Kepa Murua: “También en el fracaso se puede encontrar la felicidad”

Por: Nekane Vado

Kepa Murua (Zarautz 1962) nos ha embelesado con su poesía en muchas ocasiones. Más de 30 años avalan a este escritor que tiene en su haber mumerosos libros de poemas y tres novelas; y muchas libretas guardadas, llenas de frases, versos e ideas que algún día verán la luz, como ahora lo hace “El cuaderno blanco” (El Desvelo Ediciones) su inmensa antología poética, para la que Catalina Garcés ha seleccionado 108 poemas: desde “Abstemio de honores» (1990) hasta “Pastel de Nirvana» (2018). La poesía de KM nos retrata minuciosamente la realidad del mundo y lo hace de forma paralela a su propia imagen, con una sinceridad de sí mismo y de otros que bien podría ser el espejo común en el que la humanidad se ve retratada y Kepa Murua lo descubre sin miedo.

¿Por qué ahora una antología?

Catalina Garcés, que también ha escrito el prólogo, estaba preparando un trabajo sobre mi obra, el editor se enteró y de ahí salió la propuesta de esta antología poética, enteramente seleccionada por ella. Y  esta selección, probablemente muy distinta a la que yo hubiera hecho, me ha sorprendido satisfactoriamente: me da una nueva visión de camino que me reconforta.

¿Llegan los jóvenes a su obra?

Yo tengo muy claro que no es posible existir sin ser leído. Y dentro de ese campo de lectores, a mi me da mucha alegría el lector joven. Me llena de satisfacción ver como ahora un grupo de adolescentes de la ESO ha elegido mi obra para hacer un trabajo de curso. También recibo cartas de jóvenes poetas latinoamericanos que me piden consejo, porque allí hay un gran movimiento literario.  Agradezco a todos mis lectores que estén ahí, apoyándome.

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“Hay días en que las manos en alto son treinta noches sin pronunciar palabra” (2009) ¿Estos versos hablan de KM?

Todos mis versos son un refugio, porque en los momentos de soledad y desasosiego, sobre todo en aquellos años de plomo (violencia de ETA) la sensibilidad que yo percibía la manifestaba en claves poéticas.

¿Qué ha callado en su poesía?

En “Autorretratos” (El desvelo, 2018) muestro algo de mi, de mis emociones a través de las personas que amamos o hemos amado alguna vez; pero generalmente callo buena parte de mi biografía, porque la voz no tiene porque corresponderme a mi, sino al deseo de otra persona, o al mar, cuya presencia me da mucha serenidad. Olvido decir soy yo.

¿Un poema de esta selección?

“Autorretrato con chaqueta verde” es mi seña de identidad, me encantaba de joven esa chaqueta verde y la usaba tanto que o estaba sucia o descosida. Le pedía a mi madre que me la cosiera… ella no quería, no le gustaba que fuera vestido con ella, le resultaba vieja: “La encontré en un armario/oculto de tu casa/y nadie de los que conozco/quiere coserla/porque es muy vieja y muy fea”. Bueno, al final, me la cosió una tía.

En “Autorretrato con guantes de boxeo” conocemos su afición

Si, llevo años con el boxeo, aunque antes de este libro no lo sabia casi nadie: “Para que rechacemos la venganza de los sueños rotos/sigo golpeando el rastro invisible de mi retrato”.

Algunos escritores, sobre todo poetas, dicen que la poesía es la hermana pobre de la literatura, ¿está de acuerdo?

No. Digamos que es la gran desconocida, pero la poesía está en todo, incluso en la Biblia.

¿Cómo se retrata un poeta?

A través de los sentimientos que se reflejan en un paisaje, en la vida, en el amor, en la política… pero no hay que confundir nunca el deseo con el amor.

¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

Por supuesto la poesía. Antes de que se pusiera de moda, que se hablara de ella, mucho antes estaba ahí, ha estado desde siempre. Podemos hablar de relevo generacional.

Es un hombre solitario… ¿quién ha acompañado a quién,  Vd. a la poesía o la poesía a Vd.?

Me gusta el silencio y la poesía me acompaña, incluso me ha dado música a ese silencio, proporcionándome mucha calma.

En “La felicidad de estar perdido” (2015) también parece haber mucho de KM

Aquí hablo de la felicidad: “La felicidad de ver el mar/con otros ojos/La felicidad de esperarte/aunque no vengas/La risa, la risa/más allá de la sonrisa/o la bendición de las cosas más simples”.  Me siento bien con estos versos. A veces tenemos tropiezos, pero no debemos olvidar que en el fracaso se puede encontrar la felicidad. Quiero agradecer a Javier Sánchez Menéndez (Siltolá)  por la publicación de “La felicidad de estar perdido” un libro que me reconforta especialmente. Tengo varios agradecimientos en esta antología, lo hago con satisfacción.

En un cuaderno blanco/como la nieve que cae/o la mano helada que acaricia tu rostro.. escribía su poema “El cuaderno blanco” (2012) que precisamente da título a esta antología poética ¿Qué hay en tanta belleza?

Mucha sinceridad y la puerta abierta para la libre interpretación.

“Mi madre”, “Mi padre” dos poemas en “El gato negro del amor” (2011) muy especiales

Mis padres me han marcado; ella, mi madre, dando sentido a mi vida, una mujer muy disciplinada y práctica; él, mi padre, que vivía en el silencio, como esos vascos de entonces que les costaba sacar a la luz sus sentimientos. De los dos he aprendido mucho: “A mi madre le gustaba/mirar por la ventana./Podía pasar horas y horas/con los ojos hacia dentro/mirando a la calle”. Con mi padre “A mediodía nos sentábamos/en un restaurante/con un mismo menú/todos los días: vainas y sardinas./Él fruta y yo flan/Él vino y yo agua”. “El gato negro del amor” es una poesía balsámica: me sobrevino el divorcio, un desgarro vital y familiar, tenía que contarlo, pero salvaguardando la intimidad, y conté una historia de gatos, me hice un ajedrez de gatos. Porque no hemos de olvidar que lo escrito permanece, el trabajo queda ahí.

¿Siempre ha querido ser poeta?

De muy joven marche a Berlín. Allí hice un  buen amigo. Allí escribí mis poemas y allí me dije que quería ser poeta. Mi buen amigo me dijo: “ya lo eres”. Soy poeta desde siempre. Me acuerdo como era, quizás haya perdido aquella frescura de la juventud, pero estoy contento con lo que se ha convertido ese joven.

