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Escritor

El perdón

Una página de Lavas Remí

Lavas Remi

Narrativa Moderna
Editorial El desvelo
ISBN 978-84-123544-6-1
Páginas 144
PVP 18 € con IVA

Lavas Remi es una oración de destrucción y de cambio. El extremo de la fortaleza que deja en evidencia los miedos que todos llevamos dentro. La excusa es una rara historia en la que un asesino de las fuerzas secretas de un gobierno cualquiera se encuentra unos papeles escritos por un ciudadano común y corriente, un padre de familia al que le obsesionan, entre otras muchas cosas, las noticias últimas de las acusaciones de mujeres a hombres, un vecino que le hace la vida imposible y una extraña situación con su hija en la que no se sabe qué le ha sucedido realmente.

Lavas Remi, nombre ficticio del asesino, aprovecha la debilidad de carácter que manifiestan aquellos escritos, para defender su trabajo, casi como si fuese uno de los jinetes apocalípticos. En realidad, él no conoce a aquel padre de familia, pero juega a que lo ve reflejado en cada uno de los transeúntes que se pasean delante de él con sus problemas, los mismos que para este asesino son insignificantes frente a algo tan definitivo como una muerte premeditada, dictada por las fuerzas oscuras del mundo y ejecutada de manera impecable por un hombre como él que, después de todo, es capaz de dormir tranquilo y no se arrepiente de nada.

Elegancia en Pompas de papel

“Elegancia” en radio Euskadi, una entrevista de Kike Martín, 13 de septiembre de 2021.

A partir del minuto 25 puedes escuchar las reflexiones sobre el libro y la figura de Balenciaga en Pompas de papel:

escuchar la entrevista

© Km, 2021.

Aprendan el arte de escuchar

Escucho el murmullo de la gente. Ellos, sin preocuparse de que los puedan escuchar, hablan de lo que podría ser, de la vida que podrían tener si las cosas se hicieran de otra manera. Poco a poco, aún con sus voces en el aire, me acerco al mar y siento su movimiento transparente y su inmensa paz. Mañana podría estar enfurecida, enfadada, brava, díscola, nerviosa, pero hoy está en calma.

Aprendan el arte de escuchar, escuchen el hambre de la calle, la falta de amor y belleza, escuchen todo aquello que se dice con miedo, lo que se hace con temor. Escuchen la desesperación, pero también la alegría y la risa, el nombre que se pronuncia en los labios, la identidad de cada persona.

Me gusta la conversación, amo la inteligencia, admiro la belleza y vivo en la luz, pero creo que es necesario que me quede quieto una temporada en penumbra hasta saber qué es lo que quiero.

(Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones).
De la fotografía: Raúl Fijo.

Si escribes no hace falta que vayas al psicólogo

Distrito Euskadi, en Radio Euskadi, EITB.eus. 7 de septiembre de 2021.

Conversamos con Kepa Murua, escritor y editor, sobre el oficio de escribir y publicar libros. La conversación arranca después de escuchar unas líneas de su nuevo libro «Elegancia», un trabajo que ha dedicado al modisto de Getaria, Cristóbal Balenciaga.

Ahora que todo se envía en un clic, y las posibilidades de autoedición están al alcance de todos, él recuerda los tiempos en los que se enviaban manuscritos, y había que decir no a algunos autores.

Para escuchar la entrevista

Ella lee

Ella lee, no es el regalo que esperaba,
es una biblia, pero no puede rechazarlo.
Ella camina, le hubiera gustado tener otros zapatos,
pero son los que tiene, no puede comprar otros.
Ella cocina, le hubiera gustado hacerlo a solas,
pero el gentío abarrota la cocina.
Ella no esta sola, le hubiera gustado leer
otro libro, pero pocas veces encuentra
la tranquilidad necesaria para hacerlo con calma.
Ella recoge la mesa y limpia la vajilla,
suena la música afuera, pero aún no ha terminado.
Ella baila, lo hace con contención,
le hubiera gustado correr y saltar,
pero todos los ojos la están mirando.
Ella se desnuda, no tiene un espejo,
la habitación está fría y es oscura,
pero no se puede quejar de donde vive.
Ella duerme apenas unas horas,
se tiene que levantar temprano, pero se acurruca
y reza: pide que su vida cambie un día.
Ella se despierta, cubre la cama con la manta,
y se limpia el rostro con un paño
mojado en agua, se seca con una toalla áspera.
Le hubiera gustado que la luz la acompañara,
pero aún en la noche se siente feliz
por poder estar viva.
Ella se viste, la ropa está helada,
pero no tiene otra de repuesto, la que lavó
cuelga del techo de la estancia.
Ella lee, abre el libro, es una biblia,
siente que es una novela, pero piensa
que puede que no lo sea.
Ella sale al pasillo, recuerda lo que para ella
fue ser mujer en un solo día,
pero intenta olvidar lo que le duele.
Ella camina sin hacer ruido,
le hubiera gustado cantar una canción,
pero no puede.

