Escritor

Categoría: Poéticas Página 3 de 9

Has venido a mi vida

Una página de Ven, abrázame, Amargord, 2014.

Pobreza

Fragmento del poema «Pobreza» en el libro Pastel de nirvana, Cálamo 2018.

Rumor de las cosas vivas

El caminante mira a lo lejos
y ve un cielo naranja y hermoso
con una mano abierta.

Mira el dibujo del cielo
y ve tus pupilas
cuando cierras los ojos.

Tienen arrugas tus ojos.
Sombras de un azul
que son el agua del cielo.

Arcilla y barro de tierra.
Rastros de un mar ligero
que recorre tus venas.

A veces miramos el cielo
y vemos animales vivos
donde nos reconocemos.

En el firmamento
objetos extraños
nos salen al paso.

En la palma de la mano
la identidad sostiene
el rumor de las cosas vivas.

© Poemas del caminante, 2005.


© Ilustración de AFC, Mintxo.

Y si te dijera

Y si te dijera –en susurros–
que está más cerca que lejos,
y que al final de nuestras vidas
no tendremos en las manos un libro de poemas
o –si lo deseas– uno de oraciones,
sino un temblor que nos unirá al universo:
a esa nada que se abre ante uno
con los ojos cerrados.
El último día no será igual a otros:
el recuerdo no tendrá fuerza
ni la memoria recurrirá a aquello que parecía posible
y se disolvió en el vacío.
Puede que se olviden los nombres
o que los olores reaparezcan en el sueño,
pero unos y otros pensaremos en quiénes somos,
y ante el destino separado de los que nos rodean
nos preguntaremos a cuánto hemos amado.
Más allá de lo que sienta una madre
o de eso que a veces piensa el padre,
o de eso otro que pudieran sentir los hermanos
que aún están vivos o de eso también
por lo que lloran los amigos,
nos preguntaremos cuánto nos amaron.
Con un sentido diferente ante lo que no vemos,
con un nuevo cerrar de ojos con cada lágrima,
con un temblor nuevo en cada palabra,
desaparecerá el temor al final de todo
y el silencio protegerá la respuesta.

© km, del libro inédito (b)Autismo de las plantas y los pájaros.

Si me preguntaran

Si me preguntaran cuál es el mejor regalo
de todos los tiempos, no podría decir
que fuera el oro ni el diamante de mayor tamaño.
Tampoco una casa grande, con un huerto, cerca del mar.
Me hubiese gustado vivir en ella
–lo confieso–, pero si me lo preguntaran
no podría decir tampoco que fueran las palabras:
al menos, las dichas con un dulce tono.
O incluso, el silencio que nos cautiva
cuando nos invade la felicidad
sin ninguna razón de por medio.
Si me lo preguntaran cada día,
por más que las dificultades fueran las que son,
o por más que estuvieras pasando una mala racha;
debería confesar, pese a la timidez que me embarga,
que el mejor regalo es tu presencia.
Aunque llegaras con llagas en los labios eres tú.
Tú, por más que no digas una palabra
o que en el silencio tus ojos no brillen.
¿Sabes?  La vida es amiga de la verdad
como lo es del amor cuando no se puede entregar
lo que se pensó que podría entregarse un día.
Si me preguntaras, te diría que el mejor regalo
que Dios me ha dado son las horas que paso contigo
cuando todos los regalos que me dan los demás
parecen, frente a ti, paquetes vacíos.

© Poema publicado en el libro, La casa del poeta, Trampa ediciones, 2021.
© Del libro inédito, (b)Autismo de las plantas y los pájaros.
© Dibujo de Miryam Álvarez.

Porque la vida tiene secretos

Porque la vida tiene secretos
que no cuenta a la muerte.
Porque en el camino se encuentra
el cielo de las cosas no dichas.
Porque la luz no es siempre blanca
y el sol de color amarillo.
Porque la tierra es frágil
con el hombre y su destino.
Porque la tristeza calla
cuando la vida recobra su alegría.
Porque nada es lo que parece
nada nos será prohibido.
Porque es libre el hombre
abrirá al fin sus ojos.

© Poemas del caminante, 2005.
© Ilustración de AFC, Mintxo.

Sin sueños

Destruyeron todo y nos quitaron lo poco que teníamos.
Fueron tan ambiciosos y tan listos
–en el fondo fueron muy idiotas,
a la vista de los resultados, más de lo que pensaban–
que solo vieron lo que podían robar
y lo que quedaba a un metro de sus ojos.
El poder los llevó al egoísmo
y su pasión por apropiarse de lo ajeno
nos dejó a los demás sin apenas nada.
A nosotros, por si acaso,
para que nos quedáramos quietos
nos dijeron que nos equivocábamos,
que éramos insolentes con nuestras apreciaciones
y que mentíamos.
No recuerdo muy bien qué palabras utilizaron,
pero fueron tan codiciosos que se quedaron
con el dinero, con las leyes,
con el trabajo, con las empresas y las carreteras.
Al fondo quedaron nuestras casas,
una detrás de otra.
Incluso se llevaron a muchos de los nuestros:
los engañaron con dinero fácil,
aplausos y cámaras con fotógrafos
para que se los viera guapos y bellos.
A nosotros, en cambio, por insolentes
o por perseverantes o por tozudos,
ingenuos o valientes,
pues no recuerdo muy bien
qué palabras utilizaron,
nos dejaron en una esquina,
aunque, por si acaso, nos vigilaban
con un ojo muy abierto
las veinticuatro horas del día.
Pero al dejarnos sin nada, incluso sin sueño,
nos arrastraron a lo peor: al olvido,
a la marginación, al desespero,
a desconocer si era cierto lo que estaba pasando.

© Pastel de nirvana, Cálamo 2018.
© de la fotografía: Raíl Fijo.

Desapariciones

A todas partes

Poema de Pastel de nirvana, Cálamo 2018.

El norte no es como el sur

El frío ha respirado con fuerza
el polvo de esquinas y tejados.
El norte no es como el sur
cuando caen las hojas del otoño.

El paseante sale del portal
y se dirige al centro de la ciudad.
El caminante sale de su escondrijo
frotándose las manos.

El viento tiene dedos invisibles
que palpan la costura de las calles.
El parque un traje caro
recién estrenado para la fiesta.

La avenida una vieja chaqueta
con un pañuelo nuevo.
Callejones de segunda mano
que limpia la nieve en vano.

Se espera a que las palabras
muden de vida con las estaciones.
El norte no es como el sur
cuando caen las hojas del otoño.

© Poemas del caminante, 2005.

Página 3 de 9

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén