Festival Internacional de poesía de Tanta, Egipto


He sido invitado este año al Festival internacional de poesía de Tanta, Egipto. Conocer nuevas tierras y llevar como equipaje la poesía, siempre será una gran experiencia… por ello, mi total gratitud a sus organizadores y a Abdul Hadi Sadoun, por la traducción de mis poemas.

Logo del Festival


AQUÍ, AHORA

Por caminos insospechados,
como he llegado hasta aquí
cuando no somos el resultado
de nuestras acciones pasadas.
De nuestras decisiones
–acertadas o erróneas–,
como si todos fuéramos iguales
y fuéramos, además, libres.
Como ahora, sin apenas tiempo
para saber lo que haremos
el día de mañana.
Tú y yo, por ejemplo.
¿Por qué quieres saber más?
Yo llegué un día a este libro
cuando sus páginas estaban cerradas.
Y tú llegarás a darte cuenta
de que no es tan triste
como parece a primera vista.
Por eso me preparo a conciencia
y le doy las gracias a la vida,
aunque nadie me oiga
o nadie vea cómo lo hago,
muchas veces con los labios cerrados.
¿Qué quieres que te diga?
Escribo aunque nadie me lea.
Aunque pocos sepan de mi existencia,
sin pensar en lo que vendrá después.
Sola la verdad: nuestra conciencia.


Abdul Hadi Sadoun, traductor

El joven

Ha caído en el abismo.
El pájaro revolotea en la amapola,
juega con la flor reseca
que atrapa el matorral.
Sus raíces no pueden ver
lo que acontece alrededor.
Sus ojos están ciegos;
no sabe por qué no puede volar.
Solo cuando la noche duerme
sobre su cabeza y el día
se confunde con su temblor
parece darse cuenta
de que algo se pierde en él,
aunque, luego, diga que no le importa.
Es como un pájaro en una jaula que se cree libre
o una flor en una cárcel cuando vive con agua.
Solo lo que quiere lo satisface.
Pero las horas lo persiguen
para que no olvide que lo que se quiere
casi nunca se consigue.
Joven a la espera de una luz
que lo rescate del infierno,
sombras envenenadas brillan en su interior.
Como la flor inmortal,
¡qué frágil es lo que se cree eterno!

Poema que pertenece al libro Pastel de nirvana, próximo a publicarse bajo el sello editorial Cálamo.

Pastel de nirvana

Pronto verá la luz esta nueva publicación, se trata de un poemario ya no íntimo sino más bien interior, una suerte de rezo de esperanza en la vida y sus manifestaciones. Algo que ya he venido trabajando y adelantando en mi obra.

Detrás de cada libro que se publica no solo es evidente el trabajo del autor: el tiempo dedicado a ello, las horas de escritura y corrección, también está la confianza de los editores que apuestan a la obra y que ponen toda su capacidad para que, al salir al mercado, cada libro encuentre un puerto, es decir, un buen lector que valore lo que se esconde detrás de ese objeto-libro, y también dentro. Para mi alegría y la de mis lectores, esta vez la apuesta la ha hecho Cálamo.

Pocos títulos de mi autoría han llevado prólogo, Pastel de nirvana será uno de ellos; creo que los años me han hecho ver que todo aquello que para uno mismo resulta sencillo, como el significado de las propias palabras escritas, no lo son tanto para quienes reciben el mensaje. Así, una de mis más sinceras lectoras ha dedicado algunas líneas que darán luz a este nuevo libro, para que aquellos que se adentren en él lleven un faro en su recorrido.

No está de más dar así las gracias a todas esas manos que hacen posible cada nuevo nacimiento literario.

Pastel de nirvana

EN EL REMOLINO DEL SUEÑO

No puedo ver mis pies en el sueño,
pero puedo sentir las manos de la noche
en el momento de levantarme a por un vaso de agua.
No puedo ver los pies por el suelo,
con los ojos cerrados puedo ver la noche
donde nada se mueve de sitio.
Si los abro, van de un lado a otro
en busca de una fuente para su subsistencia.
Se trata de ir a lo profundo, de bajar las escaleras
hasta llegar al nacimiento.
De volar encima de los cuerpos
que nos recuerdan quiénes somos.
De vernos cómo éramos en el pasado,
mucho antes de que naciéramos
o de que viviera el mismo Jesucristo.
Con las capuchas del suelo iluminado
puedo ver el sendero: las piedras a un lado,
el barro sucio, el río a otro, a pocos metros;
y la boca y los dientes y la piel dura
y los ojos brillantes de algunos animales
que parecen anguilas y cocodrilos.
No puedo llegar a lo profundo, a la verdad,
pero no es por miedo o por falta de atención
o de memoria: mis pies recorren los peldaños
de la historia. Los más terribles,
esos que podrían ser la razón de mi nacimiento
y también los de mi regreso.

Si los abro, veo antorchas en la orilla,
capuchas blancas que tapan el rostro.
Si los cierro: capuchas negras tras un altar
donde arde un libro abierto.
Las primeras páginas fueron arrancadas.
Las últimas podrían no estar escritas.

