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Categoría: Opinión Página 3 de 17

Balenciaga, el artista de la moda

Una semblanza de uno de los grandes creadores de alta costura del siglo XX.
Revista «El Corredor Mediterráneo», nº 961, Argentina, 23 de junio de 2021.

A raíz de la publicación de Elegancia, una novela que tiene como protagonista a Cristóbal Balenciaga, se me ha interrogado sobre mi interés por la moda, así como por otros asuntos importantes de su biografía y que responden a cuestiones relacionadas con el trabajo del modisto, como pueden ser la relación con las clientas o el mobiliario de las tiendas que fundó en San Sebastián, Madrid o París, por citar algunos ejemplos.

Es verdad que durante tiempo revisé sus catálogos y dibujos a conciencia y analicé su vida, pero una vez que me puse a escribir sobre él, traté de olvidar los hechos que se mencionaban para adentrarme en una novela que pudiera mostrar el pensamiento de un hombre que llegó a transformar el mundo de la moda y cambió la manera de vestir de las mujeres.

En una de las entrevistas digo: “Cristóbal Balenciaga es uno de los grandes artistas del siglo XX y los libros que hay sobre él, aunque interesantes, no van más allá de la biografía con fechas y detalles de su vida en la que no profundizan en una mirada que a mí sí me interesa como escritor: esa que indaga en su oficio y reflexiona sobre su manera de ver la vida”. Ante la pregunta de ¿qué es lo que más te llamó la atención de su figura?, la respuesta es firme:la confianza de Balenciaga en el arte que permanece en el tiempo frente a la fragilidad de la moda, me hizo pensar en la solidez de su carácter y en las convicciones que tenía como modisto, pero lo que más me llamó la atención fue su discreción o esa reserva, podría decirse típicamente vasca, que combinó con la osadía para presentar su trabajo al mundo con acierto”.

Cristóbal Balenciaga nació en Getaria, un pueblo de la costa vasca, bañado por el mar Cantábrico, situado a unos kilómetros de Zarautz, donde yo nací. De joven oí hablar de él; yo soy un buen escuchador y mi mente guardó esas historias hasta convencerme de que detrás de lo que se decía había algo más que moda. La labor de lectura sobre el modisto y los viajes al museo Balenciaga se intercalaron durante años con apuntes sobre el oficio de coser o de vestir y fueron el germen de esta novela titulada Elegancia.

Para escribirla volvía a Getaria, visitaba el museo, analizaba sus vestidos, paseaba por las calles del pueblo, me sentaba cerca del mar e, incluso, fui a visitar su tumba al cementerio. Es tal como lo pensaba: discreta, sin adornos. Cuando todo estaba dentro de mí, más o menos organizado, no tuve más elección que olvidarme de lo que se había dicho sobre el modisto para que fuera Balenciaga quien hablara y para que los que le rodeaban mostraran sus pensamientos sobre el maestro.

Fue un modisto que triunfó con sus colecciones y que elevó la moda a la categoría de arte; sin embargo, en un plano más íntimo o personal, no le gustaba hablar en público y no concedía entrevistas; era reconocido por su ropa. Sus manos cosían el vestido dibujado previamente en la cabeza, conocía el oficio de tejer y cortar como pocos y finalmente, por eso mismo, dejaba que su obra hablara por él. Yo he querido mostrar su vida a través de su arte. Es la libertad que concede la narración, la autonomía que tiene la ficción, pero el tono del protagonista es calmado, su voz es reflexiva, pues en la vida real no necesitaba llamar la atención para explicarse ni tampoco gritar para que le hicieran caso.

