Cuando cierras los ojos

Este libro de artista, quizás poco conocido, hace parte de la obra publicada de Kepa Murua; contiene diez poemas y diez grabados de Javier Herrero, que fueron creados especialmente para esta edición conjunta. Las versiones en euskera son traducciones del mismo poeta.

Con grabados realizados sobre plancha de cobre en la técnica de aguafuerte y aguatinta, papel Eskulan de 300 g/m2 y medidas de 35 x 80 cm, tan solo 43 ejemplares numerados vieron la luz y ahora hacen parte de la colección de algunos pocos que, en su momento, valoraron este delicado trabajo.

Itxina

Bassarai, Vitoria-Gasteiz 2004
Textos de Kepa Murua y fotografías de José María Álvarez
132 págs
I.S.B.N. 978-84-89852-51-8
Libro agotado

Itxina es un libro de arte que muestra la labor fotográfica de José María Álvarez sobre el paisaje de Itxina, un biotopo protegido, entre Bizkaia y Alava, del macizo del Gorbeia.

El libro cuenta con un despliegue de 64 fotografías de calidad, la mayoría a color, algunos en blanco y negro, divididos en apartados como Roca, Hombre, Nieve y Cielo, y bajo un epígrafe común como es el de Paisajes de Luz.

A esta labor que descubre un amor por la naturaleza y por la fotografía artística se le añaden los textos en prosa poética, que inciden sobre la realidad del paisaje como reflejo simbólico del hombre, de la mano de Kepa Murua.

La memoria de la tierra es uno de los aspectos temáticos que valora el poeta para hablar de la eternidad de la naturaleza y la fragilidad del hombre

Faber

Bassarai, Vitoria-Gasteiz 2009

Fotografías de José María Álvarez y textos de Kepa Murua
136 págs.
I.S.B.N. 978-84-96636-36-1
Libro agotado

Faber cierra una trilogía. Y un sueño. Una aventura visual y poética de dos artistas que han colaborado conjuntamente, paso a paso, despacio, tras las imágenes, tras las palabras. A veces es difícil saber cómo ha surgido nuestra relación profesional, y sólo la distancia del tiempo nos ha permitido alcanzar una brizna del viento que nos ha acompañado. Tal vez nos haya unido una mirada sensible sobre nuestro entorno más próximo. Tal vez. Pero en el fondo los dos sabemos que trabajamos sobre la metáfora de la soledad. Y esta búsqueda de lo ausente ha guiado tanto la publicación actual como las anteriores: Itxina. Paisajes de luz (Bassarai, 2004) y Flysch. La mirada devuelta (Bassarai, 2006).

Los autores.

Flysch

Bassarai, Vitoria-Gasteiz 2006
Fotografías de José María Álvarez y textos de Kepa Murua
132 págs
I.S.B.N. 978-84-96636-02-6
Libro agotado

Tras el éxito del libro Itxina, que muestra el paisaje kárstico del macizo del Gorbea, José María Álvarez Fernández y Kepa Murua posan ahora su mirada en el paisaje del flysch costero de Guipúzcoa en un libro titulado La orilla devuelta, donde el lector puede leer, como un susurro al oído, los textos que el poeta escribió mientras el fotógrafo recorría esa costa mágica con una visión concentrada en los límites naturales del mar y la roca.

La tierra que se mueve con el mar tiembla con la mano en la lluvia. El mar que se desangra en la orilla vuelve con su fuerza a la vida.

Paseando por el paisaje interior

Diario de Noticias de Gipuzkoa, noviembre 2009

Itxina abrió la senda en 2004. Flysch siguió sus pasos dos años después. Faber ha venido a cerrar el recorrido. Kepa Murua y José María Álvarez han vuelto a unir palabras y fotografías para completar su aventura visual y poética.

Todo lo que empieza tiene un final. Es una regla que no por repetirse mucho deja de ser real. Las palabras de Kepa Murua y las imágenes de José María Álvarez Fernández también iniciaron una relación hace años. Una conversación fructífera que tuvo su primera plasmación en Itxina, que siguió desarrollándose en Flysch y que termina ahora con la publicación de Faber, todos ellos bajo el sello de Bassarai.

Los tres forman un todo pero también cada uno tiene su propia vida, su escenario y su mensaje. Una trilogía en la que perderse, que mira a la naturaleza con la poesía y la fotografía para retratar y hablar del paisaje, ya sea terrenal o humano.

Sus dos predecesores han contado con un éxito más que apreciable, así que es de suponer que el último en llegar siga la misma senda. Y es que ninguno son libros para esconder en la biblioteca de casa entre otros títulos olvidados. Son experiencias para tener siempre presentes y sobre las que poder volver en cualquier momento.

