1 de enero del 2010

No sé para qué sigo con estas memorias. No sé para qué abro una nueva carpeta. Por no saber no sé por qué sigo escribiendo, por qué sigo editando.

3 de enero

Las emociones más elevadas nos muestran frágiles ante los demás. Nos hacen aparecer ante sus ojos como unos ingenuos o unos tontos, pero es inevitable mostrarse tal como uno se siente en un momento determinado.

7 de enero

Escribo a E.U. que anda desorientado en Nueva York: “Estimado amigo. Sigue adelante. Si la vida es complicada, más confuso puede resultar el mundo de la escritura. Pero hay que confiar en lo que se hace. Yo mismo he sentido mil veces su vacío y, a menudo, me siento desplazado por la crítica y los gustos de la mayoría, tanto es así que todos los días reflexiono sobre si merece la pena escribir para tan pocos lectores, y sin embargo, sigo haciéndolo porque en el fondo sé que lo que escribo merece la pena. Es más, incluso llego a pensar que alguna vez puede cambiar esta realidad cultural que nos confunde a todos. Son dudas que nos asaltan a menudo, situaciones que nos pasan a los que nos enfrentamos a la página en blanco, a los que nos inventamos el trabajo cada día, y muchas veces no vemos los resultados esperados. Sé que es duro, y que es difícil asumirlo. Hace poco, por ejemplo, publiqué Faber, un libro al que no se le está haciendo caso. Intuyo que no ha sido entendido como esperaba, pero pese a todo, sigo adelante. Por lo demás, siempre podremos perdernos por las calles y sentir esa extraña felicidad de hacer las cosas lo mejor que sabemos”.

8 de enero

La nieve es para las aves como el frío para la amistad. Con la nieve que cae no se ven pájaros ni se escuchan sus cantos. Con el frío, con las malas rachas, los amigos huyen, se ocultan para siempre, quedándote aterido y solo en la intemperie. Mas queda la semilla dentro: el canto, la amistad o el amor. Y es cuestión de volver a salir a la calle, al campo para mirar y tocar las cosas un día que salió el sol. Empezar a sentir de nuevo, incluso la necesidad de esa pérdida o la belleza de ese paisaje solitario que nos obliga a refugiarnos dentro, pues el olvido finalmente es lo que queda después de lo que no hay.

11 de enero

De los escritores que ahora tienen éxito ya se hablaba en la década de los noventa. Era lógico que uno los buscara cuando pretendía encontrar voces diferentes. Y fueron estos autores los que ganaron los premios de renombre y fueron aclamados por la crítica por sus obras maestras, “difíciles de superar” en la narrativa de entonces. Solo que ahora todo se repite: los nombres, sus libros e incluso, los elogios y las críticas. Y yo me pregunto: ¿no hay nada nuevo desde entonces? ¿Por qué esa manía que tienen estos afamados autores de estirar sus novelas hasta límites insospechados para decir –al fin– lo que habían dejado de decir en aquella época? Hay algo que no me cuadra: o la crítica se equivocaba antes o se equivoca ahora. ¿Y los autores? O se creían lo que de ellos se decía o nunca se creyeron nada de nada, incluso lo que ellos mismos dijeron entonces.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La despedida en silencio, 2010).

© De la fotografía: Raúl fijo.