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Para el gato negro del amor no me valía la retórica

El Diario de Noticias de Álava, David Mangana, noviembre 2011

«No me valía la retórica, tenía que ir a la diana; si no, podía caer en lo peligroso de la poesía romanticona». Acaba de cerrar su editorial, Bassarai, pero sigue abriendo páginas poéticas. Con El gato negro del amor (Calambur), Murua desnuda una época reciente pulsando los botones de la palabra. Palabra serena para sentimientos intensos.

Amor, identidad, pérdida… ¿Son ejes del ‘El gato negro del amor’?
Es una obra muy personal, poemas muy íntimos. Más que del amor se habla del desamor, de la separación entre dos personas que se han querido mucho, que han estado muy unidas, y cómo se encuentran en ese abismo. Corresponde a una época personal muy crítica, a mi divorcio, pero para que no fuera todo tan biográfico, el escritor se da cuenta de que no puede caer ni en el grito, ni en la palabra malsonante, ni en el exhibicionismo. Hace un poemario sobre el desamor, pero con color, basado en el mundo de los gatos.

Que al principio son sombras y luego van cambiando…
Porque el desamor nos lleva a la luz, a la pasión, y, cuando acaba, al vacío, al desasosiego. Y en ese juego de gatos aparece simbólicamente lo que acontece a los seres humanos cuando se aman pero también se pelean en el amor.

Disección en canal, no en caliente…
Hay una cierta distancia y un juego literario. Coloco también otro tipo de realidades, como poemas que remiten a mis padres, un eje simbólico del matrimonio duradero de una generación que hoy en día se pierde, que concebía el amor y la vida de otra manera. En cuanto a la identidad, la voz poética se va colocando en diferentes lugares, y, como el gato, va marcando su terreno.

El marco influye en el retrato…
Es envolvente. Es un gato móvil, un amor móvil, metáfora de cualquier situación amorosa en cualquier parte del mundo. Es verdad que la realidad es muy urbana. Se retratan Vitoria, Zarautz, Toronto, Nueva York, como paisaje envolvente.

«Ante las cosas sencillas, que difícil es dar con las palabras en la diana». Y las palabras son diferentes en función de sitio o momento.
Y las palabras no se reconocen como tal. Lo que tú dices, la otra persona no lo entiende con esa misma intención, porque igual está viviendo la situación de otra forma. El desencuentro entre las palabras.
Como un e-mail o un sms no logran a veces transmitir una sensación…
Lo bueno que tiene la poesía es que puede explicar lo que muchas veces no puede explicar el sentimiento más racional o estructural.
Pero es una poesía muy narrativa…

Hay diferentes registros. Algunos narrativos, porque hay que explicar una historia. Otros más líricos, cuando habla el corazón, con sentimientos que muchas veces no sabemos poner en palabras. El poeta se desnuda.
Se deja llevar…

No. El control es exhaustivo. Hay una depuración formal increíble. No me valía la retórica para explicar esto. Tiene que ser una poesía con la que aciertes de lleno. Tienes que ir a la diana. Si no caes en todo lo peligroso que ha caído la poesía más romanticona, la más rosa. Para sustentar ese tema tan manido pero tan difícil en el campo poético, tienes que tener una voz muy serena.

Y que marque los tiempos, como el último ‘Falta un poema’.
Al principio hay un pórtico con un primer poema, El nombre de mi vida, y el final sería El reproche de mi vida. Pero falta un colofón para explicar una despedida muy esperanzadora. Pase lo que pase, en el amor lo mejor está por venir.

Son poemas de hace cinco años…
Está escrito entre 2005 y 2006 y fueron para mí un bálsamo en una situación crítica. Una especie de desahogo. Pero para que no se convirtiera en una vomitona radical está la magia, el oficio del poeta que con cierta distancia va introduciendo una trastienda literaria.

Y un barbecho, para retocar quizás.
No están nada retocados. Estos libros o se aceptan o no. Si es verdad que sufrí en la escritura -personalmente no lo estaba pasando bien-, en la reescritura me he reído bastante, me he reído de mí. Y también me he dado cuenta de que, aunque estaba hablando de tonos negros y blancos, finalmente es un juego de color, festivo, una alegría del amor. Hay un canto al amor.

‘Ahora que no te quiero, puedo decirte que te amo’…
Estamos hechos de contradicciones, de sentimientos difusos. Muchas veces no nos aclaramos con las palabras. La poesía permite eso. Poner en boca de los demás palabras que ellos no tienen, decir cosas que muchas veces el discurso racional no se atreve a decir. Lo haces con arte, con belleza, con ironía.

Y con metalingüística, con la palabra hablando de sí misma…
El lector se reconoce. A lo que aspiro con este libro es a que pueda recorrer un poquito de su propia biografía sentimental.

Un mapa para su propio viaje…
Un mapa donde los lugares los marca mi biografía sentimental. Es un libro profundo, con una carga de saber aceptar la derrota, el perdón; una filosófica no tan evidente; y una especie de humor que salva al final.

¿Y cómo ha sido otro final, el de su editorial, Bassarai?
Bien. Cerrar un ciclo. De hecho, El gato negro… cierra un ciclo también. Seguramente parezca que de un modo casi matemático. Pero no depende de ti, porque por una serie de vicisitudes se ha publicado ahora. Coincide con el final de la editorial, pero ese lado simbólico lo han traído el azar, la coincidencia.

¿Contento con lo aprendido?
Sigo aprendiendo constantemente como escritor. Tengo respeto por el lector, aunque a veces pienso que se equivoca. Y un respeto por el oficio increíble. Todos los días se aprende algo, no sólo las relaciones profesionales sino el modo artesanal de elaborar un libro. El gato negro…, en ese sentido, tiene un saber ser. Lleva el mundo sentimental al simbólico de los animales. No es nuevo. Está en fábulas, novelas, cuentos. Me ha servido para mirar a nuevas realidades como el color, que me sirve para el tiempo. Hay muchas lecturas, y, si el lector las ve, seguramente disfrute mucho más.
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Los zarpazos y caricias del querer

El Correo, noviembre 2011
Por Natxo Artuondo

Kepa Murua presenta hoy su poemario más íntimo, El gato negro del amor, en la Casa de Cultura de Vitoria. «El uso de los animales en la literatura, desde las fábulas, es una técnica bastante empleada», recuerda Kepa Murua. El poeta presentará hoy ‘El gato negro del amor’ (Calambur) en la casa de Cultura Ignacio Aldecoa, junto a Alex Oviedo (escritor y editor) y Ángela Mallén (escritora), a las 20.00 horas.

