La elegancia no es una imposición, ni una manera de vestir o de maquillarse. La realidad de la elegancia dignifica el brillo de las cosas naturales como premia la belleza en total libertad, tiempo y edad. Se puede buscar la belleza en el exterior y sentir el arte como una representación de la vida, pero, al igual que la realidad, la belleza cambia con el tiempo. El gusto siempre va unido a un concepto propio de elegancia que cada uno debe saber cómo encontrar, sea hombre o mujer, de allí la libertad.