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Escritor

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Piensa en la felicidad

Para escuchar la lectura del poema

Cierra los ojos por un momento
y piensa en la felicidad de ver
que las cosas no son como uno quiere.
Piensa en la felicidad y tal vez descubras
que está más cerca de lo que crees.

La carretera de la costa en Iflandia de Radio Euskadi

Entrevista de Kike Martín con motivo de la publicación de La carretera de la costa, una inmersión en los «años de plomo» de Euskadi.

Para escuchar la entrevista

Ven, abrázame

Abrázame y no tengas miedo.
Seré lo que quieras
y lo que me pidas.
Lo que sueñes
y quieras sin decírmelo.
Abrazo dulce
y lenta melancolía.
Lo que no te atreves
y yo por ti escucho en la lejanía.
Abrazo más fuerte
cuando te tengo.
Único mundo
cuando estás cerca.
Confesión secreta
cuando me mires.
Anunciación tardía
cuando me tengas.


© Fragmento del poema «Ven abrázame», del libro publicado con el mismo título en la editorial Amargord, 2014.

La felicidad de volver al trabajo

La felicidad de volver al trabajo
pese a todas sus inconveniencias.

De volver al día,
a las horas tempranas.

Al amanecer con niebla.
A los primeros rayos de sol en la ventana.

Llueva o nieve.
Haga frío o calor,
el trabajo que nos libera
de la fatiga de vivir.

El aburrimiento
del desatino.

El vacío
del paso del tiempo
que nos hace libres
y parece que nos mata.

Tan cansados que estábamos.
Tan fatigados como nos sentíamos.

Tan doloridos
como nunca antes
nos habíamos sentido.

Tan aislados y solos
cuando otra vez nos levantamos
con el despertador del corazón
entre las piernas.

Y comenzamos a andar
hacia delante.

© Fragmento del poema “La felicidad de volver al trabajo”, del libro
La felicidad de estar perdido, Ediciones Siltolá, 2015.

What’s happening to us

Let us look at the window and see
the sky petrified in fog.
The light muffled gray
or the hidden flight of the birds
with white and mottled feathers
when we didn’t know that species existed.
Don’t you think about love?
It truly doesn’t happen to you?
It truly doesn’t happen to you frequently
like when you go to a museum
and a painting
made by an artist who died long ago
awaits you
in the empty room?
Pay close attention: it’s that sky,
the same one you see through the window
an April day when it seems
to rain but doesn’t.
It’s that tree, the same one
that you see how it grows,
drawn in detail, even from far away.
It truly doesn’t happen to you
that you believe you’ve lived it before?
Knowing that you dreamt it one day.
Recognizing that someone is speaking for you
when you want to say something
that goes beyond a half truth.
Pay close attention, yes, and don’t turn your head
that is sustained in the window
with the support of some hands
that are seen from outside.
Rest your arms on the earth.
Open your eyes, expect to see nothing
at first. Feel the wind
on your face and let yourself be carried away
by the eternal silence of life
which will await you, like one who awaits
sitting on his heels,
the first and true silence.
It truly doesn’t happen to you?
Don’t you think that this is how it is
to almost always be alone
like others who spend their lives in love?
You open a window and see nothing.
The fog doesn’t let you see a few meters,
white light and white smoke
that emerges from a non-existent fireplace.
But you know you won’t hold back in spite of everything.
That you will dare to look further
in case something opens amidst the nothingness.
That you will again breathe the frozen cold.
That you will again think I’ve seen it before.
I’ve already lived it at some time
when we still didn’t know
what it was that was happening to us.

© Translated by Sandra Kingery.
Taken from the book Escribir la distancia (2012)

Mapa poético

Vídeo-lectura del poema inédito «Mapa poético» del libro Escribir y volar, publicado en la Revista Innombrable de Colombia.

