Borja Lázaro

En el país donde yo conocí el amor
tú desapareciste a los ojos de todos.
Borja Lázaro: tú, fotógrafo y yo, poeta.
Dicen que la fotografía es la poesía hecha imagen,
un retrato del tiempo
cuando el poema reza por los desaparecidos
que aún tienen un nombre. Una oración
por todos aquellos que aún recuerdan
su madre y sus hermanos,
que aún recuerdan sus amigos.
En Colombia hay tantos como gotas de agua
en el mar, en los ríos, en los bosques.
Hermosos como sus nombres
en los labios de sus seres queridos.
Tantos como flores distintas en los caminos.
Tantos como piedras en la orilla de las olas
donde los vivos nombran a su amada o a su amigo.
Yo, como Dante, lo hago a menudo
porque la historia, aunque diferente,
se repite con lo que nombramos.
¿Lo recuerdas? Nos dijeron
que lo que no se nombra no existe.
Pero yo te digo que no es así,
al menos, como se creía en un principio.
Porque lo que no existe –como el rezo
que tarde o temprano vuelve a la boca
cuando se pronuncia la primera sílaba–
pervive en el eco de una memoria
que podría ser la lágrima de tu madre,
el temblor en la voz de tu hermano
o el beso que aún recuerda la amada
y que solo puede nombrar
el amor por los ausentes.
No sé si lo sabes, mas el rastro del desaparecido
muestra su recuerdo gracias al viento:
ese nombre que no será olvido
o esa primera frase que será tu historia.
Borja Lázaro aún en el país
que confunde la vida con la muerte,
cada vez que ellos te recuerden
y el eco pronuncie lo que podría parecer un sueño:
esa última fotografía que hiciste
se encontrará un día para llamarte.




De Pastel de nirvana, Ed. Cálamo. KM, 2018.


Leer artículo «Nadie sabe nada de Borja»:

https://elpais.com/politica/2020/01/08/actualidad/1578477820_554277.html

El tigre

Si vas a ese lugar
donde aún me recuerdan
y no sabes nada de mí,
pregúntate si el mar
presiente la mirada del cielo
en el atardecer limpio
que unos ojos pueden ver
sin pensar nada mientras lo hace.
Y si vas y no sabes de mí,
dónde nací o con quién fui,
pregúntate por el color del sueño
que camina por la arena
en los días alegres del verano.
Pero si vas y aún me recuerdan,
pregúntales por los pasos
del tigre solitario que aún vive
en sus calles sin que se den cuenta.
Ellos no saben la respuesta.
No la saben, ni la sabrán,
pero te mirarán con curiosidad
como si tuvieras un secreto que contarles.
Algo que no sospechan,
aunque cuando te des la vuelta
será un poco tarde.
Yo ya habré muerto.
Pero la semilla que germina
en los días tristes
llegará con la luz del cielo
y la luz que brilla
atravesará la venda de esos ojos ciegos.
Si vas a ese lugar, si vas,
y no saben nada de mí,
aunque no lo creas,
el tigre volverá a la selva.

De Pastel de nirvana, Ed. Cálamo. KM, 2018.

Impresiones de la Feria del Libro de Madrid 2019

El 15 de junio de 2019 llego a Madrid; en la última semana de la Feria del Libro he de firmar en la caseta de Cálamo los libros publicados con la editorial que dirige con acierto José Ángel Zapatero. El sábado me presento puntual en el lugar convenido y el editor me atiende con su amabilidad característica. Hace tiempo que no salgo de casa y siento un cierto nerviosismo ante este lance que me situará ante tantos lectores que pasan por delante de uno sin fijarse siquiera y me enfrentará a los lectores que se acercarán a la caseta 295 para que les firme sobre las primeras páginas en blanco el libro de poemas, Pastel de Nirvana, o sobre la portadilla de las memorias que publiqué con el título, Los sentimientos encontrados. Madrid es una ciudad que me gusta, pero apenas tengo amigos en ella. Los escritores firman sus libros en las casetas, oigo los nombres de unos, a los que reconozco, y de otros que no sé quiénes son.