Se trata de «un poemario muy íntimo, personal. Y el tema del amor, si no lo tratas bien, puede ir hacia lo más ‘kitsch’ o romanticón». El poeta agrega que «es también una catarsis para el lector», con el mensaje de que «lo mejor está siempre por venir».

En esta nueva obra, «los gatos son un símbolo acertado de las relaciones humanas», valora el escritor. Pero también confiesa que «no conocía mucho el mundo de los gatos, y observé tanto a animales domésticos como callejeros -en Londres, Toronto o Nueva York- y hablé con gente que los tiene en su casa», ya que Murua quería que el artificio literario estuviera contenido por la propia etología de estos felinos. «Quería que hablaran por su manera de comportarse de unas relaciones tan complicadas como son el amor y el desamor. O la ternura».

En el libro, aparecen gatos de diversos colores (gris, azul), que hacen referencia a distintos aspectos de las relaciones afectivas humanas. El gato negro que da título al poemario es «el que se te cruza en el amor y te avisa de que algo sucede. En realidad, es para bien», matiza Murua para alejar la figura literaria del tópico del infortunio.

El felino aparece como una voz que reconforta y habla -del futuro, de la nostalgia, del amor y el desamor- al hombre, la voz masculina del poeta. Y es que se trata del trabajo más desnudo y autobiográfico de un autor que hace media docena de años atravesaba un proceso de divorcio. «Lo dejé en barbecho y, cuando lo retomé en el proceso de edición, vi que era más festivo de lo que recordaba, que me reía más de mí mismo, como válvula de escape», comenta el escritor, que también ha incorporado varios autorretratos poéticos «para apuntalar no sólo una voz masculina, sino una con nombre y apellidos».

El final de Bassarai
Con este enfoque, el poeta ha logrado «un poemario que empieza con la superación de unos amantes frente a una ruptura y termina con mucha luz y color». En este camino desde los momentos más bajos y duros hacia la esperanza y la vida, el escritor ha logrado guiar al lector con un trabajo cercano que, como no podía ser menos, engatusa a quien entra en sus páginas.

Pero el libro también tiene una banda sonora en sus palabras, tal y como recogen varios poemas. «La música tiene un lado pesimista maravilloso», describe Murua, que ha reflejado en su libro momentos de «soul o blues poético».

El gato negro del amor llega a las librerías en el mismo momento en que ‘Poesía sola, pura premonición’, del mismo autor, ha sido traducido al rumano. Y pocas semanas después de que Kepa Murua decidiera poner fin a tres lustros de Bassarai Ediciones. «En el equilibrio entre el editor y el poeta, ha vencido el autor», explica y achaca el fin de la editorial a «la transformación del libro tradicional al digital y a la crisis».
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La poesía es balsámica para el lector y el autor

El País, noviembre 2011
Por Eva Larrauri

Kepa Murua (Zarautz, 1962) estudió Filosofía y Letras en la Universidad del País Vasco y consiguió su licenciatura en Historia del Arte en Oviedo. A mediados de los años 90 del siglo XX regresó al País Vasco y fundó Bassarai Ediciones. Desde entonces mantuvo su trabajo de editor en paralelo a su vida de escritor, pero ninguno de sus libros fue publicado por Bassarai. El pasado verano la editiorial cesó su actividad. Además de una decena de poemarios, es autor de libros de ensayo y varios volúmenes realizados en colaboración con artistas de distintas disciplinas.

Kepa Murua anunció el pasado verano el cese de la actividad de la editorial Bassarai. Dejó de ser editor y poeta al mismo tiempo para dedicarse de lleno a la escritura. «Se acabó un ciclo profesional como editor; ahora empieza mi ciclo como escritor. No hay ningún drama por medio», explica con calma. Esta tarde presenta el primer libro de su nueva vida El gato negro del amor (Calambur) en la casa de Cultura Ignacio Aldecoa, de Vitoria (20 horas).
«El amor está muy manido y si no lo tratas bien puede caer en lo ‘kitsch»
Murua ha escrito ya 11 libros de poesía. «Es un trabajo de fondo. Estoy contento, cuando empecé no pensaba que iba a llegar a crear un cuerpo poético de este calibre», reconoce. El gato negro del amor es un libro autobiográfico en el que Murua abordó la crisis de su divorcio, con un cambio de registró que le llevo a adentrarse en la confesión. «Después del agotamiento físico y mental del anterior libro, Poesía sola, pura premonición, de más de 500 páginas, necesitaba caer en la confesión personal», explica. «Por eso el libro es breve pero intenso, íntimo, en el que se mezclan los sentimientos del amor y el desamor. Volví a la poesía confesional porque necesitaba contar cosas. Tuve que dejar de lado la irrealidad visionaria que aparecía en el libro anterior».

En su poesía Murua huye del artificio; en El gato negro del amor se encuentra minimalista. «Busca una poesía más sencilla, más narrativa, más fácil de entender. El tema del amor está muy manido en la poesía y si no lo tratas bien puede caer en el lado de lo kitsch, de lo más romanticón», añade. «El amor es un tema por excelencia en la poesía, pero a veces se les ha ido a los poetas de las manos. Yo quería una poesía concentrada, sin ningún tipo de retórica, en la que hablara de lo que nos duele y de lo que sufrimos con el amor y el desamor, pero también de la esperanza que nos da. El último poema deja la puerta abierta a la esperanza, a lo bueno que queda por venir».

Escribir un ensayo sobre el amor le parece una tarea imposible. La poesía, en cambio, ha puesto a su alcance imágenes con las que hablar del amor y al desamor con más facilidad, superar el miedo a exhibir su mundo más íntimo. «Es un tema muy espinoso. El poeta tiene que tener mucho respeto por lo que dice y por cómo lo va a entender el lector», precisa.

Murua asegura que El gato negro del amor le sirvió de cura. «Es un libro balsámico. La poesía lo es para el lector y el escritor. A la hora de escribir me dolieron algunas cosas, pero al volver a los poemas me he divertido mucho, me he reido de mí mismo al ver que no todo era tan negro. Es un libro con mucho color. El poeta se desnuda con un tema en el que no todo es sufrimiento, con una visión en calma. Finalmente, se descubre una fiesta del amor».

