Entrevista en El Correo de Álava

Por Natxo Artundo

VITORIA. El viaje desde el autor de culto de Abstemio de honores hasta el vitalista poemario Pastel de nirvana ha sido largo. Y, aunque el camino de Kepa Murua (Zarauz, 1962) sigue abierto y fértil, hay un retrato literario colgado en un muro de papel. El cuaderno blanco (El Desvelo Ediciones), la primera antología poética del autor, que ha seleccionado y prologado Catalina Garcés Ruiz, ha visto la luz.

– ¿Qué impresión le da cuando llega a sus manos este libro?

Es un libro mío pero que no está hecho por mí, sino por Catalina Garcés. Cuando vi la selección no me imaginaba que podían aparecer esos poemas, porque tal vez había otros que creía más representativos. Fue una sorpresa. Son muchos años, tu cosecha llega de otra forma al público.

– ¿Muchos años y también muchos poetas?

Sí, ahí se ve.

– ¿Cuál le ha sorprendido más?

El de la juventud. Me veo ahí, pese al paso del tiempo, con esa fuerza. Entiendo la madurez, los últimos libros, sobre todo la trilogía de Ven, abrázame, Lo que veo yo cada noche y Escribir la distancia. Pero veo que la fuerza está en Abstemio de honores Aunque entonces no sabía nada, eran más intuiciones.

– No hace tanto ha buceado en los tiempos cuando su poesía no era impresa, sino escrita en servilletas.

Sí. Tengo una medio antología que no es tal, que son los Autorretratos, una compilación de poemas aparecidos en diferentes libros y algunos inéditos. No tengo memorizados mis poemas, excepto tal vez un par, pero cuando leo una estrofa me viene todo: cómo sentía, cómo hablaba, cómo sentía… Los poemas de Cavando oCardiolemas incluso, por no volver a Abstemio de honores, me pegaron una buena sacudida.

– ¿Y qué le ha dicho la gente?

En cuanto al joven, tal vez le falte la lucidez, pero me han dicho que era un poco ‘punk’, un poco ‘destroyer’. Lo bueno es que prevalece una poesía de paz. Sin contrastes pero muy bien definida, con sus osadías.

– ¿Qué ha comentado con la autora de la selección?

Yo doy mucha libertad cuando alguien va a hablar de mi obra, estoy en una entrevista o en una crítica. Entiendo que es el espejo en que se me ve. Discutimos mucho la expresión «poeta político» que aparece en la introducción. Lo entiendo como comprometido con la ciudadanía. Sí que hay un peso muy fuerte de los años de plomo en algunos poemas.

– ¿Poesía política, pero no de militancia?

Si hablas del compromiso, de organizar el paisaje, de poner voz a los que no la tienen, sí. Es un poeta muy comprometido con la propia obra, con su oficio de escribir. Yo pensaba que podía ser más ensimismado, pero no. Hay mucho paisaje, mucha sociedad, como en Las manos en alto o Poesía sola, pura premonición. Y me ha reconfortado. No sólo la selección, que dibuja un prisma que eres tú, pero es que te reconcilias con esos poemas y con el pasado. La única página nueva es la de agradecimientos, que es la gran página de la madurez.

– Usted ha sido editor. ¿Qué dice esta faceta suya del libro?

Que está muy bien. Especialmente la portada, el trabajo de Catalina, el apoyo de El Desvelo. Me siento reconfortado. Yo era reacio a este tipo de cosas. Tengo 57 años y hace dos que comenzó este proyecto. Fui también reacio como editor a publicar antologías, opté más por defender cada obra todavía viva. Pero ahora veo que puede servir al público para conocer mi obra y, si quiere, acudir a los libros, aunque algunos están agotados. Ahora me siento muy a gusto. Sin eufemismos

– En aquellos años de plomo, hay un momento clave, en que decide dar testimonio de una realidad social poco reflejada en lo literario. ¿Cómo fue?

