Pastel de nirvana

La editorial Cálamo, ha publicado mi nuevo poemario Pastel de nirvana (2018) y también ha querido compartir con los lectores algunas páginas (no son pocas: 30) como invitación para todo aquel que quiera conocer más de estos poemas y de su autor. La edición está acompañada por un prólogo de la escritora colombiana Catalina Garcés, prólogo que para muchos puede ser la antesala o una puerta que se abre para entender lo que esconde este libro.

En el siguiente enlace podrán leer el texto:

 http://www.edicionescalamo.es/uploads/ficheros/libros/primeras-paginas/201811/primeras-paginas-primeras-paginas-es.pdf

Pastel de nirvana en “El corredor Mediterráneo”

Miércoles 14 de noviembre de 2018 – Año 19 N° 829

De las fuerzas que dominan al mundo, Kepa Murua escoge la vida con todos sus matices. Contienen los versos de este poemario, aquellas palabras que pronunciaría un guerrero en plena lucha, al menos aquellas que, en el silencio de lo que no se dice en voz alta, se pasean por su mente. Este es el guerrero que a pesar de las derrotas vuelve al escenario, pues sabe que tarde o temprano su enemigo será vencido, y ese enemigo es el desamor, el vacío, la desesperanza, más no la muerte como podría pensarse.

Ese enemigo es el pasado que hemos creído como pieza clave de nuestro futuro pero que, en palabras del poeta, en realidad no lo determina, mucho menos el presente, pues no es cierto que la vida sea tan estrecha y predecible como nos han hecho creer esos que han jugado con nuestra historia, esos que han robado nuestras riquezas con mentiras, esos mismos que han querido gobernar y gobernarnos, esos hombres que también caben en este poemario, con lo cual, Pastel de nirvana no desconoce que somos ante todo seres políticos y que esa opción de escoger las fuerzas de la vida, también hace necesario reconocer una postura ante los hechos y las injusticias. Y es que así es o puede ser el cielo: una suerte de espacio de consciencia del acontecer del mundo, un premio, un pastel. El cielo, el nirvana, es ese estado de iluminación: la recompensa, la dulzura merecida por la espera incansable.

El autor conjuga los grandes escenarios con los pequeños. La vida es también la historia de un amor o el mínimo espacio que ocupa la familia, aquel núcleo en el que surgieron las primeras preguntas esenciales acerca de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Allí, en la sala o en la cocina, el tiempo se prolonga desde la infancia hasta la adultez y vemos a nuestros padres envejecer y morir y, en medio de ese ciclo, entre la oscuridad y la luz, se alza el canto de los pájaros que es la voz de la vida, para que de nuevo, el amor que vuela, se esconde, se aleja y nos llama, nazca en la mañana y en la noche se esconda en un juego sin descanso.

Pero al final, creyendo el lector que quizás todo vaya a aclararse y que las preguntas serán respondidas, el poemario nos devuelve preguntas, las de siempre, las que nos empeñamos en descifrar, las que alimentan nuestra existencia. El último poema es una página en blanco: una nueva posibilidad.

Catalina Garcés

La carta

Cuando me dices que estás sola
los vientos helados vuelven en pleno verano
y si la lluvia se retira de las calles
el granizo cae desde el cielo.
No hay tregua en el pantano de las soledades
ni paz en las aguas turbulentas del amor
ni sosiego en el sueño que nos ronda
pero que nunca se comparte.
No hay un puente elevado
que una las dos realidades
que emergen con su arco iris en el cielo
y ocultan en algún lado
un cofre cargado de deseos
con el dolor insoportable:
el del amor que no se comparte.
Cuando me dices que estás lejos
los países no tienen nombre
las ciudades no ven brillar el mismo cielo
las estrellas no son iguales
en un lugar u otro de la noche
los labios no son hermosos
la lengua no es la que nos besa
las palabras no son bellas
porque se amontonan en las esquinas
de las derrotas tristes.
Y si la historia nos ronda
porque se pudiera pensar que se repite,
los hombres y las mujeres no se reconocen
cuando se miran en la diferencia
entre lo que es estar solo o estar lejos.
Es verdad: somos responsables de nuestros actos
y, aunque no el resultado de nuestro pasado,
somos parte de su embrujo, de su misterio,
mientras vivimos un tiempo nuevo.
Lo demás, como cuando me dices que estás triste,
es porque te creías fuerte cuando no lo eras
o te sentías invencible cuando eras vulnerable.