De Getaria también es Juan Sebastián Elcano, el primer navegante que dio la vuelta al mundo. Si pueden visitar el pueblo, en un paisaje que funde el monte con el mar, se puede admirar a unos metros del museo Balenciaga, el monumento que Victorio Macho realizó para conmemorar la gesta del marino. Las calles son estrechas, las casas están juntas y el puerto se adentra en el agua. Desde el mar, el navegante ve la iglesia. A un lado, un detalle no puede pasar desapercibido: una montañita a la que popularmente se le llama, “el ratón de Getaria”, cantado con sencillez por Gabriel Celaya en sus poemas, sostiene un faro que alumbra a los marineros el camino de regreso, después de las jornadas de pesca en medio de la lluvia o la tormenta.

En el puerto las cosas han cambiado; ya son años desde que Balenciaga nos dejó, pero en mi imaginación todo comienza con unas tejedoras que arreglan las redes de los marineros que salen a pescar en sus barcos, pues esas redes que surcan los mares son las que cosen las biografías de los navegantes en tierra; la misma que remendaban Cristóbal Balenciaga y su madre, quizá la figura más tierna de la novela, pues no solo le enseñó a coser, sino que, después de incansables jornadas de trabajo con aguja e hilo durante el día o una máquina de coser que se movía con pedales por la noche, lo instruyó para convertirse en el modisto que vistió con libertad a cualquier mujer que quisiera sentirse bella.

Elegancia habla de un modisto delicado y de un hombre adelantado a su tiempo, emboscado en un silencio sostenido, en una reserva que podría confundirse con la timidez que presenta aquel que no habla bien una nueva lengua y debe traducir sus pensamientos en nuevas ciudades; un costurero con una inteligencia audaz que se apoya en una mirada minuciosa, detenida tras la cortina que divide el atelier de su casa, y desde donde puede observar lo que pasa en la historia para atender a sus clientas y poder vivir, mientras tanto, de su arte.

Todo nace de un padre y de una madre, del lugar donde se vive de niño. En el caso de Balenciaga, de un pueblo con mar, de un marino que falleció cuando él era un muchacho y de una costurera que le enseñó el oficio de coser mientras le orientaba en el oficio más difícil: el de la vida, donde irrumpen otros nombres, como los de los amigos que confiaron en su arte o el de su gran amor que le abrió las puertas al mundo más refinado y que también falleció, en un tiempo cercano al de la desaparición de la madre.

En mis investigaciones para escribir el libro, me llamó la atención cómo el modisto cambiaba los colores de sus vestidos cuando celebraba la vida y cómo respondía a la nostalgia que lo embargaba con tonos que proyectaban sombras distintas, mientras enseñaba a sus colaboradores a tratar con mimo la tela y a las modelos a desfilar con soltura y firmeza, con la cabeza alta y la espalda erguida. Esas personas me mostraron la admiración que le profesaban las personas que trabajaron con él.

No es necesario copiar los halagos recibidos en diferentes épocas por el modisto ni creo que sea necesario mencionar los logros obtenidos por las colecciones de Cristóbal Balenciaga para pensar en su singularidad, tanto en el mundo de la moda como en el del arte. En un silencio impuesto para trabajar a conciencia, roto solo por el uso de los utensilios de coser, Balenciaga se muestra ante los demás con la humildad que proyectan los que saben lo que hacen y creen que el arte perdura.

Sus vestidos están vinculados entre sí por un hilo que enhebra cortes irreconocibles y las pocas frases que salieron de sus labios, con las que insistía en el valor de las telas o reivindicaba el oficio de modisto, son recordadas por sus seguidores y admiradores. Yo solo doy voz a lo que Cristóbal Balenciaga pensó y no dijo ante la gente: “pasé de ser un aprendiz a convertirme en un sastre con posibilidades. Conocí el valor de los tejidos de calidad y superé la timidez del trato con la clientela. Dibujar los vestidos, pintarlos, vestirlos, todo era parte del oficio; tardé en saber que una manga era perfecta si parecía pintada. Tampoco sabía que un vestidor era como un pintor o que un sastre podría convertirse en un artista, en un pintor o en un escultor, por ejemplo, porque un vestido vale lo que un cuadro o una escultura a la que la luz envuelve desde diferentes ángulos.”

Esos ángulos que recorren el cuerpo son los límites que bordean el mundo de Balenciaga que, como Elcano, fue un navegante visionario, acompañado de unos pocos fieles que creyeron en él desde que abriera la primera tienda en San Sebastián y pese a los avatares de los tiempos, como pueden ser la IIª Guerra Mundial que asoló París, donde el costurero se había asentado tras abandonar España debido a la Guerra Civil que unos años antes trastocó de golpe su vida de modisto reconocido.

Nadie como un ser silencioso y delicado para dirigir con destreza y sabiduría un barco de esa envergadura como es la casa Balenciaga que perdura aún hoy, mientras insiste en influir en el mundo de la moda, tal como lo hacía con cada colección el maestro. Algún periodista me ha preguntado por qué en la cima de su trabajo, en pleno éxito, el modisto se retiró, cerró sus tiendas y se apartó. Puede que nadie lo sepa, pero podría ser que ese misterio tuviera una respuesta: Cristóbal Balenciaga sabía que debía volver a ese mar desde donde empezó su viaje para dar la vuelta al mundo en un barco que llevaba unas redes y una vela cosidas por sus manos, tal como lo hacía su padre con las que tejía su madre. Desde el mar todo se ve de otra manera: la iglesia de Getaria tiene un color diferente para cada momento.

© km, junio de 2021.

Sobre la elegancia

La elegancia no es una imposición, ni una manera de vestir o de maquillarse. La realidad de la elegancia dignifica el brillo de las cosas naturales como premia la belleza en total libertad, tiempo y edad. Se puede buscar la belleza en el exterior y sentir el arte como una representación de la vida, pero, al igual que la realidad, la belleza cambia con el tiempo. El gusto siempre va unido a un concepto propio de elegancia que cada uno debe saber cómo encontrar, sea hombre o mujer, de allí la libertad.

La necesidad de exisitir

Un poeta debe ser un hombre libre y mantener su intimidad a salvo, como un elemento indispensable de su creación. Ha de ser independiente y crítico con la cultura oficial, así como con la política dominante y ha de basar su fuerza en un juicio honesto consigo mismo, pero que tenga en cuenta las necesidades de los demás. No ha de ser engreído y sí inconformista. No ha de ser hostil, pero sí auténtico y ha de estar tocado por un fino sentido del humor donde el elemento de la broma sea él mismo. Ha de aceptar sus miserias y derrotas tanto como los halagos y los posibles éxitos, y ha de aceptarse con humildad y alegría, no mostrándose ni artificial ni interesado. No puede faltar con sus actos a la dignidad que se merece ni al respeto que ha de tener por los demás. Ha de ser fresco si puede, original si sabe, creativo, inventivo, libre e, incluso, reconocer si se ha mentido a sí mismo en algún momento. Ha de saber vivir intensamente, sin excesos, con pocas cosas que le conforten, austero; de la misma manera ha de sentir intensamente las relaciones con la gente, con los animales y la naturaleza. Ha de admirar el silencio, la bondad y la belleza, incluso en las cosas desagradables ha de comprender la armonía del mundo. Ha de saber hablar, pero antes ha de saber escuchar. Ha de saber escribir, expresarse si se lo piden, hablar con sencillez y profundidad. Dudar mucho hasta que aprenda a dudar lo justo y nunca desdecirse ni en el amor ni en la guerra ni en el trabajo ni en la fiesta. Descansar si se lo pide el cuerpo, dotar al cuerpo de un vértigo inconcluso que se define como alma. Sentir el alma de todos en las palabras y dejar que vuelen como sombras libres que al final alcanzan su luz y su plenitud.