Fui de los primeros. Lo que pasa es que se tiene más referencia de la narrativa. En 1999 publico Un lugar por nosotros, un libro que cambió mucho. Venía de una poesía más expresionista, lírica. Tras el éxito de Cavando la tierra con tus sueños y Siempre conté diez y nunca apareciste no era que quisiera un nuevo registro, pero hice una poesía más narrativa para explicar las cosas, como en Las manos en alto. Creo que fui el primero pero como lo hice en el ámbito de la poesía, pasé más desapercibido. No tanto en Un lugar por nosotros, que se agotó tres veces. Pero también muchos de los que me saludaban dejaron de hacerlo, mientras otros comenzaron a saludarme y a darme las gracias.

– ¿Cuál era su experiencia?

Creo que mi infancia fue maravillosa. Pero yo vengo de un mundo donde no se hablaba de sentimientos. En las reuniones familiares se cantaban canciones en euskera, pero si alguien quería hablar de la guerra, mi abuela lo cortaba. De política poco se hablaba en casa, pero tampoco en la calle. Tenías miedo de que alguien escuchara y te pudiera malinterpretar. Hablabas con algún allegado e incluso con eufemismos. Recuerdo que cuando me desplacé para estudiar en la Universidad de Oviedo, bastaron esos kilómetros para sentirme libre y poder hablar con tranquilidad de muchas cosas, incluso de esas.

Entrevista en Todo Literatura “El cuaderno blanco”

Por Isabel Alamar

El cuaderno blanco es el título de la última antología de poemas que ha publicado el escritor vasco. En sus poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza; su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración.

¿Por qué ahora una antología de KM? , y ¿por qué la has titulado “El cuaderno blanco”?

Es un buen momento, he publicado diferentes libros y estoy a gusto con mi trabajo. El título lo eligió Catalina Garcés, corresponde al título de uno de mis poemas, y es, además, una imagen que se repite en diferentes libros.

El poemario contiene un interesante prólogo de Catalina Garcés que ayuda a entender mejor la obra, ¿cómo surgió la idea de dotarlo de este esclarecedor estudio?, ¿cómo se dio esta colaboración?

Conocí a la poeta Catalina Garcés en el festival de poesía de Medellín de 2012. Ella se interesó por mi obra, creo que ha leído casi todos mis libros de poesía, y ha escrito un ensayo sobre ellos y sobre mi manera de entender la escritura que está inédito. La selección de la antología es suya; cuando me la presentó observé que se incluían poemas que yo no hubiera elegido, al menos en un primer momento. Para hablar de este libro Catalina Garcés es la persona indicada. Los lectores me comentan que la introducción les sirve para comprender mejor mi trayectoria.

¿Qué o qué cosas impulsaron un día a KM a escribir?

Es un oficio que se debe mantener a diario, pero lo que me impulsó fue la necesidad de explicar el mundo con una voz propia.

¿Qué espacio ocupa la poesía hoy por hoy en tu vida?

En un viaje reciente, una persona con la que conversé me confesó que no conocía a nadie que leyera poesía tal como se hacía en el pasado. Esta interpretación es limitada porque la poesía no se encuentra solo en los libros de poesía.

¿Qué es lo que se ha mantenido siempre vivo en tu poesía de una manera u otra?

La insistencia por hacerme entender, la disciplina para seguir adelante, la confianza en mi escritura, la necesidad de escribir para sentirme vivo. Reconocer que con cada libro me acerco a lo que quiero, escribir lo que creo que debo escribir. La intriga, el misterio de la vida, es un aspecto que desde el inicio de mi andadura valoro en la creación poética.

Una de las características esenciales de tu obra es la autenticidad, la verdad, la sinceridad… ¿de dónde crees que te viene ese no tener miedo a llamar las cosas por su nombre?

Nací en el País Vasco, un lugar en el que no se habla abiertamente de los sentimientos. Los vascos no han sido precisos con las palabras y en los años de plomo había miedo y no se decía lo que se pensaba. Muchos lo hacían solo después de asegurarse de que nadie más que sus allegados los podían escuchar. En su casa, mi abuela por ejemplo, cuando su marido y sus hijos estaban sentados en la mesa y se comenzaba a hablar de la guerra, mandaba callar a todos. Según ella no había nada bueno que contar.