(Del libro inédito Ella lee).

De pronto

Poema inédito del libro (b)Autismo de las plantas y los pájaros. El dibujo es de Miryam Álvarez.

Diez reglas para escribir mejor

Tener un enemigo

Uno no es nadie en la vida hasta que conoce a sus enemigos. En otras palabras, uno no es un hombre o una mujer en condiciones hasta que tiene un enemigo. Alguien que está dispuesto a llevarte la contraria hagas lo que hagas. Alguien que vive y mide aquello que dices, que analiza lo último que has apuntado, como quien ha osado incurrir en un error de bulto. Todos queremos vivir en paz hasta el último día de nuestra existencia y a nadie le gusta ser importunado por un vecino que no te deja dormir tranquilo. Al principio todo son molestias, pero luego, uno se acostumbra a ese moscón que no te deja en paz ni un segundo y que pasa a ser casi como de la familia.

Tener un enemigo que justifica todo lo que haces y dices, aunque no haya Dios que lo entienda, es una gozada. De la misma manera que en la vida es bueno tener un amigo confidente, no está mal disponer de un incordio evidente en forma de adversario público. Es más, para estar en forma, les recomiendo que elijan uno con algún mérito, uno bueno, importante, que eleve la categoría del protagonista. Cuanto más conocido, tanto mejor, de este modo cada vez que sale a la palestra tiene la oportunidad de descargar su inconformismo con todos los exabruptos posibles que manifiestan las palabras. ¿Para qué están las palabras? Para poner a parir a aquel que no piense como uno y desprestigiar al adversario que nos hace la vida imposible, aunque no se haya cruzado jamás en nuestro camino.

Tener un enemigo es como esa fiebre que con los años no te afecta. Al principio nos quedábamos apenados en la cama, hasta que un día salimos de casa sin ningún atisbo de cansancio. Tan solo alguna molestia que nos hace aparentar cierta fatiga ante los ojos de los amigos. Pero si sentimos al enemigo cerca, cómo cambia el abatimiento por el acaloramiento instantáneo cuando con las venas hinchadas golpeamos con salidas de tono hasta que cae en la lona la figura de nuestro adversario. Eso es lo bueno de tener un enemigo: tienes la solución al alcance de la mano para echarle la culpa de todos tus males. Un buen pretexto que confunde los problemas de uno con las injusticias del mundo entero. Por llevar la contraria, algunos creen que los enemigos nos hacen mejores si cultivamos con ellos la paciencia, por lo que les deberíamos agradecer su presencia, concluyen. Pero si de verdad quieren aligerar la existencia, les recomiendo que se echen un enemigo a sus espaldas, que ya verán cómo se solucionan sus problemas al disponer de una justificación rápida por todos los errores cometidos hasta la fecha. Cuanto más grande y conocido, mejor, uno pequeño no merece la pena.

El Corredor Mediterráneo, Nº 970, agosto de 2021.

Señor

Señor, tú que pusiste
nombre a la luz,
dame un cuerpo
que refleje mi mente
y dame una mente
que dignifique mi cuerpo.
Dame el entendimiento
para entender
lo que no comprendo.
La visión para ver
lo que está más allá de mí.
El cielo transparente
dentro de mi cuerpo.
El destino incierto
que respira
en mi pensamiento.
Y no me abandones
a las palabras sin sentido
y no me aísles
en el silencio invisible,
el más extraño
y duradero.
Dame fuerzas
para combatir
ese vacío que me tienta
y del que no reniego.
Dame nuevas razones
para descubrir
lo que me confunde.
Y dame paz
ante la incertidumbre
y vida con un significado
más allá de la muerte,
tal como me das
el aire que respiro
o me susurras
con una sonrisa benévola
los poemas que escribo.
Dame fe en el amor,
alegría en el sufrimiento.
Extrañamiento para salir
de esta confusión
y superar semejante misterio,
para descansar al fin
ante lo que no entiendo
y ante lo que pudiendo ver
aún no veo ni comprendo.
Y en el silencio extraño,
el más duro
y el más duradero,
dame un soplo de aire
ante lo que puede parecer
un último gemido
y parece que desfallezco.
Un rayo de luz siquiera
cuando vuelva
en una última mirada
antes de quedarme vacío
y sin aliento
con mi nombre tendido
sobre la piedra del camino.
Sobre la sombra
de mi infortunio
en medio de mi destino.
Señor, tú que pusiste
nombre a las cosas
y llenaste de aire
las palabras que pronuncio,
dame un suelo firme
que aguante mi suerte
y dame un sentido
que dignifique mi alma.
Ese entendimiento
que a veces me falta
para entender
lo que no comprendo
y es tan cierto
cuando me pregunto
el porqué de lo que me pasa,
como es eterno y frágil
el mundo y el hombre
en el que vivo
y en el que me has convertido.

De Lo que veo yo cada noche, Ed. Luces de Gálibo, KM 2017.

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