Nunca antes escribió un libro tan vinculado a su experiencia personal. «A veces se olvida que la ficción también es parte de la poesía. No por colocar un yo por delante es el poeta el que lo ha hecho. El poeta se puede meter en el cuerpo de otros y escoger otras voces», recuerda. No ocurre en esta ocasión y la utilización simbólica de los gatos ha ayudado a disimular el carácter autobiográfico de los poemas. «Cada gato se corresponde con un estado de ánimo, cada gato es de un color. Ahí encontré lo que yo llamo el aparato literario del libro», cuenta el autor. Y para hablar de otro amor Murua llevo a su libro la unión de sus padres. «Para que el libro no fuera una caída sin frenos al abismo, coloco, como una parte sustancial de mi biografía, el matrimonio duro y eficaz, tierno y amoroso, a su vez, de mis padres», dice. «Si bien no nos enseñaron a amar, nos mostraron en cambio su cariño».

El gato negro del amor es un libro viajero. Murua empezó a escribir los poemas en Londres, en 2005. Continuó el trabajo en Toronto y Nueva York y lo acabó en Vitoria en 2006. «Yo reconozco en cada poema donde está escrito. Cada uno de ellos tiene un paisaje diferente», afirma. Algunos acaban de cuajar, cree Murua, en el momento que se leen en voz alta ante el público. «Sin lectores, sin un público que escuche, el escritor no es nadie. Prefiero leer los poemas yo mismo porque cuando los he oído en otras voces no me he identificado. En los rapsodas he visto una teatralización que no corresponde con los poemas. La poesía será minoritaria y complementaria, pero siempre tendrá su espacio».
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Confesiones sobre El gato negro del amor

Luke, nº 133, noviembre 2011

El gato negro del amor es un libro íntimo. Hoy puedo sonreír al verlo, pero cómo escoció al escribirlo, pues son poemas que responden a una separación donde se plasman los juegos del amor o del desamor, el encuentro y el desencuentro entre las personas, la tristeza o la vaga esperanza de los amantes. No obstante, para que no fuera totalmente biográfico escribí un cuento poético con gatos, un juego sentimental con sus maneras de comportarse, como una realidad paralela en clara alusión a nuestras necesidades y anhelos.

El gato negro del amor contiene poemas muy personales que cambian el registro de mi escritura para volcarse en la confesión personal. Es un libro con poemas sentidos, pero si cuando los escribí, sufrí en la escritura, también sufrí en el corazón. Menos mal que mis gritos y preocupaciones no se escucharon más que dentro de las cuatro paredes de mi despacho y detrás de los frágiles tabiques de mi casa. Entre medio, en la corrección última del libro, especialmente en la lectura en voz alta de los poemas, he gozado por lo que he sido capaz de escribir y he saltado de alegría, como un niño, ante la sorpresa de una confesión o ante el dibujo logrado de un paisaje descriptivo y, como un hombre sin complejos, he sido consciente de cómo mi vida cerraba sus círculos con una naturalidad pasmosa. Puede que nadie entienda esta confesión. Sin embargo, ahora que soy capaz de echar la vista atrás, me río de un Kepa Murua tan serio y al que le preocupaba todo de una manera exagerada. Está bien tener cierta sensibilidad, pero, de la misma manera que no hay que dejar de sorprenderse por lo que se hace, se siente o se escribe, uno no puede ser el mismo ingenuo de siempre, a todas las horas del día y delante de todo el mundo. Podría rematar este apunte diciendo que todo estaba escrito para que así fuera. Podría, además, colocar las razones que envuelven a este tipo de confesiones o análisis –apenas me costaría un segundo–, pero no quiero parecer pretencioso, aunque es así como lo creo. Toda una vida pensando en los libros que voy a escribir en un tiempo futuro y ahora que echo un vistazo atrás, que me paro como nunca antes, veo que todo estaba ahí hasta que pudiera dar forma a mi vida y a la de la gente que me rodea. El presente está para vivirlo, no hay más remedio.

Es un libro de amor, autobiográfico, que comenzó a escribirse en Londres, en 2005, y que, tras su paso por Toronto y Nueva York, fue acabado en Vitoria en 2006. Hay un cambio de voz con respecto a mi obra anterior. Creo que aún existe un eco que desvela la escritura íntima que se vislumbra en No es nada, pero, más allá de la referencia filosófica de este poemario, la voz poética de El gato negro del amor se fija en las embestidas del corazón, “a pelo”, como suele decirse. No obstante, para que la pendiente del desamor no me llevara a la tristeza absoluta y arrastrara a los lectores al desconcierto, y como equilibrio, coloco el amor de mis padres, su concepción del amor, por lo menos su duración. Lo diré de nuevo: para contraponer el dolor del amor, para que el libro no fuera una caída sin frenos al abismo, coloco, como una parte sustancial de mi biografía, el matrimonio duro y eficaz, tierno y amoroso, a su vez, de los padres, que si bien no nos enseñaron a amar, nos mostraron en cambio su cariño.

También he adoptado otros riesgos. En algunos poemas, especialmente en aquellos que habla la amada, por ejemplo, he buscado una voz ingenua y clara, un tanto naif, para sentir la pureza de ese amor o ese deseo trastocado en el mundo de los sentimientos más comunes: el de los celos o la vergüenza, el de la duda o el enfado, el del rechazo o la indiferencia. En otras palabras, el de las tonterías que hacen los amantes. Y he optado por esa voz natural porque no me servían los registros a los que, por lo general, recurre la literatura en estos casos, como los de la locura o el vacío dolientes. Aquí no hay nada de eso, pues aunque se hable de lo que se hable, hay mucho color y, a veces, todo parece una fiesta, un tanto especial, de los sentidos y del cuerpo.

La idea de plasmar el amor bajo la influencia del mundo animal, de los gatos, aunque acertada, no es nueva. No tiene mucho mérito, pero he de reconocer que era cuestión de fijarse y dejarse llevar. Y sin embargo, mi fijación por los gatos –podría decir “por las gatas” perfectamente– fue tan intensa que mientras paseaba observaba los detalles de la vida animal en la ciudad. Los parques, las vías del tren y las calles de los centros urbanos son su refugio. Me pasó en Toronto, donde un gato vivía oculto a los ojos de la gente en el pequeño jardín de la urbanización. Me pasó en Nueva York: estaba solo, abrí el cuaderno y una gata se cruzó en mi camino para que pudiera escribir “El gato desde las alturas”. El poema que da título al libro lo escribí en Carshalton (Londres), en una casa donde un gatazo negro saltaba la valla y me miraba fijamente todas las mañanas cuando a primera hora me acercaba a la ventana de la habitación para mirar qué tiempo hacía. Fue allí cuando comencé a escribir estos poemas autobiográficos en un cuaderno amarillo. Entonces, no sabía lo que me esperaba, pero me he emocionado al leer el libro.

Kepa Murua, 26 de octubre de 2011
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Sobre el libro, «Poesía sola, pura premonición» de Kepa Murua

Tertulias poéticas, Jesús Rodríguez, noviembre de 2011

Lo primero que sorprende de este libro es su volumen: 542 páginas. Y no se trata, como podríamos pensar en un primer momento, de una recopilación, no, es un título más en la ya extensa obra de Kepa Murua. Libro, pues, de largo, larguísimo aliento y variadas formas, ya que, ojeando el libro, puede parecer que se trata de poesía vanguardista unas veces; otras, que estamos ante una obra surrealista; poesía cercana a la experiencia en otros poemas; o, incluso, poesía metafísica, dependiendo siempre de la página en la que nos paremos.

Pero el libro hay que leerlo poco a poco y entero para darnos cuenta de que, independientemente del verso en el que estemos, tiene una gran coherencia interna, y de que nos encontramos ante un autor herido por la nostalgia (Somos nostalgia de barro), que realiza un esfuerzo enorme por explicarse el mundo que le rodea, aunque a veces sucumba en este intento, porque el dolor se impone.

Libro múltiple, polifacético, borboteante de temas que se van entrelazando, en él siempre reconocemos la voz (clara unas veces, espesa otras) del autor en su personalísimo estilo, empeñado siempre en ser sincero consigo mismo, y consciente de que la palabra (es) el último refugio. Reflexión también sobre la función de la poesía:

Las palabras que amenazan.
Las que son pausa y son silencio.
Las que estaban al principio.
Las palabras reales. Las traducidas.
Las interpretadas en el alcance
de su verdadero significado.
Las que se sitúan alejadas
en el cierre de las frases.
en las imágenes servidas
con su eco transcurrido.
Las que hacen daño.
Las que calman.
Las que suenan viejas
como un susrro.
Las palabras que nos retratan.
Las que nos persiguen
porque sí sin saberlo.
Las que ríen con nosotros.
Las que nos consuelan
y se pierden en el recuerdo.
Estas que son sólo poesía
pura premonición.
¿Quién se atreverá
a reconocerse en ellas
y firmar su pulso inquieto?
Su verdadero significado.
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Revista Ping Pong

Kepa Murua (Presencias reales: la poesía española actual), junio de 2011

Ping Pong es una revista de poesía que opera en Santo Domingo (República Dominicana) desde abril del 2006. Es editada por Frank Báez y Giselle Rodríguez Cid.

-¿Cuál fue tu primer contacto con la publicación: recitales, revistas, premios…?
Me interesé por la literatura desde joven, en un principio lo hice como lector. En aquel tiempo recuerdo que tuve la oportunidad de asistir a actuaciones de música y de teatro, con algunos actos literarios de por medio, muy pocos, pues estos apenas destacaban en mi juventud. La revistas eran escasas, los recitales no existían tal como ahora, por lo que una vez que nos lanzamos a escribir tuvimos que fundar revistas y crear infraestructuras editoriales para difundir la poesía más moderna.

-¿Cuál es la imagen que piensas que se proyecta de la actual poesía en Hispanoamérica? ¿Consideras que se atiene a la realidad de la actual creación?
La imagen responde a una visión clásica. Esto se debe a la falta de información de los proyectos actuales o a que dicha información es muy tradicional.

-¿En estos momentos conoces o tienes referencias de la poesía dominicana y/o caribeña?
Gracias a las antologías que he podido leer y los libros que he ido comprando de un modo intuitivo e intermitente intuyo que conozco sólo un poco, por lo que mi visión de la poesía dominicana es bastante limitada.

-¿Consideras que hay algún blog interesante y con repercusión y/o trascendencia en el tejido poético español?
Hay varios que uno debería leer, pero ha de hacerse con tranquilidad, con distancia. Esto es como la crítica, parece importante, pero en el fondo, por lo menos para la misma creación, no lo es tanto.

-¿Qué relación mantienes con la poesía latinoamericana?
Mantengo una relación epistolar con algunos escritores, así como un intercambio de libros con poetas argentinos y mexicanos. También he tenido la oportunidad de trabajar con poetas uruguayos y brasileños. Me interesa conocer lo que acontece en cada lugar, pero si no puedes viajar a esos países es complicado reconocer lo que está pasando realmente en el mundo de la poesía latinoamericana.

-¿Y con la poesía europea?
Como editor he publicado libros de poesía europea y participo activamente en los debates literarios del momento gracias al intercambio de información con los diferentes autores y profesionales del sector. Asimismo, asisto a diferentes recitales que se organizan en España y en Europa con la intención de reconocer el actual pulso de la escritura poética.

-¿Cuál es tu sensación al encontrarte entre esas dos tradiciones?
Contradictoria. Por el idioma debería estar más unido a la poesía latinoamericana, pero no es así porque estoy más próximo a lo que se escribe y a cómo se entiende el mundo cultural en Europa que en Latinoamérica. No obstante, la poesía de Latinoamérica, cada poeta que descubro de cada país, es para mí una magnifica sorpresa en todos los sentidos.

-¿Qué relación crees que mantienes con las demás poéticas del estado español?
Cercana, sin prejuicios. La lengua no hace la literatura, pero de algún modo la marca. Me interesa lo que se escribe en otras lenguas como la catalana o la gallega. Con el euskera y el castellano, como soy bilingüe, ejerzo como tal. Como lector quiero informarme de lo que sucede con una visión plural, como agente editor, con una revista literaria digital en Internet, difundo poéticas diferentes, y como autor considero que es una necesidad que se publiquen libros de diferentes registros e intenciones literarias y que se traduzcan a otras lenguas con el fin de que se conozca la realidad literaria con una visión amplia.

-¿Cuáles opinas que son los referentes literarios a los que miras en tu poética?
Todo cambia según el libro que esté escribiendo, pero en mi caso busco conocerme y superarme a través de la escritura, de la misma manera que me gusta reconocer el mundo que habitamos. Mis lecturas son diversas, y van desde el campo del ensayo hasta la novela o la misma poesía. Incluso me atrae el mundo del arte y de la música en sí. Y sin embargo, como mis ojos están abiertos a lo que acontece, diferentes temas y asuntos de los más variado me pueden acompañar en un instante de mi itinerario poético.

-¿Qué papel piensas que juegan los creadores latinoamericanos residentes en España en la constitución del actual tejido poético?
Importante, porque los poetas latinoamericanos residentes en España no sólo difunden sus obras, sino que además nos acercan a otros escritores desconocidos en la península. Creo que su mirada aporta originalidad y distinción a la poesía española y moderniza el estilo o la lengua poética utilizada por todos.

-¿Qué consejo le darías al lector dominicano para acceder a buena poesía española?
Que lea a los autores contemporáneos, que investigue en los catálogos editoriales y que colabore con la revistas del momento. Que investigue, por último, en Internet, donde se puede ver y escuchar abundante material visual y sonoro de los últimos experimentos poético-visuales existentes en la Red.

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Kepa Murua y la poesía

Otro Lunes, Revista hispanoamericana de Cultura, marzo 2011, Año 5, 17
Sobre Poesía sola, pura premonición de Kepa Murua,
Ellago Ediciones, Pontevedra, 2010.

La obra poética de Kepa Murua (Zarautz, País Vasco, 1962), suma ya una decena de poemarios tras la reciente de publicación de Poesía sola, pura premonición (Ellago Ediciones. Pontevedra, 2010). Este crítico, ensayista, y director de la editorial Bassarai, lleva años poniendo en pie de guerra lírica su devoción por la palabra más precisa. Por eso, esta nueva entrega, supone respecto a anteriores trabajos, la confirmación de un proceso de depuración formal, en el que el poeta donostiarra comunica una concepción de lo humano sin máscaras, una exploración serena e intuitiva de cuanto gira en derredor del ser y su orteguiana circunstancia: ”Desaparecemos de la vida como volvemos de la muerte./ Ir, aunque sólo sea eso, no es como partir sin nadie al lado./ Ir juntos y saber que aunque acompañados estamos solos”.

Este volumen -que supera las quinientas páginas- aparece dividido en ocho Cuadernos, y reúne una importante muestra de una voz que pretende descifrar la realidad desde una conciencia en constante estado de alerta. La amplitud de este empeño responde también a un enfoque de subjetivismo donde caben un sinfín de deseos, miedos, dichas, sombras, derrotas…, que rozan a su vez diversos estadios que tratan, lo psicológico, lo mental, lo moral, lo material…. Tantas inquietudes, claro, implican una lectura -y obligada relectura- de necesaria concentración que no eclipse los hallazgos expresivos (“No lo parece, pero las sombras son puertas./ Los barrotes cerraduras, las caricias llaves/ que sujetan el pulso del pensamiento”), que no solape la carga existencial que destilan algunos versos (“Al tiempo interminable/ la costumbre de soñar/ como si lo demás no existiera”) y que no disminuya la carga lírica que guardan (“Poesía del hombre, poesía preñada./ Calco de la tierra y el reloj./ Hijos de la nada alucinada./ Poesía recíproca y estrellada./ Poema de sencillo paso. Alta y emancipada./ A la visión de dios entregados”).

Rica en testimonios y detalles, esta biografía del alma, es a la postre una larga reflexión que reproduce y reconstruye la forma de enfrentarse a la cotidiana existencia y mezclarse intensamente con ella, procurando alcanzar no sólo la sobriedad individualista sino las sensaciones y sentimientos que sean cómplices de nuestro esfuerzo vital. Porque aun viviendo en la compleja angustia de aguardar a la muerte, este yo poético invoca la serena dádiva de ser fulgurante y feraz emoción: “Cuando pasa el tiempo se teme de verdad al olvido (…) Se teme al amor que se ama con miedo/ al sentirse insignificante en la vida/ se teme mi palabra contra la tuya.”

Al cabo, y como apunta Francisco Villegas en su prefacio, la poesía de Kepa Murua “aparece como una idea perfectamente pensada, donde el poeta la ha escogido entre otras muchas y le ha dado forma para que nosotros la podamos ver en su plenitud, con la sombra que la acompaña, y la oscuridad que la engendra”. De todo ello, podrá hallar múltiples ejemplos, cuantos se acerquen a estos versos escritos y esenciados con pasión inagotable y frente a la sutil paradoja del homérico renacimiento.

Jorge de Arco
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El conocimiento de la conciencia y sus manifestaciones

Ciinoe, colección Criterios y Testimonios, Cuba-España, Febrero 2011
Por Francisco Garzón Céspedes

Dos libros de Kepa Murua.

Hacia la poesía tengo el compromiso y el destino del poeta, el amor del lector apasionado, entre mucho más de claridades y tinieblas y reclamos e irradiaciones, y nunca el instrumental del crítico literario que no soy. He leído muy recientemente, en este descubrimiento, a partir de vivir en España, de la poesía española más contemporánea (la anterior la he estudiado, degustado con fervor y deslumbramientos, aprehendido por años), dos libros de Kepa Murua (Zarautz, 1962, que además de poeta y escritor de otros textos es reconocido editor), que me han llegado amistosamente dedicados por su mano (el segundo a mi pedido a partir de lo que había conocido suelto por la Red y me había impresionado): Cavando la tierra con tus sueños (2000) y No es nada (2008), en cuidadas ediciones de la prestigiosa Calambur (Madrid).

Kepa Murua en estos dos libros es fiel a una voz poética propia, singular, hecha y a la par, y como debe ser, en ascenso, en desarrollo, una de las que más me ha impactado en las últimas décadas por sus excelencias: De sosegada transparencia, es capaz de la rotundidad, vislumbra y revela, sugiere y contiene, disecciona y critica, todo a fondo desde el conocimiento honesto y lúcido de la conciencia y de sus manifestaciones.