¿Como es el KM de ahora?

Cada vez más trascendental, me acerco al canto y al relato poético que transforma el mundo literario hacia el sentido de la vida.

En 2017 escribe : “Me duele el corazón al sentir los pasos equivocados del mundo…” y en 2018 pide: “Quédate a cambiar el mundo desde tu casa”. ¿Hay un KM reivindicativo ahora? ¿Puede tener la poesía ese poder?

El poeta no pude mentir. Aún siendo con metáforas, hay que constatar la realidad. Es un valor que trasciende y por ahí van mis apuestas.

Tiene imagen de duro…

Es una imagen que ha salido de los medios de comunicación y no lo entiendo muy bien porque yo me considero un hombre tierno, incluso ingenuo, pero doy la imagen de duro y eso me marca mucho. Somos como nos ven los demás, por ejemplo en Latinoamérica dicen que hay una voz muy tierna y dulce en mi, pero la luz que proyecto aquí creo que es más estereotipada. Decía Balenciaga que la fama es transitoria y que solo queda la ropa bien hecha.

¿Tiene nuevos proyectos?

La buena literatura tiene distintos registros y distintas voces. Yo me considero un escritor y me falta el teatro, así que haré algo, tengo alguna obra ya en mente.

“El secreto del mundo, la soledad no deseada: lo que para unos es el norte, para otros el sur” ¿Es buena la soledad?

Yo no me considero solitario, aunque si me gusta el silencio.

La soledad no deseada duele y estamos en una sociedad que está llorando demasiado de soledad. Mila esker KM.

Enlace: https://lasentrevistasdenekanevado.com/2019/05/29/kepa-murua-tambien-en-el-fracaso-se-puede-encontrar-la-felicidad/?fbclid=IwAR3EPCrfqolKuqG8yPxSw7fsDYE49Y9oSogma8qab9vIVmWUAI-b1-hCluA

Reseña. Antología poética de Kepa Murua «El cuaderno blanco»

Sábado 25 de mayo de 2019. El Diario Vasco

Kepa Murua (Zarautz, 1962) reúne en El cuaderno blanco un centenar de sus poesías que recorren toda su trayectoria desde que publicó Abstemio de honores en 1990. La selección ha sido realizada por Catalina Garcés Ruiz, que en el prólogo define su poesía como «una lucha no armada ni extrema, sino artística, usando la palabra creadora que año tras año se va acercando más al canto y a la oración». La prologuista concluye que esta antología permite encontrar una ruta creadora que durante las tres últimas décadas ha seguido Murua, «de cómo poco a poco ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano». I.U.

Tangomán

Una música diferente

¿Cómo podría encontrarla? Sí, a ella. A esa mujer que miraba en las mañanas de un invierno en el que caminaba tras mis propios pasos. No sabía por dónde empezar, no sabía cómo dar con ella. Y su ausencia me desconcertaba. Hacía meses que no la veía, que no me cruzaba con su figura por más que insistiera en caminar por los mismos lugares donde antes nos cruzábamos todos los días. No sabía su nombre, tampoco su edad ni mucho menos qué hacer para averiguar algo, una pista, un detalle, que me pudiera llevar hasta esa mujer que me atraía como un imán. Estaba perdido; podía recordar al detalle su cara: el tono blanco de su rostro, el rímel remarcando sus ojos, su nariz afilada, sus labios delgados. Ella era joven, mucho más joven que yo. Una mujer como otras, como otra cualquiera, pero al mismo tiempo diferente, enigmática, una desconocida que me atraía como hacía tiempo que no me atraía ninguna. Me encontraba desorientado. Desconfiaba del azar y no sabía dónde dirigirme para encontrarla. El mundo de las mujeres seguía siendo un misterio para mí. Un mundo extraño, ajeno, en el que siempre estuve perdido, confuso, intimidado, porque nunca las pude comprender del todo. Pese a las experiencias que viví y que se prolongaron con los años, pese a las relaciones que mantuve, podría decir sin miedo a equivocarme, que no las conocía de verdad. Apenas sabía qué pensaban, casi nunca si me amaban. No podía sospechar en qué mundos vivían sus sueños; jamás si era verdad lo que decían.

No tuve suerte en el amor. Las mujeres que se me acercaron lo hicieron por algún interés extraño. No es que fuera un tipo interesante, todo lo contrario: era serio y aparentemente aburrido. No tenía dinero y, por no tener, no tenía ni futuro. No tenía algo que ofrecer, vivíade mis sueños, andaba enfrascado con mis libros y revistas y mi incapacidad de amar era notoria. Entre quedar con ellas o quedarme en casa leyendo, tirado en el sofá y escuchando música, elegía esta última opción porque no quería perder el tiempo pronunciando tantas palabras hasta la extenuación, sin que pudiéramos llegar al fondo de sus anhelos o deseos, y sin que pudiera conseguir acercarme a ellas de un modo diferente, natural, de otra manera. Con algunas pocas llegué a convertirme en ese amigo imprescindible, en un joven al que se le pueden confesar sus secretos porque no abrirá la boca. Solo ahora me pregunto: ¿para qué tanto pudor por su parte y tanta fidelidad por la mía en una amistad en el fondo intrascendente? Ellas no se merecían nada especial, nada anormal, e incluso algo, no sé qué, más elevado que las mismas acometidas de la vida real, tan preocupadas como estaban con sus enamoramientos y sus ligues con chicos más guapos y más altos que yo. Eran, lo sé, las mismas acometidas que sufríamos los chicos, pero para nosotros eran de otra manera. Sentíamos que éramos esos que no podían acostarse con ellas y llegar a tocar, al fin, un cuerpo desnudo, tantas veces soñado como tan pocas veces dibujado con exactitud con las manos.

Esta podría ser, en síntesis, la metáfora de mi existencia. Cuando era un chico fui un mequetrefe con cara de mono, uno de esos pequeños titís que hacen muecas continuamente, pero en mi caso, todo hay que decirlo, sin gracia. Mi figura, pequeña y delgada, no merecía reseñarse en ninguna página o álbum familiar. Era el más feo de los hermanos. El único chico, al que daban por imposible, el que no supo andar hasta bien cumplidos los dos años. El que aprendió a hacerlo con un tacataca y corría luego, a los años, de un lado a otro con las piernas torcidas, el culo prieto y siemprecon un libro bajo el brazo.