Desde el cariño y la ternura, según describe el propio Murua, Faber mira al interior del ser humano a través del paisaje. En las instantáneas sólo hay naturaleza. En las palabras, una poesía detenida y reflexiva. En el conjunto se encuentra la intención de que el lector y espectador se detenga en el tiempo para reflexionar, a raíz de lo que ve y lo que lee, sobre su propia vida.

«La belleza está muchas veces donde no pensamos. Puede encontrarse en una ruina, en un ramaje, en un puente o en una esquina de la calle. No tiene que ser esa belleza con mayúsculas. La podemos encontrar en lo cotidiano. Lo que pasa es que muchas veces nos olvidamos de ella porque estamos en ese estrés diario que nos impide parar. De eso habla Faber», describe el editor y escritor de Zarautz afincado en Gasteiz.

Poeta y fotógrafo entablan diálogo, una conversación abierta a las aportaciones del que tenga este trabajo entre las manos. No es la primera vez, y seguro que tampoco la última, en la que Murua colabora con otros. Es de su gusto porque ello le obliga a salir de su yo y buscar una voz diferente. Así recarga fuerzas y libera la mente para regresar a la soledad del autor y seguir camino (ya está con un nuevo proyecto entre las manos, otra vez en solitario, que verá la luz en 2010).

Con Álvarez Fernández son unos cuantos años, como dice el poeta y editor, de juego. Hay veces en las que se suelta alguna palabra más alta que la otra (siempre desde el respeto humano y creativo), pero es en esa vorágine donde ambos se han divertido. «En el hecho de cerrar la trilogía claro que hay nostalgia, pero también un gran sentimiento de liberación», confiesa.
El resultado es un libro-objeto bien cuidado y presentado. Un regalo, «un goce estético, espero». Eso sí, tiene trampa. Exige pensar un poco en cada uno y eso es algo que, en los tiempos que corren, no está de moda. «Existe mucho ruido en el mundo. Yo hago una apuesta diferente, por el silencio, por lo intimista… también tengo libros sociales, eso no lo quiero olvidar, pero quiero apostar por el ser humano, por el individuo con sus contradicciones y sus bondades; cuanto más avanzamos en la vida igual no nos hacemos más sabios, pero sí más contemplativos», apunta Murua.
En un sector literario que por momentos parece moverse sólo por el marketing de fáciles argumentos y premios con mucho bombo pero ya sin prestigio ni criterio, trabajos como Faber se convierten en un oasis que busca a un lector cualquiera, sin exigir, como sí lo hacen otros, pedigrí. «Mucha gente se sorprendería si conociera los lectores tan diferentes que hemos tenido con Itxina y Flysch; las motivaciones son muy diferentes. Títulos como Faber son publicaciones que llaman la atención» apunta el escritor, quien tiene claro que también los libros «reflejan parte de la personalidad» de quien es su propietario.

Lo estético y el contenido se funden en esta tercera entrega. Todo está medido para que parezca que no es premeditado. Ahora que las nuevas tecnologías amenazan cada vez de forma más seria la supervivencia del papel, títulos como Faber son objetos que llaman la atención. Es difícil imaginar que en un futuro próximo todo ello se vea sobre una pantalla.
Todo llegará. O no. Quién sabe. De momento, este nuevo libro espera al público. Entre sus páginas se esconden muchos mensajes y momentos. Tal vez en el futuro, Kepa Murua y José María Álvarez vuelvan a encontrarse en otro proyecto. O no. Quién sabe

Carlos González.
Diario de Noticias de Gipuzkoa

Arte interesado

Luke, julio 2007

Tras reflexionar sobre poesía con la hondura poética de que es capaz, Kepa Murua abre el foco de su análisis para escalar un nivel más en su personal pesquisa intelectual. En La poesía si es que existe, el poeta y ensayista de Zarautz miró sin prejuicios la poesía para sentar las bases de un ideario según el cual vida y arte se complementan y son observados por unos ojos que recelan de la realidad conocida. Así, el Murua artista se distanciaba del objeto conocido empleando un método que, lejos de ambigüedades posmodernas o cómodos escepticismos, centraba el tema en toda su radicalidad: si la poesía que es reflejo de la vida es emoción, entonces la labor de conocer no es más que otra cara de la poesía.

Este método de aproximación prosigue en Del interés del arte por otras cosas, la última entrega del prolífico autor vasco. A diferencia del aparecido en 2005, la nueva publicación se presenta como una serie indivisa de textos encabezados por un término y ordenados alfabéticamente. Como sugiere la solapa del libro, cada palabra puede imaginarse como el título de un cuadro al que el lector acude para escuchar la voz de Murua, que combina con acierto pasajes líricos con otros de tono más coloquial o ensayístico.  De esta manera, la obra se acerca provocadoramente al diccionario de autor sin caer en los excesos exhibicionistas o pretendidamente ingeniosos de autores contemporáneos que a veces se creen, para aburrimiento del lector, herederos directos de las vanguardias.

