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Escritor

Las cosas casi nunca han sido fáciles para mí

15 de junio de 2009

Llamo a Remar para que se lleven algunos muebles, así como el escáner y la impresora a color. Noto que cada cierto tiempo elimino la decoración superficial de la oficina, los utensilios que se almacenan sin darnos cuenta de su escasa utilidad. Y cada vez tiendo al vacío, a la depuración, a lo mínimo: veo que no hay tantas carpetas como antaño, apenas unos archivadores imprescindibles, unos cuantos libros, incluso estanterías vacías. Todo limpio y ordenado, y aunque inevitablemente se podría pensar que estoy dirigiéndome a la puerta de salida, se ve que es una oficina donde se trabaja.

16 de junio

Pensaba que podría ser el vértigo, y es el tiempo detenido que merodea La decisión ininterrumpida. Creo que este es el título para el diario del 2008 y 2009. Sí, La decisión ininterrumpida. Para el comienzo, en cambio, para el tiempo del balbuceo y del aprendizaje que va desde 1996 hasta 2004, podría servir Los pasos inciertos. Los sentimientos encontrados corresponderían a los años más movidos, los que median desde 2005 a 2007. El título definitivo es el que estuvo en mi cabeza desde el comienzo: Diario de un poeta metido a editor. Al menos uno literario. ¿Qué significa la palabra ininterrumpida? Es un adjetivo que se refiere a algo sin interrupción, que no se corta, que no se decide, algo continuado que merodea en la cabeza desde atrás. Quizá esta reflexión se deba a que he revisado el libro de Pia Tafdrup y he vuelto a ver las películas de Tarkovski, como La infancia de Iván o Nostalgia. Andréi Rublev, pintor. Kepa Murua, poeta. Sin embargo, ¿dónde queda el editor que no podrá seguir así por mucho más tiempo? El sonido de los caballos sobre el campo de estos días. El silencio del agua. El águila en el cielo. El hombre que, consciente de su insignificancia, mira desde el suelo. Esculpir con el tiempo la lenta espera. Reducir a lo mínimo el auténtico significado de las cosas, el conocimiento a la nada, a la quietud la sabiduría del momento. ¿Seguiré con el diario en 2011, por ejemplo?

18 de junio

Si tenemos tiempo y queremos volver al poemario, o este nos deja, reescribimos algunos versos hasta dar con el ritmo exacto. También he de decir que, como lector, me gustan los poemas irregulares, a veces parecen más auténticos.

19 de junio

Lo del público –y especialmente los más cercanos– tiene miga, porque es como si se cerrase un círculo donde al fin se ve el camino trazado por todos y que solo los protagonistas colorean con sus propios rasgos, con su personalidad, con su biografía. Por eso, aparte de gozar del espectáculo, se emocionan y se ponen nerviosos, porque sienten el recorrido del éxito en la vida de esos conocidos, o en aquellos que se inmiscuyeron en sus vidas, tal como ellos se confunden con las de otros desconocidos. Es ese público que se vuelca en una complicidad interior porque no es capaz de expresar con palabras lo que siente. Pero después del espectáculo, una vez bajado del escenario, borrado el nombre de la portada, olvidada la foto del autor en la solapa del libro, pasado el tiempo, todos se repliegan en sus vidas, porque de la misma manera que el protagonista vuela tal como le permiten, ellos, uno a uno, saben que no se deberían preocupar por él, porque al fin y al cabo es como una prolongación de sus sombras y pensamientos durante el día.

20 de junio

Las cosas casi nunca han sido fáciles para mí. Todo lo que tengo, los aciertos, los errores, hasta lo que he perdido, se debe a mí. Mis libros, que no sé cuántos son, los de la editorial, que son más de ciento cincuenta, mi vida y mi trabajo que se confunden con lo que soy y lo que poseo, con lo poco que tengo y necesito para sobrevivir. ¿Será así también en el futuro? ¿Cómo será en esos días que me quedan hasta la vejez? ¿Seguiré escribiendo por placer? ¿Lo haré por conocimiento? ¿Para esos pocos miles que me siguen la pista? Creo que casi nunca ha sido fácil para nadie. Y es mejor que sea así, que exista una tensión, una fuerza oculta que nos renueve cada vez que sentimos la comodidad o el aburrimiento, la tentación de la repetición. En esa incertidumbre que no permite adocenarse a nadie ni acomodarse en lo que sentimos o hacemos, en lo que vivimos o escribimos, en lo que mostramos a los demás en unos tiempos en que los buenos libros no se venden ni se compran, ocultos como están por las grandes oportunidades que coloca como excepcionales el mismo sector, podremos mantener en vilo, en forma, nuestra conciencia. Y como el poder y el dinero no pueden con la conciencia, se intenta dominar la situación del mercado con el ánimo de dirigir el pensamiento de los ciudadanos. Los ciudadanos, no obstante, hacen lo que quieren, algo que a mí no me hace perder un segundo de mi descanso, pues es la misma ley de la selva la que impera en el mercado y en la elección, acertada o no, de los consumidores. Mas, ¿dónde se ubicarán los libros en ese futuro inmediato y concentrado donde por ahora solo existe lo que las grandes distribuidoras colocan en los supermercados? ¿Terminaremos produciendo de manera artesanal un objeto literario dirigido a una venta especializada en librerías de culto o en galerías de arte para unos pocos elegidos? A modo de justificación puedo pensar que casi nunca ha sido fácil para nadie.

