Un lugar por nosotros

Germanía, 2000 (dos ediciones)
ISBN 978-84-89847-34
Páginas 79

 

Brosquil Ediciones, 2006
ISBN 978-84-9795-157-9-34
Páginas 96

 

Un lugar por nosotros nos impone un viaje, a través de la poesía, sin posibilidad de vuelta atrás hacia el centro de una escena, donde el desajuste del mundo suena con su fraseo más descarnado.

Desde una mirada particular que exige un lector atento, el autor nos invita a realizar un viaje en donde es necesario convertirnos en cómplices de un recorrido que nos lleva, a través de un discurso original y certero, a buen puerto.

Un lugar por nosotros mantiene un sentimiento trágico que se asoma en muchas de sus versos: la repetición de las muertes y de su absurdo, la soledad del yo y de la pareja, la presencia latente del conflicto político en el que nos vemos inmersos y donde sigue apareciendo la ciudad como elemento dominante frente al nosotros, una ciudad oscura de la que uno parece no poder escapar y que se impone sobre el yo-poeta.

La poesía de “Un lugar por nosotros” es más narrativa, más contadora de cosas, más directa en ocasiones, pero se mantiene esa esencia poética que convierte a su autor en uno de los referentes más interesantes de la poesía actual.

Mineralidad expresiva

Boletín de ficciones, Otoño 2000

Kepa Murua, que publicó el año pasado Siempre conté diez y nunca apareciste, presentó en la última Feria del Libro otra entrega poética titulada Un lugar por nosotros. Un lugar por nosotros va precedido de un prólogo de Rafael Coloma que cumple, como todos los prólogos, dos funciones: desarrollar un elogio de lo prolongado y apuntar lo que se consideran las principales claves para su compresión. En persecución de este último objetivo, Coloma utiliza expresiones como “rotunda radicalidad”, “mineralidad expresiva” y “poesía sincera -y por tanto subversiva-, de un estoicismo muy particular, de luces y sombras”, expresiones que dan fe, seguramente, de lo difícil que resulta clasificar a este poeta en cuya obra se recogen ecos distintos, encauzados a la consecución de una síntesis personal.

Como en un estuario en el que confluyeran varias corrientes vienen a parar a este espacio del libro (es espacio imaginario del nosotros) el tono íntimo de la lírica y un doliente afán de describir, incluso narrar, el mundo humano en el que participa el yo, visto a través de una imaginación gravada por una herencia existencial muy europea e invadida por notas de un cauto surrealismo.

Kepa Murua se esfuerza por lograr una poesía difícil, sin demasiadas concesiones a la sonoridad. En ella lo inexplicable se aclara hasta formar un dibujo o una escena, y en esa escena los elementos particulares pueden estar bastante definidos, pero a menudo el conjunto es demasiado enigmático, como si se quisiera alcanzar algo que está más allá. Para ello, recurre el autor a exacerbar la ambigüedad propia de todo lenguaje poético. Quizás por este lado toquemos con alguna de las limitaciones del libro, pero también con la fuerza de un empeño que toca la extrañeza de una trágica y absurda cotidianidad.
M.M.

Vida mezquina y llevadera

El País, Septiembre 2000
Por Jon Kortazar

El libro de poemas de Kepa Murua, Un lugar por nosotros, resultó finalista en el Premio El ojo crítico, el premio que concede el importante espacio cultural de Radio Nacional de España, por su escritura original, que se muestra fuera de las corrientes habituales por las que transcurre la nueva poesía española.

Los mentores del programa, que mantienen una postura excepcional a fin de descubrir nuevas voces en los ámbitos literarios (puede recordarse el acierto con el premio de anteriores convocatorias de Pablo García Casado y su importante libro Las afueras), posiblemente vieron en el libro una especial y sorprendente magia en la acertada combinación de un lenguaje cotidiano con una relación casi física con el expresionismo.

Kepa Murua ha sabido construir un mundo propio donde la visión de lo cercano, de la vida diaria (puente desolado/en un domingo de cicatrices y cervezas/por el suleo) se conjuga con una visión oscura de los sentimientos: desolación, soledad, muerte, de “recuerdos helados”.

Es la avenida que lleva de un espacio (la visión de un mundo concreto y diario) al otro (el mundo simbólico) donde se trenza la palabra del poeta, palabra que a veces, por una clara ausencia de la aliteración modernista, puede resultar algo monótona.

Pero es en esa exploración de lo cotidiano como forma de construir un mundo desolado donde Murua utiliza las frases más comunes para sacar de ellas la aparición de un mundo de marginados, y de mal sabor de boca.
Una inocencia salvaje, así es como se presenta el libro y el autor ha pretendido llevar la máxima a su expresión concentrada: Una inocencia en la visión que atrapa salvajamente un mundo que se cae a trozos.

La relación de poemas en torno a distintas imágenes de poetas (el joven, el niño, el anciano, el poeta sin rostro, el asesino, el muerto) construye un eje sobre la propia poética de Murua, una poesía distante, fría acaso, pero nunca neutra en su descripción de un mundo de escombros: “quiso unir el cielo a la tierra/y quedó sepultado entre los escombros”.

El lugar de Kepa Murua

Mugalari, Junio 2000
Por Pedro Rodríguez

Brosquil reedita estos días un título clave de Kepa Murua. Seis años han pasado desde la aparición en 2000 de Un lugar por nosotros, que marcó un hito en la carrera del poeta vasco. Tras el tono reconcentrado y metafísico de Siempre conté diez y nunca apareciste (1999) o Cavando la tierra con tus sueños (2000), el autor se abrió a los demás sin perder rasgos de su identidad artística. Ese “lugar” del título era reconocible, próximo: su tierra, lastrada por injusticias y conflictos que obligaban a levantar la voz. Como en ocasiones ha reconocido el poeta, se le metió como nunca la vida durante la creación del poemario.

¿Qué hallará el lector que abre ahora Un lugar…? Pienso que un poeta que pulsó las teclas de la cercanía, de lo referencial, de la realidad, para bucear en la intimidad propia y colectiva. Y un sujeto poético moralmente herido que se desahoga y reflexiona.

Hace seis años, la crítica subrayó un sentimiento dominante en el libro: la vergüenza. Murua ha confesado que algunos poemas surgieron de forma visceral, impulsiva, casi a golpe de periódico o tras la percepción de injusticias cercanas. Precisamente, en ese saber compartir sentimientos universales con los lectores (pienso en el pacifismo y ternura de “El mundo es una sábana blanca”) radica buena parte del éxito del libro. Sin embargo, en Un lugar… se aprecia también la importancia del pasado, del poder maléfico de los recuerdos que lastran el presente, de episodios no olvidados que convierten el paso del tiempo en destino.

No es arriesgado afirmar que la hondura del poeta ofreció en esta obra una versión del funcionamiento de las biografías íntima y colectiva. Así, conviven dos instancias cuyas vidas se entrelazan en el poeta. Ambas quedan marcadas por instantes en cuya aparente irrelevancia se encierra el futuro (así, “El retrato en el bolsillo”). País o individuo, pueblo o persona están a merced de fuerzas incontrolables cuyo sentido, para mayor sinrazón, se queda sin descifrar hasta más allá de la muerte (“[…] la vida aguarda a que cierres / los ojos para mostrarte el camino”).

Pero la experiencia demuestra que la vida es también ambivalente. Y como ella, nuestras reflexiones o emociones. Ante el dolor ajeno “se duerme como si nada”, y es en esa enigmática paradoja moral donde reside, quizá, el germen de la vergüenza estupefacta. “¿Por qué decimos una cosa / si quisimos decir otra?”.

Murua inauguró con este libro un subgénero poético (el autorretrato) y amplió su horizonte estilístico. La apertura al otro vino acompañada de un tono más cercano y coloquial, sin olvidar rasgos distintivos como los desplazamientos de sentido o los quiebros sintácticos. De alguna manera, el libro anunciaba el tono que luego cristalizaría en Las manos en alto (2004), evolución apreciable en el reciente Poemas del caminante (2005).

La edición incorpora un largo poema en bloques titulado “Recuerdo”. En él se pueden rastrear claves geográficas, generacionales y hasta biográficas por medio de un exigente encadenamiento léxico que repasa con ritmo prosódico una vida que se contempla sin esperanza ni miedo. Advierto una mirada más ecuánime, como si el paso del tiempo hubiera abierto una nueva perspectiva para analizar el pasado. Como si lo que tuvo importancia dejara de tenerlo. Como si, por así decirlo, la vergüenza diera paso a nuevos sentimientos que indican que la poesía de Murua, como la vida del hombre, es un proyecto abierto y libre al que quedan muchas etapas por cumplir.

Rotunda radicalidad

Nuevo Claridad, febrero 2001

Tras el reciente éxito obtenido por su último libro de poemas, Siempre conté diez y nunca apareciste, publicado por la editorial Calambur, Kepa Murua nos vuelve a sorprender con un poemario de corte expresionista y radical donde las palabras y las imágenes nos hablan de un mundo real y comprometido con los más desfavorecidos.

Con un estilo poético que mezcla registros íntimos y descripciones sorprendentes por su contundencia, Un lugar por nosotros retrata a segmentos de la población desde una mirada que intenta descubrir la realidad más cercana del entorno. Se habla de los pobres, de los desheredados, de los ciudadanos y ciudadanas del mundo, a quienes se les descubre en claves de amor y desamor, de soledad y esperanza, de misterio y buena poesía.

Se habla de poesía, para qué sirve la poesía o cuál es su función en la actualidad son algunas de las claves que explican el poemario. El mundo del poeta, en una serie de autorretratos demoledores, se muestra así al desnudo, como uno más, cuando se remite a su condición de hombre. Esta realidad le sirve al poeta para comprender y explicar el mundo actual a través de una mirada corrosiva. El libro retrata la ciudad contemporánea, está escrito en el País Vasco y habla de los sentimientos y de las dudas de una sociedad en eterno conflicto con su historia y su presente.

En definitiva, un libro que ratifica la excelente voz de un poeta  atrevido como es Kepa Murua, que presenta un libro maravilloso e inclasificable que hablando de todos desde la poesía, retrata con ironía y una visión crítica la sociedad del momento, atrapando al lector desde la primera página al último poema.

Las edades del poeta

El País, Babelia, Diciembre 2000

Poesía. Siempre conté diez y nunca apareciste
Calambur, Madrid 2000, 72 páginas

Un lugar por nosotros
Germanía, Valencia, 2000, 86 páginas

Un lugar por nosotros

El vacío, el amor, la libertad, la ciudad, el hombre solo entre la multitud, el hombre sitiado en la ciudad sitiada, tiempo y paraíso perdidos…, temas clásicos que en la escritura recia de Kepa Murua (Zarautz, 1962) se cargan de referencias simbólicas y son tratados con melancólica sobriedad.

Murua, con el entorno como laberinto, busca en el corazón y sus sombras y recorre el itinerario de la creación a través de las distintas edades del poeta, versos que nos llevan del niño al poeta anciano, pasando por el sin rostro o el asesino, hasta concluir, de un modo revelador, con las palabras del silencio.

Y en ese itinerario, el escritor aguarda la irrupción de los sueños desertores, la llegada al lugar del brindis.

J.C.W.