Un tipo peculiar a los ojos de los demás. No era, desde luego, lo que se conoce como “un buen partido”, y quizá por eso me sorprendió la noticia de que hubiera una chica con ganas de conocerme. Yo me fijaba en las más guapas, pero inevitablemente aparecían las feas. Soñaba con las mujeres hechas y derechas y aparecían las deformes. Y por lo que sentía y escuchaba a mi alrededor creía que todos los chicos pensábamos en el sexo, pero, en vista de las pocas mujeres que conocía, este comportamiento, al parecer tan masculino, no era del todo cierto, pues a nuestros ojos ellas eran diferentes y preferían enamorarse en citas señaladas como el día de san Valentín. Mis hermanas lo hicieron hasta cumplir los quince años, aunque luego, cuando empezaron a salir con chicos muchomás mayores que ellas y abandonaron de golpe la casa familiar, parece que olvidaron rápido, muy pronto, este tipo de romanticismo femenino. También pude aprender, más tarde, que muchas de las mujeres, quizá la mayoría, buscaban casarse con alguien que les diera equilibrio y confianza. Alguien, uno cualquiera, capaz de responder al perfil de un candidato que no podía ser yo. Pero en esto del amor jamás he conocido esa confianza, ni mucho menos ese equilibrio que se define como una fuerza o un rasgo de la personalidad que no se sabe bien qué es, pero que debe presentarse con sustancia, con más fuste del que yo disponía, por ejemplo, en una relación de pareja que pretende prolongarse en el tiempo.

Mis hermanas me reprochaban que yo no sabía nada, pero a Adela le gustaba lo que decía, o lo que salía de mi boca, aunque no entendiera gran cosa. Adela tenía las tetas grandes, creo que eso me atrajo desde el principio, pero no le gustaba mostrarlas, pues estaba acomplejada porque le pesaban y le encorvaban un poco la espalda. Solía llevar una camisa ceñiday un jersey que le tapaba casi el cuello y llegaba hasta sus caderas. Su melena rubia era corta; su pelo, lacio; su cara, blanquecina. Tenía un culo redondo y unas piernas de futbolista que le hacían menear el cuerpo cayendo de unlado, apretándose a mí, mientras caminábamos por el malecón que llegaba hasta la playa. Ella apenas abría la boca, no decía una palabra; yo intentaba por todos los medios hablar de lo que pensaba que podía interesar a una mujer, pero parece que no daba en el clavo y seguía sin más una perorata que escuchaba en mi cerebro. Ni a ella ni a mí nos preocupaba demasiado que lo nuestro funcionase con una lógica aplastante. Creo que aquella conversación servía–como en tantos casos donde un hombre pasea con una mujer– parallenarde algunamanera el vacío, o porque a la escasa inteligencia de la chica se le podía sumar el claro ofuscamiento del chico. Esa extraña confusión que sufría yo ante el bamboleo de aquellos dos senos subiendo y bajando por el jersey de lana y la camisa apretada contra su pecho cuando íbamos juntos, uno muy cerca del otro.

Fue mi primera novia, y la verdad, ahora que lo pienso, es que no sé cómo llegamos a comprometernos. No recuerdo lo que dije ni si lo dije, no sé cómo diablos funcionó, pero, fuera o no cierta la necesidad de dos seres cándidos y perdidos en el mundo del amor o del deseo, me recuerdo sin más quedando con ella tras la escuela para escaparnos por las casas alejadas del barrio durante muchas tardes de invierno donde la lluvia no desaparecía de nuestra vista y todo era muy gris y parecía aún más oscuro.

Entrevista en El Diario Vasco

Kepa Murua: «Ser un ‘autor de culto’ estará bien en el rock, pero como poeta me ha pesado»

Por Alberto Moyano. SAN SEBASTIÁN.
Martes, 7 mayo 2019, 06:51

En ‘El cuaderno blanco’ (El Desvelo Ediciones), Kepa Murua (Zarautz, 1962) reúne 108 poemas de los diecisiete poemarios que ha publicado en los últimos treinta años. Antologado y prologado por Catalina Garcés Ruiz, el escritor zarauztarra reconoce que esta selección le ha permitido observar su obra desde nuevas perspectivas y comprobar que aún se reconoce en cada uno de los volúmenos que ha escrito a lo largo de su dilatada trayectoria.

  • ¿Por qué era éste el momento oportuno para una antología?
  • Esa una pregunta interesante, fueron varias casualidades. En primer lugar, porque después de treinta años de escritura, merecía la pena una mirada hacia mi obra. Por otra parte, aunque como editor fui reacio a las antologías, se me brindó la oportunidad. Catalina Garcés estaba estudiando mi obra y a la vez, preparaba una antología. Y cuando me la presentó el primer sorprendido fui yo porque uno se hace una especie de resumen poético, pero esta antología me retrataba muy bien, pero con matices sorprendentes.
  • ¿Cuáles?
  • Por ejemplo, yo siempre pensé que era un poeta más íntimo que público, en el sentido de que no trabaja tanto los espacios sociales, pero Catalina me hace ver que lo político, entendido como el conocimiento del hombre, también estaba ahí, sólo que quizás mi mirada era más intimista y lo trataba desde un punto de vista más individual. Parece ser que no era así porque los lectores de esta antología le están dando la razón a ella.
  • Esta antología rescata seis poemas de cada uno de los diecisiete poemarios que ha publicado hasta el momento. Visto con perspectiva, ¿piensa que debería haber hecho cribado más?
  • No, estoy contento con cada libro. No soy el clásico autor que sólo celebra su último título. Es toda una andadura, con aciertos y errores. Sí es verdad que me identifico más con algunos libros, pero esta antología me permite ver que estoy en todos los poemarios. Especialmente me ha sorprendido la frescura de los primeros, que me hicieron pasar de ser un poeta de provincias, anónimo y periférico a ser un tanto conocido o a ser definido por la crítica como un «poeta oculto» que, como se dice en la antología, es una etiqueta que me ha pesado para mal.

