Dicen que la poesía es inútil hoy. Que la poesía es de los poetas que escriben encerrados en sus habitaciones sin mirar a la vida que pasa ante sus ojos. Dicen que en este mundo moderno la palabra escrita dejó parte de su razón en la pérdida de su alocado sentimiento. Dicen que los poetas intentan conducir a la poesía a su íntimo sueño. Que investigan el significado de su voz porque nunca han tenido la oportunidad de hacerlo como hombres. Dicen que en el origen de las cosas, la poesía no tiene sentido: que no cambia el mundo, que no cura las heridas de la vida, y tampoco en el amor se compromete a solas con sus semejantes. Dicen que en realidad somos lo que no somos y vemos lo que no vemos con extrema sencillez. Pero la voz es la emoción de las palabras cuando cobran sentido y en la garganta se siente el nervio de la lengua aferrándose a los mil sonidos desconocidos del cuerpo, y esa es su función poética: el sufrimiento de esas palabras por dar cuenta de lo que vieron, vivieron y las huellas que quedan en el alma. Lo que era verdad y que apenas intuíamos cuando la emoción estaba allí como estaba presente antes de que surgiera el poema. La poesía enciende la luz del mundo, cubre la oscuridad, el cielo y la ira, no cambia el mundo ni pretende con su grito nada, pero corre veloz con su ruido y su atmósfera envolvente, es la voz de hoy, como la de ayer y la del mañana.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.