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Las palabras no dichas

Vídeo-fragmento de un poema de Ven, abrázame

Me siento voz

Me siento voz
pero no me siento verbo.
Me siento cuerpo
pero no me siento carne.
Ni carne de tu carne
ni sombra detrás de la mía.
Me siento aire
pero no mente.
Mis manos que intentan tocar
lo que no tienen.
Me siento hombre
pero no correspondido.
Mitad fuerte y con orgullo
pero mitad doliente.
Me siento sonido
pero no gente.
Hambre de tu carne
pero sombra detrás de la muerte.
Murmullo pero no frase.
Secreto tardío
pero no confesión
que sin más se abre
porque es verdad
que sale adelante.
Me siento noche
enigmática y cerrada:
la que se necesita
para acostarse tarde.
Me siento noche
triste y dormida
oscuramente saliente
pero no correspondida.
Me siento aislado
en una mitad perdida.
Mis ojos que intentan ver
lo que está dentro.
En ese lugar
que no es cabeza
ni es sentimiento.
Tan solo corazón.
Cerebro sin voluntad
que desprecia a la otra mitad
en absoluto silencio.
Me siento hombre
con voz pero sin verbo.
Carne sin carne
sombra detrás de la mía.
Sombra detrás de la muerte.
Me siento hombre
pero no correspondido.

Ahora que el esfuerzo impone la pena

Abrázame antes del abandono

Abrázame antes del abandono.
Antes de que me vaya.
Por última vez, hazlo.
Como un último adiós
sin palabras ni pretextos
que justifiquen nuestro más triste vacío.
Después de todo, ¿qué queda?
El olor, la sonrisa de un final sin flores,
el aroma de una despedida
que el mapa del tiempo
dibuja en un andén distinto
como duermen en camas separadas
los ángeles que recitan los salmos
y los versos más bellos
que no se sabe de dónde vienen
pero que se escuchan en el corazón
cuando se sueña despierto
o se vive como dormido
sin saber muy bien adónde ir.

(Fragmento de Ven, abrázame)

Los libros están cerrados

Los libros están cerrados
y las palabras parecen gastadas
porque han sido utilizadas
antes por otros.
Saber lo que he de hacer ahora
no tiene sentido
si tú no me esperas
y yo no te aguardo
en un último minuto
que alberga ese último milagro.
Pero ¿qué tengo que hacer
para que todo desaparezca
como si lo sentido
fuera parte de la niebla
y lo vivido aquello que queda
después del fuego
si yo pienso en ti
pese a la ceniza
y tú no me quieres
pese a mi desgarro?

El olor de tu cuerpo

Una página de Ven, abrázame, Amargord, 2014.

Has venido a mi vida

Una página de Ven, abrázame, Amargord, 2014.

Los sentimientos somos nosotros

Los sentimientos somos nosotros
y alguna vez son los demás.
Pero el amor es ese cuchillo
que solo a nosotros nos hace daño
mientras su fuerza rodea al mundo
con su manto de bondad.
Los sentimientos infundados
sobre la sospecha mientras el amor
se desenvuelve ajeno
a lo que nos pasa
y se confiesa como ese beso entregado
a las profundidades de un espejo
donde aparecemos desnudos
con las arrugas del cuerpo
y el rostro tras el tiempo detenido
de las palabras inconfesables.
También los miedos son así: son nuestros
y algunas veces, de otros.
Pero el amor sustituye al deseo,
su inconformidad más latente.
En una noche hermosa
donde el hombre espera a su amada
y esta no vuelve.
En una mañana de lluvia
donde la amada quisiera darle un abrazo
y el mundo se vuelve esquivo
y lo que se ve por la ventana
parece un mar plano y duro
como el suelo de cemento
en una ciudad deshabitada.
Los sentimientos como barcos a la deriva
en una cocina a fuego lento en nuestra casa.
Y alguna vez, a lo lejos, en la de los demás
como navegantes minúsculos
que parecen puntos negros
que juntándolos más tarde
hacen del aire un cuerpo unido
que nos sostiene en la duda
con una fatídica pregunta:
¿son verdaderos los sentimientos?
¿Nos engañan si los vivimos en silencio?
Otra vez lo que ven los ojos,
lo que se siente y lo que se dice.
En medio, el silencio
como la única verdad
que nos ata al mundo
como eso que sentimos propio
y ese amor ajeno que se nos escapa.

© Del libro Ven abrázame, editorial Amargord, 2014.

Pero también eres de los demás


Pero también eres de los demás,
de esos que te han elegido.
Me pertenezco a mí misma.
Soy y siento, dices.
Y es verdad, eres como eres
aunque cambies.
Y te perteneces aunque te transformes
en mujer o en árbol
que lleva su melena a otro viento
y sus ramas más breves
a una tierra ilimitada
que descansa lejos.
Eres porque sientes lo que dices
cuando no te queda el aliento
como los abrazos que das
y que también –cómo no– pides.
No se trata de ese dar y de ese recibir
tan repetido en otros versos.
No se trata de decir ni de mentir,
sino de ser y sentir tal como dices.
Y sin embargo, no llora el día porque sí
ni ríe la luz por llevar la contraria
y porque es oscuro el fondo del corazón
y abrasa el fuego que respira dentro de ti
cuando los demás no ven lo que sufres
tal como ríes alguna vez
al sentir que no todo está perdido.
Eres o no eres y eres
porque fuiste vencido,
diría el silencio.
Soy y vengo, podrías decir tú.
Eras y vuelves, digo yo
cuando te veo desnuda
entre tanta ropa que te cubre
todo menos tus ojos.
Cuando respiras a lo lejos
lo que sientes cerca
mientras dices,
vivo y estoy viva
porque ya no me miento.
Y esa frase que nadie antes que tú
pudo pronunciar con esa suavidad
que inmortaliza el tiempo
que no puede huir de sí mismo
es como pedir un abrazo
o dar uno más cercano si cabe.
Uno que aunque parezca alejado
está muy dentro.
Como esa melena que fue tuya
y ahora se transforma en color apagado.
Como esos ojos con arrugas que brillan
y ese olor que ya no es el mismo
y esas manos que son las que te agarraron
antes de la última caída
cuando respirar se hacía difícil
pero estabas obligado a hacerlo.
Ya ves, eres de los demás,
de esos que te han elegido.
Pero también eres lo que sientes
y dejas que los demás vean
como cuando te hicieron aquella fotografía
que, pese al paso de los años,
es la que mejor te representa
ante tanto naufragio:
triste e intensamente
con llanto, con lamentos de silencios
que ya se olvidaron
porque no nos puede el cansancio
sino el amor que nos enfrenta
a nosotros mismos.
Me pertenezco a mí misma,
soy y siento.
Pero también eres de los demás,
de esos que te han elegido.
De esos que te quisieron
y quieren, como de esos otros
que vendrán a quererte también de lejos
cuando no te queda aliento
y sientes lo que dices.

© Del libro Ven, abrázame, Edciones Amargord, 2014.
© Fotografía: Paula Arbide.

But you are also of the others

But you are also of the others,
of the ones who selected you.
I belong to myself.
I am and I feel
, you say.
And it’s true, you are as you are
even if you change.
And you belong to yourself even if you transform yourself
into a woman or a tree
who takes her long hair to another wind
and its briefest branches
to a limitless land
that rests far away.
You are because you feel what you say
when you no longer have any breath
like the hugs that you give
and that you also—of course—request.
It’s not about that giving and receiving
so often repeated in other verses.
It’s not about saying or lying,
but of being and feeling just as you say.
Yet however, the day does not cry for no reason
nor does the light laugh to be difficult 
and because the depths of the heart is dark 
and the fire that breathes within you burns
when the others do not see what you suffer 
just as you laugh sometimes 
when you feel that not everything is lost.
You are or you are not and you are  
because you were defeated,
the silence would say.
I am and I come, you could say.
You are and you return, I say
when I see you naked
in all those clothes that cover
all of you except your eyes.
When you breathe far away
what you feel close by
while you say,
I live and I’m alive
because I no longer lie to myself
.
And the phrase that no one before you
could pronounce with that gentleness 
that time immortalizes
that cannot flee from itself  
is like requesting a hug
or giving one more closely if possible.
One that even if it seems distant 
is very deep inside.
Like that long hair that was yours
and now turns dull.
Like those wrinkled eyes that shine
and the smell that is no longer the same 
and those hands that grasped you  
before your last fall 
when breathing was becoming difficult 
but you were forced to do it.
You see, you are of the others,
of the ones who selected you.
But you are also what you feel
and let the others see
like when they took that picture of you 
that, despite the passing of the years,
is the one that best captures you
before so much destruction:
sad and intensely
with tears, with silent laments
that were already forgotten
because we are not defeated by weariness
but by the love that confronts us
with us.
I belong to myself,
I am and I feel
.
But you are also of the others,
of the ones who selected you.
Of the ones who loved you
and love you, like those others
who will also come to love you from afar
when you no longer have any breath
and you feel what you say.

© Translated by Sandra Kingery.
Taken from the book Ven, abrázame (2014).

© Photograph by Paula Arbide.

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