«Se dice que la poesía es ahora el género de moda; me parece bien, pero no creo que sea cierto»

«El boxeo me ha enseñado, como escritor, dónde puedo pisar y dónde me tengo que colocar»

  • ¿«Poeta oculto» o «poeta de culto»?
  • De culto, alguien que está oculto, que hace rarezas. Esto para el mundo del rock puede venir muy bien, pero en la literatura «de culto» quiere decir que no vendes libros, que vas a tu bola y esto no es así. Muchas veces estos adjetivos tan taxativos lo que hacen es ocultar un trabajo literario muy importante.
  • ¿Cuál es el hilo conductor de esta antología que recorre treinta años de escritura?
  • El amor, ¿no?
  • Sin duda, pero desde perspectivas muy diferentes.
  • Lo que pasa es que en los primeros libros no se menciona tanto el amor como el deseo, la piel, los encuentros, pero en el fondo siempre se está buscando el amor. Cuando hablo de ‘amor’ no sólo me refiero al que se de entre dos personas, puede ser también el que se siente por un lugar o en el ámbito familiar o de la amistad. Otro punto muy importante es el respeto por el oficio y por la palabra. Cuando la palabra se dice se puede olvidar o se lleva el viento, pero una vez que se publica queda ahí y yo creo que, especialmente en el País Vasco, he trabajado mucho el respeto por el significado de la palabra bien dicha, comedida y, más que nada, con humildad porque aunque ahora haya otras personas que digan otras cosas, para mí tiene un carácter muy humilde y un tanto íntimo.
  • ¿A qué se refiere?
  • A que ahora a la poesía se le está dando mucha presencia y mucha fuerza, y se dicen cosas como que es el género de moda. Todo esto me parece bien, pero no creo que sea cierto. Yo valoro la poesía más personal, los autores que te hacen pensar, reflexionar y dudar de cuál es tu sitio y, sobre todo, los que trabajan muy bien el oficio de poeta.
  • ¿Se ha banalizado el uso de las palabras en general y también en la poesía?
  • Ante todo, cada poeta es un mundo y cada libro defiende unas poéticas en una libertad con la que hay que estar de acuerdo. De igual forma, también es verdad que cada uno vibra más con unos autores que con otros y con unas poéticas que con otras. Así como la poesía no sólo está en el libro, sino en otros lugares como la publicidad, el cine, el arte o en una conversación entre dos personas, sí es verdad que últimamente se reivindica una poesía no diría que banal, pero sí que no trasciende tanto en el pensamiento, sino en la realidad que se siente y se ve.
  • De acuerdo con su experiencia, ¿cree que el lector ha realizado una lectura correcta de sus poemas o simplemente no hay una forma correcta de leerla?
  • Lo que me sorprende cuando he escuchado a algunos profesionales leer mis libros de poemas es que veo matices que no había captado. También es verdad que cuando he escuchado a otros rapsodas leer en voz alta mis poemas no me he quedado muy contento porque no me gusta esa sonoridad muy teatral que no va con la lectura más íntima.
  • Me refería al lector común que pueda encontrarse en sus presentaciones o actos públicos…
  • Eso no me preocupa tanto, antes lo hacía mucho más. Ahora la plena libertad de las personas es para mí muy importante. Yo sé por qué lo he escrito y cuál era mi intención, pero si no coincide con la lectura que hacen esas personas no me supone ningún problema. De hecho, son los lectores los que te van diciendo cosas que tú mismo no ves como autor. Y por otro lado, son ellos los que te dicen cómo sienten esos poemas. Con eso ya es suficiente. A no ser que sea un poema cerrado, muy narrativo y sin una interpretación muy lineal, lo normal es que el lector entienda lo mismo que quiso decir el autor.
  • ¿Se siente como un púgil, tal y como se desprende de ‘Autorretrato con guantes de boxeo’?
  • Bueno, sí, yo lo practico como aficionado y muchas de sus técnicas las aplico también a la escritura, más que a la poesía: qué es la disciplina, saber dónde puedo pisar y dónde me tengo que colocar. Ese poema forma parte del libro ‘Autorretratos’ (2018) que habla del poeta y hay alguna pincelada de mi vida íntima que nunca he contado a nadie, como por ejemplor esta afición por el boxeo y los deportes. Y aunque en estos ‘autorretratos’ el primer detalle se quede en el autor, tienen su importancia los pequeños detalles y el paisaje que le rodea. En ese poema al que alude, al final se trata de la propia lucha de uno frente a su propio espejo.
  • ¿Y qué retrato de usted extraerá el lector de este ‘cuaderno blanco’?
  • No lo sé. He recibido varias impresiones, a cada cuál más diferente. Uno no es como piensa que es, sino como lo ven los demás y me ven como una persona osada, quizás también generosa y con una voz muy comedida, según me dicen. Ahora, no lo sé. A veces uno piensa que es tímido y resulta que le definen como osado, o al revés. Lo que más me ha gustado de ‘El cuaderno blanco’ es que los lectores han visto a un Kepa Murua diferente, quizás porque ha podido leer algunos poemas de libros que resultan ya inencontrables.

«El cuaderno blanco» en Todo Literatura

Por Isabel Alamar

Con una selección y prólogo de Catalina Garcés nos llega esta primera antología de la obra poética de Kepa Murua.

Desde Abstemio de honores (1990) hasta Pastel de Nirvana (2018) nos encontraremos con  más de treinta años de arduo trabajo que dan como fruto  diecisiete poemarios de los que en El cuaderno blanco leeremos seis poemas por cada uno de los libros publicados hasta hoy.

Una recopilación madura que muestra una radiografía de los temas tratados (desamor, amor, familia, escritura, amigos, política), del lenguaje con el que los trata y que cada vez se vuelve más narrativo o del cariz de los versos que, al principio, es  más pasional y torrencial para tornarse, luego, en más filosófico y meditativo. Y es que como bien nos apunta Catalina Garcés en el prólogo de la obra, con el tiempo la voz poética de Murua se acerca al canto y la oración, aunque este matiz sagrado aparece ya, aunque en menor medida, en sus primeros versos, lo vemos p. e. cuando nos dice: “Sabes que cada día que pasa / donde tus rezos se apagan, crece la nieve. / Tu mano es hoy una página en blanco” (Pág. 24).

En este sentido, también Kepa Murua irá pasando del pesimismo al optimismo y de la osadía y la rebeldía a la aceptación, que no a la resignación, y a la calma. Pero, siempre y en todo momento, veremos a un KM comprometido con su oficio de escritor y dando lo mejor de sí mismo.