Murua no es así –ni le interesa–. Por eso ha equilibrado el libro de tal modo que los pasajes más frívolos o ligeros se combinan con otros mucho más graves donde aborda sus temas de siempre: la relación entre arte y política, entre ética y arte, entre conocimiento y emoción…, sin esquivar esa vieja preocupación de los artistas de todos los tiempos por la utilidad del arte en su sociedad. De esta manera, y como ya ocurría en el volumen anterior, Del interés… vincula ciertos ejes centrales del pensamiento occidental (moral, muerte, política y conocimiento) con las variables nacidas de la existencia, como son la memoria y el olvido, más toda la larga lista de sentimientos que empedran la vida del sujeto.

Junto a estos asuntos, un Murua locuaz y desinhibido acierta a retratar otras variables más mundanas y menos edificantes que con frecuencia se dejan de lado cuando se habla de arte. Me refiero a esos atributos casualmente materialistas y tan alejados del Parnaso artístico-idealista con los que a veces se nos presenta el mundo del arte, y que se encarna en su forma más visible en la constelación de seudo-artistas que viven a la sombra de administradores del dinero público, en galeristas y comisarios de exposiciones sin sentido, en editores fantasma que publican y desaparecen, en camarillas cerradas de artistas… Es aquí donde Del interés… alcanza todo su significado y ejerce su poder de atracción y convicción, con un Kepa Murua que pierde la vergüenza y, sin renunciar a las formas ni a la elegancia, aborda cuestiones como la cultura de masas, el papel de la instituciones, el mercantilismo artístico y todas esas pequeñas miserias que caben en la imaginación de un lector avisado que continúe la lectura del libro más allá de la última página.

Kepa Murua, que publicó en 2006 el poemario Cantos del dios oscuro, sigue volando libre sobre el paisaje de la literatura en castellano. Desde sus títulos de comienzos de siglo hasta la actualidad, la carrera del poeta vasco no ha perdido un ápice de frescura, riesgo, sorpresa y autoridad, lo que lo ha convertido ya en referencia indiscutible de nuestra poesía contemporánea.

Pedro Tellería

El mar de Kepa Murua

Luke, diciembre 2006

Kepa Murua mira en ocasiones las montañas que se pierden tras las nubes del cielo, y otras deja vagar sus ojos por las calles y plazas de una ciudad cualquiera. Pero también hay veces en que Kepa Murua baña sus pies a la orilla del mar. Quizá para preguntar a las olas por su ir y venir. O tal vez para dialogar con las rocas sobre su rara condición.

La rara condición de las rocas reside en su parecido con el hombre. Un hombre es memoria arrojada al tiempo. Una roca es recuerdo de tiempos oscuros que esconden una pregunta. Hombre y roca también se distinguen. El hombre camina, la roca está quieta. El hombre habla; la roca, no. Pero a veces el hombre detiene sus pasos y mira a la roca para decirle: “Yo también me desgasto”. Y entonces la roca piensa: “Yo, como tú, guardo en mi seno el secreto que nos define”.

El mar ha atraído a los poetas desde siempre. El mar no es ni roca ni hombre, es agua venciendo al tiempo. El mar viene y va, se aleja como regresa. Por eso un hombre sentado sobre una roca comprende que sus sueños son poca cosa frente a la espuma que baña sus pies. El mar y la roca se dan la mano en un lugar privilegiado de la costa vasca. Entre los pueblos guipuzcoanos de Deba y Zumaya se yergue una maravilla natural. Un mar profundo y extenso cubría esas rasas y acantilados hace tanto tiempo que la cifra no nos cabe en la cabeza: entre 50 y 160 millones de años. La geología –que es una ciencia fantástica– ha descubierto que las paredes que hoy día vemos son en realidad un fondo marino formado por los secretos de la roca: barros de río, conchas y restos de animales marinos.

Pero ese fondo emergió de las aguas por la acción de fuerzas cuyas paciencia y lentitud, de nuevo, no caben en nuestra cabeza. El sentido común invirtió sus cálculos, y lo que estaba debajo surgió de las aguas y se puso encima. Geólogos de atentos ojos han visto iridio en esos sedimentos. Y fósiles de bivalvos y ammonites.

La costa entre Deba y Zumaya demuestra que la roca encierra secretos que sólo un poeta puede entender. El arte no explica la vida, sino que la observa y extrae de su experiencia lecturas complementarias. Arriba lo que abajo estuvo. A la vista lo que se escondió.