21 de junio

Son así los días, algunos salen bien y otras veces temblamos por las malas noticias. Pero cuando se escribe, solo se escribe. Luego parece que uno no lo ha escrito porque se vive tal como lo hacen los demás. Es la magia de la vida y también de la escritura.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).

La importancia de esta antología

El poeta se entrega también a sus lectores, al fin y al cabo, no es posible existir sin ser nombrado y mucho menos sin ser leído, es la relación de reciprocidad que nunca acaba, como el símbolo del infinito en medio de la creación:

Nadie como tú para pronunciar mi nombre.
Nadie como yo para saber lo que sientes.
Nadie entre las palabras
que pronuncias a diario.
Y nadie como nosotros para repetir
estas que no nos pertenecen
cuando las escribimos en silencio
en un cuaderno blanco.
En un cuaderno blanco
como la nieve que cae
o la mano helada que acaricia tu rostro.

La importancia de esta antología radica en que en ella se hace posible encontrar la ruta que ha seguido a lo largo de su trayectoria como escritor, sus cambios y evolución, de cómo poco a poco su poesía ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano. Como el mismo poema, en el que las palabras al final nos llevan a un ideal, a la paz del cielo:

Entre las palabras, el engaño.
Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado.
Entre las que se callan, las verdaderas.
Y las auténticas, las del silencio contrariado.
Las que se sienten aproximarse
como cuchillos inexistentes.
Las que sin desdecirse
suben sin más al cielo.

Fragmento del prólogo de la antología El cuaderno blanco, escrito por Catalina Garcés.

Entrevista en TodoLiteratura con «La carretera de la costa».

Revista Todoliteratura, Por Isabel Alamar, 5 de junio de 2020.

En su última novela La carretera de la costa (El Desvelo Ediciones, 2020) Kepa Murua nos sitúa en «los años de plomo» del terrorismo en el País Vasco, pero lo hace de una manera un tanto diferente, con un tono autobiográfico muy personal e íntimo y un ritmo muy sereno, lo que propiciará sin duda que todos reflexionemos sobre aquella pesada y cruda realidad.

Leer la entrevista completa en Todoliteratura

© ardiluzu, 2020.

En qué crees que se diferencia tu novela de otras que se hayan escrito sobre este mismo tema.

Más allá de la importancia del paisaje, es una novela de matices, los personajes no son antitéticos, tienes sus luces y sus sombras, el narrador no los juzga. Y al terrorismo, como fenómeno vivido en el País Vasco, se le suma el mundo de la heroína. Es una novela de balas y jeringuillas, donde nada es lo que parece, pero que en sus páginas reivindica la paz.

¿Qué crees que aporta de nuevo tu punto de vista sobre aquellos años de plomo?

Mi novela es una confesión sobre el miedo que sintió un joven que no entendía lo que pasaba y donde prevalece una narración tierna de los sentimientos y cercana en los hechos. Se mezcla ficción y realidad, pero al lector no creo que le importe lo que es verdad o lo que es imaginario y seguramente no se dará cuenta de esta combinación, pues la historia se envuelve con una voz clara que respira entre los sucesos y las acciones que se describen para ayudarnos a pensar en voz alta sobre toda esa locura. Me gustaría señalar también la visión de nuestros padres sobre esa realidad vivida en su madurez. La distancia generacional incluye diferentes visiones sobre la comprensión de la vida. La relación del padre con el narrador, que tiene mucho que ver con la que tuve con el mío, confronta dos mundos distantes: uno que se acaba y otro que se mantiene.

El narrador es un narrador-personaje y la estructura es parecida a un diario con un claro destinatario: podrías ser tú que se dirige a la persona amada. ¿Por qué elegiste esta vía para contar tu historia?

Es la voz que me permite tocar diferentes planos de la narración y que apuntala los hechos. No quería escribir una novela lineal, necesitaba un espacio narrativo donde se pudiera hablar de los sentimientos, del dolor, de la muerte, pues evidentemente en aquellos años de plomo, así como sobró toda violencia, faltaban las palabras que expresaran lo que sentíamos o nos pasaba. Me ayudo de una prosa de frases largas y de un ritmo sereno para presentar una novela que va de amor y de muerte y que, sin embargo, aporta la ternura de quien reza solo ante el paisaje o se confiesa ante su amada.