Una poesía y un poeta que evoluciona, que está en continuo movimiento para explicar un mundo que también evoluciona a su alrededor y cambia. Todo esto lo podemos apreciar en los siguientes versos pertenecientes al poema Mi madre que encontraremos en esta antología: “Eso del macramé es como la poesía: / tejer y destejer hasta dar / con el sentido de la vida. / Y luego me decía: / estoy perdiendo vista, hijo mío. / Como yo hoy, que la estoy perdiendo / por no ver nada de lo que pasa (Pág. 77).

Y, además, en esos mismos y también en otros versos de El cuaderno blanco podremos constatar otro de los grandes rasgos distintivos del poeta como es su sinceridad apabullante: Murua no tiene miedo nunca a decir la verdad en cualquier momento, para bien o para mal. Y es que el poeta vive como una necesidad lo que tiene que decir o como un misterio que debe descifrar y resolver.

Sin duda este poeta ha alcanzado una voz propia e inconfundible. En sus libros aparecen poemas cada vez más narrativos, en los que la autenticidad y la verdad desempañarán siempre un papel importante. Y en los que no faltará tampoco la luz y la serenidad a la hora de hablar del lugar que él ocupa en el mundo. Y en sus versos ocupará un lugar primordial el paisaje que le rodea, ya que éste ayuda a distinguirlo y a definirlo como ese mar que a menudo vemos en sus poemas y que lo acompaña desde su infancia: “En alta mar / en voz alta / sin mentira / mi grito / la voz acumulada / fiero espanto // en alta mar / en voz alta / perdido / plegado / palabra pura / solo canto” (versos extraídos de la Pág. 154 del poema Autorretrato en alta mar).

Este libro es una antología imprescindible a la vez que supone una inmejorable oportunidad para conocer mejor la trayectoria poética de Murua que sorprenderá, por supuesto para bien, a los amantes de la poesía y de la literatura de calidad.

Enlace: https://www.todoliteratura.es/noticia/50814/poesia/el-cuaderno-blanco-de-kepa-murua.html

La poesía de Kepa Murua y la narrativa de Álex Oviedo entre las novedades de El Desvelo

EL DIARIO MONTAÑÉS
Por Guillermo Balbona

SANTANDER. Poesía y narrativa. Afectos y amores insatisfechos. Versos y novela. Dos autores, ambos vascos, Kepa Murua y Álex Oviedo, y una sola editorial, la cántabra El Desvelo Ediciones que prosigue con su coherente y profusa trayectoria. En apenas dos meses ha sumado cuatro volúmenes de diversos géneros ligados a sus diferentes colecciones.

«Entre las palabras, el engaño./ Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado. /Entre las que se callan, las verdaderas./ Y las auténticas, las del silencio contrariado». El poemario ‘El cuaderno blanco’, de Murua, se presenta a modo de antología diferente. Y el género negro, conjugado con la sensibilidad de una historia de amor en ‘Ausentes del cielo’, de Oviedo, es una obra enmarcada en los últimos tiempos del terrorismo, conjuga el género negro con la sensibilidad de una historia de amor. Además, El Desvelo suma esta semana un libro de filosofía. ‘El cuaderno Blanco’, de Kepa Murua, autor al que El Desvelo ha prestado una especial y justa atención reúne poemas en los que hay un «ánimo de sabotaje del amor romántico, aunque en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza». Su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración. Poemas de cerca de una veintena de libros configuran esta antología. Murua (1962) poeta y narrador vasco ha publicado con el Desvelo las novelas ‘Tangomán’, ‘Un poco de paz’ y ‘De temblores’, así como el citado poemario ‘Autorretratos’. Quien fuera el editor de Bassarai y creador de una de las primeras revistas culturales en formato digital, ‘Espacio Luke’, es un autor conocido en España y en el extranjero en donde desarrolla una intensa actividad como creador y conferenciante. El título ‘El cuaderno blanco’ tiene su origen en una frase que aparece en otros escritos suyos. Es una «alegoría a la hoja o la libreta que lleva todo real escritor en su bolsillo para consignar en ellas las ideas que luego serán obra acabada». En cuadernos están también todos sus poemas, pues Murua «es un escritor de pulso, de tinta más que de teclado, pues a este recurre tan solo para transcribir y dejar registro ordenado de su creación», a juicio de Catalina Garcés, como apunta en el prólogo.

Por su parte, ‘Ausentes del cielo’, de Álex Oviedo, novela el retrato de Andrés, un joven a punto de quedarse sin subsidio por desempleo, que mata de tres tiros a un miembro de la izquierda abertzale en una manifestación. La ficción se sitúa a comienzos del siglo XXI y el asesinato remueve los cimientos sociopolíticos del país. El caso pasa a manos de Vidal, inspector de la Unidad Antiterrorista de la Ertzaintza, cuya vida ha dado un vuelco tras la marcha de su pareja. ‘Ausentes del cielo’ es la historia de dos amores insatisfechos: el del joven, incapaz de mostrar sus sentimientos hacia otra persona, y el del inspector enamorado aún de alguien quien dejó escapar por culpa de su trabajo.

Álex Oviedo (Bilbao, 1968) es periodista y escritor, responsable de prensa del Colegio Notarial del País Vasco. Colabora con el periódico municipal Bilbao dentro del suplemento cultural ‘Pérgola’. Su primera obra se publicó en euskera y fue finalista del premio Ciudad de Barbastro. Ha publicado, además, las novelas ‘El unicornio azul’ (2005), ‘Las hermanas Alba’ (2009), ‘La agenda de Héctor’ (2014), ‘Cuerpos de mujer bajo la lluvia ‘(2016) y el libro de relatos ‘El sueño de los hipopótamos’ (2011). Con El Desvelo Ediciones ya vio la luz ‘El hacedor de titulares’.

La novela conjuga el estilo clásico del género negro con la sensibilidad de una historia de amor.

Estudiar la vida

La filosofía también tiene sitio en este nuevo desembarco editorial de El Desvelo. Un libro de pensamiento de Pablo Redondo y Sebastián Salgado, ‘En el corazón de la existencia’, ve la luz estos días en la editorial que dirige Javier F. Rubio. Los profesores de filosofía de Avila y Salamanca parten de la idea de que la existencia humana ha sido uno de los grandes asuntos de la filosofía, y lo seguirá siendo de uno u otro modo mientras esta tenga vigor.

