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Todo puede suceder en agosto

Agosto no es egoísta como febrero, no es tan húmedo como abril, no es tan testarudo como octubre ni tan sagrado como diciembre, pero es el más luminoso y claro de todos, es amoroso y abierto. Es un mes que se ofrece en todos los lugares del mundo a los necesitados y tiene el poder de convertir sus treinta y un días en un lugar donde todo puede suceder si se abren los ojos antes de que nos invada el sueño.

Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones.

© De la fotografía: Mónica Picorel.

Respirar en julio

Son así los designios de la vida en julio. Todo lo que parecía pesado se muestra de otra manera. Aquello que se pensaba trascendente tiene su peso liviano. Lo que parecía increíble se puede tocar con las manos; lo que se sentía como inevitable puede cambiar por momentos; lo que podría ser mitad locura y mitad ilusión puede ser verdad en el momento en que uno sale a la vida con menos ropa que hace unos meses atrás, con menos cargas que antes, con más alegría, y con una osadía que nos lleva a creer en lo que se hace y que nos lleva a sentir como propio lo que parecía alejado. Al fondo queda todo eso, lo ajeno y lo lejano y, sin embargo, con la luz de estos meses de verano, lo cercano, lo más próximo, está a punto de ser cierto. Volver ahora al pasado no tiene sentido; lo tendría para recordar los fallos cometidos o si quisiéramos reflexionar sobre los errores que nos hicieron confundir el ritmo y el rumbo de los acontecimientos. Respirar en julio es hacerlo con los sentidos iluminados del cuerpo y los ojos y los oídos muy abiertos.

Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones.

© De la fotografía: Mónica Picorel.

Sobre el fenómeno poético

El poeta que no escribe escuchando su voz es un hombre acabado. El hombre que habla con las palabras de otros es un calco de su derrota. El poeta que piensa solo en poesía cuando habla es un simulador que no sabe cómo colocar sus manos, el hombre que cierra los ojos es la imagen del sueño descubriendo su propia derrota. El poeta que quiere ser a todas horas poeta es un hombre mezquino tras un sendero de falsos prestigios. El hombre que solo a veces se siente poeta es igual de mezquino, pero se sabe a salvo cuando descubre el pensamiento en fragmentos que retratan su vida con descaro. ¿Por qué quieres escribir de la soledad cuando no amas? ¿Por qué hablas de la vida si hace tiempo que estás muerto? El poeta que mira a otro lado es un libro abierto con la cobardía de su tiempo. El poeta que mira con los ojos abiertos encuentra al hombre midiendo el tiempo y la vida que se vislumbra a cada paso. El poeta que persigue su voz con el error de su sentimiento verá la luz aunque le llegue el silencio. El hombre que se retrata en silencio conocerá su afonía y su lamento, un grito que la poesía llenará de eco en cualquier momento. ¿Por qué entonces se huye del hombre como se huye de la poesía? ¿Por qué la poesía finalmente muestra la felicidad que no acontece? El que no escucha al poeta es un cuerpo a la deriva.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.

Bibliotecas

Me sorprende tanta biblioteca con idénticos libros. Si una casa con una biblioteca es todavía una rareza cultural en cualquier país, la excepción es la biblioteca personal que se distancia de las amontonadas sin criterio. Pasar una tarde en una habitación con libros es una de las mejores maneras de perder el tiempo que conozco, pero últimamente me aburre constatar el mismo perfil de biblioteca para distintas clases de lectores y me sorprende la exagerada proliferación de escritores que apenas aportan algo a la literatura. Para esta realidad no encuentro más razón que el desconcierto del lector ante la avalancha de títulos publicados y la confusión generalizada de los mismos escritores que sobreviven a duras penas en el mercado del libro.
Mas no pretendo parecer un lector al margen de todo ni uno tan elitista que se conforma con creer en una única razón que explique lo que observa. Sin embargo, ante una biblioteca sé si su propietario es el lector que compra lo que le echen o si es alguien que sabe lo que lee. No obstante, tal como se reconoce la ingenuidad en la mirada de cualquiera que se para ante una estantería repleta, la vida de los libros te depara alguna que otra sorpresa: bibliotecas con premios literarios que muestran a un lector hipnotizado por la publicidad; bibliotecas que desconocen la existencia de autores con menor presencia, pero con cierta envergadura literaria; bibliotecas que apilan libros de editoriales reconocibles en su lomo, títulos mediáticos y biografías del momento, con una aparente preocupación por lo que rodea al individuo; bibliotecas que acumulan libros en el olvido porque no se leen; bibliotecas que retratan a un lector desorientado que ordena los libros según los clichés que prevalecen en los medios culturales. Su único interés coincide en que repiten el modelo de biblioteca personal que pretende ser más de lo que es. Sin ánimo de molestar a nadie puedo asegurar que esos libros pueden ser sustituidos por otros. Que lo que les señala como portadores de un gusto exquisito, les traiciona en la medida en que esta historia se reproduce a menudo. Ante la insistencia de los mismos títulos en las bibliotecas que presumen de cultas, me sorprendo susurrando alguna incongruencia en mi interior para que no me pregunten por alguno. Si me ofrecieran uno, me sentiría perdido. ¿Qué hago yo luego?, ¿regalárselo a otro ingenuo?, ¿vender como libro de calidad lo que es libro anodino? Frente a tanto lector clónico llega un momento en el que no se puede mantener la boca cerrada. Los nombres que suenan en la actualidad podrían ser sustituidos por otros a los que apenas se conoce. Pero, yo no pretendía hablar de los autores, sino de los libros: artefactos decorativos que nos delatan sin remedio. Títulos que venden lo que somos luego.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 1 de julio de 2020.
Argentina, año 20, nº 910.