Publicado en abril 7 de 2020

MAPA POÉTICO

Poetas ingleses, decidme, ¿qué puerta es distinta
para que no se pase?; y vosotros, poetas españoles,
decidme si todas las naciones son iguales.
Franceses, italianos, portugueses,
poetas de idiomas parecidos, decidme,
¿por qué hablamos una lengua con intereses diferentes?
Poetas polacos decidme, ¿aún se abren las iglesias de noche?
Poetas húngaros, eslovacos, lituanos, decidme,
¿qué es tener la historia de lado y de frente?
Poetas austriacos, poetas alemanes, después de lo vivido,
¿por qué vuestra política parece diferente?
Poetas nórdicos, decidme, ¿por qué bajo el cielo hermoso
en los felpudos se guardan las historias tristes?
Poetas holandeses, belgas, checos, poetas búlgaros o griegos,
¿es la cultura algo que nos distingue del deporte?
Decidme, ¿alguno se acuerda de las escuelas que nos hicieron libres?
Poetas rumanos, ¿qué se siente cuando se es vigilado por los vecinos?
No somos tan distintos como se cree. Quizá los haya ricos
o entre nosotros unos sean más pobres que otros,
más altos, más rubios, morenos o más fuertes,
más bellos o menos guapos; pero, seamos como seamos,
al final conversamos con Dante, Rilke o Blake y aprendemos
a mirar con Miguel Ángel, Rembrandt, Monet, Turner o Munch.
¿Ayuda mencionar a Beethoven, Bach, Mozart?
El pop, el rock o el punk y el tecno nos igualan en partituras diferentes.
Dejo a los dictadores de lado; no menciono a los científicos
porque la lista es grande. No puedo enunciar todo lo que nos une,
seguro que me olvido de muchos, pero decidme,
¿qué es lo que no se escucha en un tiempo que nos compromete?
Y ¿por qué se olvida que la Biblia o las grandes epopeyas
no pertenecen a un solo autor o un solo pueblo?
O ¿por qué el mundo no es de unos pocos; ni el mar de los osados
ni el cielo de los aventureros?
Decidme, ¿por qué soy yo distinto a vosotros?
Poetas rusos, poetas americanos, poetas canadienses,
¿por qué el mundo no se comparte?
Poetas irlandeses, escoceses: ¿por qué se parte de viaje
con una melodía entre los labios? Poetas chinos, poetas orientales:
¿por qué se desprecia la sabiduría para aparentar ser fuertes?
Poetas australianos, africanos: ¿de verdad estáis alejados?
Poetas latinoamericanos: ¿por qué os sentís inferiores?
Poetas judíos: ¿por qué quebradizos?
Poetas palestinos: ¿por qué ese silencio ante vuestra gente?
Poetas sirios, poetas afganos, poetas indios, decidme:
¿estáis de acuerdo con las recomendaciones de los expertos?
Poetas extraterrestres: ¿se nos ve desde ahí arriba?
¿Se nos entiende? ¿Cambiará el mundo?

Ver el vídeo completo: https://bit.ly/2JPMlZO

Lectura de un poema inédito: Escritura

Hacerse bosque

El ala de un pájaro oculto en el pubis.
La ceja de un hombre
en el jardín privado.
La vela de la noche fundida al caer.
La página del sonido en la fruta
del fuego. De una en una,
con la risa oculta de la felicidad
en sus ojos encerrados.
Porque en medio de la soledad
calla el bosque haciéndose árbol. 



Poema del libro, Trilogía del corazón, Luces de Gálibo.

Escritura

Detrás de esa ventana hay un poema.
Uno que vuela y es la vida misma:
humilde, bella, serena, en calma.
Cada coche que pasa lleva en su interior
una historia. Cada mar un río.
Cada camino hasta la montaña
se pierde con cada abandono:
el tiempo que habla, como si nada,
que vuelve, como si volara.
En las nubes de la memoria
cada protagonista escribe su novela.
Con cada recuerdo puede que se confiese;
cuando se lee una página
se observa el origen desde lo alto:
el nacimiento del agua en la roca que se parte.
Hay que ser muy fuerte para hacerlo.
Pero, ¿quién es el que conduce solo?
Los árboles pasan, la carretera
nos dice que algo sucede.
¿Quién es el que se para?
Se detiene la escritura, la vida se congela,
se abre la ventana, el pájaro se asoma.