La poesía hecha dignidad y cúspide en estos dos libros de belleza, ritmo, y tanto y más de lo poético intrínseco; en estos libros de valentía y certezas humanas que con intensidad recomiendo para ahondar en el conocimiento del ser y de sus universos hoy.

«Poesía sola, pura premonición» o el poema en el punto de mira de la vida

Es un libro extenso, lo reconozco, son veinte años de escritura, un repaso a mi vida como poeta y a mis pensamientos en torno a la escritura. El primer poema se escribió cuando vivía en Berlín, hacia 1989, y el último se retocó en el proceso de las correcciones del libro que he titulado Poesía sola, pura premonición, un libro que tiene poemas del siglo XX para el sigo XXI y del XXI que recuerdan a finales del XX.

Poesía sola, pura premonición está dividido en siete espacios o cuadernos y un epílogo final con breves poemarios a modo de resumen y que termina con un capítulo esclarecedor: “Como he soñado”, que presenta las vivencias del poeta en medio del carácter premonitorio que nos concede el sueño.

El título del libro bebe de las fuentes de la poesía profética, de la evocación de las palabras, de lo que se ve, se intuye, se escribe y luego aparece más tarde o se cumple un día. “Sola” porque es poesía sola, porque está también sola, porque se presenta sin interferencias, a la espera de su descubrimiento, de un lector que interprete sus cambios, sus luces y sus sombras; y “premonitoria” porque nos abre los ojos al futuro cuando el poeta escribe de lo que ve y sucede sin más.

No es poesía del absurdo desde luego, no es poesía social ni expresionista, no es poesía narrativa ni oral, no es poesía mágica ni religiosa, y porque recurre a las formas y estilos de los diferentes lenguajes poéticos en uso, es poesía al límite que se confunde con el tiempo y las palabras que viven en el mismo tiempo. De poder ser algo, podría ser poesía del futuro.

Cada cuaderno está dividido en cuatro poemarios y cada poemario o capítulo tiene unos treinta poemas. El primer cuaderno se titula “Ventanas frente a frente”, y las ventanas aluden al mundo del paisaje y del hombre que mira y es observado a su vez. Vuelvo a los espacios del paisaje exterior e interior donde habitan los sueños y los recuerdos, y los anhelos se presentan con esas palabras que en los hombres se descubren diferentes hasta que el destino las junta de nuevo.

La vida manda a todos con su incierto paso. Al hombre le queda la poesía tanto como la memoria, que sin libertad se muere, porque lo que se sabe mira al pasado y lo que no se sabe contempla el presente. Entre medio, aparecen los temas poéticos como el descubrimiento del cuerpo o del amor cuando parece que la vida y la muerte no son lo que eran.

En el segundo cuaderno, el hombre se muestra como es, con sus heridas, con la piel quemada, porque así como existe lo que nadie ve y siente, lo que nadie pronuncia y se vive, lo que parecía imposible de descifrar más allá de las cosas, surge la realidad que nos rodea cuando vivimos en una sociedad que nos retrata. Y sin embargo, como nadie nos ve como somos, vivimos y sentimos el subterráneo, la oscuridad, surge el miedo, por lo que, por costumbre o por seguridad, volvemos a abrir las ventanas y regresamos a casa. Es evidente, no obstante, que lo que se ve no es importante frente a lo que parece que no existía cuando aparece la realidad más oculta.

En el cuaderno tercero, las puertas caen, las de la casa, las de la vida, las de la poesía. A la intemperie, el cielo queda de testigo y así cruza el aire el cuerpo de cada uno. Verse en medio de la nada nos lleva a pensar en lo que somos, en lo que decimos, en cómo vivimos. Es la búsqueda, pese a los dilemas posibles, pese a las injerencias en el camino o a las intermitencias que se cruzan en nuestro destino. Y en la búsqueda construimos el refugio, nuestra defensa, nuestro propio temor, Alzamos el lugar, que es una manera de vivir antes de que acontezca la muerte.

La muerte nos supera, nos sobrevive, nos oculta, nos delata y nos atemoriza. Pero antes, en la vida, debemos reconocer el polvo del conocimiento, la felicidad momentánea, el aislamiento y la integración en la sociedad en el presente y en el futuro. Podremos volver a la orilla del pasado e incluso a lo que hacemos en el presente con las palabras que se pronuncian como “te amo”, “te quiero”, o esas otras que se identifican con nuestro paso.

Son los pasos prohibidos, los errores cometidos, como un paso previo a la felicidad momentánea, a la presencia de la vida y de la poesía, a la presencia constante de quien vive y habla. Es vivir por lo que se dice, pese a todo. Tal vez no haya nada más real que lo que se dice y se vive como lo que muere al mismo tiempo. Por eso la poesía se confía en el silencio, en el eco de la palabra frente a unos y otros, frente al enfrentamiento entre los hombres, entre los que dicen y escuchan, los que ordenan y obedecen, con esos registros que explican la vida sin distinciones, sin matices, sin márgenes de error, sin posibilidades de derrota, sólo con proclamas de victoria, opulencia o beneficios.

Si miramos el pasado o el presente, y si nos pudiéramos instalar en el futuro, veríamos cristales derramados, ruinas, huesos, objetos que un hombre aprieta en sus manos y que sobreviven entre el polvo, los cascotes, los escombros y las ruinas. La luz debería iluminar el firmamento, el paisaje cercano, pero es entre las sombras donde respira la vida. Las sombras de una pistola en la mano, las sombras partidas del caos, las que nos llevan a jugar con la vida y la muerte, con el suicidio o el abandono, con las palabras más tristes y duras, con el poema en el punto de mira. Ese poema de la verdad, de la ausencia, premonitorio que nos dice en qué nos convertiremos algún día.

Y sin embargo, la poesía constata la diferencia entre la vida y la muerte porque el hombre y la palabra existen pese a las desilusiones, pese a la miseria, cuando se vive el presente: el ahora, el tiempo lento, que toma distancia de lo que ocurre y sentimos para ser de verdad uno en el cuerpo, uno con su desgarro, uno con las palabras que se pronuncian o vienen sin más con la presencia del individuo, con la evidencia del amor, de la felicidad, incluso del dolor y del sufrimiento en ese último tránsito, antes del juicio final o en ese vivir en libertad tal como quisimos antes de la verdadera muerte.

Al final del proceso, el sueño o el descanso vuelven a enumerar lo vivido. En “Como he soñado” se pueden leer los poemas que hablan del paisaje, de los sentimientos, de la palabra, del tiempo, de la divinidad, del viaje, del final mismo. Son los treinta últimos poemas que resumen los treinta capítulos que contienen los ocho cuadernos.

La premonición es la poesía que se rebela ante el recuerdo. “Si del silencio nace la palabra, del sueño la premonición” afirmo en uno de los poemas que bucean en el significado de las palabras que nos avisan, no sólo de lo que fuimos sino de lo que seremos, como en un siglo veinte o en un siglo veintiuno donde el recuerdo se interroga por lo que viviremos.

Es la unión entre el tiempo y la vida, entre el hombre y el poeta, entre la realidad más evidente y las percepciones más extrañas que nos explican la presencia del individuo ante el paisaje. Poesía sola, pura premonición se encuentra en el límite de lo real y lo imaginario y vive en medio de las palabras que nos sitúan en el fondo de un porvenir que se descubre en una mirada poética aparentemente difusa.

Sé que he escrito un libro extraño, pero puedo decir que todo en él está medido y clasificado, ordenado y sentido, observado y vivido, escrito y leído en un tono único y en unas medidas exactas. La atmósfera es propia de la poesía del futuro, pero la presencia es la de un hombre que se interroga por su vida en cualquier tiempo y lugar, de este u otros mundos posibles, porque de la misma imposibilidad de conocer su destino nace la poesía sola.

km, 14 de abril de 2010

Premonición es lo que se escribe, se siente y sucede después

Mugalari, mayo 2010

Kepa Murua ha publicado Poesía sola, pura premonición. Sus casi seiscientos poemas revelan una composición que empezó hace veinte años, cuando Murua abrió siete cuadernos donde plasmar su visión de la vida y la poesía. Como resultado, un proyecto unitario que aglutina temas, estilos y miradas muy diversas.

Murua nos recibe en Gasteiz, donde trabaja y saca adelante su otro gran proyecto, Bassarai, la editorial que nos ha descubierto a fascinantes poetas europeos como Nordbrandt o Fischerová, o narradores tan personales como Adamek, Genazino o  Rifbjerg. Rompiendo el tópico del artista ensimismado, Murua sorprende por el orden de su oficina: una mesa despejada, un pequeño ordenador blanco y una agenda donde apunta los eventos de la semana. Y en medio, un grueso volumen titulado Poesía pura, pura premonición. Atrás quedan títulos como No es nada, Las manos en alto, la trilogía Itxina-Flysch-Faber o Un lugar por nosotros.

R.: ¿Ha cambiado de editorial?
P.: No exactamente. Tras la publicación de No es nada mantengo mi relación con Calambur. Sin embargo, con ocasión de la publicación del ensayo Del interés del arte por otras cosas por Ellago Ediciones, hablé de este libro a Francisco Villegas, quien aceptó ilusionado el reto de publicar, cuando la ocasión fuera propicia, un libro de este calibre.

R.: La obra sorprende al instante por su extensión.
P.: Sí. El trabajo poético de los libros anteriores resulta importante en mi biografía personal y literaria, pero este era mi trabajo más continuo y oculto. El cambio también se aprecia en una voz más serena. Además, tras veinte años necesitaba un resumen sobre el hombre, la poesía o la creación desde un punto de vista muy amplio. Por ejemplo, en No es nada se refleja algo tan concreto como el dolor y la esperanza. Aquí, en cambio, toco muchos temas, estilos y miradas.

P.: ¿Qué es Poesía pura, pura premonición?
R.: Ante todo, no es una antología. Reconozco que es un libro extenso; recoge veinte años de escritura, un repaso a mi vida como poeta y a mis pensamientos en torno a la escritura. El primer poema se escribió cuando vivía en Berlín, hacia 1989, y el último se retocó durante las correcciones, por lo que es un libro que contiene poemas del siglo XX para el siglo XXI y poemas del XXI que recuerdan a finales del XX.

P.: ¿Hay una estructura?
R.: El libro se divide en siete espacios o cuadernos, y un epílogo final con breves poemarios a modo de resumen que termina con un capítulo esclarecedor: “Como he soñado”. En él se presentan las vivencias del poeta en medio del carácter premonitorio que nos concede el sueño. Cada cuaderno está dividido en cuatro poemarios, cada uno de los cuales tiene unos sesenta poemas.

P.: ¿Con qué se encuentra el lector al abrir el libro?
R.: El primer cuaderno se titula “Ventanas frente a frente”, que aluden al mundo del paisaje y del hombre que mira y es observado a su vez. Vuelvo a los espacios del paisaje exterior e interior donde habitan los sueños y los recuerdos, y los anhelos se presentan con esas palabras que en las personas se descubren diferentes hasta que el destino las junta de nuevo.

P.: Por tanto, ¿puede decirse que la vida aparece en el libro antes que la poesía?
R.: La vida manda a todos con su paso incierto. Al hombre le queda la poesía tanto como la memoria, que sin libertad se muere, porque lo que se sabe mira al pasado y lo que no se sabe contempla el presente. Entre medio, aparecen temas poéticos como el descubrimiento del cuerpo o del amor cuando parece que la vida y la muerte no son lo que eran.

P.: ¿Por qué “poesía sola”? ¿Y por qué “premonición”?
R.: El título bebe de las fuentes de la poesía profética, de la evocación de las palabras, de lo que se ve, se intuye, se escribe y aparece más tarde o se cumple un día. Es poesía sola porque está también sola, porque se presenta sin interferencias, a la espera de su descubrimiento por un lector que interprete sus cambios, luces y sombras. Y es premonitoria porque nos abre los ojos al futuro cuando el poeta escribe de lo que ve y sucede sin más.

P.: Siento intriga. ¿Qué es la premonición?
R.: Aquello que se escribe, se siente y sucede después.

P.: ¿Y han sucedo tales cosas?
R.: Sí, muchas de las que se escribieron han sucedido. Por el contrario, hay otras que no, porque se juega con una escritura al límite.

P.: Escribe en un poema lo siguiente: “Si del silencio nace la palabra, del sueño la premonición”.
R.: Lo afirmo en uno de los poemas que bucean en el significado de las palabras, que nos avisan no sólo de lo que fuimos, sino también de lo que seremos, como en un siglo donde el recuerdo se interroga por lo que viviremos. La premonición es también la poesía que se rebela ante el recuerdo.