Me digo a menudo: yo soy uno con el universo y el universo es uno conmigo y la necesidad de existir es mi necesidad y la paz de encontrar un equilibrio es mi destino. El éxito está en intentarlo siempre. En la magia de reconocerse en los otros. Por eso no pongo límites al conocimiento y soy osado con los sentimientos mientras vivo el presente. Lo mejor está por venir, también me digo. Soy mi cuerpo y la fuerza que tengo tiene su razón en mi determinación, pues he de ser humilde tanto como ambicioso si quiero prosperar y conocerme. No tengo límites en lo que hago y ha llegado un momento en el que cada vez me siento mejor y, además, domino ese proceso que he asumido como propio, aunque a veces se me olvide quién soy y no recuerde la importancia de lo que hago.

© Fotografía: Raúl Fijo.


Revista Corredor Mediterráneo, nº 959, 9 de junio de 2021.

Impresiones sobre los Premios

Tras la experiencia que he tenido con los premios, me vendrá bien explicarme en voz alta y escribir unas líneas sobre el Premio Euskadi de este año 2021, a los que se pueden presentar los títulos editados en el año anterior. La decepción es grande, soy de los que pide que se lea a los autores para saber si son buenos o no, pero las respuestas que recibo de los miembros del tribunal son confusas. Algunos hablan de las peculiaridades de las bases del premio, como que el plazo para la presentación de los libros ya ha finalizado y otros aseguran que desconocían que hubiera publicado libros en el 2020 como La carretera de la costa o Cambiar con la escritura. La pregunta que me hago es cómo no lo sabían si han aparecido en los medios, se han reseñado en las revistas literarias y La carretera de la costa, por ejemplo, ha conseguido en poco tiempo una segunda impresión, en un año, además, como fue el 2020, tan triste y dramático para la mayoría, y en el que se publicaron escasos libros.

Intuyo que no todos los autores tienen la misma opción y las mismas oportunidades o que los expertos contratados no hacen bien el trabajo como algunos pensamos que deberían hacerlo. Al paso que vamos, podría ser que alguno de ellos dijera, de cara al próximo Premio Euskadi de 2022, que yo no he publicado libros como Elegancia o Trilogía del corazón en este 2021. ¡Ay de mí si se me ocurriera publicar alguno más!; podría ser que hasta me convencieran de que ni siquiera los he escrito yo o que, incluso, no existe Kepa Murua, ese escritor prolífico que publica libros que los lectores no encuentran en el año de su salida al mercado y que ningún experto es capaz de localizar al año siguiente de su aparición. ¿Pudiera ser que estuvieran agotados porque él mismo se los guarda para mantenerse como un autor de culto, aislado y secreto? Se ha de ser elegante, es verdad, pero con estos expertos cualquiera que lea más de un buen libro termina decepcionado.

Kepa Murua
https://es.wikipedia.org/wiki/Kepa_Murua

© Fotografía: Raúl Fijo.

Cuando lo anormal parece normal

Una reflexión breve a los ciudadanos de Colombia

Es algo que siento en muchos lugares que visito: lo que para la gente es normal, para quien lo observa con distancia no lo es. Los vascos, por ejemplo, vivimos como normales situaciones que no lo eran, como el mundo de la droga o el terrorismo, pues los de mi edad no habíamos conocido otra cosa; incluso en esta fatal normalidad se podría incluir la corrupción política o la cultura antidemocrática de los gobernantes. Pero abrimos los ojos y supimos reaccionar a tiempo. Al principio fue una palabra pronunciada en voz baja; luego, una confesión personal a un amigo de confianza, seguida de otras reflexiones conjuntas con más personas; más tarde fue una conversación sobre eso que se vivía como normal, y que en el fondo no lo era, con aquellos que se rebelaban contra lo que sucedía y querían vivir diferente. Hubo discusiones familiares y en las confrontaciones con los amigos hubo distancias y acercamientos. Fueron pasos inevitables que se dan hasta que un día –que no se sabe muy bien por qué llega– cambia la mirada de la gente y con ello el país cambia su estilo de vida y la manera de comprender su propia realidad y, por eso mismo, no quiere que la barbarie se repita.