¿Existe la poesía?

Recuerdo una pregunta que me hizo un lector, una interrogante que tampoco buscaba una respuesta, pero que asomaba como la duda, su sonrisa triste, su arrogancia inmediata, su andar de vuelta de todo. No buscaba la respuesta, parecía conformarse con la pregunta en sí. ¿Existe la poesía? Recuerdo mil posibilidades compartidas, frases que me asaltaban de inmediato, respuestas escuchadas a otros. Recuerdo el nerviosismo de la mente recorriéndome la mirada antes de que me sumergiera en un silencio al que me arrastraba la duda. ¿Debía responder? ¿Mirándole a los ojos debía comenzar a hablar sin más hasta dar con el discurso preciso o debía agachar la cabeza y dejar que en la interrogante encontrara la respuesta? ¿Existe la poesía más allá del poema? Podría ser una última pregunta que lo complicara todo aún más si cabe. Pero la realidad se impone si somos capaces de nombrar con palabras aquello que no sabemos explicar con otras palabras precisas al momento. ¿Somos capaces de entender el peso de la duda en silencio, el tono del silencio sin palabras, la música de las palabras en la sonoridad de un registro nuevo? Existen pensamientos e ideas, cosas y objetos que con una extraña fascinación ante nosotros arrastran su melancolía, su tristeza, su coraje, su realidad oculta, una denuncia que obra como una mirada que cerrando los ojos lo abarca todo y ese todo es quizá lo poetizable: nuestra infancia, el pasado, la soledad, el presente, la mirada adelante, el futuro, como una premonición que nos dice que existe lo que todavía desconocemos, que existe como tantas preguntas se formulan sin encontrar una respuesta.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.

Con las palabras pasan cosas

Con las palabras pasan cosas. Las palabras nos sitúan en el mundo real e imaginario, nos dicen cómo somos y en qué pensamos. Nos señalan un camino al conocimiento y a la interpretación de lo que nos rodea. Las palabras sitúan la conversación entre las personas, los objetos adquieren relevancia cuando los nombramos, pero siendo un reflejo de lo que sentimos y decimos pueden huir de nuestro vocabulario si intentamos forzarlas. Lo más sorprendente de este acto reflejo, que busca la simplificación interesada, es que estas palabras sustentan un espacio para la comprensión del otro y de eso que está afuera.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.

Literatura y realidad

La realidad se sustenta en la creación literaria con un tiempo nuevo donde los sucesos de la vida se imponen en secuencias diferentes y ritmos apropiados al lenguaje y a la comprensión del lector. La memoria, por su parte, comparte la realidad en su afán de recordar los hechos, de ordenar los actos y la interpretación de los mismos no corresponde a la imaginación, sino a la historia. Pero, a su vez, la historia rescata el pasado a través de diferentes documentos, entre los cuales destacan los de la imaginación como hechos artísticos que iluminan un camino de por sí oscuro.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 27 de mayo de 2020.
Argentina, año 20, nº 905.

Líderes menores

El Diario Vasco, 15 de mayo de 2020.

Quiero líderes inteligentes, aunque parezcan tontos, y no atontados que van de inteligentes. Quiero líderes que manejen la situación en tiempos de crisis y que no sean solo directores en tiempos de bonanza. No quiero líderes que nos perdonen la vida por no ser como ellos, quiero líderes que sean capaces de asumir los errores para que la próxima vez acierten.

Me gustaría equivocarme

Diario de Noticias de Álava, 13 de mayo de 2020.

Es una situación triste: cuando todo cae, las personas se acuerdan de la poesía, de la cultura. Son días oscuros, pero si pensaran un minuto de cada día en los que mueren, en los que lo han perdido todo, hasta la esperanza, podrían valorar lo que de verdad es importante en la vida de uno y en la de los demás.

Lo que le sucede a otras personas

Cuando te preocupas por lo que les sucede a otras personas comienza a surgir dentro de cada ser la certidumbre de una fuerza interior desconocida. Cuando ayudas a los demás compartes sus preocupaciones, sus problemas, mientras al mismo tiempo se incrementa la confianza que habíamos perdido en nosotros o en el ser humano, una vez que se comparten también sus aciertos y sus errores. Cuando te olvidas de ti comienzan a surgir los aciertos. Cuando no das importancia a lo que haces surgen las vivencias más sorprendentes. Se mastica la vida paso a paso. Se es feliz cuando no se piensa si se es o no; solo a nosotros nos compete saber cómo ayudar a los que lo necesitan.

Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones.

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