Me alegro por el sol, la luz, el calor, el buen tiempo y agradezco la presencia de tantos lectores que compran los libros, así como de esos autores, hombres y mujeres, que engrandecen nuestro oficio. En mi caso, no son muchos los que me buscan; soy uno de esos paracaidistas que aterrizan en el Parque del Retiro sin un anuncio previo o una obra reseñada en los medios que difunden la cultura. Debería decir que son pocos, menos de diez y más de cinco, todos ellos elegantes, inteligentes y educados. Más mujeres que hombres. Me he aprendido los nombres y he memorizado sus caras, por si me vuelvo a encontrar con ellos en un futuro. Hace tiempo que dejé de creer las palabras de aquellos que dicen que vendrán y no vienen o de aquellos otros que se comprometen a pasarse y no pasan. Estos pocos lectores son lo mejor que me sucede en una mañana de sábado acompañado de mi editor, una persona que ama los libros y que me asegura, en voz baja, que este años la feria ha sido muy buena: “en todos los sentidos” dice. Tengo tiempo para pasarme por algunas casetas y fijarme en sus publicaciones y autores. Compro siete libros, uno de plantas y filosofía, para mi esposa, tres de poesía, publicadas por editoriales independientes que están realizando una labor encomiable, una biografía tocada por una tristeza que conmueve y una novela que Borges recomendaba a sus amigos. El séptimo libro lo compré por la tarde. Es el catálogo de la exposición de Tetsuya Ishida que pude ver en silencio en el Palacio de Velázquez del Parque del Retiro, su título: Autorretrato de otro.

Reseña de «Pastel de nirvana»

Pastel de nirvana, Kepa Murua

¿Qué es esto que nos sucede? El verso inicial del poema «El Espejo» encapsula el espíritu que anida en Pastel de nirvana, el último poemario de Kepa Murua, publicado por Cálamo el pasado año, en el que el autor de Zarautz, desde la madurez indaga en perspectiva sobre los vericuetos de la existencia, de la vida cotidiana, con una mirada de extrañeza. Así, el tono blanco que domina en las cubiertas del libro sugiere una mirada limpia, que no ingenua.

Soledad, añoranza, deseo, paso del tiempo, integridad, identidad, son objeto de la curiosidad del poeta, sin desdeñar aspectos más tangibles que forman parte de su entorno: la ciudad en la que vive, el paso de las estaciones, la presencia del mar, los fenómenos naturales, o incluso de corte socio-político: la clase dirigente, los jóvenes expatriados.

Pero es a la relación entre seres humanos, en especial a la sentimental, de pareja, tan elusiva como preciosa a la que Murua regresa una y otra vez, sin olvidar la que le une a sus padres ya mayores, a sus amigos –y enemigos– o a la que autor mantiene consigo mismo, con sus principios y su actitud hacia los demás.

Murua no ofrece tanto respuestas como certeros interrogantes y ocasionales hallazgos, valiéndose de una ambivalencia lúcida, de una penetrante observación desde una óptica autobiográfica –se interpela también sobre su condición de poeta.

Sirviéndose de una primera persona que en ocasiones muta en segunda, que interpela y es interpelado, a través de un lenguaje nítido, asequible en apariencia, brinda al lector un pastel de nirvana de sabor agridulce que reconforta y sacia. 

¿Cómo se llaman hoy / esos que ya no me acuerdo? / ¿Seguirán diciendo / que la amistad es sagrada?
de Los amigos

Otro día que no pasa nada / es dejar que pase el tiempo / sin profundizar en el fracaso / en el vacío de las palabras / que utilizamos a diario.
de Otro día que no pasa nada

Mi ciudad no aparece en los libros de arte. / Ni se compara con otras. / Sus fotografías no se venden. / Sabe perdonar al que lo necesita / y olvidar al que no viene. / Parece que te golpea nada más verte / aunque te cobije más tarde.
de Mi ciudad

La poesía, como la vida, es eso que no se sabe / lo que es, pero se vive intensamente.
de Autorretrato con tele sin voz

Publicado por Il Gatopando en el enlace:

https://queraroestodo.blogspot.com/2019/01/pastel-de-nirvana-kepa-murua.html

Pastel de nirvana

Pastel de nirvana © Kepa Murua
CÁLAMO POESÍA
Colección dirigida por César Augusto Ayuso
156 páginas
ISBN: 978-84-16742-10-3
Ediciones Cálamo, S.L.
www.edicionescalamo.es

MIRO AL MAR EL DÍA QUE MI MADRE HA MUERTO

Miro al mar el día que mi madre ha muerto
y veo los ojos de Dios sobre los suyos
mientras mi padre que ahora tiene diez años
pisa con su pie desnudo la espuma de la orilla.
No se parece a mí: yo era un niño de ojos negros
con un fondo gris de concha marina.
Mi madre me espera para secarme
y yo la veo sobre el cielo azul que está seco
con una mirada de lluvia y de ceniza
desde el monte que hay
justo al lado de la playa.
Si volví fue porque quise estar acompañado
un día que el amor me dejó solo.
Y si la recuerdo es porque ella cobijó mi suerte
pese a las distancias que yo impuse entre los dos.
Le dijo a mi padre: estaría bien con una mujer
pero siempre está solo. Es lo que tiene ser poeta:
amar a todos cuando nadie te ama.
Y, sin embargo, mi madre lo hizo,
tal como lo hizo mi padre a su manera.
Miro al mar de mi infancia, ese mismo mar
que hoy no ha cambiado.
Será igual más tarde, bastante parecido
el día de mañana. Y quizá
–puede que cuando yo muera–
alguien me vea también
en los ojos divinos de esta playa
–tal como lo hago yo con ella–
con ese mar que nunca la abandona
y que vierte el presente en parte del pasado
y el futuro convierte en lo más hermoso.

Kepa Murua cocina «Pastel de nirvana»

Entrevista en El Correo, por Natxo Artundo
20 de diciembre de 2018

La receta es comer un buen postre una vez que has trabajado bien y duro. Puede parecer un libro espiritual o metafísico, pero la idea es muy sencilla», indica el autor de Pastel de nirvana (Cálamo). Kepa Murua recuerda una clase que impartió a personal de la empresa Mercedes. «Si les hablaba de sueños, miraban raro, pero si usaba el término ‘objetivos’ les cuadraba más y cuando cumplían con esas metas, lo celebraban a su manera. «Yo me como un pastel simbólico. La vida tiene sus luces y sus sombras y muchas veces se nos olvida recompensarnos a nosotros mismos. Y se trata de eso, de vivir en el presente», subraya el poeta.

Por eso ha cocinado «un pastel para la gente despierta, para concelebrar la vida solo o acompañado», donde los ingredientes son muy diversos. De hecho, Murua asegura que, entre ‘No somos el pasado’ y ‘La última página’, sirve «un poemario muy abierto, donde puedes tomar el bocado que quieras, tanto dulce como amargo o envenenado». La amistad o la separación de los amigos, el anhelo del ser amado, el silencio que acompaña, los lugares, las personas, los momentos o los animales que no siempre son lo que parecen al primer vistazo invitan al lector a «ser protagonista de tu presente, pase lo que pase».

Luces y sombras. Hay un fondo positivo en la mirada de Murua, que quiere alejarse del tópico de ‘poeta de culto’. «Hay una experiencia inevitable, una sabiduría y, sobre todo, una contención», apunta. Y es que la evolución de su creación poética ha dado lugar a una voz que puede degustarse a muchos niveles. «Creo que es como un banquete muy completo que realmente te lleva a reflexionar con un café, una copa o una infusión, si quieres, sobre lo que ha pasado durante todo el día, durante un año o durante toda una vida», describe el responsable de este ‘Pastel de nirvana’. Las luces y sombras de la vida se combinan con una reflexión social y con un detallismo que permite festejar las pequeñas cosas. Incluso «hay que saber llevar la soledad con deportividad. Ahí también puede uno encontrar la felicidad».

Para todo ello, Kepa Murua pone al lector «ante un espejo que puede aparentar mi biografía, pero está falseada. Hay un camino de esperanza, un retrato para que en momentos críticos sepan sonreírse o reírse de sí mismos», a través de poemas más abiertos o cerrados. «Pero todos cuentan una historia», resume.

