Escritor

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Escritor

La llamada

Acuden a mí las canciones
aprendidas en la infancia.
Por no entender el mundo
que pisaban mis pies
viajé de parte a parte:
recorrí pueblos y ciudades,
atravesé valles y montañas,
volví a los cauces crecidos,
la niebla ocultaba el sol
cuando dormía.
El sueño me llevaba al origen.
No me olvidaron los rezos,
recuperados gracias a una música
que permanece en el tiempo.
Me desperté en una nube gris
y escuché voces.
Me llamaron por mi nombre
y respondí;
no mentí cuando preguntaron lo que hice.
Atravesé la sombra sin temor,
sin pronunciar una palabra
que delatara a otros.
La canción que sonaba al fondo
hablaba de una cuna vacía.

(Del libro inédito Ella lee).

Aurizenea

Hay varios libros que he destruido:
no tuve que pensar mucho.
Alguna vez además quemé cuadernos de poemas.
Me imagino que fue por ira
o por un orgullo mal disimulado,
pudiera ser también porque creía que me repetía.
Pero de todos ellos hay uno
que he de volver a escribir algún día.
Se titula Aurizenea, 
aunque en mi D.N.I mi segundo apellido aparece con c.
De mi nombre creo que ya hablé,
y el primero de mis apellidos 
aparece en muchos sitios.
Pero del segundo, el de mi madre,
de quien dicen que tengo sus ojos,
no he dicho mucho.
Cuando de muchacho fui a hacer el carnet,
el policía nacional me dijo muy en serio:
pero qué apellido más raro,
esto o es con c o si no, no es.
Recordé que en la tumba de mis ancestros
aparecía con z, pero le respondí
que hiciera lo que quisiera,
que él sabía más que yo.
Soy el único de los hermanos que así lo tiene:
todos, hasta los muertos con z, y yo con c.
Se ve que o bien me faltó mano izquierda
o bien no supe comportarme.
¿Cuántas veces hemos mirado a otro lado
cuando debíamos haber mirado a los ojos?
¿Cuántas nos hemos callado cuando debíamos abrir la boca?
Llevo el anillo de matrimonio de mi abuelo en un dedo.
Me imagino que es para que no me olvide.
Pudiera ser también que lo llevo para que recuerde
no solo cómo se han de pronunciar las palabras,
sino para que me acuerde muy bien
de cómo he de escribirlas,
por más que otros me digan cómo he de hacerlo.
¿Qué habrá sido de aquel policía tan gordo?
Por casualidad, ¿habrá leído siquiera uno de mis libros?

(18 de agosto de 2016)


Del libro, Autorretratos, El desvelo 2018.
© De la fotografía: ardiluzu.

Me siento voz

Me siento voz
pero no me siento verbo.
Me siento cuerpo
pero no me siento carne.
Ni carne de tu carne
ni sombra detrás de la mía.
Me siento aire
pero no mente.
Mis manos que intentan tocar
lo que no tienen.
Me siento hombre
pero no correspondido.
Mitad fuerte y con orgullo
pero mitad doliente.
Me siento sonido
pero no gente.
Hambre de tu carne
pero sombra detrás de la muerte.
Murmullo pero no frase.
Secreto tardío
pero no confesión
que sin más se abre
porque es verdad
que sale adelante.
Me siento noche
enigmática y cerrada:
la que se necesita
para acostarse tarde.
Me siento noche
triste y dormida
oscuramente saliente
pero no correspondida.
Me siento aislado
en una mitad perdida.
Mis ojos que intentan ver
lo que está dentro.
En ese lugar
que no es cabeza
ni es sentimiento.
Tan solo corazón.
Cerebro sin voluntad
que desprecia a la otra mitad
en absoluto silencio.
Me siento hombre
con voz pero sin verbo.
Carne sin carne
sombra detrás de la mía.
Sombra detrás de la muerte.
Me siento hombre
pero no correspondido.

También con la poesía

A veces, por falta de tiempo y, muchas veces, por falta de ganas, el lector se enfrenta a una avalancha de títulos a los que no puede responder con independencia de criterio. El exceso de publicidad le impide acceder a los textos con libertad con el fin de encontrar, con la tranquilidad necesaria, un libro acorde con sus necesidades y gustos literarios. En medio de esta confusión, el lector de poesía se guía por su intuición y se esfuerza en encontrar ese título que a nadie le interesa más que a él.

Este esfuerzo es notorio si tenemos en cuenta que la poesía es un género que pocos leen y que no se suele vender mucho. Pero la realidad es compleja y también en la poesía hay libros que se compran y, sin embargo, muy pocos leen, como existen libros dedicados por los poetas a sus amigos que terminan en la papelera. En otras palabras, hay autores que se leen y otros a los que nadie hace caso. En poesía, como en otros campos, hay listas de éxitos y listas negras. Hay autores que salen en los medios y otros que no son conocidos más que por sus lectores. Los hay que escriben y buscan un público heterogéneo que va desde las amas de casa hasta los locutores de radio, y otros que, sin mirar para atrás, buscan su camino mientras son rechazados por los lectores y resultan desconocidos para los expertos, hasta que se mueren y, a título póstumo, obtienen un último reconocimiento.