Poema del libro inédito, Escribir y volar.

Confesiones de un asesino

No delaté a nadie. Se podrán decir muchas cosas de mí, pero no fui un chivato. Yo, en todo lo que hice fui de frente. De joven pensaba que teníamos que ayudar a aquellos que luchaban por la independencia. Una vez en ETA, los días pasaron sin darme cuenta de lo que hacíamos. Dentro de la organización las cosas se veían de una única manera, separadas del resto. El daño causado queda para siempre: fue por las prisas, por la confianza, los datos que nos pasaron eran ambiguos, pero agradezco que mis compañeros se tomaran el asunto en serio y que hicieran público el error cometido. Los ojos de la niña me persiguieron desde el último disparo. Huimos a la carrera, no pensé en el tiro de gracia, sabía que estaba muerto. Si me cogían sabía lo que me esperaba, pero tardé un tiempo, segundos interminables dijeron mis compañeros, en llegar al coche que me esperaba con el motor encendido. Al principio dijeron que era un niño, pero yo sabía que era una niña. Supe que era su hija.

Desde entonces nada fue igual. Lo mío fue una huida de todos: de ETA, de mis compañeros, de mí mismo, y sobre todo de una niña que no sé de dónde salió, pero que allí estaba. Casi todas las noches me desvelaba, la veía delante de mí; nunca antes, ni siquiera con lo que pudiera haber hecho con la pistola o las bombas que pusimos, pensé en el daño causado. Me podía la rabia, el odio a la policía que me inculcaron desde joven y la lucha de tantos que entregaron lo mejor de sus vidas para conseguir unos fines. Si dudaba, ya estaban los compañeros para que los siguieras sin que perdieras el tiempo. Si me pasaba alguna vez cuando estaba solo pensaba que debía seguir por la memoria de los militantes muertos en enfrentamientos con la policía y por los compañeros que aún quedaban presos en las cárceles. La guerra perdida de los padres quedaba lejos, nosotros éramos más auténticos: íbamos de frente y no teníamos miedo. Pero ahora comprendo que las justificaciones surgen solas y mientras tu vida corre peligro no tienes un momento para pensar en otras cosas que no sean las que te comprometen solo a ti o a tu entorno. Pero una vez que necesitas respirar al aire libre y marcas las distancias ante los que te vigilan, ya no puedes ser el mismo. Ya no puedes ser aquel que eras ni creer de lleno en lo que creías. En Francia no estuve bien, tuve fiebre y me temblaba el pulso, no me concentraba, ellos lo notaban, estaba ausente, y alguna vez me negué a cruzar de nuevo la frontera. Si lo hacía iba a matar y a morir al mismo tiempo. Menos mal que me di cuenta. En 1981 ya estaba quemado, la policía me perseguía y yo me quedaba en una casa a las afueras, sin hacer nada, mientras a todas horas pensaba en irme lejos. Cuando me vi en un escaparate, en una vitrina de las tiendas del D.F., me noté viejo. Iba sin red, vivía en la calle, sin recursos. Y sin amigos que te cubran las espaldas, tarde o temprano te pillan. Llevaba documentos falsos, esperaba con inquietud el momento. Mi vergüenza me impedía volver sobre mis pasos y pedir ayuda. Estaba solo, desde que dejé a mis compañeros siempre lo estuve, solo en ese tiempo de pobreza y de miseria, encontré algunos momentos de calma. De día deambulaba de un lugar a otro y por la tarde me refugiaba en las iglesias o descansaba en los parques. De noche era otra cosa, pocas veces pude dormir con tranquilidad. La calle en D.F. impone su dureza a todas horas, pero en mi caso era diferente: en la oscuridad sentía la presencia de aquellos ojos –no sé de dónde salió la hija– y recordaba el error cometido, una y otra vez, hasta volver a repasar toda la vida. Cuando la mía no valió nada, cuando toqué fondo, tuve que pedir limosna para comer, me acostumbré a beber más de la cuenta, lo que me cayera encima, y a comer lo que encontrara en el camino, solo para poder descansar a solas y calentar mi alma y mi cuerpo día tras día.

