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Un 16 de mayo de 1980, la banda terrorista ETA asesina al empresario Ceferino Peña. Lo hace delante de su hija de tres años. A los pocos días, ETA emite un comunicado donde dice que el atentado fue un error. Pide perdón a la familia y también “comprensión ante este error que se inscribe en el contexto general de opresión y explotación”. Dicho comunicado promete que no se equivocarán más, una manera de decir que sus crímenes estarán mejor seleccionados.

Este es el verdadero contexto político y social en que el novelista, poeta y editor vasco Kepa Murua sitúa su novela La carretera de la costa. En la contraportada se habla de “perdón y esperanza”. Y es cierto, aunque no de olvido. No se olvidan así como así 855 víctimas. Y perdonar tampoco creo que sea muy fácil de lograr. Otra cosa es comprender por qué ha pasado lo que ha pasado en el País Vasco. Hannah Arendt nos enseñó que comprenderlo todo no es perdonarlo todo. Pero Kepa Murua está en su derecho a intentarlo. También, sobre ese perdón, a no perder la esperanza de que esa tragedia no se repita. Kepa Murua denuncia la ideología homicida que sustentaba esos asesinatos. Pero no esconde la maquinaria represiva que el Estado instrumentó a través de sus fuerzas de seguridad, fundamentalmente la Guardia Civil. La novela se articula como un relato destinado a la hija de Ceferino Peña. Y en ese cometido mantiene la eficacia emocional que una historia de estas características debe poseer.

Sin embargo, algunas cosas no funcionan. Pasajes que se acercan más al lenguaje de las crónicas periodísticas o las reflexiones en los espacios de opinión. Y un dato que me ha desconcertado. Cuando el relato comienza, su padre vive “aunque muy viejo”. Y cuatro páginas más adelante, una deficiente redacción hace que el mismo padre se nos presente como asesinado hacía ya años.

Me parece que La carretera de la costa no fue escrita con la pretensión de quedar en el imaginario estético de sus lectores, sí en su imaginario histórico más reciente. Por eso duele tanto a veces su lectura.

© De la fotografía: Mónica Picorel.

Palabras de agosto

Entrevista en Culturamas Isabel Alamar, 21 de agosto de 2020.

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¿Qué otros escritores te animaron a escribir?

Cuando era un muchacho mi hermana María José me regaló Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Neruda, luego pude leer Cartas al padre, de Kafka, un libro que sentí como diferente. Esto es algo distinto, me dije. Pero lo que me animó a escribir fue Cartas a un joven poeta. Rilke fue para mí el profesor que no tuve.

¿Cómo alimentas tu creatividad?

Leo libros de diferentes disciplinas, también la prensa, y me fijo en la gente, escucho sus conversaciones con atención y dejo que la imaginación haga su trabajo.

¿Cómo se escribe en tiempos de coronavirus?

Se pensará que se hace con nerviosismo, pero en mi caso, cuando escribo, estoy en un mundo que me defiende del miedo o del temor al futuro. Si escribo el tiempo pasa y viajo por diferentes lugares aun no moviéndome de casa.

¿Qué es aquello inesperado o esperado que ha aportado la literatura a tu vida?

La sorpresa, esa capacidad de recrear mundos distintos o de elaborar pensamientos arriesgados. Ahora que me hago mayor siento que me ha aportado conocimientos y mucho de relajación.

¿Cuál es ese libro que no podía faltar en tu biblioteca?

Autobiografía de un yogui, de Yogananda. La recomendación nos la dio George Harrison, el músico regalaba este libro a cada amigo que traspasara la puerta de su casa.

¿Qué admiras en tus amigos escritores?

Como dicen de mí que soy serio, su alegría.

¿Qué es lo que más te gusta de tus lectores?

Se aprende mucho de ellos; alguna vez recibí una carta que me motivó a seguir, pese al escaso eco de mi trabajo. Cuando los conozco, siento su voz plenamente; hasta entonces los imaginaba de otra manera.

¿Qué es lo que estás escribiendo y leyendo en estos momentos veraniegos?

Escribo canciones. En agosto leo los libros que me envían durante el año. Lo que ya no hago es responder si me gustan o no. Un amigo me dijo: “cómo has viajado tanto” y lo cierto es que no me he movido de casa más que para ir al parque o muy de vez en cuando a la playa. Con el tiempo que me resta, aprovecho para actualizar mis redes, leer los comentarios y saludar a los nuevos y viejos amigos y conocidos.

Desde la serenidad

Reseña de “La carretera de la costa” en Todo Literatura:
Por Isabel Alamar, 9 de julio de 2020.

