Impresiones de la Feria del Libro de Madrid 2019

El 15 de junio de 2019 llego a Madrid; en la última semana de la Feria del Libro he de firmar en la caseta de Cálamo los libros publicados con la editorial que dirige con acierto José Ángel Zapatero. El sábado me presento puntual en el lugar convenido y el editor me atiende con su amabilidad característica. Hace tiempo que no salgo de casa y siento un cierto nerviosismo ante este lance que me situará ante tantos lectores que pasan por delante de uno sin fijarse siquiera y me enfrentará a los lectores que se acercarán a la caseta 295 para que les firme sobre las primeras páginas en blanco el libro de poemas, Pastel de Nirvana, o sobre la portadilla de las memorias que publiqué con el título, Los sentimientos encontrados. Madrid es una ciudad que me gusta, pero apenas tengo amigos en ella. Los escritores firman sus libros en las casetas, oigo los nombres de unos, a los que reconozco, y de otros que no sé quiénes son.

Me alegro por el sol, la luz, el calor, el buen tiempo y agradezco la presencia de tantos lectores que compran los libros, así como de esos autores, hombres y mujeres, que engrandecen nuestro oficio. En mi caso, no son muchos los que me buscan; soy uno de esos paracaidistas que aterrizan en el Parque del Retiro sin un anuncio previo o una obra reseñada en los medios que difunden la cultura. Debería decir que son pocos, menos de diez y más de cinco, todos ellos elegantes, inteligentes y educados. Más mujeres que hombres. Me he aprendido los nombres y he memorizado sus caras, por si me vuelvo a encontrar con ellos en un futuro. Hace tiempo que dejé de creer las palabras de aquellos que dicen que vendrán y no vienen o de aquellos otros que se comprometen a pasarse y no pasan. Estos pocos lectores son lo mejor que me sucede en una mañana de sábado acompañado de mi editor, una persona que ama los libros y que me asegura, en voz baja, que este años la feria ha sido muy buena: “en todos los sentidos” dice. Tengo tiempo para pasarme por algunas casetas y fijarme en sus publicaciones y autores. Compro siete libros, uno de plantas y filosofía, para mi esposa, tres de poesía, publicadas por editoriales independientes que están realizando una labor encomiable, una biografía tocada por una tristeza que conmueve y una novela que Borges recomendaba a sus amigos. El séptimo libro lo compré por la tarde. Es el catálogo de la exposición de Tetsuya Ishida que pude ver en silencio en el Palacio de Velázquez del Parque del Retiro, su título: Autorretrato de otro.