¿Cuáles han sido y son los temas, por orden de importancia, que te ha gustado tratar en tus libros?

El deseo que se confunde con el amor aparece en la juventud. Con la madurez llego al amor. En mis libros se reivindica la libertad de tener la vida que se desea. Podría hablar de mí, sin embargo, pongo voz a los que no la tienen. Pondré un ejemplo: en los autorretratos que he publicado en sucesivos libros son más importantes los objetos y el paisaje que me rodea que lo que escribo de mí. Espero que el retrato del mundo no se vea con tonos apagados.

De qué otros escritores te sientes en parte deudor o simplemente te gustan a rabiar.

Unos pocos me acompañan desde que los descubrí, pero no mencionaré a ninguno para evitar el olvido de los que considero mis maestros. Quiero añadir que aunque no vibre con muchos de los libros que se editan hoy, leo con curiosidad a mis colegas. Prevalece el respeto por el oficio de escribir: cada uno lo entiende de un modo u otro.

Cuéntanos alguna anécdota de tu vida como escritor, comparte con nosotros al menos si eres tan amable un recuerdo significativo…

En mayo de 2014, recién publicado, regalé un ejemplar del ensayo Contradicciones a mis padres; el libro tiene esta dedicatoria impresa: “A mis padres, Aitzpea y Kepa, por hacerme un hueco en esa terraza con mar, donde el sol brilla con una luz diferente y el mundo se observa con otros ojos”. Pero como pasaba el tiempo y no decían nada, cuando volví a Zarautz les pregunté si lo habían leído. Fue mi madre la que habló por los dos: “no es verdad que desde la terraza se vea el mar”. Le respondí: “ama, es una metáfora”. La ama sentenció: “será una metáfora o lo que quieras, pero es mentira”.

Define con una sola palabra o dos como mucho a tus poemarios.

La palabra “misterio” define a todos mis libros.

¿A qué libro de todos los que has publicado le tienes más cariño?

Cantos del dios oscuro y Poesía sola, pura premonición son especiales. En la página de agradecimientos de El cuaderno blanco se explica la razón. Fueron publicados por Ana Santos, de la editorial Gaviero, y por Francisco Villegas, de Ellago, excelentes editores y mejores personas que lamentablemente hoy no están entre nosotros. La felicidad de estar perdido es un libro que me reconforta especialmente.

Entrevista completa en https://www.todoliteratura.es/noticia/50769/entrevistas/kepa-murua:-la-palabra-misterio-define-todos-mis-libros.html

El cuaderno blanco

De Poesía sola, pura premonición, 2010

Alarma: han perecido
doscientos niños por nosotros.

Los llevaron a la escuela.
Pensamos que era lo más seguro.

Por todas las casas del pueblo
quedaron nuestros vasos en la mesa.

Alarma: en estos tiempos tan duros
no se puede tener dudas.

Dijeron que no sufrieron
sus suaves e inocentes sueños.

Pero olvidamos que la infancia
nunca está a salvo

y que más tarde vuelve
cuando no se puede volver atrás.

Presentación de “El cuaderno blanco”, Casa de la cultura Ignacio Aldecoa, Vitoria-Gasteiz. Fotografía de Raúl Fijo, 2019.

El cuaderno blanco

Pueden parecer casi treinta años, los que a la fecha de esta antología suman la experiencia del escritor Kepa Murua, pero es evidente que son muchos más, puede parecer que sus poemas fueron escritos en el orden en el que fueron publicados, como alguna vez lo aseguró la crítica, pero esto no es del todo cierto. Nacido en 1962, ya desde su juventud dibujaba en el papel aquellas palabras distintas con las que quería retratar el mundo más cercano: su mar, su tierra vasca, la inmensidad del paisaje y la realidad que iba puliendo en su personalidad cierto pesimismo frente a la vida y al deseo que se confunde con el amor —tanto por las cosas materiales como en la relación erótica—, pero lo hace en castellano y no en euskera, quizás como muestra de su descontento frente a los duros años que tuvo que vivir antes de que acabara el franquismo y con la aparición de ETA; quizás para que su voz fuera escuchada no solo en su Euskadi sino en toda España, y en todo el mundo.

Esos años entre el surgimiento de ETA y los últimos de la dictadura franquista, lo llevaron a tomar decisiones importantes en su futuro como escritor. Licenciado en Historia del arte y después de cumplir con el servicio militar obligatorio, se ve inmerso en una realidad de pocas oportunidades, sumada a la violencia y la llegada de las nuevas drogas que confundieron a muchos jóvenes de aquella década de los años ochenta. Es entonces cuando decide viajar a Berlín, donde se abren para él nuevas posibilidades, nuevos caminos, y es allí donde toma la decisión de escribir en castellano sin dejar de ser vasco y lo hace escogiendo la poesía, una, con la suficiente fuerza para transmutar las palabras en sencillas verdades que describen al cuerpo, al amor y a esa imposibilidad de hacernos entender la esencia de las cosas cuando en apariencia todo es claro sin serlo.

Desde sus primeros poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico y de la familia, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como únicos responsables del mejor porvenir y de la esperanza en la vida; su poesía es una lucha no armada, ni extrema, sino artística, usando la palabra creadora que año tras año se va acercando más al canto y a la oración. Esto último no es difícil de observar en la selección de poemas aquí reunidos, y es más evidente todavía en los títulos de sus libros: Abstemio de honores; Siempre conté diez y nunca apareciste; Cavando la tierra con tus sueños; Un lugar por nosotros; Cardiolemas; Las manos en alto; Poemas del caminante; No es nada; Cantos del dios oscuro; El gato negro del amor; Poesía sola, pura premonición; Escribir la distancia; Ven, abrázame; La felicidad de estar perdido; Lo que veo yo cada noche; Autorretratos y Pastel de nirvana.

En Berlín escribe sus primeros poemas, en Berlín también los quema, como sometiéndose al viejo ritual del fuego que destruye pero que también renueva, es allí donde se convence de que es en realidad un verdadero escritor: lo hace en libretas, cuadernos, hojas sueltas y servilletas como él mismo lo cuenta en su ensayo Poemas de la servilleta. Cada uno de estos cuadernos es un documento que da cuenta de una época, de una mirada atenta a lo que acontece a su alrededor pero también de lo que sucede adentro, en el interior del hombre más que del poeta, pues es ante todo un hombre, uno de los más sinceros a la hora de reconocer sus temores, debilidades, también sus aciertos y su fortaleza. Y es esa verdad la que ha hecho que sobre él recaiga la etiqueta de “autor de culto”, que tan poco le gusta, un cartel que al parecer pesa más como “autor oculto”.

Con todo lo anterior, he querido llamar a esta antología El cuaderno blanco, como ha sido llamado también uno de sus poemas. Es un título que proviene de una frase que aparece en otros escritos suyos. Es una alegoría a la hoja o la libreta que lleva todo real escritor en su bolsillo para consignar en ellas las ideas que luego serán obra acabada. En cuadernos están también todos sus poemas, pues hay que decirlo, Kepa Murua es un escritor de pulso, de tinta más que de teclado, pues a este recurre tan solo para transcribir y dejar registro ordenado de su creación. El poema mismo es también la clara descripción de su postura, del recorrido entre lo que se piensa y la sinceridad y valor que hay que tener para decirlo sin cortarse, sin temor a lo que puedan pensar y al daño que con las palabras se puede hacer a otros, aunque no lo queramos; es la responsabilidad que se debe asumir cuando se acepta una condición a la que jamás hay que traicionar. Es el compromiso de todo artista, porque “No todos emplean las mismas palabras. / No, no todos pronuncian igual / las promesas incumplidas… y continúa:

Las palabras entre las que nos justifican,
entre las que mueren al pronunciarlas
y al abrir la boca
las que desaparecen sin más
no nos hacen culpables o inocentes
de lo que acontece en el mundo
ni responsables de lo que nos pasa.
Las envueltas en plástico
las envenenadas, las ilocalizables
como las que no se piensan pero se dicen
como las que no se sienten pero se dicen
son las que conviven con nosotros.
Entre las palabras, el daño.
Entre la vida y la muerte, las de ternura.
Entre las de silencio, las de amor.

Así el poeta se entrega también a sus lectores, al fin y al cabo, no es posible existir sin ser nombrado y mucho menos sin ser leído, es la relación de reciprocidad que nunca acaba, como el símbolo del infinito en medio de la creación:

Nadie como tú para pronunciar mi nombre.
Nadie como yo para saber lo que sientes.
Nadie entre las palabras
que pronuncias a diario.
Y nadie como nosotros para repetir
estas que no nos pertenecen
cuando las escribimos en silencio
en un cuaderno blanco.
En un cuaderno blanco
como la nieve que cae
o la mano helada que acaricia tu rostro.

La importancia de esta antología radica en que en ella se hace posible encontrar la ruta que ha seguido a lo largo de su trayectoria como escritor, sus cambios y evolución, de cómo poco a poco su poesía ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano. Como el mismo poema antes citado, en el que las palabras al final nos llevan a un ideal, a la paz del cielo:

Entre las palabras, el engaño.
Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado.
Entre las que se callan, las verdaderas.
Y las auténticas, las del silencio contrariado.
Las que se sienten aproximarse
como cuchillos inexistentes.
Las que sin desdecirse
suben sin más al cielo.

Son ciento ocho poemas, seis escogidos de cada uno de sus poemarios que, en conjunto, constituyen el cuerpo del autor, la posibilidad de una mirada panorámica y casi global de su obra para el lector atento que verá en ella la idea que no es solo inspiración sino también premonición y trabajo constante y consciente, disciplina en un escritor que al retratarse describe minuciosamente la realidad del mundo. Conocer al hombre es conocer al poeta, leer su poesía es conocer una realidad que a veces se nos escapa.

Catalina Garcés

Entrevista en Diario de Noticias de Álava

Sobre el “Cuaderno blanco”:

“Conocer al hombre es conocer al poeta, leer su poesía es conocer una realidad que a veces se nos escapa” escribe Catalina Garcés Ruiz en el prólogo de El cuaderno blanco. Antología poética (El Desvelo Ediciones) para introducir al lector en un libro en el que se puede rastrear cómo “poco a poco” la poesía de Kepa Murua, a lo largo de tres décadas de camino creativo, “ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano”. En las manos de ella no sólo ha estado componer estas palabras introductorias, sino, sobre todo, la selección de los 108 poemas –seis por cada producción- que se reúnen entre unas páginas donde se suceden los registros críticos, eróticos, reflexivos, amorosos, sociales, políticos, tiernos… “He de reconocer que al principio era reacio a hacer algo así porque cuando era editor no me gustaba”, admite el autor, para añadir al instante que “ahora, cada vez que abro la antología, me encuentro con sorpresas” más allá de que con cada poema se acuerde de “cuándo lo escribí, qué estaba escuchando, cómo vestía… hasta me acuerdo de cuando nadie me leía”. (Fragmento de la entrevista)

Entrevista completa en el enlace:

https://www.noticiasdealava.eus/2019/02/13/ocio-y-cultura/cada-vez-que-abro-esta-primera-antologia-me-encuentro-con-sorpresas?fbclid=IwAR13aqT-sthaf2h5qEh4d7d2SRn45T_-Vc0BOuXIF4MCRPAPAEwJdOzfnJg#Loleido

El cuaderno blanco

“En sus poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza; su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración. Poemas de los libros: Abstemio de honores; Siempre conté diez y nunca apareciste; Cavando la tierra con tus sueños; Un lugar por nosotros; Cardiolemas; Las manos en alto; Poemas del caminante; No es nada; Cantos del dios oscuro; El gato negro del amor; Poesía sola, pura premonición; Escribir la distancia; Ven, abrázame; La felicidad de estar perdido; Lo que veo yo cada noche; Autorretratos y Pastel de nirvana“.