El lector tiene entre sus manos este libro. Es La orilla devuelta, donde puede admirar las fotografías del también escultor José María Álvarez Fernández. Además, el lector puede cerrar los ojos y dejar que le lean, como un susurro al oído, los textos que Kepa Murua escribió mientras recorría –y miraba– esa costa. Ambos artistas ya colaboraron en Itxina. Entonces le tocó el turno al paisaje kárstico del macizo del Gorbea como ahora al flysch costero de Guipúzcoa.

¿Cuántos hombres se habrán sentado en la roca de una playa para mirar al horizonte? ¿Y cuántas veces el mar habrá escuchado idénticas preguntas? Este libro encierra en sus páginas un círculo y una paradoja. Y el mar –que siempre continúa– tiene la última palabra.
Pedro Tellería
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Libros de regalo

Babelia, El País, diciembre 2006.

Mar y roca: Flysch. La orilla devuelta

Mientras que el fotógrafo José  María Álvarez Fernández recorría y plasmaba en imágenes la costa guipuzcoana, el poeta kepa Murua escribió unos textos centrados en los límites naturales del mar y la roca. Una colaboración la de Flysch que ambos iniciaron en Itxina, dedicado al paisaje del macizo del Gorbea.
R.B.

Sábado 16 de diciembre de 2006

La poesía sirve para volver a perderlo todo

El punto de las artes, mayo 2003

“El poeta debe hablar de lo que preocupa a la gente, del estado del mundo y crear una especie de <Gernika> con palabras” ha dicho Patti Smith, en Barcelona, donde ha intervenido junto a John Giorno, Werewere Liking, LeRoi Jones, Dionisio Cañas, Palau i Fabre o Jordi Virallonga, en el XIX Festival Internacional de la Poesía, que dirige Gabriel Planella. Eso es lo que ha hecho, a la luz de lo que leo, Kepa Murua, en su libro La poesía y tú, que acaba de editar Brosquil edicions, en Valencia. Siguiendo el rastro del escarabajo, deteniéndose a las alturas precisas del cuerpo, explorando lento en derredor, entre la muerte y la lluvia; carencias, susurros, fugas: el poeta de Zarautz, nos mete de lleno en la discordia de la calentura y la frialdad, la pasión y el nihilismo, el realismo sucio y la belleza, la desesperanza y el conocimiento.

Patti Smith, la cantante y poeta del rock, introductora del punk en su país, también ha dicho, en plenas ramblas: “Creo que el verdadero patriota es aquel que lucha por la libertad, lo cual es consustancial a la historia de mi propio país. Desde esta perspectiva, el presidente Bus no es un patriota sino un nacionalista, alguien al que trae sin cuidado la libertad de los demás”. ¡Ven como son necesarios los poetas, aunque diluvien o nieven! Dice Kepa Murua, en una suerte de aforismo, poema corto, sentencia o acápites de enormes poemas silenciados: “La clave de la madurez, huir de quienes lo dominan todo”, o “La derrota es escribir con un guante”, o “En mi país la cortesía se confunde con el miedo”, o “ Mi patria no existe más que en la boca del prójimo. La patria oscurece”, o “La poesía está cargada de raíces, el arte es la resistencia a las cosas convencionales”.

¿Es Tiziano el arte o la cosa convencional? A partir del 9 de Junio, en el Museo del Prado -¡Albricias, por fin una exposición de envergadura!- se podrá ver un conjunto sorprendente de Tiziano, 65 obras, muchas de las cuales uno contempla como un milagro. ¿Por qué estamos llenando las calles de basura, con el pretexto de la escultura, y haciendo de los museos trasteros, donde se amontonan cachivaches y archiperres, que nada tienen que ver con el arte? “Los museos son fríos como la gloria. La poesía sirve para volver a perderlo todo”, escribe Murua, cuajado de recelo y esperanza. “Perderlo todo para no tener nada que perder”, repite, una y otra vez, el maestro Julio Llinás, en la distancia, ubicado en su boca de lobo, mudo.  Afirma Kepa Murua, “Escribo porque no se hacer otra cosa”, no es verdad, escribe por necesidad, quizás por destino, si no tuviese la palabra piel de titanio; sabe hacer otras cosas, conducir con mano de hielo, ¿o de fuego?, la editorial Bassarai, con aciertos notables, “El niño-jazz” de Mohammed Dib, que acaba de desaparecer y pocos han recordado que estaba traducido, profundo poemario sutil, editado por Murua, autor de “Cavando la tierra con tus sueños” o “Siempre conté diez y nunca apareciste”. De nuevo, loor a Brosquil edicions, Bassarai, Devenir, Esquio, Igitur, Los Libros del Innombrable, Calambur, Visor, cada una en su dimensión y alcance, porque nos ayudan a ganar. “La derrota es saber que bebes por no beber, que sabes por no saber, que escribes por no escribir”, dice K. M.

T.P.