No fue una buena idea, de todo eso me di cuenta tras los barrotes. Hace mucho frío en la cárcel, pero es un frío distinto. Me vino bien compartir la celda, con mi compañero pude sacar lo que llevo dentro y el colchón viejo, además, es mejor que el suelo duro y sucio. Tantas horas sin hacer nada en la cárcel me sirvieron para aquietar la mente. La tregua de ETA la viví sin más, en el talego los días pasan sin que se haga nada especial. En aquellas calles caminaba de un lado a otro, buscaba un lugar apartado para envolverme en la manta y esperaba a que mis ojos abiertos vieran el cielo blanco y azul que anunciaba el nuevo día. Aunque no como antes, pero aún pasa que esos ojos vuelven; ojalá ella haya crecido sin recordar los míos. Creo que podrían ser los mismos, solo que yo ya no veo como antes y tengo que usar gafas. Cuando salga iré al oculista. No sé si en la calle tendré algo que reprocharme, quizá que todo eso que hicimos no sirvió para nada. Tampoco habrá nada que destacar entre las pertenencias de mi bolsa. La mochila en México no era grande, tenía las cosas imprescindibles para sobrevivir. Solo unas pocas personas me esperarán fuera. No espero más. Puede que cuando el coche pise Euskadi vea el verde de las montañas y el cielo azul, tan distinto al de la cárcel de Valladolid, tan diferente al de D.F, y en ese momento sienta que la vida me da una nueva oportunidad y que me ofrece, aún con todo lo que hice, algo así como una bienvenida. En un segundo se recuerdan muchas cosas, pero es difícil explicar en unas pocas frases todo lo que tiene el instante que uno ha soñado tantas veces. Me gustaría que me llevaran por la carretera de la costa, podrían volverme de golpe esos ojos que me impidieron dormir durante tanto tiempo, pero sé que miraría al mar con tranquilidad. Todos necesitamos de paz para seguir viviendo. No me escondo, para qué, entre rejas espero que pase el tiempo. Hice daño y causé un dolor que un día también se adueñó de mí, hasta llegué a pensar que nada tenía importancia. Lo siento en el alma, quizá debería haber sabido que todo por lo que luché se podía haber luchado de otra manera. Muchas veces he pensado en pedir perdón, pero no sé cómo dar con ella y tampoco sé si tendré fuerzas para enfrentarme a sus ojos. Nunca delaté a nadie y he recuperado mi nombre verdadero, aunque me cueste pronunciarlo. Me llamaron por otros, pero este no lo quiero cambiar; tampoco puedo cambiar lo que hice. Pero nunca delaté a nadie, lo único que confesé nada más bajar esposado del avión y pisar tierra española fue la verdad que nunca pude olvidar y que me condenaba solo a mí ante ese juez y los demás. He pagado por todo aquello, aún pago; he matado, sí, y si alguien aún no se ha perdonado del todo, ese soy yo. Esa es mi condena. Por eso mismo no volveré a Arrona. No soy uno de esos que vuelve a la escena del crimen. Lo mío es un error que me ha perseguido siempre, una equivocación que hizo que pasara hambre y que perdiera la cabeza. Que ETA lo asumiera como suyo no me dio ningún respiro ni me causó un alivio. Pero ya no huyo, y eso, ya es mucho.

Texto no utilizado en La carretera de la costa, El Desvelo 2020.

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