El cuaderno blanco
© Kepa Murua
Prólogo y selección de poemas
© Catalina Garcés
El Desvelo Ediciones
180 páginas
ISBN: 978-84-949395-2-5

Gratitud

Con la publicación de esta antología poética, la primera de mi existecia como poeta, quiero mostrar mi agradecimiento a Catalina Garcés, autora de la selección y del breve estudio que sirve de prólogo al libro, por la lectura de mi obra y por la dedicación empleada hasta la confección de El cuaderno blanco. Este libro es un resumen de mi poesía, una continuidad de mi trabajo como escritor. Mis agradecimientos a los editores que han publicado los títulos que se mencionan en la antología. Especialmente quiero recordar a Ana Santos (El gaviero) y a Francisco Villegas (Ellago), excelentes editores y mejores personas que lamentablemente hoy no están entre nosotros. No quisiera olvidar a los poetas editores, como Javier Sánchez Menéndez (Siltolá) que publicó La felicidad de estar perdido, un libro que me reconforta especialmente, o como Ferran Fernández (Luces de Gálibo), un editor artesano que supervisa todos los detalles que necesita un libro para que sea único. Otro editor que cuida mis libros es José Ángel Zapatero (Cálamo) que ha editado mi último libro de poemas, Pastel de nirvana. He dejado para el final al editor de El Desvelo. Quisiera constatar un agradecimiento sincero por la publicación de este libro que ahora llega a los lectores. Javier Fernández Rubio apostó por un libro personal como Autorretratos, y El Desvelo lanzó mi obra narrativa cuando por imperativos poéticos yo mismo pensaba que no era necesario que se conociera tal como sucede con mi poesía. Su perseverancia me ha permitido mostrar mi escritura, y su amistad, fruto de esta relación entre editor y autor, es algo que de verdad valoro. Que El cuaderno blanco se haya publicado se debe a su insistencia. Este libro es para mí un regalo que me ofrecen los editores y los amigos que han hecho posible esta trayectoria. Con los lectores que se adentren en sus páginas me gustaría compartir la curiosidad que aún tengo cuando me encuentro ante un cuaderno blanco que lentamente dibuja unas palabras.

Kepa Murua

11 de octubre de 2018

Nota: esta página de agradecimientos estará incluida en el próximo libro de Kepa Murua, El cuaderno blanco, que saldrá a la luz el próximo mes de febrero de 2019.

El cuaderno blanco

El cuaderno blanco es una antología de Kepa Murua. Seleccionada y prologada por Catalina Garcés, este es un libro hecho de otros muchos libros: Abstemio de honores, Siempre conté diez y nunca apareciste, Cavando la tierra con tus sueños, Un lugar por nosotros, Cardiolemas, Las manos en alto, Poemas del caminante, No es nada, Cantos del dios oscuro, El gato negro del amor; Poesía sola, pura premonición; Escribir la distancia; Ven, abrázame; La felicidad de estar perdido, Lo que veo yo cada noche, Autorretratos y Pastel de nirvana. 

Editada por El Desvelo, saldrá al público a finales de febrero de 2019:

Sobre esta antología

Pueden parecer casi treinta años, los que a la fecha de esta antología suman la experiencia del escritor Kepa Murua, pero es evidente que son muchos más, puede parecer que sus poemas fueron escritos en el orden en el que fueron publicados, como alguna vez lo aseguró la crítica, pero esto no es del todo cierto. Nacido en 1962, ya desde su juventud dibujaba en el papel aquellas palabras distintas con las que quería retratar el mundo más cercano: su mar, su tierra vasca, la inmensidad del paisaje y la realidad que iba puliendo en su personalidad cierto pesimismo frente a la vida y al deseo que se confunde con el amor —tanto por las cosas materiales como en la relación erótica—, pero lo hace en castellano y no en euskera, quizás como muestra de su descontento frente a los duros años que tuvo que vivir antes de que acabara el franquismo y con la aparición de ETA; quizás para que su voz fuera escuchada no solo en su Euskadi sino en toda España, y en todo el mundo. (Fragmento)