La biblioteca de mi padre

LA BIBLIOTECA DE MI PADRE

La vida como la poesía
no es una cosa que se lleve en familia
de un lado para otro.

La vida es un tiempo no muy lejano
donde uno puede conversar tranquilo
y mentirse con descaro.

La vida es un vaso de agua
después de una misa y un entierro
tras el luto y el desamparo.

La vida como la poesía
es una cosa que nunca se sabe
si llegará a buen puerto.

Hoy son los ojos del calendario
tras apostar con el destino.
Mañana puedes ser tú el muerto.

El poder de la palabra
corriendo como un paranoico tras un verso.
Una calle mojada y un poco de dinero.

Que la vida no es una cosa
que se lleve en familia,
como se escribe poesía, casi siempre solo.

De No es nada, KM 2008

Entre las cuerdas

Hay quien dice que la literatura es boxeo. Hay quien afirma que ser escritor es como ser boxeador. Es verdad. En el boxeo tienes que entrenar, conocerte bien, aprender del cuerpo y controlar la mente. Escribir libros y publicarlos no es un hecho habitual, tampoco hay mucha gente que se suba al ring. Pero entre las cuerdas, aunque la gente no se lo crea, no hay ganadores ni vencidos; solo uno que se baja del cuadrilátero antes, uno que deja de recibir golpes y otro que deja de darlos. En realidad, una vez que peleas con alguien, sabes que has de escribir de otra manera.

© De la fotografía: ardiluzu.

16 de diciembre de 2007

No se ve el mundo igual desde las ventanas de un hospital. Qué cosas tiene mi padre, a su lado me sorprendo con alguna ironía o con alguna frase, aparentemente anodina, lanzada sin más. Será la vejez, una edad donde el pudor mental y la inteligencia natural se confunden con la desgana y el aburrimiento, la que le lleva a aguantar el dolor sin abrir la boca. Estos hombres son de otra pasta. El mío, a su manera, hace lo que quiere. No es mala filosofía la de vivir como se quiere –o se puede– mientras se ven pasar los días que nos quedan de vida.
© Km, Los sentimientos encontrados, Ediciones Cálamo, 2016.

En el aire hay dibujada una grúa

En el aire hay dibujada una grúa.
La grúa del pensamiento
que sujeta las palabras ante el vacío
para que no puedan ser robadas
por el eco más frío.
También el perfil nítido
de una montaña a lo lejos
que te exige ver la distancia
entre esos lugares
que habitan tu respiración
y lo que contienes.
Queda la música en suspenso,
esa palabra que no viene,
ese atardecer rojo
en los pulmones cerrados,
el azul de la espera
porque vuelven a estar abiertos
una vez que los dos continentes
se aproximan y nada
está quieto.
De rumor, de compañía,
de olor, de perfume
a cuerpo y a mano
que te toca y te atrae
hasta elevarte
de la tierra al cielo.
 
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© km, Lo que veo yo cada noche, 2017.

El aire que respiras

El aire que respiras
cuando sales a la calle.
El que aspiras cuando duermes.
El mismo que inspiras
si estás despierta.
El que espiras cuando caminas
más allá de las esquinas
sin darte cuenta
de la importancia de seguir viviendo.
Las partículas del corazón
en los músculos de la vida.
La tranquilidad del tiempo
en la monotonía que te envuelve.
Lo que queda y te sugiere.
Lo que te toca y te supera.
Lo que se ve y no se ve
pero se comprende.
El aire contigo
mientras una invisible mano
te envuelve a una breve distancia
de lo que brilla por la mañana
y se mantiene a la deriva
y languidece más tarde.
Cuando duermes
sin pensar en la muerte
y acompañado de una oscuridad plena
que abre las ventanas al día
para airear la habitación
y limpiar de sabores
la conciencia a olor de la noche.
Eso que te habita
sin nada a cambio
y que te envuelve por dentro
con el transcurso de los días
como una lámpara de agua
inexistente o un cántaro de luz
envolvente que en el camino
dejó una mano inocente
para que resucitara la vida
sin el poder del pensamiento
a cada instante
o la evocación al paso
del tiempo presente.

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© Km, Lo que veo yo cada noche, Luces de Gálibo 2017.

Lo que hay que hacer

Revista Luke, nº 176, enero-febrero de 2017.
Pero pronto aprendí que lo que se escribe debe ser tratado con mucho mimo y con mucho tacto. Con mucho respeto, como cuando se habla a un amigo o se escucha la confesión secreta de una amiga.
Ver reseña
servilletacubierta
Poemas de la servilleta nace de una pregunta. Ante todo nace de la necesidad de dar respuesta a esa pregunta recurrente en el escritor… Por qué escribir… por qué ser poeta… A lo largo de estas páginas Murua recorre una a una las habitaciones de su palacio interior donde, progresivamente, viaja del pasado al futuro y viceversa para entreabrir viejos cuadernos, mostrar costumbres y constantes rituales a la hora de escribir, crear y entender el arte.
Este libro pretende dejar espacio, airear y abrir camino a esas frases que consagran la creación y que se presentan libremente en una mente creativa.
A modo de tratado ciceroniano, Murua nos previene de lo que es y no es poesía, creación, ritmo y arte en general. Una lectura llevadera y fresca que establece los pilares de la intimidad de un hombre siempre en busca de respuestas.
 

Escribe

Escribe como te dé la gana, como sientas que has de hacerlo, escribe. Hazlo y verás cómo todas las puertas se abren y alguna más, que aparentemente se cerraba, quedará así entreabierta para el resto de la vida.
Escribe sin pensar en el futuro, mucho menos en la eternidad. Si lo haces de una forma libre verás que todo se abre y florece en tus manos para que el soplo de la vida te lleve a lugares inverosímiles y rincones ocultos del planeta.
© Km, Poemas de la servilleta