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Desde la serenidad, Kepa Murua nos invita a reflexionar en esta, su cuarta novela, sobre el terrorismo de ETA. Lo hace a partir del asesinato del carrocero vasco, Ceferino Peña. El narrador de la novela, un hombre ya adulto, nos mostrará cómo fueron aquellos años vividos en su juventud, en los que cada semana se asesinaba a una persona y se detenía a inocentes y a culpables.

Es evidente que fueron años oscuros y violentos, como Murua reconoce, de jeringuillas y balas, porque al problema del terrorismo vasco se le añadió otro más, el de las drogas, así que no era de extrañar que la juventud, y no solo la juventud, anduviera como desorientada, perdida…

La razón o el motivo por el que KM ha escrito este libro quizá la encontremos en que hay que hablar de las cosas para conseguir reconciliarse con el pasado, para que éste deje de tener tanto peso y poder así al fin perdonar u olvidar.

A modo de diario íntimo el personaje central relatará su historia a su pareja actual, una mujer bastante más joven que él, y de otro país, Colombia, con el que se establecen algunas conexiones y analogías sobre la violencia sufrida y la vida en sí.

No obstante, también podremos apreciar en esta novela de 269 páginas historias más personales, cercanas, cotidianas y familiares que se entremezclarán con la trama principal, el asesinato de Ceferino Peña y los remordimientos en primera persona de Korta, el etarra que lo asesinó y que más tarde se arrepintió, sinceramente, de haberlo hecho.

En ocasiones, el autor nos hará llegar sus opiniones personales en voz alta o se interrogará a sí mismo en soliloquios como el siguiente: “¿Qué tiempos aquellos, hermosos y bárbaros por igual? (página 170)”. Lo cierto es que hubo luces entre tantas sombras porque también fueron, pese a todo, algunos de los mejores años del protagonista: los de la etapa de estudiante, las pandillas, las fiestas, el primer trabajo junto al padre, los trayectos atravesando hermosos paisajes junto al mar, los primeros escarceos amorosos o sexuales.

En fin, un libro inusual, atípico, quizá porque destila autenticidad por todas partes y no solemos estar acostumbrados a tanta sinceridad a bocajarro y menos si cabe cuando se hace referencia al mundo del terrorismo en el País Vasco.

Con esta novela Kepa Murua rinde tributo a Ceferino Peña, en particular, y a todas las víctimas del terrorismo, en general, e incluso lamenta el narrador el caso de los torturados o los muertos de la otra parte, erigiendo su voz en contra de cualquier tipo de violencia.

Una novela confesional, escrita con una mirada verdaderamente poética, llena de matices, que podremos apreciar a la perfección sobre todo en algunas descripciones paisajísticas que salpican de belleza algunas de las páginas más atrayentes de este libro: “La carretera de la costa pasaba por diferentes pueblos y de la misma manera que la ves hoy se rodeaba de un mar platino a primera hora de la mañana y con una luz diferente, un tanto grisácea, se envolvía al anochecer” (página 67), lo que nos demuestra que el paisaje tiene máxima relevancia y de algún modo es testigo mudo tanto de lo bueno como de lo malo.

Un libro que nos conmoverá por dentro y removerá conciencias, quizá porque está escrito desde el corazón y la esperanza. Además, nos hará pensar en los unos, en los otros, y sobre todo en nosotros mismos.

Antes de finalizar, comparto con mucho gusto otro momento cénit de la obra que nos propone el diálogo como modo de conocimiento: “No estaría de más preguntarse quién está más muerto: aquel que mata o aquel a quien no se olvida (…). No hay mayor ignorancia que no saber de dónde venimos ni mayor vacío que desconocer adónde vamos. Si alguna vez me quedo en silencio, vida mía, pregúntame lo que sucede. Si no digo nada, pregúntame lo que me pasa”. Hablemos, hablemos siempre como nos recomienda magistralmente KM en este pasaje esencial de La carretera de la costa.

Entrevista en TodoLiteratura con «La carretera de la costa».

Revista Todoliteratura, Por Isabel Alamar, 5 de junio de 2020.

En su última novela La carretera de la costa (El Desvelo Ediciones, 2020) Kepa Murua nos sitúa en «los años de plomo» del terrorismo en el País Vasco, pero lo hace de una manera un tanto diferente, con un tono autobiográfico muy personal e íntimo y un ritmo muy sereno, lo que propiciará sin duda que todos reflexionemos sobre aquella pesada y cruda realidad.

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© ardiluzu, 2020.

En qué crees que se diferencia tu novela de otras que se hayan escrito sobre este mismo tema.