Portada de Pastel de nirvana, Cálamo 2018

El joven

Ha caído en el abismo.
El pájaro revolotea en la amapola,
juega con la flor reseca
que atrapa el matorral.
Sus raíces no pueden ver
lo que acontece alrededor.
Sus ojos están ciegos;
no sabe por qué no puede volar.
Solo cuando la noche duerme
sobre su cabeza y el día
se confunde con su temblor
parece darse cuenta
de que algo se pierde en él,
aunque, luego, diga que no le importa.
Es como un pájaro en una jaula que se cree libre
o una flor en una cárcel cuando vive con agua.
Solo lo que quiere lo satisface.
Pero las horas lo persiguen
para que no olvide que lo que se quiere
casi nunca se consigue.
Joven a la espera de una luz
que lo rescate del infierno,
sombras envenenadas brillan en su interior.
Como la flor inmortal,
¡qué frágil es lo que se cree eterno!

Poema que pertenece al libro Pastel de nirvana, próximo a publicarse bajo el sello editorial Cálamo.

Pastel de nirvana

Pronto verá la luz esta nueva publicación, se trata de un poemario ya no íntimo sino más bien interior, una suerte de rezo de esperanza en la vida y sus manifestaciones. Algo que ya he venido trabajando y adelantando en mi obra.

Detrás de cada libro que se publica no solo es evidente el trabajo del autor: el tiempo dedicado a ello, las horas de escritura y corrección, también está la confianza de los editores que apuestan a la obra y que ponen toda su capacidad para que, al salir al mercado, cada libro encuentre un puerto, es decir, un buen lector que valore lo que se esconde detrás de ese objeto-libro, y también dentro. Para mi alegría y la de mis lectores, esta vez la apuesta la ha hecho Cálamo.

Pocos títulos de mi autoría han llevado prólogo, Pastel de nirvana será uno de ellos; creo que los años me han hecho ver que todo aquello que para uno mismo resulta sencillo, como el significado de las propias palabras escritas, no lo son tanto para quienes reciben el mensaje. Así, una de mis más sinceras lectoras ha dedicado algunas líneas que darán luz a este nuevo libro, para que aquellos que se adentren en él lleven un faro en su recorrido.

No está de más dar así las gracias a todas esas manos que hacen posible cada nuevo nacimiento literario.

Pastel de nirvana

EN EL REMOLINO DEL SUEÑO

No puedo ver mis pies en el sueño,
pero puedo sentir las manos de la noche
en el momento de levantarme a por un vaso de agua.
No puedo ver los pies por el suelo,
con los ojos cerrados puedo ver la noche
donde nada se mueve de sitio.
Si los abro, van de un lado a otro
en busca de una fuente para su subsistencia.
Se trata de ir a lo profundo, de bajar las escaleras
hasta llegar al nacimiento.
De volar encima de los cuerpos
que nos recuerdan quiénes somos.
De vernos cómo éramos en el pasado,
mucho antes de que naciéramos
o de que viviera el mismo Jesucristo.
Con las capuchas del suelo iluminado
puedo ver el sendero: las piedras a un lado,
el barro sucio, el río a otro, a pocos metros;
y la boca y los dientes y la piel dura
y los ojos brillantes de algunos animales
que parecen anguilas y cocodrilos.
No puedo llegar a lo profundo, a la verdad,
pero no es por miedo o por falta de atención
o de memoria: mis pies recorren los peldaños
de la historia. Los más terribles,
esos que podrían ser la razón de mi nacimiento
y también los de mi regreso.

Si los abro, veo antorchas en la orilla,
capuchas blancas que tapan el rostro.
Si los cierro: capuchas negras tras un altar
donde arde un libro abierto.
Las primeras páginas fueron arrancadas.
Las últimas podrían no estar escritas.