Revista “Proverso”, 15 de septiembre de 2022.

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¿Qué es lo que hace que el poema sea transcendente?

A veces el azar, otras, la aparición de una manera de escritura en un contexto histórico determinado, a veces la novedad, en otras la belleza. Cada poeta que ha logrado transcender con sus poemas lo ha hecho de una manera particular, por eso quizá no hay fórmula para que esto suceda; finalmente todo se vuelve un dilema. En la vida como en la muerte las cosas no son como el hombre pretende a su imagen y semejanza, a su antojo. Pero el dilema, cuando te rodea la muerte, cuando te ataca la nada, es la verdad de esa aseveración que, llamando a las cosas por su nombre, disfraza con otras palabras los hechos.

¿Es posible pensar en un lenguaje poético hispanoamericano que tenga incidencia en otras realidades sociales?

Por supuesto, y es posible pensar en un lenguaje poético desde cualquier latitud. La lengua expresa emociones y sentimientos, es conocimiento, es música y es silencio. Una lengua se aprende en la infancia, se cuela en la juventud como si nada y con tiempo madura en un código personal que busca la comunicación con los otros. Esa lengua es la que nos permite conocer la historia y la literatura, la que se impregna de cultura, de canto y poesía. Todo el mundo tiene una lengua con sus rencillas y pasiones, su riqueza literaria y su miseria política. Pero la lengua tiene vida propia. Como la familia, tiene también su razón de ser y su carga de sentimiento, tiene su herencia y su testimonio. La lengua es parte de un patrimonio común que congrega a tantos individuos y desheredados. Todo el mundo tiene una historia que contar desde su lugar de origen, y esta historia completará al mundo.