Más allá de la importancia del paisaje, es una novela de matices, los personajes no son antitéticos, tienes sus luces y sus sombras, el narrador no los juzga. Y al terrorismo, como fenómeno vivido en el País Vasco, se le suma el mundo de la heroína. Es una novela de balas y jeringuillas, donde nada es lo que parece, pero que en sus páginas reivindica la paz.

¿Qué crees que aporta de nuevo tu punto de vista sobre aquellos años de plomo?

Mi novela es una confesión sobre el miedo que sintió un joven que no entendía lo que pasaba y donde prevalece una narración tierna de los sentimientos y cercana en los hechos. Se mezcla ficción y realidad, pero al lector no creo que le importe lo que es verdad o lo que es imaginario y seguramente no se dará cuenta de esta combinación, pues la historia se envuelve con una voz clara que respira entre los sucesos y las acciones que se describen para ayudarnos a pensar en voz alta sobre toda esa locura. Me gustaría señalar también la visión de nuestros padres sobre esa realidad vivida en su madurez. La distancia generacional incluye diferentes visiones sobre la comprensión de la vida. La relación del padre con el narrador, que tiene mucho que ver con la que tuve con el mío, confronta dos mundos distantes: uno que se acaba y otro que se mantiene.

El narrador es un narrador-personaje y la estructura es parecida a un diario con un claro destinatario: podrías ser tú que se dirige a la persona amada. ¿Por qué elegiste esta vía para contar tu historia?

Es la voz que me permite tocar diferentes planos de la narración y que apuntala los hechos. No quería escribir una novela lineal, necesitaba un espacio narrativo donde se pudiera hablar de los sentimientos, del dolor, de la muerte, pues evidentemente en aquellos años de plomo, así como sobró toda violencia, faltaban las palabras que expresaran lo que sentíamos o nos pasaba. Me ayudo de una prosa de frases largas y de un ritmo sereno para presentar una novela que va de amor y de muerte y que, sin embargo, aporta la ternura de quien reza solo ante el paisaje o se confiesa ante su amada.

¿Cómo crees que te marcó a ti y al resto de jóvenes haber vivido aquellos años?

Los asesinatos, las bombas, las detenciones, los controles y cargas de la policía, las manifestaciones con barricadas no es el mejor de los escenarios para una juventud que de un día a otro deja la dictadura atrás y comienza a vivir en democracia sin saber muy bien lo que esa palabra significa. El caballo, además, fue una salida radical que tragó a muchos de mi generación que se encontraron con una libertad que no se supo digerir en los primeros años. Faltó la educación necesaria para reconocer lo que estábamos viviendo; en mi caso, me salvó la literatura, la amistad y la religiosidad de mi madre o la honestidad que me inculcó el padre.

¿Cómo crees que se siente aún la gente hoy en día?

En la presentación del libro que pudimos hacer en Vitoria-Gasteiz, unos días antes de la reclusión por la pandemia, asistieron los familiares de Ceferino Peña. Fue una sorpresa que viniesen desde Zumaya, yo no los conocía y pudimos hablar, fue muy emocionante. Todos los que asistieron opinaron con libertad sobre aquellos años duros, pero recuerdo que uno de ellos dijo que él sí levantó la voz cuando casi nadie lo hacía y que no perdonaba lo que hicieron los etarras y tantos otros que les apoyaron. No puedo hablar en nombre de todos, pero podría aventurar que muchos no exteriorizan sus sentimientos y que aún se tiene miedo de hablar de lo sucedido. Cuando escribía la novela imaginaba que su lectura podría servir para pensar en lo que se hizo, dijo o se calló, que fue mucho.

Uno de los temas principales es el terrorismo, pero ¿qué otros temas encontraremos cuando nos acerquemos a esta novela?

La falsa identidad de las personas, la sexualidad sin asumir y el perdón o el arrepentimiento por parte de los etarras, pues el mundo de las drogas ya se ha mencionado. No debería olvidar el amor y la necesidad de explicar con palabras precisas lo acontecido. Espero haber acertado en estos registros tan íntimos y públicos a la vez.

¿El título?

El título, esa carretera de la costa, es como el nexo de unión entre pueblo y ciudad, la paz y la violencia, pero también un viaje del protagonista con su propio pasado.

La carretera que va de la montaña a la playa pasa por ciudades y pueblos, ha sufrido la violencia y hoy vive en calma. La conozco, nací en Zarautz, en la novela aparece la relación con mi padre cuando me llevaba en su coche a trabajar a una fábrica que está junto al lugar donde mataron a Ceferino Peña.

© De la ilustración: recortes sobre papel grueso, con la portada de “La carretera de la costa”. La obra, realizada por Román en 2020, es parte de una serie que se llama “Anacos y posos” (“Retales y posos”). 

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