Escritor

Etiqueta: La decisión ininterrumpida

Me pregunto si no estamos escribiendo demasiado

20 de febrero de 2008

Me pregunto si no estamos escribiendo demasiado y también, si estamos haciendo algo mal –muy mal–, al ver lo que se valora como bueno.

28 de febrero

Este oficio te obliga a leer demasiado rápido. Pero como poeta, no debo olvidar que escribir rápido es hacerlo sin abrir ni el corazón ni los ojos a lo que se deberá leer despacio.

5 de marzo

¿Qué diferencia hay en decir se rompe o se ha roto? Un ligero cambio verbal, que supone cierto matiz en el habla, domina el tiempo del poema, el ritmo del pensamiento.

13 de marzo

Necesito olvidarme de este oficio por un tiempo. El fin de semana iré a la playa. Necesito pasear por la orilla.

14 de marzo

Porque en ese momento, un soplo que todavía reconoces como ajeno, y que el tiempo convertirá en algo propio, te atrapa por el lado más bello que aún desconoces.

16 de marzo

No es que no sientas la felicidad del momento, sino que el momento no te deja ver la felicidad momentánea.

24 de marzo

Leer un libro de poemas es tocar el pensamiento de quien lo escribió.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).


© De la fotografía: Mónica Picorel.

Las cosas casi nunca han sido fáciles para mí

15 de junio de 2009

Llamo a Remar para que se lleven algunos muebles, así como el escáner y la impresora a color. Noto que cada cierto tiempo elimino la decoración superficial de la oficina, los utensilios que se almacenan sin darnos cuenta de su escasa utilidad. Y cada vez tiendo al vacío, a la depuración, a lo mínimo: veo que no hay tantas carpetas como antaño, apenas unos archivadores imprescindibles, unos cuantos libros, incluso estanterías vacías. Todo limpio y ordenado, y aunque inevitablemente se podría pensar que estoy dirigiéndome a la puerta de salida, se ve que es una oficina donde se trabaja.

16 de junio

Pensaba que podría ser el vértigo, y es el tiempo detenido que merodea La decisión ininterrumpida. Creo que este es el título para el diario del 2008 y 2009. Sí, La decisión ininterrumpida. Para el comienzo, en cambio, para el tiempo del balbuceo y del aprendizaje que va desde 1996 hasta 2004, podría servir Los pasos inciertos. Los sentimientos encontrados corresponderían a los años más movidos, los que median desde 2005 a 2007. El título definitivo es el que estuvo en mi cabeza desde el comienzo: Diario de un poeta metido a editor. Al menos uno literario. ¿Qué significa la palabra ininterrumpida? Es un adjetivo que se refiere a algo sin interrupción, que no se corta, que no se decide, algo continuado que merodea en la cabeza desde atrás. Quizá esta reflexión se deba a que he revisado el libro de Pia Tafdrup y he vuelto a ver las películas de Tarkovski, como La infancia de Iván o Nostalgia. Andréi Rublev, pintor. Kepa Murua, poeta. Sin embargo, ¿dónde queda el editor que no podrá seguir así por mucho más tiempo? El sonido de los caballos sobre el campo de estos días. El silencio del agua. El águila en el cielo. El hombre que, consciente de su insignificancia, mira desde el suelo. Esculpir con el tiempo la lenta espera. Reducir a lo mínimo el auténtico significado de las cosas, el conocimiento a la nada, a la quietud la sabiduría del momento. ¿Seguiré con el diario en 2011, por ejemplo?

18 de junio

Si tenemos tiempo y queremos volver al poemario, o este nos deja, reescribimos algunos versos hasta dar con el ritmo exacto. También he de decir que, como lector, me gustan los poemas irregulares, a veces parecen más auténticos.

19 de junio

Lo del público –y especialmente los más cercanos– tiene miga, porque es como si se cerrase un círculo donde al fin se ve el camino trazado por todos y que solo los protagonistas colorean con sus propios rasgos, con su personalidad, con su biografía. Por eso, aparte de gozar del espectáculo, se emocionan y se ponen nerviosos, porque sienten el recorrido del éxito en la vida de esos conocidos, o en aquellos que se inmiscuyeron en sus vidas, tal como ellos se confunden con las de otros desconocidos. Es ese público que se vuelca en una complicidad interior porque no es capaz de expresar con palabras lo que siente. Pero después del espectáculo, una vez bajado del escenario, borrado el nombre de la portada, olvidada la foto del autor en la solapa del libro, pasado el tiempo, todos se repliegan en sus vidas, porque de la misma manera que el protagonista vuela tal como le permiten, ellos, uno a uno, saben que no se deberían preocupar por él, porque al fin y al cabo es como una prolongación de sus sombras y pensamientos durante el día.

20 de junio

Las cosas casi nunca han sido fáciles para mí. Todo lo que tengo, los aciertos, los errores, hasta lo que he perdido, se debe a mí. Mis libros, que no sé cuántos son, los de la editorial, que son más de ciento cincuenta, mi vida y mi trabajo que se confunden con lo que soy y lo que poseo, con lo poco que tengo y necesito para sobrevivir. ¿Será así también en el futuro? ¿Cómo será en esos días que me quedan hasta la vejez? ¿Seguiré escribiendo por placer? ¿Lo haré por conocimiento? ¿Para esos pocos miles que me siguen la pista? Creo que casi nunca ha sido fácil para nadie. Y es mejor que sea así, que exista una tensión, una fuerza oculta que nos renueve cada vez que sentimos la comodidad o el aburrimiento, la tentación de la repetición. En esa incertidumbre que no permite adocenarse a nadie ni acomodarse en lo que sentimos o hacemos, en lo que vivimos o escribimos, en lo que mostramos a los demás en unos tiempos en que los buenos libros no se venden ni se compran, ocultos como están por las grandes oportunidades que coloca como excepcionales el mismo sector, podremos mantener en vilo, en forma, nuestra conciencia. Y como el poder y el dinero no pueden con la conciencia, se intenta dominar la situación del mercado con el ánimo de dirigir el pensamiento de los ciudadanos. Los ciudadanos, no obstante, hacen lo que quieren, algo que a mí no me hace perder un segundo de mi descanso, pues es la misma ley de la selva la que impera en el mercado y en la elección, acertada o no, de los consumidores. Mas, ¿dónde se ubicarán los libros en ese futuro inmediato y concentrado donde por ahora solo existe lo que las grandes distribuidoras colocan en los supermercados? ¿Terminaremos produciendo de manera artesanal un objeto literario dirigido a una venta especializada en librerías de culto o en galerías de arte para unos pocos elegidos? A modo de justificación puedo pensar que casi nunca ha sido fácil para nadie.

21 de junio

Son así los días, algunos salen bien y otras veces temblamos por las malas noticias. Pero cuando se escribe, solo se escribe. Luego parece que uno no lo ha escrito porque se vive tal como lo hacen los demás. Es la magia de la vida y también de la escritura.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).

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