P.: Habla de recuerdo, pero ¿qué papel desempeña la imaginación –para algunos restringida a la narrativa– en su poesía?
R.: Hay corrientes que identifican la poesía con un yo poético muy fuerte, pero desde hace mucho tiempo también hay autores que trabajamos con un yo poético camuflado que cuenta cosas que no le han ocurrido o que pone experiencias propias en boca de otras voces. Eso no significa, con todo, que no haya sentimiento.

P.: Si no me equivoco, lo hizo en No es nada.
R.: Sí, no soy una mujer, pero en ese libro hay una voz femenina. Además, la imaginación también debe estar en la poesía para, por ejemplo, recrearse en diferentes paisajes.

P.: Volvamos a su nuevo libro. En él hay momentos duros. ¿Qué sucede en el segundo cuaderno, donde irrumpe el miedo?
R.: En el segundo cuaderno, el hombre se muestra como es, con sus heridas, con la piel quemada, porque así como existe lo que nadie ve y siente, lo que nadie pronuncia y se vive, lo que parecía imposible de descifrar más allá de las cosas, surge la realidad que nos rodea cuando vivimos en una sociedad que nos retrata.

P.: Que nos retrata y, al mismo tiempo, nos desconoce.
R.: Sí. Lo que se ve no es importante frente a lo que parece que no existía cuando aparece la realidad más oculta. Como nadie nos ve como somos, vivimos y sentimos el subterráneo, la oscuridad. Surge el miedo, por lo que, por costumbre o por seguridad, volvemos a abrir las ventanas y regresamos a casa.

P.: ¿Y se encuentra la seguridad en ella?
R.: En el cuaderno tercero, las puertas caen, las de la casa, las de la vida, las de la poesía. A la intemperie, el cielo queda de testigo.

P.: ¿Como si quedáramos solos ante la nada?
R.: Verse en medio de la nada nos lleva a pensar en lo que somos, en lo que decimos, en cómo vivimos. Es la búsqueda, pese a los dilemas posibles, pese a las injerencias en el camino o a las intermitencias que se cruzan en nuestro destino. Y en la búsqueda construimos el refugio, nuestra defensa, nuestro propio temor. Alzamos el lugar, que es una manera de vivir antes de que acontezca la muerte.

P.: ¿La muerte sigue siendo la única verdad?
R.: La muerte nos supera, nos sobrevive, nos oculta, nos delata y nos atemoriza. Pero antes, en la vida, debemos reconocer el polvo del conocimiento, la felicidad momentánea, el aislamiento y la integración en la sociedad del presente y del futuro.

P.: ¿Y cómo imagina esa sociedad del futuro? ¿Ayuda la política?
R.: Creo que todos estamos muy confundidos. La política debería dejar de interpretarse como los intereses de cada grupo. Habría que buscar postulados de convivencia y tolerancia en clave moderna, es decir, metiéndonos en la piel del otro, que viene a ser como el lector en literatura. La política necesita del ciudadano desconocido. Además, y aunque cualquier ciudadano puede contar experiencias decepcionantes en relación con la política, tenemos que mirarla de manera optimista porque, de lo contrario, volvemos al caos, a las ruinas y a las sombras, lo que degenera en guerra y barbarie. Suele ser entonces cuando nos llaman a los poetas.

P.: ¿Cómo termina el libro?
R.: Al final del proceso, el sueño o el descanso vuelven a enumerar lo vivido. En “Como he soñado” se pueden leer los poemas que hablan del paisaje, de los sentimientos, de la palabra, del tiempo, de la divinidad, del viaje, del final mismo. Son los treinta últimos poemas, que resumen los treinta capítulos que contienen los ocho cuadernos.

P.: ¿Inscribiría este libro en alguna corriente poética actual?
R.: Creo que no es poesía del absurdo, desde luego, ni poesía social o expresionista. Tampoco la veo como poesía narrativa ni oral, mágica o religiosa. Como recurre a las formas y estilos de los diferentes lenguajes poéticos en uso, es poesía al límite que se confunde con el tiempo y las palabras que viven en el mismo tiempo. De poder ser algo, podría ser poesía del futuro.

P.: El lector, por tanto, se enfrenta a un libro exigente.
R.: Sé que he escrito un libro extraño, pero todo en él está medido y clasificado, ordenado y sentido, observado y vivido, escrito y leído en un tono único y en unas medidas exactas. La atmósfera es propia de la poesía del futuro, pero la presencia es la de un hombre que se interroga por su vida en cualquier tiempo y lugar, de este u otros mundos posibles, porque de la misma imposibilidad de conocer su destino nace la poesía sola.

P.: ¿La poesía da la razón al futuro?
R.: La poesía es parte del futuro.

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P.: ¿Qué fue de la salvaje inocencia?
R.: No se pierde. En este libro queda algo del chispazo en los ojos de aquel chaval que escondía una forma de ver el mundo que con el tiempo se va aclarando y que, con cierta ingenuidad, estaba entonces y ahora. No voy a decir que me mantengo puro, porque, como suele decirse, todos cometemos pecados y los años pasan, pero hay que pensar que merece la pena respirar y abrir los ojos todos los días.

P.: ¿Qué tal se lleva con el paisaje?
R.: Muy bien, creo que soy algo pietista. Cuando quiero reflejar la trascendencia, de la que todo el mundo habla, recurro al paisaje y a la solidez de la naturaleza frente a la fragilidad del hombre. Soy contemplativo. Me gusta mirar el mar, pero también la montaña o la ciudad, porque busco mis momentos para vivir en soledad, y el paisaje me da no sólo belleza, sino también tranquilidad para encontrar el silencio con el que hablar conmigo y reflejarme. Sin olvidar la humildad que transmiten una colina o el mar: uno se da cuenta de la poca importancia que tiene el individuo, que no el ser humano.

P.: Y cuando se retira del paisaje, ¿qué hace?
R.: Nadar. Y también escuchar música. Rock and roll, mucho jazz o clásica. Me gustan Messiaen, Stravinsky o Chopin, o autores actuales, no clásicos, como Franco Battiato.

P.: ¿Qué escucharía por la mañana?
R.: La música barroca es perfecta para un domingo por la mañana.
P. R. T.

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