Lo que hay que hacer

Revista Luke, nº 176, enero-febrero de 2017.
Pero pronto aprendí que lo que se escribe debe ser tratado con mucho mimo y con mucho tacto. Con mucho respeto, como cuando se habla a un amigo o se escucha la confesión secreta de una amiga.
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Poemas de la servilleta nace de una pregunta. Ante todo nace de la necesidad de dar respuesta a esa pregunta recurrente en el escritor… Por qué escribir… por qué ser poeta… A lo largo de estas páginas Murua recorre una a una las habitaciones de su palacio interior donde, progresivamente, viaja del pasado al futuro y viceversa para entreabrir viejos cuadernos, mostrar costumbres y constantes rituales a la hora de escribir, crear y entender el arte.
Este libro pretende dejar espacio, airear y abrir camino a esas frases que consagran la creación y que se presentan libremente en una mente creativa.
A modo de tratado ciceroniano, Murua nos previene de lo que es y no es poesía, creación, ritmo y arte en general. Una lectura llevadera y fresca que establece los pilares de la intimidad de un hombre siempre en busca de respuestas.
 

Escribe

Escribe como te dé la gana, como sientas que has de hacerlo, escribe. Hazlo y verás cómo todas las puertas se abren y alguna más, que aparentemente se cerraba, quedará así entreabierta para el resto de la vida.
Escribe sin pensar en el futuro, mucho menos en la eternidad. Si lo haces de una forma libre verás que todo se abre y florece en tus manos para que el soplo de la vida te lleve a lugares inverosímiles y rincones ocultos del planeta.
© Km, Poemas de la servilleta

El respeto por el oficio

Yo mismo podría hablar de muchas puertas cerradas, de trampas tontas pero reales y dañinas de mis colegas, que en su día me molestaron, de incomprensión y de mucha soledad, pero, más allá de las penurias y miserias de esta realidad compleja a todas horas e inevitable como otra cualquiera, solo me gustaría que me recordasen por el intento de dignificar el oficio de la escritura con mis modestos logros como poeta y escritor al haber escrito y publicado algunos buenos libros.
© Km, Poemas de la servilleta, Olifante 2016.
© Fotografía: Isabel Delgado, 2017.
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El amor por los lectores

Sin un lector al lado, sin un lector que lea el poema escrito por un autor, el mejor poema no tiene vida. Sin un lector que sostenga un libro, lo abra y lo lea, el mejor libro, el libro más enigmático, el más hondo, no existiría.
Sin el lector, no somos nadie. Cuando nosotros mismos no somos lectores, no somos nada. Un libro sin lectores está condenado al olvido, al fracaso, podríamos decir que está muerto, y en cambio, por el contrario, con la irrupción de los lectores todo revive como cuando sale el sol después de muchos días de lluvia y la casa se ilumina con los primeros rayos de la mañana, tras la noche cerrada e intensa.
© km, Poemas de la servilleta, Olifante 2016.
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El espejo de la poesía (II)

El espejo de la poesía es un cristal sin fondo. Te miras en él y ves un paisaje lejano que cuando se acerca te abre los ojos por detrás. En las sienes se marca el nervio de la conciencia, una voz te susurra que la vida es un camino sin límites mientras el corazón suena como un tambor nervioso. Parece que nada tiene fin, mas la calma llega cuando te deslizas lejos del marco del espejo y miras su vacío transparente. Qué cosas tiene la poesía. Te coloca delante la realidad y te retrata desnudo. Coloca la realidad en su vacío y te muestra tal como eres. Sólo es eso. Pero no es un juego ni nada parecido. Por eso la gente tiene miedo y no conoce lo que tiene de verdad la poesía. Sólo es eso, un momento, atreverse. Ponerse delante de un espejo donde la realidad fotografía tu interior sin que puedas escapar a la incertidumbre del momento. El espejo es la poesía, el fondo la conciencia, el brillo las palabras que suenan huecas, la luz el resto de los objetos. Sólo eso, conocernos sin conocerse, verse sin ser visto, sentir como nunca antes hemos sentido.
 
Del libro, La poesía si es que existe

El espejo de la poesía (I)

El espejo de la poesía eres siempre tú. A veces no sabemos dónde mirar. Vemos cosas que sospechamos que son, pero no queremos reconocernos si lo que nos acontece también nos daña. A un metro del dolor decimos que somos felices, no pretendemos contagiar a la vida de una posible tristeza que es su propio remordimiento. A un paso de la alegría huimos porque tememos reconocernos eternamente perdidos. Parece que debemos volver el rostro. Caminamos por la misma senda que los que lo hacen mirando al suelo cuando nos miran. En poesía la traición siempre es otro si el poeta siente que no hay nadie a su lado. Sombras que nos apartan de la vida, silencios que nos remiten a la medida del tiempo, instantes que convierten en ofrenda lo que nada es lo que aparenta. Tú mirándome de frente y de lado como la palabra que se desvive en su frágil evidencia. Aunque desprestigia a quien lo intenta, siempre uno ante el espejo.
 
Del libro, La poesía si es que existe

Escribir la distancia

La poesía es una conversación con el infinito, una confesión de otros lugares, de otros países, de otras tierras, sin límites geográficos ni históricos, un diálogo del individuo ante un tiempo que no tiene principio ni fin y que se presenta con un eco que une todas las distancias posibles. Escribir su distancia es, por tanto, necesario; intentarlo, al menos, inevitable.

Se hace difícil hablar de poesía después del caos y la barbarie

Se hace difícil hablar de poesía después del caos y la barbarie, cuando el mundo se ha convertido en un talonario sin fondos. Es difícil creer en los poetas que con más de cincuenta años a sus espaldas escriben sobre cosas que apenas interesan a los jóvenes. Nos preguntamos dónde están los jóvenes, si escriben, si lo saben hacer, si viven con la poesía a cuestas o la rechazan sin más, encontrándola sólo en las canciones de dudoso gusto. Se hace difícil creer en un género abandonado por todos, con libros que nadie lee, con poetas que nadie conoce, con críticos especializados que nada dicen y a quienes nadie entiende. Es difícil pensar que de verdad existe algo como la poesía que no tiene ninguna trascendencia en la sociedad actual. Pero más difícil todavía es creer en algo que sólo frente a tus ojos aparece, si parece finalmente que no existe otra cosa en el mundo que la poesía para explicarnos y sacudirnos la mala conciencia de unos pocos por cómo va el mundo de todos nosotros.
 
Del libro, La poesía si es que existe