¿Cómo crees que te marcó a ti y al resto de jóvenes haber vivido aquellos años?

Los asesinatos, las bombas, las detenciones, los controles y cargas de la policía, las manifestaciones con barricadas no es el mejor de los escenarios para una juventud que de un día a otro deja la dictadura atrás y comienza a vivir en democracia sin saber muy bien lo que esa palabra significa. El caballo, además, fue una salida radical que tragó a muchos de mi generación que se encontraron con una libertad que no se supo digerir en los primeros años. Faltó la educación necesaria para reconocer lo que estábamos viviendo; en mi caso, me salvó la literatura, la amistad y la religiosidad de mi madre o la honestidad que me inculcó el padre.

¿Cómo crees que se siente aún la gente hoy en día?

En la presentación del libro que pudimos hacer en Vitoria-Gasteiz, unos días antes de la reclusión por la pandemia, asistieron los familiares de Ceferino Peña. Fue una sorpresa que viniesen desde Zumaya, yo no los conocía y pudimos hablar, fue muy emocionante. Todos los que asistieron opinaron con libertad sobre aquellos años duros, pero recuerdo que uno de ellos dijo que él sí levantó la voz cuando casi nadie lo hacía y que no perdonaba lo que hicieron los etarras y tantos otros que les apoyaron. No puedo hablar en nombre de todos, pero podría aventurar que muchos no exteriorizan sus sentimientos y que aún se tiene miedo de hablar de lo sucedido. Cuando escribía la novela imaginaba que su lectura podría servir para pensar en lo que se hizo, dijo o se calló, que fue mucho.

Uno de los temas principales es el terrorismo, pero ¿qué otros temas encontraremos cuando nos acerquemos a esta novela?

La falsa identidad de las personas, la sexualidad sin asumir y el perdón o el arrepentimiento por parte de los etarras, pues el mundo de las drogas ya se ha mencionado. No debería olvidar el amor y la necesidad de explicar con palabras precisas lo acontecido. Espero haber acertado en estos registros tan íntimos y públicos a la vez.

La vida a solas

La poeta Ángela Serna lee un poema de El cuaderno blanco y que en su día apareció en El gato negro del amor, un libro que se fija en las embestidas del corazón,

Para escuchar el poema.

¿El título?

El título, esa carretera de la costa, es como el nexo de unión entre pueblo y ciudad, la paz y la violencia, pero también un viaje del protagonista con su propio pasado.

La carretera que va de la montaña a la playa pasa por ciudades y pueblos, ha sufrido la violencia y hoy vive en calma. La conozco, nací en Zarautz, en la novela aparece la relación con mi padre cuando me llevaba en su coche a trabajar a una fábrica que está junto al lugar donde mataron a Ceferino Peña.

© De la ilustración: recortes sobre papel grueso, con la portada de “La carretera de la costa”. La obra, realizada por Román en 2020, es parte de una serie que se llama “Anacos y posos” (“Retales y posos”). 

Literatura y realidad

La realidad se sustenta en la creación literaria con un tiempo nuevo donde los sucesos de la vida se imponen en secuencias diferentes y ritmos apropiados al lenguaje y a la comprensión del lector. La memoria, por su parte, comparte la realidad en su afán de recordar los hechos, de ordenar los actos y la interpretación de los mismos no corresponde a la imaginación, sino a la historia. Pero, a su vez, la historia rescata el pasado a través de diferentes documentos, entre los cuales destacan los de la imaginación como hechos artísticos que iluminan un camino de por sí oscuro.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 27 de mayo de 2020.
Argentina, año 20, nº 905.

Vídeo-lectura de «El fondo del espejo».

Un poema de El cuaderno blanco.

Ver vídeo-lectura

Líderes menores

El Diario Vasco, 15 de mayo de 2020.

Quiero líderes inteligentes, aunque parezcan tontos, y no atontados que van de inteligentes. Quiero líderes que manejen la situación en tiempos de crisis y que no sean solo directores en tiempos de bonanza. No quiero líderes que nos perdonen la vida por no ser como ellos, quiero líderes que sean capaces de asumir los errores para que la próxima vez acierten.

Me gustaría equivocarme

Diario de Noticias de Álava, 13 de mayo de 2020.

Es una situación triste: cuando todo cae, las personas se acuerdan de la poesía, de la cultura. Son días oscuros, pero si pensaran un minuto de cada día en los que mueren, en los que lo han perdido todo, hasta la esperanza, podrían valorar lo que de verdad es importante en la vida de uno y en la de los demás.

Lectura de un fragmento de «La carretera de la costa»

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