Kepa Murua
https://es.wikipedia.org/wiki/Kepa_Murua

Así se pensaba entonces

Nuestros padres no tuvieron una cultura donde se sintieran libres, pero nos mostraron el valor de la honestidad con su trabajo. En un país analfabeto ellos aportaron su esfuerzo para dar una carrera a sus hijos, así se pensaba entonces. En aquel tiempo, la cultura se rechazaba ante la fuerza de cualquier oficio que sacara adelante a la familia, los padres se partían el espinazo para dar de comer a sus hijos y ofrecer unos estudios que no estaban al alcance de todos. Esos hombres y mujeres, que no supieron mostrar la ternura debida, se volcaron en una educación anquilosada en viejas costumbres. Lo hicieron para que sus herederos tuvieran lo que ellos, por avatares de la vida, no pudieron tener al alcance de su mano, así se decía entonces. Pero la escuela tampoco ofrecía milagros. Los profesores estaban chapados a la antigua, las aulas eran rancias y apenas existían estudios que se correspondían con una modernidad que se descubría en otras universidades extranjeras si uno tenía la oportunidad de viajar un poco. Porque tampoco nuestros padres pudieron viajar mucho. Sus pasos estaban encaminados de lunes a viernes en un ir y venir de casa a la fábrica y de la fábrica a casa como una condena que se arrastraba alegremente con cierto trasfondo religioso. Un esfuerzo más por el futuro de sus hijos, así se decía entonces. Un efímero sueño que pasaba por una educación que les mostraba otro tipo de vida para moverse por el mundo.

Pero a menudo el mundo no se identifica con la vida que llevamos y aquel esfuerzo no tuvo un reflejo en el cambio que conlleva el relevo de una generación a otra, cuando los problemas se supeditan a la interpretación que se hace de la realidad cotidiana. Algunos pensamos que toda cultura tiene su reflejo en la ignorancia que atrapa a cualquier generación a la hora de reflexionar sobre la vida inmediata. La cultura no puede hacer milagros de la noche a la mañana y una sociedad que la ha despreciado de continuo no puede salir del atolladero con intuiciones sacadas de cualquier manual de autopromoción ciudadana. La cultura es un arma en el mundo de la política cuando la economía tampoco ofrece una salida digna a los problemas que tenemos. Pero la educación de los jóvenes se impone en la sociedad como imprescindible para que nuestros hijos no cometan los errores que aún cometemos en pleno siglo XXI.

Deberíamos recordar los fracasos que nos transmitieron nuestros padres para evitar que la cultura que viene nos lleve de casa al lugar de trabajo, tal como les sucedió a ellos. Aunque al paso que vamos, por mucho que algunos se llenen ahora la boca con palabras que consideran cultas, puede que no vayamos a ninguna parte. Podríamos pensar incluso que, pese a que parezca que somos más libres, no somos ni podemos ser como ellos. Que pensemos, por ejemplo, que podemos ser más listos que la generación de nuestros padres porque parece que se equivocaron con sus apreciaciones; es evidente que lo hicieron por nosotros para que con ello mejoráramos todos, ya se sabe, en el tipo de vida, los oficios, la política, el trato entre unos y otros. En otras palabras, el mundo que nos dejaron para que nosotros lo dejáramos mejorado a nuestros hijos.

© Fotografía: Raúl Fijo.

Revista Corredor Mediterráneo, nº 954, 5 de mayo de 2021.

Kepa Murua eleva al cubo su poesía de juventud en «Trilogía del corazón»

La reedición de los tres poemarios recupera el orden original de escritura y aporta una nueva perspectiva sobre el reconocido autor.

El Correo, por N. Artundo, 4 de mayo de 2021.

Leer la entrevista completa en la edición digital de EL Correo

Kepa Murua ahonda en el ser de Balenciaga

Revista Pérgola, entrevista realizada por A.O, mayo de 2021.

¿Qué te llamó la atención de Cristóbal Balenciaga? ¿Por qué decidiste acercarte a su figura?

Fue un modisto que nació en Getaria y triunfó en el mundo de la moda; sin embargo, no le gustaba hablar en público y no concedía entrevistas. Prefería que se le reconociera por lo que hacía: conocía el oficio de coser, dejaba que sus obras hablaran por él, yo he querido mostrar su vida a través de su arte.

Revista Pérgola, Mayo de 2021.

Realmente no es una biografía al uso, sino que incide casi más en su lado artístico y desde un punto de vista más poético… Incluso te adentras en la voz del modisto, intuyendo cómo pensaría él.

Es la libertad de la narración, pero el tono del protagonista es calmado, su voz es reflexiva, pues en la vida real no necesitaba llamar la atención para explicarse ni tampoco gritar para que le hicieran caso.

Imagino que tendrías que documentarte sobre la vida del diseñador. ¿Qué es lo que más te llamó la atención? ¿Qué personas marcaron su vida y su forma de entender la moda?

Su madre, la mujer que le enseñó el oficio de coser, es una figura importante. También lo son su gran amor, que le abrió las puertas al mundo más refinado, así como sus colaboradores. Me llama la atención la admiración que le profesaban las personas que trabajaron con él.

¿Es Balenciaga ese gran desconocido? ¿O es un personaje de otra época que intuyó que ésta ya había finalizado?

Es uno de los grandes artistas del siglo XX, cambió la manera de vestir de las mujeres y lo hizo sin ostentación, en silencio.

Narrativamente, “Elegancia” tiene similitudes con “La carretera de la costa”, la anterior novela, aunque ésta es mucho más dura. Háblame sobre ello.

En ambas novelas la forma es parecida: en los capítulos no hay párrafos, la voz narrativa se equilibra con la reflexión y los diálogos se intercalan en medio. La carretera de la costa tiene varías vías que llevan al centro de una realidad conflictiva como es la de los Años de plomo, pues toca el tema de ETA. Elegancia, por su parte, es una narración con una aparente sencillez en todo aquello que se dice y se cuenta.

Coincide la publicación casi en el tiempo con “Trilogía del corazón”, la publicación en un solo volumen de tres de tus poemarios, y con el ensayo “Cambiar con la escritura”. ¿Está Kepa Murua más activo que nunca?

Cada vez comprendo mejor el oficio de escribir y de vivir, me manejo en diferentes géneros y acepto el riesgo.

Eres reconocido en otros países; sin embargo, en el País Vasco tu nombre se excluye en los actos programados y no aparece en las referencias institucionales, ¿a qué crees que se debe?

Habría que preguntárselo a los responsables y programadores culturales. En la firma de ejemplares de Elegancia, hubo lectores que vinieron con La carretera de la costa bajo el brazo; constato que aún hay miedo a enfrentarse a una realidad cercana o, incluso, conflictiva. La literatura analiza los sentimientos, pero en Euskadi todo es mucho más tradicional de lo que se cree o se dice.

Me preguntas

Me preguntas por qué no hablo de amor en mis textos. Podría excusarme con varias frases, por ejemplo, porque casi todo el mundo lo hace y no quiero sumarme a ese esperpento que confunde nuestras vidas, o porque saca lo peor de los escritores cuando repiten lo de siempre con razonamientos pasados de moda o dedos acusadores que no sabemos a quién justifican con su exagerada verborrea. Me preguntas por qué no menciono esa palabra en mis poemas. Te podría decir cualquier insensatez que me venga a la mente, pero no lo hago. Solo te digo que a menudo, aunque parece que no lo haga, lo estoy haciendo, ya que muchas veces por nombrar un lugar no se le dota, así como así, de existencia. O todavía algo más bello, que no por nombrar insistentemente una cosa, se la ama más, como cree todo el mundo. A veces, en el silencio está el más sentido homenaje. En la aproximación, la descripción más tierna, lo que nos conmueve o nos lleva a pensar que están hablando de nosotros sin que lo sepamos.

Me preguntas por qué cuando se habla de este sentimiento todo el mundo da lo peor de sí mismo. Primero, porque se lleva hablando de él tantos años que todos estamos cansados. Segundo, porque el sufrimiento es tan grande cuando parece que las personas miran a otro lado, que es difícil dotar a las palabras de un nuevo sentido. Tercero, porque hagas lo que hagas, o digas lo que digas, todos querrán colocarte un adjetivo encima, una definición, como si fuéramos hombres de ideas fijas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Me preguntas por qué tantos amantes andan a la gresca acusándose mutuamente. No lo sé, se lo tendrías que preguntar a ellos, pero me lo imagino. Quizá porque les han hecho tanto daño que ahora se defienden con lo que saben: con sus ideas y palabras, lo único que les queda a salvo. Quizá porque están cansados de que les engañen con promesas que venden como realidades que nunca se cumplen.

Me preguntas por qué se dicen tantas cosas sin remedio. No lo sé, tendrías que preguntárselo a quien las dice, pero quizá sea porque su discurso no es el de la gente que se quiere. A todos los que sienten su desgarro, les interesa justificar su inagotable existencia al pensar que no están aislados cuando reflexionan sobre el motivo de sus sentimientos. Me preguntas por qué siguen matando sin más. No lo sé, tendrías que preguntar a otros. Quizá porque no entienden la vida en una nueva sociedad o repiten las pocas cosas que saben porque ya no pueden salir del atolladero. Por último, me preguntas por qué no empleo palabras que otros utilizan como sometimiento o cólera, y no lo hago porque hay muchos que se llenan la boca con ellas y porque para explicarme prefiero llamar a las cosas por su nombre y utilizar mis propias palabras. ¿Te suenan duda, aproximación y respeto?

© Fotografía: Raúl Fijo.


Revista Corredor Mediterráneo, nº 951, 14 de abril de 2021.

Entrevista a Kepa Murua, un escritor versátil

Revista Todo literatura, Por Isabel Alamar, 13 de abril de 2021.

Leer la entrevista completa en TodoLiteratura

¿Cómo se te ocurrió la idea de escribir sobre el gran modisto vasco Cristóbal Balenciaga?

Cristóbal Balenciaga es uno de los grandes artistas del siglo XX y los libros que hay sobre él, aunque interesantes, no van más allá de la biografía con fechas y detalles de su vida en la que no profundizan con una mirada que a mí sí me interesa como escritor: esa que indaga en su oficio y reflexiona sobre su manera de ver la vida.

¿Qué es lo que más te llamó la atención de su figura?

La confianza de Balenciaga en el arte que permanece en el tiempo frente a la fragilidad de la moda, me hizo pensar en la solidez de su carácter y en las convicciones que tenía como modisto, pero lo que más me llamó la atención fue su discreción o esa reserva, podría decirse típicamente vasca, que combinó con la osadía para presentar su trabajo al mundo con habilidad y acierto.

¿Cuánto tiempo te llevó, más o menos, escribir esta deliciosa novela y de qué te ibas dando cuenta mientras la ibas escribiendo?

Cristóbal Balenciaga nació en Getaria, un pueblo situado a tres kilómetros de Zarautz, donde yo nací. De joven oí hablar de él; yo soy un buen escuchador y mi mente guardó esas historias hasta convencerme de que detrás de lo que se decía había algo más que moda. La labor de lectura sobre el modisto y los viajes al museo Balenciaga, se intercalaron durante años con apuntes sobre el oficio de coser o de vestir y fueron el germen de esta novela titulada Elegancia.

¿Cómo fue la labor de documentación, yo diría, y tú mismo lo dices también, que es un poco atípica; podrías precisarnos por qué?

