El cuaderno blanco

De Poesía sola, pura premonición, 2010

Alarma: han perecido
doscientos niños por nosotros.

Los llevaron a la escuela.
Pensamos que era lo más seguro.

Por todas las casas del pueblo
quedaron nuestros vasos en la mesa.

Alarma: en estos tiempos tan duros
no se puede tener dudas.

Dijeron que no sufrieron
sus suaves e inocentes sueños.

Pero olvidamos que la infancia
nunca está a salvo

y que más tarde vuelve
cuando no se puede volver atrás.

Presentación de «El cuaderno blanco», Casa de la cultura Ignacio Aldecoa, Vitoria-Gasteiz. Fotografía de Raúl Fijo, 2019.

El cuaderno blanco

El cuaderno blanco es una antología de Kepa Murua. Seleccionada y prologada por Catalina Garcés, este es un libro hecho de otros muchos libros: Abstemio de honores, Siempre conté diez y nunca apareciste, Cavando la tierra con tus sueños, Un lugar por nosotros, Cardiolemas, Las manos en alto, Poemas del caminante, No es nada, Cantos del dios oscuro, El gato negro del amor; Poesía sola, pura premonición; Escribir la distancia; Ven, abrázame; La felicidad de estar perdido, Lo que veo yo cada noche, Autorretratos y Pastel de nirvana. 

Editada por El Desvelo, saldrá al público a finales de febrero de 2019:

Sobre esta antología

Pueden parecer casi treinta años, los que a la fecha de esta antología suman la experiencia del escritor Kepa Murua, pero es evidente que son muchos más, puede parecer que sus poemas fueron escritos en el orden en el que fueron publicados, como alguna vez lo aseguró la crítica, pero esto no es del todo cierto. Nacido en 1962, ya desde su juventud dibujaba en el papel aquellas palabras distintas con las que quería retratar el mundo más cercano: su mar, su tierra vasca, la inmensidad del paisaje y la realidad que iba puliendo en su personalidad cierto pesimismo frente a la vida y al deseo que se confunde con el amor —tanto por las cosas materiales como en la relación erótica—, pero lo hace en castellano y no en euskera, quizás como muestra de su descontento frente a los duros años que tuvo que vivir antes de que acabara el franquismo y con la aparición de ETA; quizás para que su voz fuera escuchada no solo en su Euskadi sino en toda España, y en todo el mundo. (Fragmento)

Cantos del dios oscuro

A veces se declara un incendio interior cuyas llamas es difícil sofocar. Aflora por los ojos, que ven el mundo raptados por la lucidez de las visiones. Entonces el poeta invierte el mito desde su origen, reinterpretándolo según las normas del fuego nuevo. Y cegado por su luz, el dios oscuro emerge del fondo dictando con su voz temible un poemario.

En Cantos del dios oscuro, Kepa Murua investiga sin temblor en tan dura materia. Llevando al límite la escritura, los poemas se conciben como breves cantos plagados de telurismo en ocasiones, de ecos bíblicos en otras, para conformar un libro nacido en una región donde luz y penumbra, infierno y cielo, se tocan para aviso del lector.

Kepa Murua ha demostrado en otras obras que el alma es carne, que la sangre es el alimento de la memoria. En Cantos del dios oscuro, lo poético y lo profético se abrazan en unos versos de fascinante y misteriosa intensidad.

La carta

Cuando me dices que estás sola
los vientos helados vuelven en pleno verano
y si la lluvia se retira de las calles
el granizo cae desde el cielo.
No hay tregua en el pantano de las soledades
ni paz en las aguas turbulentas del amor
ni sosiego en el sueño que nos ronda
pero que nunca se comparte.
No hay un puente elevado
que una las dos realidades
que emergen con su arco iris en el cielo
y ocultan en algún lado
un cofre cargado de deseos
con el dolor insoportable:
el del amor que no se comparte.
Cuando me dices que estás lejos
los países no tienen nombre
las ciudades no ven brillar el mismo cielo
las estrellas no son iguales
en un lugar u otro de la noche
los labios no son hermosos
la lengua no es la que nos besa
las palabras no son bellas
porque se amontonan en las esquinas
de las derrotas tristes.
Y si la historia nos ronda
porque se pudiera pensar que se repite,
los hombres y las mujeres no se reconocen
cuando se miran en la diferencia
entre lo que es estar solo o estar lejos.
Es verdad: somos responsables de nuestros actos
y, aunque no el resultado de nuestro pasado,
somos parte de su embrujo, de su misterio,
mientras vivimos un tiempo nuevo.
Lo demás, como cuando me dices que estás triste,
es porque te creías fuerte cuando no lo eras
o te sentías invencible cuando eras vulnerable.

Portada de Pastel de nirvana, Cálamo 2018

Festival Internacional de poesía de Tanta, Egipto


He sido invitado este año al Festival internacional de poesía de Tanta, Egipto. Conocer nuevas tierras y llevar como equipaje la poesía, siempre será una gran experiencia… por ello, mi total gratitud a sus organizadores y a Abdul Hadi Sadoun, por la traducción de mis poemas.