Cuando se publica un libro de poesía, muchas manos corren a abrir y hojear sus páginas para leer qué es lo que nos dice ese que se ha atrevido a publicar un nuevo libro. Se hace para saber si escribe bien, para saber de qué escribe, es pura curiosidad. Se hace para poder reconocerse y ver si hablan finalmente como uno. Sin embargo, fuera de estos dilemas y anécdotas que se manifiestan en la poesía, podríamos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que hay libros de poemas que parecen algo y no son nada, así como hay otros que parecen poco y finalmente son mucho. En la vida, en el trabajo, en la amistad, me sorprenden esas pequeñas cosas que resultan ser más importantes de lo que parecían y me gustan esas personas que apenas aparentan importancia y cuando hablan dicen algo interesante, frente a esas otras que parecen grandes y son pura fachada. Es lo que tiene ser un observador, un lector atento y un poeta raro en estos tiempos que corren. A menudo, frente a esas personas que no saben hablar elijo el silencio, pero cuando me encuentro con esas otras que se creen algo y no son más que su propia sombra, miro a otro lado, como huyo de la mala poesía, y pienso en otras cosas, aparentemente intrascendentes, mientras cierro un libro que no me ha gustado.

© Fotografía: Raúl Fijo, 2021.

El Corredor Mediterráneo, nº 982, 17 de noviembre de 2021.

Ahora que el esfuerzo impone la pena

Abrázame antes del abandono

Abrázame antes del abandono.
Antes de que me vaya.
Por última vez, hazlo.
Como un último adiós
sin palabras ni pretextos
que justifiquen nuestro más triste vacío.
Después de todo, ¿qué queda?
El olor, la sonrisa de un final sin flores,
el aroma de una despedida
que el mapa del tiempo
dibuja en un andén distinto
como duermen en camas separadas
los ángeles que recitan los salmos
y los versos más bellos
que no se sabe de dónde vienen
pero que se escuchan en el corazón
cuando se sueña despierto
o se vive como dormido
sin saber muy bien adónde ir.

(Fragmento de Ven, abrázame)

Lavas Remi, un asesino a sueldo

Revista Culturamas, por I. A., 9 de noviembre de 2021.

Lavas Remi es la historia de un asesino a sueldo contratado por los poderes ocultos de un gobierno cualquiera para realizar los trabajos sucios del Estado como eliminar a jueces, periodistas, testigos incómodos u otros asesinos.

Leer la reseña en la revista Culturamas

Lavas Remi es la historia de un asesino a sueldo contratado por los servicios secretos de un gobierno cualquiera para realizar los trabajos sucios como eliminar a jueces, periodistas, testigos incómodos u otros asesinos a sueldo.

Se trata de una novela moderna de naturaleza experimental que se mueve ágilmente entre dos géneros literarios como son la prosa y la poesía. Y donde cada uno de ellos cumple con una función distinta. Por ejemplo, con la poesía accederemos a la mente del criminal (pensamientos, reflexiones, justificaciones, recuerdos y rasgos complejos de su personalidad) y con la prosa viviremos momentos de acción, contados por el personaje principal.

Por otra parte, Lavas Remi es un personaje redondo, muy bien construido. Y nos sorprenderá porque veremos que no atiende al perfil de asesino que uno esperaría encontrarse, ya que es un hombre culto que lee libros de toda clase, que le gusta escuchar música clásica (“Bach te tranquilizaba; Beethoven te parecía un genio”, nos confesará en un momento dado del libro), cocinar o limpiar su casa con esmero. Y por si faltara poco se expresa con total corrección y estilo. Además, cree fervientemente que lo que hace es justo y correcto, es más lo justifica siempre, dado que se ve a sí mismo como un guerrero que lucha por su patria; todo un patriota. Y su nombre es, en realidad, un acróstico que se nos desvela en las últimas páginas de la novela como en un juego que ya ha llegado, por fin, a su final.

En cuanto a la prosa, hay que decir que es rica y fluida, contribuye a ello el que de una página a otra saltemos constantemente de la prosa a la poesía, aunque me llama especialmente la atención que el libro empieza y acaba con poesía, lo que revela la importancia que le concede Murua a este género.

Véase como ejemplo los siguientes versos del poema “Las Fronteras”:

En cada país tenías una clave.
Con esa clave surgía otro soldado.
Con cada soldado, un confidente.
Con cada confidente, una maleta.
Con cada maleta, un arma.
Con cada arma, un muerto.

Como adelantaba hace un momento la personalidad del asesino es muy atractiva y compleja, conoceremos de sus propios labios cosas interesantes como cómo lo captaron, su modus operandi, sus miedos, cómo es su vida, etc.; también que no se sabe muy bien por qué está obsesionado con uno de sus vecinos y la hija de este  (a la que le ha pasado algo terrible), ese vecino, de algún modo, le reafirmará en ser cómo es: frío, metódico, despiadado… Acerca de su vecino nos dirá, por ejemplo, Lavas Remi:

“A mi vecino le han abierto la puerta del trastero. ¿Quién habrá sido? Parece una señal, pues no le robaron (…) Es un hombre perdido, cargado de dudas, pero ¿por qué?”.

Y es que esta novela contiene un alto voltaje de crítica política y social, una denuncia de esas malas praxis realizadas por los gobiernos de muchos países al margen de la ley y en detrimento de los ciudadanos.

Hay una clara defensa de los valores democráticos, del juego limpio, de la vida vivida con honestidad… En fin, una lectura entretenida, sencilla, clara, totalmente recomendable, impactante, una apuesta arriesgada por contar una especie de diario personal de un asesino, pero de un modo y de una manera que nos hará reflexionar.

Nido de charlatanes

Una página de Lavas Remi

Busco mi felicidad en la felicidad del prójimo

Unas páginas del Diario de los momentos felices.

Te voy a escribir

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