Leí libros que hablaban sobre su trabajo, pero después de asimilar lo que se decía tuve que relegar esa información con el fin de hacer literatura. A menudo volvía a Getaria, visitaba el museo, analizaba sus vestidos, paseaba por las calles del pueblo, me sentaba cerca del mar e, incluso, fui a visitar su tumba al cementerio. Es tal como lo pensaba: discreta, sin adornos. Cuando todo estaba dentro de mí, más o menos organizado, no tuve más elección que olvidarme de lo que se había dicho sobre el modisto para que fuera Balenciaga quien hablara o para que los que le rodeaban mostraran sus pensamientos sobre lo que hacía.

Fotografía Raúl Fijo, abril 2021.

Alternaste la escritura de este libro con la de otros, pues también han salido a la luz un ensayo sobre la escritura, “Cambiar con la escritura”, y una antología de poesía “Trilogía del corazón”.

Los lectores se sorprenden ante la irrupción de tres libros de un solo autor en unos meses. España es un país raro en este sentido: se cree que un novelista debe escribir solo novela o que un poeta ha de publicar libros de poesía, pero yo alterno distintos géneros y en todos ellos me siento cómodo.

Háblanos un poco también de esta antología, cuéntanos, p. e. quién hizo la selección, de dónde salió el título y por qué ahora.

Este volumen reúne tres libros ya agotados, publicados en su día por Calambur. Cada libro tuvo su reconocimiento, especialmente Siempre conté diez y nunca apareciste, pero en mi cabeza, aunque se publicaron en un orden diferente a su creación, estaban unidos. La poeta colombiana Catalina Garcés lo explica en un bello prólogo que acompaña a la cuidada edición del libro: “el autor nos advierte que, en realidad, el último libro escrito fue Cavando la tierra con tus sueños; en medio Siempre conté diez y nunca apareciste; y el primero Cardiolemas, o los lemas del corazón, como le fue dictado el nombre por esa voz que solo los poetas conocen. Esta última es la razón por la que hemos querido llamar esta entrega Trilogía del corazón, por ser la manera en la que comienza su carrera literaria, que recoge el primer impulso desde la intuición y el palpitar que es donde salen los versos en su estado más puro”.

A qué tipo de lector le gustará sobre todo leer “Cambiar con la escritura”, “Trilogía del corazón” y la novela “Elegancia”.

Cambiar con la escritura es para aquellos que desean conocer el mundo de la creación literaria; Trilogía del corazón podría ser recomendable a los que se interesan por lo que pasa en el mundo del amor o del deseo y Elegancia, a quien busque la belleza en todo lo que hace.

Qué dirías que comparten las tres obras.

Son tres vestidos diferentes, pero cosidos por el mismo autor. Elegancia sería un vestido de noche, Trilogía del corazón serviría para el día y Cambiar con la escritura es el que queda en la silla antes de ir a la cama y una vez puesto nos sirve para pensar en lo que hemos hecho durante el día.

Comparte, por favor, un párrafo de “Cambiar con la escritura”.

“El cambio es evidente. Como el mundo, el registro de la escritura va cambiando. Los temas parecen los mismos de siempre, ya se sabe: el amor, el deseo, la soledad, el poder, la vida y la muerte. Pero el envoltorio, los diálogos, las palabras, el mismo vestido de los personajes, el traje de las personas, hasta la misma música que aparece en los libros corresponde a la vida que se ve y suena ahora mismo”.

Comparte, por favor, un poema de “Trilogía del corazón”.

SILUETA

un sueño que nos hablaran de la multitud
las páginas no escritas
pues la hicimos desvestirse
en busca de alguno que la llamara

Comparte, por favor, un párrafo de “Elegancia”.

“¿Hablar? Prefería los hechos; antes que las palabras, los hechos; antes que el esbozo, antes que el dibujo, el vestido acabado; ante el color, prefería la tela, ante todo lo demás, la sencillez. Lo que ha de estar desnudo no es necesario que se cubra, pero lo que se ha de vestir, ha de hacerse con delicadeza”.

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