Logo del Festival


AQUÍ, AHORA

Por caminos insospechados,
como he llegado hasta aquí
cuando no somos el resultado
de nuestras acciones pasadas.
De nuestras decisiones
–acertadas o erróneas–,
como si todos fuéramos iguales
y fuéramos, además, libres.
Como ahora, sin apenas tiempo
para saber lo que haremos
el día de mañana.
Tú y yo, por ejemplo.
¿Por qué quieres saber más?
Yo llegué un día a este libro
cuando sus páginas estaban cerradas.
Y tú llegarás a darte cuenta
de que no es tan triste
como parece a primera vista.
Por eso me preparo a conciencia
y le doy las gracias a la vida,
aunque nadie me oiga
o nadie vea cómo lo hago,
muchas veces con los labios cerrados.
¿Qué quieres que te diga?
Escribo aunque nadie me lea.
Aunque pocos sepan de mi existencia,
sin pensar en lo que vendrá después.
Sola la verdad: nuestra conciencia.


Abdul Hadi Sadoun, traductor

El joven

Ha caído en el abismo.
El pájaro revolotea en la amapola,
juega con la flor reseca
que atrapa el matorral.
Sus raíces no pueden ver
lo que acontece alrededor.
Sus ojos están ciegos;
no sabe por qué no puede volar.
Solo cuando la noche duerme
sobre su cabeza y el día
se confunde con su temblor
parece darse cuenta
de que algo se pierde en él,
aunque, luego, diga que no le importa.
Es como un pájaro en una jaula que se cree libre
o una flor en una cárcel cuando vive con agua.
Solo lo que quiere lo satisface.
Pero las horas lo persiguen
para que no olvide que lo que se quiere
casi nunca se consigue.
Joven a la espera de una luz
que lo rescate del infierno,
sombras envenenadas brillan en su interior.
Como la flor inmortal,
¡qué frágil es lo que se cree eterno!

Poema que pertenece al libro Pastel de nirvana, próximo a publicarse bajo el sello editorial Cálamo.

Pastel de nirvana

Pronto verá la luz esta nueva publicación, se trata de un poemario ya no íntimo sino más bien interior, una suerte de rezo de esperanza en la vida y sus manifestaciones. Algo que ya he venido trabajando y adelantando en mi obra.

Detrás de cada libro que se publica no solo es evidente el trabajo del autor: el tiempo dedicado a ello, las horas de escritura y corrección, también está la confianza de los editores que apuestan a la obra y que ponen toda su capacidad para que, al salir al mercado, cada libro encuentre un puerto, es decir, un buen lector que valore lo que se esconde detrás de ese objeto-libro, y también dentro. Para mi alegría y la de mis lectores, esta vez la apuesta la ha hecho Cálamo.

Pocos títulos de mi autoría han llevado prólogo, Pastel de nirvana será uno de ellos; creo que los años me han hecho ver que todo aquello que para uno mismo resulta sencillo, como el significado de las propias palabras escritas, no lo son tanto para quienes reciben el mensaje. Así, una de mis más sinceras lectoras ha dedicado algunas líneas que darán luz a este nuevo libro, para que aquellos que se adentren en él lleven un faro en su recorrido.

No está de más dar así las gracias a todas esas manos que hacen posible cada nuevo nacimiento literario.

Pastel de nirvana

EN EL REMOLINO DEL SUEÑO

No puedo ver mis pies en el sueño,
pero puedo sentir las manos de la noche
en el momento de levantarme a por un vaso de agua.
No puedo ver los pies por el suelo,
con los ojos cerrados puedo ver la noche
donde nada se mueve de sitio.
Si los abro, van de un lado a otro
en busca de una fuente para su subsistencia.
Se trata de ir a lo profundo, de bajar las escaleras
hasta llegar al nacimiento.
De volar encima de los cuerpos
que nos recuerdan quiénes somos.
De vernos cómo éramos en el pasado,
mucho antes de que naciéramos
o de que viviera el mismo Jesucristo.
Con las capuchas del suelo iluminado
puedo ver el sendero: las piedras a un lado,
el barro sucio, el río a otro, a pocos metros;
y la boca y los dientes y la piel dura
y los ojos brillantes de algunos animales
que parecen anguilas y cocodrilos.
No puedo llegar a lo profundo, a la verdad,
pero no es por miedo o por falta de atención
o de memoria: mis pies recorren los peldaños
de la historia. Los más terribles,
esos que podrían ser la razón de mi nacimiento
y también los de mi regreso.

Si los abro, veo antorchas en la orilla,
capuchas blancas que tapan el rostro.
Si los cierro: capuchas negras tras un altar
donde arde un libro abierto.
Las primeras páginas fueron arrancadas.
Las últimas podrían no estar escritas.

En la revista FAKE, especial “Hoteles”

Ana Gaitero | León

En toda ciudad hay un hotel de término al que recalan artistas y solitarios de todas clases. Tom Waits vivió en el Tropicana de Los Ángeles. En el Chelsea de Nueva York lo hicieron Andy Warhol, Arthur Miller, Stanley Kubrick y Bob Dylan. En el Pera Palace, de Estambul, Agatha Christie imaginó Crimen en el Orient Express. Borges y Bioy Casares fueron huéspedes habituales del hotel Cervantes de Montevideo. Y Proust del Ritz de París…

Leer el artículo completo en: La cultura llama otra vez al Quindós