En la revista FAKE, especial “Hoteles”

Ana Gaitero | León

En toda ciudad hay un hotel de término al que recalan artistas y solitarios de todas clases. Tom Waits vivió en el Tropicana de Los Ángeles. En el Chelsea de Nueva York lo hicieron Andy Warhol, Arthur Miller, Stanley Kubrick y Bob Dylan. En el Pera Palace, de Estambul, Agatha Christie imaginó Crimen en el Orient Express. Borges y Bioy Casares fueron huéspedes habituales del hotel Cervantes de Montevideo. Y Proust del Ritz de París…

Leer el artículo completo en: La cultura llama otra vez al Quindós

La biblioteca de mi padre

LA BIBLIOTECA DE MI PADRE

La vida como la poesía
no es una cosa que se lleve en familia
de un lado para otro.

La vida es un tiempo no muy lejano
donde uno puede conversar tranquilo
y mentirse con descaro.

La vida es un vaso de agua
después de una misa y un entierro
tras el luto y el desamparo.

La vida como la poesía
es una cosa que nunca se sabe
si llegará a buen puerto.

Hoy son los ojos del calendario
tras apostar con el destino.
Mañana puedes ser tú el muerto.

El poder de la palabra
corriendo como un paranoico tras un verso.
Una calle mojada y un poco de dinero.

Que la vida no es una cosa
que se lleve en familia,
como se escribe poesía, casi siempre solo.

De No es nada, KM 2008

Lo que hay que hacer

Revista Luke, nº 176, enero-febrero de 2017

Pero pronto aprendí que lo que se escribe debe ser tratado con mucho mimo y con mucho tacto. Con mucho respeto, como cuando se habla a un amigo o se escucha la confesión secreta de una amiga.

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servilletacubierta
Poemas de la servilleta nace de una pregunta. Ante todo nace de la necesidad de dar respuesta a esa pregunta recurrente en el escritor… Por qué escribir… por qué ser poeta… A lo largo de estas páginas Murua recorre una a una las habitaciones de su palacio interior donde, progresivamente, viaja del pasado al futuro y viceversa para entreabrir viejos cuadernos, mostrar costumbres y constantes rituales a la hora de escribir, crear y entender el arte.

Este libro pretende dejar espacio, airear y abrir camino a esas frases que consagran la creación y que se presentan libremente en una mente creativa.

A modo de tratado ciceroniano, Murua nos previene de lo que es y no es poesía, creación, ritmo y arte en general. Una lectura llevadera y fresca que establece los pilares de la intimidad de un hombre siempre en busca de respuestas.

El gato negro del amor

El Cultura, El Mundo, Marzo 2012, por Túa Blesa

Gatos y el amor recorren este libro. Los gatos, diversos: el negro, el blanco, el gris, el azul, la gata, no son sino representaciones para la diversidad de situaciones a que da lugar el amor. O los temas en que se despliega lo que se suele nombrar como tema único: el amor. Está el deseo de amor que parece no llegar nunca, la escena del encuentro, la felicidad de la vivencia amorosa plena, la separación de los amantes, pero también la ruptura, la pérdida y entonces el recuerdo añorante o el lamento. No pretendo aquí dar una relación completa de las escenas que el amor llega a provocar, sino dejar dicha la complejidad temática.

Y no es gratuito llamar la atención sobre ello, pues los versos de El gato negro del amor son exploraciones por esa multiplicidad de situaciones y la utilización de los gatos como figuraciones es un instrumento que resulta, creo, de gran eficacia para poder seguir hablando en poesía del amor después de la inmensa biblioteca que los poetas han ido abasteciendo con sus discursos amorosos. Ello habla de la pericia poética de Kepa Murua (Zarautz, Guipúzcoa, 1962), bien demostrada en sus anteriores libros –y citaré al menos Las manos en alto y No es nada–; además están sus ensayos, y ha sido el editor de Bassarai, recientemente desaparecida tras una labor que merece todo el reconocimiento.

En sus publicaciones Murua ha ido construyendo un conjunto poético que, tras una aparente sencillez, rehuyendo el retoricismo, conforma ya una voz que no se confunde con los estilos, tendencias, etc., al uso en la república de los poetas. Ahora bien, esa sencillez es sólo aparente, pues esa forma de decir sirve a una visión poética de las cosas, como cuando se lee “Son días grises / en forma de corazón”, frase tan simple cuanto encantadora en su poder de evocación. Todo parece entenderse al tiempo que algo, un resto de significación, queda por dilucidar. A esa misma zona de oscuridad da respuesta el texto final, “Falta un poema”, donde lo que se ofrece es el poema que “se le parece” a otro no escrito, uno que se escribe “en la nieve” y que, por tanto, está ya borrándose. Es en este juego de decir y hacer saber que algo se está si no callando, quizá sólo susurrándose, donde reside una de las fortalezas poéticas de este libro y de la obra en general de Murua.

Dos declaraciones iluminan este quehacer: “He amado a las palabras / como a los cuerpos sin darles un beso” expresa una toma de distancia: y la implicación “Cuando mi corazón estuvo fuera de mí / yo nunca pude escribir un poema”. Entre lo uno y lo otro, una escritura de excelencia.

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