«Pastel de nirvana» en Deia

Por Carlos González

“La calma es fuerza”, apunta Kepa Murua. Por eso, el poemario Pastel de nirvana (Cálamo) “no es un libro nervioso, sino dulce, sereno”. Entre otras cosas porque, como explica el autor, “en la serenidad y en la calma se puede hablar de muchas cosas”, también “de temas sociales como los malos gobiernos, la corrupción, los desahucios, la falta de posibilidades que se les da a determinadas personas para que tengan una mínima posibilidad”. Junto a esa esfera pública, está lo privado, lo íntimo, lo personal. Al fin y al cabo, el todo se compone de partes en apariencia diferentes.

Esta nueva creación -este año que ahora se termina también ha alumbrado su Autorretratos– es ya una realidad palpable, aunque será el próximo día 21 cuando se produzca su presentación oficial en esta Vitoria a la que Murua dedica un poema específico dentro de Pastel de nirvana. En concreto, a partir de las 19.30 horas y con la presencia de Catalina Garcés -autora que en este libro se ha encargado del prólogo-, el encuentro con los lectores tendrá lugar en el Centro Regional Gallego, un espacio atípico para este tipo de actos en la trayectoria del creador. “Ofrecí una conferencia en su momento que les gustó y quedamos en hacer algo más adelante”. Dicho y hecho. Junto a él estará además Manuel López, presidente de esta casa regional. “La idea es hacer algo distinto, muy ameno, también para encontrarse con un público diferente. Como pasa a veces con el jazz o la música clásica, el lector en ocasiones todavía tiene miedo a entrar en la poesía, aunque cuando le explicas las claves, la situación cambia”.

Como en “una tertulia por la que pasamos por diferentes registros”, Pastel de nirvana abre un amplio abanico de cuestiones públicas y privadas. “Te ofrezco el postre, coge el bocado que quieras, pero que sepas que hay bocados dulces y otros envenenados”, sonríe. Así, se habla, por ejemplo, de la religión y la política, que “son dos temas que ponen muy nerviosa a la gente. En mi caso, los toco con mucha tranquilidad literaria”. El lector sabrá qué lectura hace y si, en algún caso, se siente reflejado. “Quizá alguno se retrate y piense en lo que está haciendo”. Con todo, no se trata de sentar cátedra, “no hay por qué coincidir en los pensamientos, sino sencillamente escuchar y opinar para que todos podamos mejorar en el discurso público. Es verdad que parece que no estamos en esas como sociedad, pero yo sí;debo ser un raro, pero estoy ahí. En el silencio, en la reflexión, en la calma está lo más poderoso en estos momentos. Sobre todo en la escritura detenida que permite la poesía”.

Enlace de la reseña: https://www.deia.eus/2018/12/10/ocio-y-cultura/cultura/en-la-serenidad-y-en-la-calma-se-puede-hablar-de-muchas-cosas

También en: https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/12/24/ocio-y-cultura/en-la-serenidad-y-en-la-calma-se-puede-hablar-de-muchas-cosas?fbclid=IwAR3YoRjHUQU4C-L81eB5UGooXC58AzDrlTbFJvs215OXYwzJ7NLH9CmsJmo

En Territorios: «Pastel de nirvana»

Publicado en el Diario El Correo; sábado 22 de diciembre de 2018

Pastel de nirvana

Pastel de nirvana es el último poemario de Kepa Murua y presenta 82 composiciones en verso libre de una media distancia cuyo contenido oscila entre el signo intimista y el colectivo. Murua pasa del amor, la amistad, el dolor, la alegría, el tiempo, la muerte, la soledad o los momentos de comunión con los otros asuntos clásicos de la poesía social o civil, como son la pobreza, el futuro, el trabajo, la corrupción, la emigración, los gobernantes, los parlamentarios… Dicha variedad temática aparece expresada en el propio título del libro, que sugiere una contradicción. La palabra ‘pastel’ alude al mundo material y sensitivo mientras el término ‘nirvana’ apela a esa fase espiritual que se caracteriza por la extinción de los deseos materiales en el budismo y el hinduismo.

Enlace de la reseña: https://www.elcorreo.com/Territorios/autora-normas-20181222175919-nt.html