Hartazgo

El artista se harta de lo que muestra el presente, todavía más de la carga del pasado, y se lanza a una búsqueda frenética hasta encontrar en la ruptura de lo establecido las nuevas coordenadas que descubren su talento en el espacio del entendimiento. Todo llega del hartazgo. De la misma manera que el escritor habla del interés del arte por otras cosas, el artista se harta de una vida paralela que le obliga a surcar nuevos mares en la búsqueda de un horizonte imperfecto. Se harta sin darse cuenta del todo, por puro agotamiento, de una eternidad incontestable que es el descubrimiento de uno entre las cosas que nos rodean desde siempre: inverosímiles, caóticas, repetidas, indescifrables, incoherentes, esas que nos atan a la vida con la carga de los sentimientos. Reiterativas, circulares, asombrosas, indefinibles, indestructibles, que nos llevan de la razón culpable a la razón anodina de la existencia. Esas que nos esclavizan y nos atan como personas a una realidad que nos observa sin que sepamos que lo hace. Pero cuando el hartazgo irrumpe con su poderío, la vida comienza a desandar el camino, cansada de ver cómo somos. En realidad actuamos pensando que estamos cambiando del todo. Es el juego del tiempo detenido, puro placer del aburrimiento, seguir adelante con todas las cosas vulnerables que rodean nuestra existencia. Harto de vivir como siempre, el individuo se diluye en el tiempo, se mimetiza en su desesperación pensando que cada vez corre más rápido, dispuesto a crear un nuevo modo de vida, mientras como una nueva religión que ofrece cosas nuevas, el artista resopla en su conciencia hasta convertir su vida en una eterna duda, en un aparente cambio, que le aparte del hombre anodino. Pero cómo se ríe la vida de todo esto al comparar a uno y otro, porque tanto como nos perdemos en una nube de interrogantes que confunden la existencia, hasta que ésta se convierta en soportable, la vida no deja de asombrarnos cuando creíamos que estábamos hartos de todo. Como una necesidad insalvable del hartazgo insoportable, de la vida y del arte. Así de evidente y contradictoria, la figura del hombre moderno.

Tomado de El interés del arte por otras cosas, Ellago Ediciones, 2007.

Asombro

El silencio es el recuerdo que nos persigue cuando las cosas que amamos pierden su significado. Las palabras son asombro cuando amamos, derrota donde la vida se oculta entre las manos, lágrimas que se secan con el tiempo, lamentos que encuentran suspiros en las palabras que vuelven a pegarse en la piel después del silencio. El silencio encuentra en el arte su momento oculto. Fueron gritos y son susurros donde el mundo se parte en dos. El individuo se enfrenta a su imagen con un dolor intrascendente y el artista corre por la historia como una huella inequívoca del mundo que descubre la luz y la sombra de los ojos en una mirada estremecedora. El silencio es la antesala del pensamiento que preludia al arte. Lo envuelve y lo cobija, porque eleva su eco con palabras que convierten en ruidos las huellas del hombre que husmea entre los escombros. Porque entre las pronunciadas en alto encuentra palabras antes que suceda lo que no tiene remedio.

Tomado de El interés del arte por otras cosas, Ellago Ediciones 2007.

Del interés del arte por otras cosas

Ellago ediciones,  2007
Colección Las islas
Ensayo
224 ppáginas
I.S.B.N. 978-84-96720-21-3

Hay un momento en que el artista detiene su avance para volver los ojos a su trabajo. Como el hombre, mira en rededor y reflexiona sobre los pasos que da por el mundo, en un intento por explicarse hechos, objetos, pasiones o conductas.

Kepa Murua nos ofrece en Del interés del arte por otras cosas el resultado de su propia indagación sobre la realidad artística. Como si de cuadros colgados en una exposición se tratara, cada pieza de este libro propone una palabra que estimula la meditación del poeta sobre los múltiples motivos que rodean al arte: la rebeldía del artista, el papel de la crítica, el mercantilismo del intermediario, el significado del éxito o el hombre oculto que yace siempre bajo la sombra del creador.

Continuando con la labor iniciada en La poesía y tú La poesía si es que existe, Kepa Murua amplía en este libro su visión de la condición moderna del artista como encrucijada en la que la existencia privada, la influencia del poder, la función de los medios, los gustos de la masa o el peso de la historia ponen en tela de juicio el valor del arte en este siglo, al tiempo que trazan una metáfora certera del hombre contemporáneo.