A lo largo del tiempo se han adoptado múltiples enfoques para estudiar la vida. En su libro dan protagonismo indiscutible a las manifestaciones existenciales universales: «La risa, el aburrimiento, la intimidad, la conversación, el asombro, la melancolía… Esta serie de experiencias se ha completado con otras que también conciernen a todos: «la muerte, el cuerpo, el tiempo, los demás seres humanos…».

El método elegido consiste en avanzar de lo superficial a lo profundo, de la vivencia de apariencia cotidiana a lo esencial, con el propósito de irnos acercando al corazón de la existencia, a lo que hace de ella lo que realmente es». Redondo, profesor en el IES Federico García Bernalt de Salamanca, doctor en Filosofía por esa Universidad, es autor de ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Maestros del pensamiento’ y Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ son sus publicaciones.

Por su parte, Salgado es profesor en el IES Isabel de Castilla de Ávila. Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca ha publicado ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ y el ‘Diccionario de citas de filosofía. conceptos fundamentales en sus textos’.

Enlace: https://www.eldiariomontanes.es/culturas/poesia-kepa-murua-20190319212437-ntvo.html

Entrevista en El Correo de Álava

Por Natxo Artundo

VITORIA. El viaje desde el autor de culto de Abstemio de honores hasta el vitalista poemario Pastel de nirvana ha sido largo. Y, aunque el camino de Kepa Murua (Zarauz, 1962) sigue abierto y fértil, hay un retrato literario colgado en un muro de papel. El cuaderno blanco (El Desvelo Ediciones), la primera antología poética del autor, que ha seleccionado y prologado Catalina Garcés Ruiz, ha visto la luz.

– ¿Qué impresión le da cuando llega a sus manos este libro?

Es un libro mío pero que no está hecho por mí, sino por Catalina Garcés. Cuando vi la selección no me imaginaba que podían aparecer esos poemas, porque tal vez había otros que creía más representativos. Fue una sorpresa. Son muchos años, tu cosecha llega de otra forma al público.

– ¿Muchos años y también muchos poetas?

Sí, ahí se ve.

– ¿Cuál le ha sorprendido más?

El de la juventud. Me veo ahí, pese al paso del tiempo, con esa fuerza. Entiendo la madurez, los últimos libros, sobre todo la trilogía de Ven, abrázame, Lo que veo yo cada noche y Escribir la distancia. Pero veo que la fuerza está en Abstemio de honores Aunque entonces no sabía nada, eran más intuiciones.

– No hace tanto ha buceado en los tiempos cuando su poesía no era impresa, sino escrita en servilletas.

Sí. Tengo una medio antología que no es tal, que son los Autorretratos, una compilación de poemas aparecidos en diferentes libros y algunos inéditos. No tengo memorizados mis poemas, excepto tal vez un par, pero cuando leo una estrofa me viene todo: cómo sentía, cómo hablaba, cómo sentía… Los poemas de Cavando oCardiolemas incluso, por no volver a Abstemio de honores, me pegaron una buena sacudida.

– ¿Y qué le ha dicho la gente?

En cuanto al joven, tal vez le falte la lucidez, pero me han dicho que era un poco ‘punk’, un poco ‘destroyer’. Lo bueno es que prevalece una poesía de paz. Sin contrastes pero muy bien definida, con sus osadías.

– ¿Qué ha comentado con la autora de la selección?

Yo doy mucha libertad cuando alguien va a hablar de mi obra, estoy en una entrevista o en una crítica. Entiendo que es el espejo en que se me ve. Discutimos mucho la expresión «poeta político» que aparece en la introducción. Lo entiendo como comprometido con la ciudadanía. Sí que hay un peso muy fuerte de los años de plomo en algunos poemas.

– ¿Poesía política, pero no de militancia?

Si hablas del compromiso, de organizar el paisaje, de poner voz a los que no la tienen, sí. Es un poeta muy comprometido con la propia obra, con su oficio de escribir. Yo pensaba que podía ser más ensimismado, pero no. Hay mucho paisaje, mucha sociedad, como en Las manos en alto o Poesía sola, pura premonición. Y me ha reconfortado. No sólo la selección, que dibuja un prisma que eres tú, pero es que te reconcilias con esos poemas y con el pasado. La única página nueva es la de agradecimientos, que es la gran página de la madurez.

– Usted ha sido editor. ¿Qué dice esta faceta suya del libro?

Que está muy bien. Especialmente la portada, el trabajo de Catalina, el apoyo de El Desvelo. Me siento reconfortado. Yo era reacio a este tipo de cosas. Tengo 57 años y hace dos que comenzó este proyecto. Fui también reacio como editor a publicar antologías, opté más por defender cada obra todavía viva. Pero ahora veo que puede servir al público para conocer mi obra y, si quiere, acudir a los libros, aunque algunos están agotados. Ahora me siento muy a gusto. Sin eufemismos

– En aquellos años de plomo, hay un momento clave, en que decide dar testimonio de una realidad social poco reflejada en lo literario. ¿Cómo fue?

Fui de los primeros. Lo que pasa es que se tiene más referencia de la narrativa. En 1999 publico Un lugar por nosotros, un libro que cambió mucho. Venía de una poesía más expresionista, lírica. Tras el éxito de Cavando la tierra con tus sueños y Siempre conté diez y nunca apareciste no era que quisiera un nuevo registro, pero hice una poesía más narrativa para explicar las cosas, como en Las manos en alto. Creo que fui el primero pero como lo hice en el ámbito de la poesía, pasé más desapercibido. No tanto en Un lugar por nosotros, que se agotó tres veces. Pero también muchos de los que me saludaban dejaron de hacerlo, mientras otros comenzaron a saludarme y a darme las gracias.

– ¿Cuál era su experiencia?

Creo que mi infancia fue maravillosa. Pero yo vengo de un mundo donde no se hablaba de sentimientos. En las reuniones familiares se cantaban canciones en euskera, pero si alguien quería hablar de la guerra, mi abuela lo cortaba. De política poco se hablaba en casa, pero tampoco en la calle. Tenías miedo de que alguien escuchara y te pudiera malinterpretar. Hablabas con algún allegado e incluso con eufemismos. Recuerdo que cuando me desplacé para estudiar en la Universidad de Oviedo, bastaron esos kilómetros para sentirme libre y poder hablar con tranquilidad de muchas cosas, incluso de esas.

Entrevista en Todo Literatura «El cuaderno blanco»

Por Isabel Alamar

El cuaderno blanco es el título de la última antología de poemas que ha publicado el escritor vasco. En sus poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza; su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración.

¿Por qué ahora una antología de KM? , y ¿por qué la has titulado «El cuaderno blanco»?

Es un buen momento, he publicado diferentes libros y estoy a gusto con mi trabajo. El título lo eligió Catalina Garcés, corresponde al título de uno de mis poemas, y es, además, una imagen que se repite en diferentes libros.

El poemario contiene un interesante prólogo de Catalina Garcés que ayuda a entender mejor la obra, ¿cómo surgió la idea de dotarlo de este esclarecedor estudio?, ¿cómo se dio esta colaboración?

Conocí a la poeta Catalina Garcés en el festival de poesía de Medellín de 2012. Ella se interesó por mi obra, creo que ha leído casi todos mis libros de poesía, y ha escrito un ensayo sobre ellos y sobre mi manera de entender la escritura que está inédito. La selección de la antología es suya; cuando me la presentó observé que se incluían poemas que yo no hubiera elegido, al menos en un primer momento. Para hablar de este libro Catalina Garcés es la persona indicada. Los lectores me comentan que la introducción les sirve para comprender mejor mi trayectoria.

¿Qué o qué cosas impulsaron un día a KM a escribir?

Es un oficio que se debe mantener a diario, pero lo que me impulsó fue la necesidad de explicar el mundo con una voz propia.

¿Qué espacio ocupa la poesía hoy por hoy en tu vida?

En un viaje reciente, una persona con la que conversé me confesó que no conocía a nadie que leyera poesía tal como se hacía en el pasado. Esta interpretación es limitada porque la poesía no se encuentra solo en los libros de poesía.

¿Qué es lo que se ha mantenido siempre vivo en tu poesía de una manera u otra?

La insistencia por hacerme entender, la disciplina para seguir adelante, la confianza en mi escritura, la necesidad de escribir para sentirme vivo. Reconocer que con cada libro me acerco a lo que quiero, escribir lo que creo que debo escribir. La intriga, el misterio de la vida, es un aspecto que desde el inicio de mi andadura valoro en la creación poética.

Una de las características esenciales de tu obra es la autenticidad, la verdad, la sinceridad… ¿de dónde crees que te viene ese no tener miedo a llamar las cosas por su nombre?

Nací en el País Vasco, un lugar en el que no se habla abiertamente de los sentimientos. Los vascos no han sido precisos con las palabras y en los años de plomo había miedo y no se decía lo que se pensaba. Muchos lo hacían solo después de asegurarse de que nadie más que sus allegados los podían escuchar. En su casa, mi abuela por ejemplo, cuando su marido y sus hijos estaban sentados en la mesa y se comenzaba a hablar de la guerra, mandaba callar a todos. Según ella no había nada bueno que contar.

¿Cuáles han sido y son los temas, por orden de importancia, que te ha gustado tratar en tus libros?

El deseo que se confunde con el amor aparece en la juventud. Con la madurez llego al amor. En mis libros se reivindica la libertad de tener la vida que se desea. Podría hablar de mí, sin embargo, pongo voz a los que no la tienen. Pondré un ejemplo: en los autorretratos que he publicado en sucesivos libros son más importantes los objetos y el paisaje que me rodea que lo que escribo de mí. Espero que el retrato del mundo no se vea con tonos apagados.

De qué otros escritores te sientes en parte deudor o simplemente te gustan a rabiar.

Unos pocos me acompañan desde que los descubrí, pero no mencionaré a ninguno para evitar el olvido de los que considero mis maestros. Quiero añadir que aunque no vibre con muchos de los libros que se editan hoy, leo con curiosidad a mis colegas. Prevalece el respeto por el oficio de escribir: cada uno lo entiende de un modo u otro.

Cuéntanos alguna anécdota de tu vida como escritor, comparte con nosotros al menos si eres tan amable un recuerdo significativo…

En mayo de 2014, recién publicado, regalé un ejemplar del ensayo Contradicciones a mis padres; el libro tiene esta dedicatoria impresa: “A mis padres, Aitzpea y Kepa, por hacerme un hueco en esa terraza con mar, donde el sol brilla con una luz diferente y el mundo se observa con otros ojos”. Pero como pasaba el tiempo y no decían nada, cuando volví a Zarautz les pregunté si lo habían leído. Fue mi madre la que habló por los dos: “no es verdad que desde la terraza se vea el mar”. Le respondí: “ama, es una metáfora”. La ama sentenció: “será una metáfora o lo que quieras, pero es mentira”.

Define con una sola palabra o dos como mucho a tus poemarios.

La palabra “misterio” define a todos mis libros.

¿A qué libro de todos los que has publicado le tienes más cariño?

Cantos del dios oscuro y Poesía sola, pura premonición son especiales. En la página de agradecimientos de El cuaderno blanco se explica la razón. Fueron publicados por Ana Santos, de la editorial Gaviero, y por Francisco Villegas, de Ellago, excelentes editores y mejores personas que lamentablemente hoy no están entre nosotros. La felicidad de estar perdido es un libro que me reconforta especialmente.

Entrevista completa en https://www.todoliteratura.es/noticia/50769/entrevistas/kepa-murua:-la-palabra-misterio-define-todos-mis-libros.html

El cuaderno blanco

De Poesía sola, pura premonición, 2010

Alarma: han perecido
doscientos niños por nosotros.

Los llevaron a la escuela.
Pensamos que era lo más seguro.

Por todas las casas del pueblo
quedaron nuestros vasos en la mesa.

Alarma: en estos tiempos tan duros
no se puede tener dudas.

Dijeron que no sufrieron
sus suaves e inocentes sueños.

Pero olvidamos que la infancia
nunca está a salvo

y que más tarde vuelve
cuando no se puede volver atrás.

Presentación de «El cuaderno blanco», Casa de la cultura Ignacio Aldecoa, Vitoria-Gasteiz. Fotografía de Raúl Fijo, 2019.

