Escritor

Etiqueta: Autorretratos

Aurizenea

Hay varios libros que he destruido:
no tuve que pensar mucho.
Alguna vez además quemé cuadernos de poemas.
Me imagino que fue por ira
o por un orgullo mal disimulado,
pudiera ser también porque creía que me repetía.
Pero de todos ellos hay uno
que he de volver a escribir algún día.
Se titula Aurizenea, 
aunque en mi D.N.I mi segundo apellido aparece con c.
De mi nombre creo que ya hablé,
y el primero de mis apellidos 
aparece en muchos sitios.
Pero del segundo, el de mi madre,
de quien dicen que tengo sus ojos,
no he dicho mucho.
Cuando de muchacho fui a hacer el carnet,
el policía nacional me dijo muy en serio:
pero qué apellido más raro,
esto o es con c o si no, no es.
Recordé que en la tumba de mis ancestros
aparecía con z, pero le respondí
que hiciera lo que quisiera,
que él sabía más que yo.
Soy el único de los hermanos que así lo tiene:
todos, hasta los muertos con z, y yo con c.
Se ve que o bien me faltó mano izquierda
o bien no supe comportarme.
¿Cuántas veces hemos mirado a otro lado
cuando debíamos haber mirado a los ojos?
¿Cuántas nos hemos callado cuando debíamos abrir la boca?
Llevo el anillo de matrimonio de mi abuelo en un dedo.
Me imagino que es para que no me olvide.
Pudiera ser también que lo llevo para que recuerde
no solo cómo se han de pronunciar las palabras,
sino para que me acuerde muy bien
de cómo he de escribirlas,
por más que otros me digan cómo he de hacerlo.
¿Qué habrá sido de aquel policía tan gordo?
Por casualidad, ¿habrá leído siquiera uno de mis libros?

(18 de agosto de 2016)


Del libro, Autorretratos, El desvelo 2018.
© De la fotografía: ardiluzu.

Autorretrato con muro

Cuando se desmoronó
en un tiempo que luego la historia
se encargará de engrandecer
y de exagerar a su antojo
yo pasé por allí
tal como lo cuenta ahora la gente.

Pero yo pasé mucho frío
y mucha hambre
en el centro de un mapa
que podía ser el de mi cerebro.

¿Por qué elegí ese camino y no otro?
¿Por qué esa lengua y no otra
–como la de mi madre–
y esa soledad como un juramento
que necesita del silencio
para seguir adelante?

Han pasado pocos meses de aquello
y me veo aún más perdido
tras los pasos de una Europa
que no sabe cómo crece
ni en qué se convertirá
una vez que estos gobiernos
desaparezcan y nuevos nombres
se asomen por su barandilla
a ver cómo va el mundo.

Que dios me perdone
porque el único que no cambiará seré yo.
Lo haré de rostro y seguramente
temblarán aún más mis manos.
Pero no podré olvidar ese juramento
que hice a las puertas de un cementerio
de lápidas bellas y monumentales
con tantos nombres
que no reconozco.

Hacía frío, era invierno,
llevaba una gorra,
una vieja chaqueta.
La misma invisible cara
de ahora. De siempre.
Yo, el único que no cambiará.
Ni el mundo ni mis poemas.

(1990)

© km, del libro Autorretratos, El Desvelo, 2018.

Autorretrato con guantes de boxeo

Para que infundamos amor y no miedo
llevo estos guantes de cuero rotos
a golpear el vacío que se respira
cuando uno está adentro y quiere salir fuera.

Para defenderme de mí mismo
me acerco al centro de la tierra
con un baile extraño pero sereno
mostrando mi guardia y mi recelo.

Para saber de la vida que se defiende
de unos y de otros sin descanso
me giro sin más y golpeo con saña
para volver a levantarme de nuevo.

Mis pantalones cortados hasta las rodillas
mi camiseta sudada que marca el pecho
mis manos más rápidas que el vuelo de una mosca
mis piernas más ágiles que las del demonio.

