Escritor

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Aquí podrás encontrar fragmentos de las novelas, ensayos y memorias publicadas, quizás también algunos adelantos de inéditos.

Leer y escribir es lo mismo

Leer y escribir es lo mismo. Solo que la lectura llega después de la escritura. Si en la vida no sabes leer a los demás, estos no se podrán comunicar contigo. Cuando los lees, no solo los conoces mejor, sino que los interpretas acertadamente; gozas con esa lectura que contiene tantas palabras, como dudas existieron, y tantos silencios, como certezas se pudieron vivir en algún momento del proceso de lectura.

¿Los poemas? Vienen solos, lo único que hago es ordenarlos. Aun así, antes que facilidad o dejadez es trabajo e inspiración que se reparten a partes iguales, profundidad que hay que sacar a la superficie.

La corrección de un libro supone hacerlo con calma, con los ojos de la corrección, que es como llevar la mirada de la escritura a la lectura, sin que nos olvidemos nada y al mismo tiempo añadamos algo nuevo, pues todo está ahí, tal como estaba antes de que se cerraran los ojos del pensamiento y se abrieran los de su certeza.

Escribir, casi como el amor, más que un reto es una verdad.

(Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones).

Si quieres convertirte en escritor

Si quieres convertirte en escritor debes escribir cada cierto tiempo. Los hay que van por saltos y otros que lo hacen cada día. Pero, sea el primero o el último de tu existencia, ese momento de la escritura debería ser como ese día excepcional que recuerdas, porque, así como los sinsabores de la escritura parece que llaman más la atención de lo debido, es la felicidad de la misma escritura, su don, su secreto, la magia de crear mundos paralelos y nuevos, de crear historias con las palabras, de dibujar ciudades con ellas o de definir sentimientos con sus diálogos y silencios, lo que prevalece con el paso del tiempo.

(Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2019).

El comienzo

Del libro Flysch, 2006.

Tal vez mañana

Del libro, Faber, 2009.

Cuando no quiero algo, no lo hago

La verdad de la poesía

Dicen que la poesía es inútil hoy. Que la poesía es de los poetas que escriben encerrados en sus habitaciones sin mirar a la vida que pasa ante sus ojos. Dicen que en este mundo moderno la palabra escrita dejó parte de su razón en la pérdida de su alocado sentimiento. Dicen que los poetas intentan conducir a la poesía a su íntimo sueño. Que investigan el significado de su voz porque nunca han tenido la oportunidad de hacerlo como hombres. Dicen que en el origen de las cosas, la poesía no tiene sentido: que no cambia el mundo, que no cura las heridas de la vida, y tampoco en el amor se compromete a solas con sus semejantes. Dicen que en realidad somos lo que no somos y vemos lo que no vemos con extrema sencillez. Pero la voz es la emoción de las palabras cuando cobran sentido y en la garganta se siente el nervio de la lengua aferrándose a los mil sonidos desconocidos del cuerpo, y esa es su función poética: el sufrimiento de esas palabras por dar cuenta de lo que vieron, vivieron y las huellas que quedan en el alma. Lo que era verdad y que apenas intuíamos cuando la emoción estaba allí como estaba presente antes de que surgiera el poema. La poesía enciende la luz del mundo, cubre la oscuridad, el cielo y la ira, no cambia el mundo ni pretende con su grito nada, pero corre veloz con su ruido y su atmósfera envolvente, es la voz de hoy, como la de ayer y la del mañana.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.

Las frases que se escondían en la tela

¿Quién se acuerda de los malos momentos?

¿Quién se acuerda de los malos momentos, de esa tristeza que podría ser infinita, pero solo es extraña, cuando el amor ilumina la estancia? ¿Y quién recuerda a los que consideraba sus enemigos, a los que le traicionaron o a aquellos que lo pisotearon o no le dieron el lugar que se pensaba que se merecía, cuando el espacio del amor avanza y se desplaza hacia el infinito; hasta sentir esa transformación que lo trastoca todo: los pesares y las tribulaciones del pasado, las adversidades del presente? Y ¿quién desea recordar sus nombres, recordar lo sucedido, si el amor se eleva por encima y con su protección perdona también a los que nos dañaron, a los que nos persiguieron, a los más ambiciosos y a los más egoístas que con su proceder se contaminaron también a ellos mismos?

Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones.
© De la fotografía: Raúl Fijo.

No se reprime nada

6 de enero 2010

Hay varias maneras de hacerlo, pero solo dos para afrontarlo. Una con ruido y otra en silencio. Yo ya elegí, hace años que vivo en la discreción, en la reserva, en la calma, e incluso, si me apuran, en el secreto, en el sigilo. Pero no se debe confundir lo que digo con la afonía o el mutismo, con el disimulo o la mordaza, con la tregua o la pausa. Se impone el silencio, pero no se reprime nada. Se vive con él, pero no se calla ni se omite frase alguna. Se entrega a su profundidad, pero sin olvidar lo que nos rodea. Tan solo se recuerda que se vive en el estruendo, en el ruido, y que las voces que se escuchan no alcanzan su sonoridad más plena. Son los sinónimos que parecen decir cosas diferentes, los estados vitales que recorren tiempos difíciles, las mismas palabras que buscan su significado en la memoria las que imponen las decisiones más íntimas.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La despedida en silencio, 2010).
© De la fotografía: Raúl fijo.

El deseo de la escritura

El deseo de la escritura tiene ese don que media entre el deseo y la realidad: te da lo que no se espera y te roba lo que esperabas que te iba a dar. A menudo, una inexplicable certeza cuando la escritura nos cambia también por dentro y por fuera.

Por dentro, nos exige escribir mejor, hacerlo cada vez diferente y con una madurez a prueba de muchos silencios y demasiados fracasos. Por fuera, nos llama a ser mejores personas, a creer en la amistad, a ser generosos con nosotros mismos y con los demás. Nos cambia por dentro y por fuera para convertirnos en escritores a los que los lectores acuden para evadirse y conocer con otras palabras sus sentimientos.

El cambio es evidente. Como el mundo, el registro de la escritura va cambiando. Los temas parecen los mismos de siempre, ya se sabe: el amor, el deseo, la soledad, el poder, la vida y la muerte. Pero el envoltorio, los diálogos, las palabras, el mismo vestido de los personajes, el traje de las personas, hasta la misma música que aparece en los libros corresponde a la vida que se ve y suena ahora mismo.

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.

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