El cuaderno blanco

Pueden parecer casi treinta años, los que a la fecha de esta antología suman la experiencia del escritor Kepa Murua, pero es evidente que son muchos más, puede parecer que sus poemas fueron escritos en el orden en el que fueron publicados, como alguna vez lo aseguró la crítica, pero esto no es del todo cierto. Nacido en 1962, ya desde su juventud dibujaba en el papel aquellas palabras distintas con las que quería retratar el mundo más cercano: su mar, su tierra vasca, la inmensidad del paisaje y la realidad que iba puliendo en su personalidad cierto pesimismo frente a la vida y al deseo que se confunde con el amor —tanto por las cosas materiales como en la relación erótica—, pero lo hace en castellano y no en euskera, quizás como muestra de su descontento frente a los duros años que tuvo que vivir antes de que acabara el franquismo y con la aparición de ETA; quizás para que su voz fuera escuchada no solo en su Euskadi sino en toda España, y en todo el mundo.

Esos años entre el surgimiento de ETA y los últimos de la dictadura franquista, lo llevaron a tomar decisiones importantes en su futuro como escritor. Licenciado en Historia del arte y después de cumplir con el servicio militar obligatorio, se ve inmerso en una realidad de pocas oportunidades, sumada a la violencia y la llegada de las nuevas drogas que confundieron a muchos jóvenes de aquella década de los años ochenta. Es entonces cuando decide viajar a Berlín, donde se abren para él nuevas posibilidades, nuevos caminos, y es allí donde toma la decisión de escribir en castellano sin dejar de ser vasco y lo hace escogiendo la poesía, una, con la suficiente fuerza para transmutar las palabras en sencillas verdades que describen al cuerpo, al amor y a esa imposibilidad de hacernos entender la esencia de las cosas cuando en apariencia todo es claro sin serlo.

Desde sus primeros poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico y de la familia, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como únicos responsables del mejor porvenir y de la esperanza en la vida; su poesía es una lucha no armada, ni extrema, sino artística, usando la palabra creadora que año tras año se va acercando más al canto y a la oración. Esto último no es difícil de observar en la selección de poemas aquí reunidos, y es más evidente todavía en los títulos de sus libros: Abstemio de honores; Siempre conté diez y nunca apareciste; Cavando la tierra con tus sueños; Un lugar por nosotros; Cardiolemas; Las manos en alto; Poemas del caminante; No es nada; Cantos del dios oscuro; El gato negro del amor; Poesía sola, pura premonición; Escribir la distancia; Ven, abrázame; La felicidad de estar perdido; Lo que veo yo cada noche; Autorretratos y Pastel de nirvana.

En Berlín escribe sus primeros poemas, en Berlín también los quema, como sometiéndose al viejo ritual del fuego que destruye pero que también renueva, es allí donde se convence de que es en realidad un verdadero escritor: lo hace en libretas, cuadernos, hojas sueltas y servilletas como él mismo lo cuenta en su ensayo Poemas de la servilleta. Cada uno de estos cuadernos es un documento que da cuenta de una época, de una mirada atenta a lo que acontece a su alrededor pero también de lo que sucede adentro, en el interior del hombre más que del poeta, pues es ante todo un hombre, uno de los más sinceros a la hora de reconocer sus temores, debilidades, también sus aciertos y su fortaleza. Y es esa verdad la que ha hecho que sobre él recaiga la etiqueta de “autor de culto”, que tan poco le gusta, un cartel que al parecer pesa más como “autor oculto”.

Con todo lo anterior, he querido llamar a esta antología El cuaderno blanco, como ha sido llamado también uno de sus poemas. Es un título que proviene de una frase que aparece en otros escritos suyos. Es una alegoría a la hoja o la libreta que lleva todo real escritor en su bolsillo para consignar en ellas las ideas que luego serán obra acabada. En cuadernos están también todos sus poemas, pues hay que decirlo, Kepa Murua es un escritor de pulso, de tinta más que de teclado, pues a este recurre tan solo para transcribir y dejar registro ordenado de su creación. El poema mismo es también la clara descripción de su postura, del recorrido entre lo que se piensa y la sinceridad y valor que hay que tener para decirlo sin cortarse, sin temor a lo que puedan pensar y al daño que con las palabras se puede hacer a otros, aunque no lo queramos; es la responsabilidad que se debe asumir cuando se acepta una condición a la que jamás hay que traicionar. Es el compromiso de todo artista, porque “No todos emplean las mismas palabras. / No, no todos pronuncian igual / las promesas incumplidas… y continúa:

Las palabras entre las que nos justifican,
entre las que mueren al pronunciarlas
y al abrir la boca
las que desaparecen sin más
no nos hacen culpables o inocentes
de lo que acontece en el mundo
ni responsables de lo que nos pasa.
Las envueltas en plástico
las envenenadas, las ilocalizables
como las que no se piensan pero se dicen
como las que no se sienten pero se dicen
son las que conviven con nosotros.
Entre las palabras, el daño.
Entre la vida y la muerte, las de ternura.
Entre las de silencio, las de amor.

Así el poeta se entrega también a sus lectores, al fin y al cabo, no es posible existir sin ser nombrado y mucho menos sin ser leído, es la relación de reciprocidad que nunca acaba, como el símbolo del infinito en medio de la creación:

Nadie como tú para pronunciar mi nombre.
Nadie como yo para saber lo que sientes.
Nadie entre las palabras
que pronuncias a diario.
Y nadie como nosotros para repetir
estas que no nos pertenecen
cuando las escribimos en silencio
en un cuaderno blanco.
En un cuaderno blanco
como la nieve que cae
o la mano helada que acaricia tu rostro.

La importancia de esta antología radica en que en ella se hace posible encontrar la ruta que ha seguido a lo largo de su trayectoria como escritor, sus cambios y evolución, de cómo poco a poco su poesía ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano. Como el mismo poema antes citado, en el que las palabras al final nos llevan a un ideal, a la paz del cielo:

Entre las palabras, el engaño.
Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado.
Entre las que se callan, las verdaderas.
Y las auténticas, las del silencio contrariado.
Las que se sienten aproximarse
como cuchillos inexistentes.
Las que sin desdecirse
suben sin más al cielo.

Son ciento ocho poemas, seis escogidos de cada uno de sus poemarios que, en conjunto, constituyen el cuerpo del autor, la posibilidad de una mirada panorámica y casi global de su obra para el lector atento que verá en ella la idea que no es solo inspiración sino también premonición y trabajo constante y consciente, disciplina en un escritor que al retratarse describe minuciosamente la realidad del mundo. Conocer al hombre es conocer al poeta, leer su poesía es conocer una realidad que a veces se nos escapa.

Catalina Garcés