Para que sintamos la paz y no su veneno
y celebremos el beso y no su vergüenza.
Para que rechacemos la venganza de los sueños rotos
sigo golpeando el rastro invisible de mi retrato.

El dibujo del rostro con los ojos en medio.
La cara afilada por el desafío.
La misma sombra que se mueve en el espejo
hasta llenar de sangre el suelo que piso.

Todo autorretrato sirve para reconocer al autor

Todo autorretrato sirve para reconocer al autor. Los hay que se adelantan a su tiempo y pintan a la persona en la que se convertirán. Algunos artistas difuminan sus rasgos hasta límites insospechados; otros se embellecen por fuera o eliminan los rasgos marcados de su rostro. Hay quien se pinta o se fotografía con una decoración determinada, con unos símbolos que pudieran hablar de él, que nos muestran tal como se ve ante los demás. Sin embargo, como a menudo no somos lo que somos, sino que somos lo que ven los demás, los autorretratos se convierten en objetos delicados para todos, para el artista o para el poeta, por ejemplo; tanto o más que para los espectadores porque todo autorretrato contiene una trampa. Su intención es retratarse ante los demás, pero a menudo son los demás quienes se posicionan ante el retratado. Todo autorretrato debe reconocer al autor al fin y al cabo.

En mi caso, he de decir que se me hace extraño reconocerme con el paso del tiempo, pero sé muy bien cuándo y cómo escribí mis autorretratos. Recuerdo qué pasaba por mi cabeza en aquel tiempo, cómo vestía o la música que escuchaba en diferentes días; los amigos que estaban a mi lado o la soledad que me perseguía allá a donde fuera. Recuerdo si tenía o no trabajo, si tenía o no dinero, si pasaba hambre o la vida me iba más o menos bien. Todo autorretrato es la verdad de un instante. En mi caso, he de decir que es mi verdad. ¿Qué podría añadir para que se me viera tal como quisiera que se hiciera? La respuesta podría ser larga: me considero un hombre que, con el paso de los años, ha sabido controlar su vanidad y que después de haberse apartado de las ambiciones mal dirigidas –esas que nos hacen perder el norte de la conciencia y el piso firme–, durante tiempo se ha ido dibujando con palabras, tal como corresponde a un poeta, con la intención de no verse a todas horas como una persona que vive el mismo tiempo. Pero la intención era recordar lo que se vivió de lleno en cada una de las fechas. O lo que es lo mismo: no olvidar lo que se hacía, lo que se pensaba y cómo se vivía, con la secreta intención de no cambiar el dibujo de cada instante porque si lo hiciera, dentro de mí, algo me dice que es traición.

© Prólogo del libro, Autorretratos, El desvelo, 2017.
Kepa Murua, 10 de abril de 2017.

Autorretrato en la oficina de empleo

mar de fueguitos
El periodismo chisquero: chiribitas para darle la vuelta al mundo. ¡Quién se acerca, se enciende!

Un poeta en la oficina de empleo Publicado por gorka 18 enero, 2019

Autorretratos

Colección: Última Thule
Ilustrador: Ángel López de Luzuriaga
ISBN: 978-84-948306-0-0
128 páginas

Si todo autorretrato tiene algo de rememoranza y algo de ajuste de cuentas, Kepa Murua recurre a este formato con ‘la intención de recordar lo que se vivió de lleno en cada una de las fechas’ y también para hallar ‘la verdad de cada instante’ hasta acabar reconciliado consigo mismo y en paz. En Autorretratos, el primero de los cuales se remonta a los años 90, Murua recuerda si tenía o no trabajo, si tenía o no dinero, si pasaba hambre o la vida le iba más o menos bien para acabar en un presente en el que descubre ‘un hombre que ha sabido controlar su vanidad y que, después de haberse apartado de las ambiciones mal dirigidas, durante tiempo se ha ido dibujando con palabras, tal como corresponde a un poeta.

Poesía en el tiempo

En Pergola, por Alex Oviedo

Reseña “Autorretratos”, de Sergio Sánchez-Pando

“Autorretratos”, Kepa Murua

“Autorretratos” en El Diario Montañés

El Diario Montañés

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén