Entrevista en Todo Literatura «El cuaderno blanco»

Por Isabel Alamar

El cuaderno blanco es el título de la última antología de poemas que ha publicado el escritor vasco. En sus poemas hay un ánimo de sabotaje del amor romántico, pero en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza; su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración.

¿Por qué ahora una antología de KM? , y ¿por qué la has titulado «El cuaderno blanco»?

Es un buen momento, he publicado diferentes libros y estoy a gusto con mi trabajo. El título lo eligió Catalina Garcés, corresponde al título de uno de mis poemas, y es, además, una imagen que se repite en diferentes libros.

El poemario contiene un interesante prólogo de Catalina Garcés que ayuda a entender mejor la obra, ¿cómo surgió la idea de dotarlo de este esclarecedor estudio?, ¿cómo se dio esta colaboración?

Conocí a la poeta Catalina Garcés en el festival de poesía de Medellín de 2012. Ella se interesó por mi obra, creo que ha leído casi todos mis libros de poesía, y ha escrito un ensayo sobre ellos y sobre mi manera de entender la escritura que está inédito. La selección de la antología es suya; cuando me la presentó observé que se incluían poemas que yo no hubiera elegido, al menos en un primer momento. Para hablar de este libro Catalina Garcés es la persona indicada. Los lectores me comentan que la introducción les sirve para comprender mejor mi trayectoria.

¿Qué o qué cosas impulsaron un día a KM a escribir?

Es un oficio que se debe mantener a diario, pero lo que me impulsó fue la necesidad de explicar el mundo con una voz propia.

¿Qué espacio ocupa la poesía hoy por hoy en tu vida?

En un viaje reciente, una persona con la que conversé me confesó que no conocía a nadie que leyera poesía tal como se hacía en el pasado. Esta interpretación es limitada porque la poesía no se encuentra solo en los libros de poesía.

¿Qué es lo que se ha mantenido siempre vivo en tu poesía de una manera u otra?

La insistencia por hacerme entender, la disciplina para seguir adelante, la confianza en mi escritura, la necesidad de escribir para sentirme vivo. Reconocer que con cada libro me acerco a lo que quiero, escribir lo que creo que debo escribir. La intriga, el misterio de la vida, es un aspecto que desde el inicio de mi andadura valoro en la creación poética.

Una de las características esenciales de tu obra es la autenticidad, la verdad, la sinceridad… ¿de dónde crees que te viene ese no tener miedo a llamar las cosas por su nombre?

Nací en el País Vasco, un lugar en el que no se habla abiertamente de los sentimientos. Los vascos no han sido precisos con las palabras y en los años de plomo había miedo y no se decía lo que se pensaba. Muchos lo hacían solo después de asegurarse de que nadie más que sus allegados los podían escuchar. En su casa, mi abuela por ejemplo, cuando su marido y sus hijos estaban sentados en la mesa y se comenzaba a hablar de la guerra, mandaba callar a todos. Según ella no había nada bueno que contar.

¿Cuáles han sido y son los temas, por orden de importancia, que te ha gustado tratar en tus libros?

El deseo que se confunde con el amor aparece en la juventud. Con la madurez llego al amor. En mis libros se reivindica la libertad de tener la vida que se desea. Podría hablar de mí, sin embargo, pongo voz a los que no la tienen. Pondré un ejemplo: en los autorretratos que he publicado en sucesivos libros son más importantes los objetos y el paisaje que me rodea que lo que escribo de mí. Espero que el retrato del mundo no se vea con tonos apagados.

De qué otros escritores te sientes en parte deudor o simplemente te gustan a rabiar.

Unos pocos me acompañan desde que los descubrí, pero no mencionaré a ninguno para evitar el olvido de los que considero mis maestros. Quiero añadir que aunque no vibre con muchos de los libros que se editan hoy, leo con curiosidad a mis colegas. Prevalece el respeto por el oficio de escribir: cada uno lo entiende de un modo u otro.

Cuéntanos alguna anécdota de tu vida como escritor, comparte con nosotros al menos si eres tan amable un recuerdo significativo…

En mayo de 2014, recién publicado, regalé un ejemplar del ensayo Contradicciones a mis padres; el libro tiene esta dedicatoria impresa: “A mis padres, Aitzpea y Kepa, por hacerme un hueco en esa terraza con mar, donde el sol brilla con una luz diferente y el mundo se observa con otros ojos”. Pero como pasaba el tiempo y no decían nada, cuando volví a Zarautz les pregunté si lo habían leído. Fue mi madre la que habló por los dos: “no es verdad que desde la terraza se vea el mar”. Le respondí: “ama, es una metáfora”. La ama sentenció: “será una metáfora o lo que quieras, pero es mentira”.

Define con una sola palabra o dos como mucho a tus poemarios.

La palabra “misterio” define a todos mis libros.

¿A qué libro de todos los que has publicado le tienes más cariño?

Cantos del dios oscuro y Poesía sola, pura premonición son especiales. En la página de agradecimientos de El cuaderno blanco se explica la razón. Fueron publicados por Ana Santos, de la editorial Gaviero, y por Francisco Villegas, de Ellago, excelentes editores y mejores personas que lamentablemente hoy no están entre nosotros. La felicidad de estar perdido es un libro que me reconforta especialmente.

Entrevista completa en https://www.todoliteratura.es/noticia/50769/entrevistas/kepa-murua:-la-palabra-misterio-define-todos-mis-libros.html

Entrevista en Diario de Noticias de Álava

Sobre el «Cuaderno blanco»:

“Conocer al hombre es conocer al poeta, leer su poesía es conocer una realidad que a veces se nos escapa” escribe Catalina Garcés Ruiz en el prólogo de El cuaderno blanco. Antología poética (El Desvelo Ediciones) para introducir al lector en un libro en el que se puede rastrear cómo “poco a poco” la poesía de Kepa Murua, a lo largo de tres décadas de camino creativo, “ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano”. En las manos de ella no sólo ha estado componer estas palabras introductorias, sino, sobre todo, la selección de los 108 poemas –seis por cada producción- que se reúnen entre unas páginas donde se suceden los registros críticos, eróticos, reflexivos, amorosos, sociales, políticos, tiernos… “He de reconocer que al principio era reacio a hacer algo así porque cuando era editor no me gustaba”, admite el autor, para añadir al instante que “ahora, cada vez que abro la antología, me encuentro con sorpresas” más allá de que con cada poema se acuerde de “cuándo lo escribí, qué estaba escuchando, cómo vestía… hasta me acuerdo de cuando nadie me leía”. (Fragmento de la entrevista)

Entrevista completa en el enlace:

https://www.noticiasdealava.eus/2019/02/13/ocio-y-cultura/cada-vez-que-abro-esta-primera-antologia-me-encuentro-con-sorpresas?fbclid=IwAR13aqT-sthaf2h5qEh4d7d2SRn45T_-Vc0BOuXIF4MCRPAPAEwJdOzfnJg#Loleido

Reseña de «Pastel de nirvana»

Pastel de nirvana, Kepa Murua

¿Qué es esto que nos sucede? El verso inicial del poema «El Espejo» encapsula el espíritu que anida en Pastel de nirvana, el último poemario de Kepa Murua, publicado por Cálamo el pasado año, en el que el autor de Zarautz, desde la madurez indaga en perspectiva sobre los vericuetos de la existencia, de la vida cotidiana, con una mirada de extrañeza. Así, el tono blanco que domina en las cubiertas del libro sugiere una mirada limpia, que no ingenua.

Soledad, añoranza, deseo, paso del tiempo, integridad, identidad, son objeto de la curiosidad del poeta, sin desdeñar aspectos más tangibles que forman parte de su entorno: la ciudad en la que vive, el paso de las estaciones, la presencia del mar, los fenómenos naturales, o incluso de corte socio-político: la clase dirigente, los jóvenes expatriados.

Pero es a la relación entre seres humanos, en especial a la sentimental, de pareja, tan elusiva como preciosa a la que Murua regresa una y otra vez, sin olvidar la que le une a sus padres ya mayores, a sus amigos –y enemigos– o a la que autor mantiene consigo mismo, con sus principios y su actitud hacia los demás.

Murua no ofrece tanto respuestas como certeros interrogantes y ocasionales hallazgos, valiéndose de una ambivalencia lúcida, de una penetrante observación desde una óptica autobiográfica –se interpela también sobre su condición de poeta.

Sirviéndose de una primera persona que en ocasiones muta en segunda, que interpela y es interpelado, a través de un lenguaje nítido, asequible en apariencia, brinda al lector un pastel de nirvana de sabor agridulce que reconforta y sacia. 

¿Cómo se llaman hoy / esos que ya no me acuerdo? / ¿Seguirán diciendo / que la amistad es sagrada?
de Los amigos

Otro día que no pasa nada / es dejar que pase el tiempo / sin profundizar en el fracaso / en el vacío de las palabras / que utilizamos a diario.
de Otro día que no pasa nada

Mi ciudad no aparece en los libros de arte. / Ni se compara con otras. / Sus fotografías no se venden. / Sabe perdonar al que lo necesita / y olvidar al que no viene. / Parece que te golpea nada más verte / aunque te cobije más tarde.
de Mi ciudad

La poesía, como la vida, es eso que no se sabe / lo que es, pero se vive intensamente.
de Autorretrato con tele sin voz

Publicado por Il Gatopando en el enlace:

https://queraroestodo.blogspot.com/2019/01/pastel-de-nirvana-kepa-murua.html

Kepa Murua cocina «Pastel de nirvana»

Entrevista en El Correo, por Natxo Artundo
20 de diciembre de 2018

La receta es comer un buen postre una vez que has trabajado bien y duro. Puede parecer un libro espiritual o metafísico, pero la idea es muy sencilla», indica el autor de Pastel de nirvana (Cálamo). Kepa Murua recuerda una clase que impartió a personal de la empresa Mercedes. «Si les hablaba de sueños, miraban raro, pero si usaba el término ‘objetivos’ les cuadraba más y cuando cumplían con esas metas, lo celebraban a su manera. «Yo me como un pastel simbólico. La vida tiene sus luces y sus sombras y muchas veces se nos olvida recompensarnos a nosotros mismos. Y se trata de eso, de vivir en el presente», subraya el poeta.

Por eso ha cocinado «un pastel para la gente despierta, para concelebrar la vida solo o acompañado», donde los ingredientes son muy diversos. De hecho, Murua asegura que, entre ‘No somos el pasado’ y ‘La última página’, sirve «un poemario muy abierto, donde puedes tomar el bocado que quieras, tanto dulce como amargo o envenenado». La amistad o la separación de los amigos, el anhelo del ser amado, el silencio que acompaña, los lugares, las personas, los momentos o los animales que no siempre son lo que parecen al primer vistazo invitan al lector a «ser protagonista de tu presente, pase lo que pase».

Luces y sombras. Hay un fondo positivo en la mirada de Murua, que quiere alejarse del tópico de ‘poeta de culto’. «Hay una experiencia inevitable, una sabiduría y, sobre todo, una contención», apunta. Y es que la evolución de su creación poética ha dado lugar a una voz que puede degustarse a muchos niveles. «Creo que es como un banquete muy completo que realmente te lleva a reflexionar con un café, una copa o una infusión, si quieres, sobre lo que ha pasado durante todo el día, durante un año o durante toda una vida», describe el responsable de este ‘Pastel de nirvana’. Las luces y sombras de la vida se combinan con una reflexión social y con un detallismo que permite festejar las pequeñas cosas. Incluso «hay que saber llevar la soledad con deportividad. Ahí también puede uno encontrar la felicidad».

Para todo ello, Kepa Murua pone al lector «ante un espejo que puede aparentar mi biografía, pero está falseada. Hay un camino de esperanza, un retrato para que en momentos críticos sepan sonreírse o reírse de sí mismos», a través de poemas más abiertos o cerrados. «Pero todos cuentan una historia», resume.

«Pastel de nirvana» en Deia

Por Carlos González

“La calma es fuerza”, apunta Kepa Murua. Por eso, el poemario Pastel de nirvana (Cálamo) “no es un libro nervioso, sino dulce, sereno”. Entre otras cosas porque, como explica el autor, “en la serenidad y en la calma se puede hablar de muchas cosas”, también “de temas sociales como los malos gobiernos, la corrupción, los desahucios, la falta de posibilidades que se les da a determinadas personas para que tengan una mínima posibilidad”. Junto a esa esfera pública, está lo privado, lo íntimo, lo personal. Al fin y al cabo, el todo se compone de partes en apariencia diferentes.

Esta nueva creación -este año que ahora se termina también ha alumbrado su Autorretratos– es ya una realidad palpable, aunque será el próximo día 21 cuando se produzca su presentación oficial en esta Vitoria a la que Murua dedica un poema específico dentro de Pastel de nirvana. En concreto, a partir de las 19.30 horas y con la presencia de Catalina Garcés -autora que en este libro se ha encargado del prólogo-, el encuentro con los lectores tendrá lugar en el Centro Regional Gallego, un espacio atípico para este tipo de actos en la trayectoria del creador. “Ofrecí una conferencia en su momento que les gustó y quedamos en hacer algo más adelante”. Dicho y hecho. Junto a él estará además Manuel López, presidente de esta casa regional. “La idea es hacer algo distinto, muy ameno, también para encontrarse con un público diferente. Como pasa a veces con el jazz o la música clásica, el lector en ocasiones todavía tiene miedo a entrar en la poesía, aunque cuando le explicas las claves, la situación cambia”.

Como en “una tertulia por la que pasamos por diferentes registros”, Pastel de nirvana abre un amplio abanico de cuestiones públicas y privadas. “Te ofrezco el postre, coge el bocado que quieras, pero que sepas que hay bocados dulces y otros envenenados”, sonríe. Así, se habla, por ejemplo, de la religión y la política, que “son dos temas que ponen muy nerviosa a la gente. En mi caso, los toco con mucha tranquilidad literaria”. El lector sabrá qué lectura hace y si, en algún caso, se siente reflejado. “Quizá alguno se retrate y piense en lo que está haciendo”. Con todo, no se trata de sentar cátedra, “no hay por qué coincidir en los pensamientos, sino sencillamente escuchar y opinar para que todos podamos mejorar en el discurso público. Es verdad que parece que no estamos en esas como sociedad, pero yo sí;debo ser un raro, pero estoy ahí. En el silencio, en la reflexión, en la calma está lo más poderoso en estos momentos. Sobre todo en la escritura detenida que permite la poesía”.

Enlace de la reseña: https://www.deia.eus/2018/12/10/ocio-y-cultura/cultura/en-la-serenidad-y-en-la-calma-se-puede-hablar-de-muchas-cosas

También en: https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/12/24/ocio-y-cultura/en-la-serenidad-y-en-la-calma-se-puede-hablar-de-muchas-cosas?fbclid=IwAR3YoRjHUQU4C-L81eB5UGooXC58AzDrlTbFJvs215OXYwzJ7NLH9CmsJmo

Reseña “Los sentimientos encontrados: diario de un poeta y editor” de Kepa Murua

Por Alejandro Menéndez

Kepa Murua (Zarautz, 1962) es un hombre comprometido con el Arte, a quien le debe todo a pesar haberlo mimado como pocos. A sus numerosísimos poemarios y varias novelas les acompaña la revista Luke de creación contemporánea, que da voz a autores consagrados y a autores noveles. Asimismo, durante quince años (1996 – 2011) dirigió con tremendo buen gusto la editorial Bassarai, que se hizo un nombre dentro de los círculos especializados y que, como dice el propio Kepa, se adelantó a su tiempo, apostando por libros de vanguardia. Ambas identidades, la de poeta y la de editor, conforman una personalidad completa que mira con atención a ambos lados de la mesa para no perder el hilo de la conversación.

Hace seis años se publicó “Los pasos inciertos (1996 – 2004): memorias de un poeta metido a editor” (ed. Milrazones). En sus casi trescientas páginas se asiste al nacimiento de la editorial Bassarai y de la revista Luke, que son ya proyectos consolidados en “Los sentimientos encontrados (2005 – 2007): diario de un poeta y editor” (ed. Cálamo). Se han escrito ríos de tinta explicando el auge de los diarios, género que en España apenas se había cultivado hasta fechas muy recientes. Una de ellas apunta a que el público ahora demanda textos más eclécticos, a lo que se adapta mejor el diario que otros géneros. Otra causa apunta al diario como ejercicio introspectivo que ayuda a ordenar los sentimientos del individuo aislado en el marco de una sociedad frenética y posmoderna. Sin embargo, la explicación más completa, y esto el autor lo ha entendido mejor que nadie, reside en el pacto de verdad que asume el escritor con los lectores, que se materializa en la necesidad de no inventar y no fantasear. En este sentido, el respeto con el que Kepa trata al lector invade ambas esferas: como poeta nos muestra sus miedos y como editor sabe que tenemos la última palabra.

Con los diarios de Kepa Murua se accede a la intimidad del trabajo editorial de un emprendedor que apuesta por la literatura periférica. Es un testimonio muy útil para quienes quieran conocer de primera mano el surgimiento de las decenas de editoriales independientes que –aún hoy- permanecen firmes contra viento y marea. Kepa encuentra la razón «de este renacer de las editoriales independientes en un cambio generacional, en una renovación cultural que cada cierto tiempo acontece en todos los países». El editor independiente debe mantener la ilusión y la confianza en su proyecto a pesar de las tremendas dificultades que impone no pertenecer al círculo de distribución mayoritario. El mundo de la edición es una pescadilla que se muerde la cola.

La segunda parte de los diarios plantea un juego desde el principio. Del título se extraen dos lecturas: los sentimientos encontrados como sentimientos reconocidos (identificados, si se quiere) por medio de la meditación sosegada producto de la escritura; y los sentimientos encontrados como sentimientos en disputa o contradictorios. Ambos significados enlazan con la naturaleza propia del hombre: el deslumbramiento producto de la reflexión, así como la lucha constante entre dos pulsiones en conflicto.

Kepa Murua nos invita a bucear en su día a día, haciéndonos partícipes del enfrentamiento entre ambas identidades. Estos son «unos diarios para recordar, para no olvidar, que muestra la intimidad de un poeta y la trastienda de una editorial» El propio diarista así nos los cuenta: «la diferencia entre un editor y un escritor es clara: el editor tiene un oficio con más decepciones que alegrías, y el escritor obtiene de su oficio solitario más alegrías que decepciones». El poeta se apoya en el editor y el editor aprende del poeta. Pero, ¿conoce cada personalidad sus límites? Ahí es donde el escritor se vuelca y, en cierto modo, se ahoga: «siento que mi trabajo de editor me quita mucho tiempo para la escritura». Así, son recurrentes las anotaciones en las que Kepa observa un mismo prisma desde distintos ángulos: como poeta, como editor y como hombre («el editor que no se cree su papel, el que no se cree su discurso, es un farsante. El poeta que se cree lo que hace es un auténtico escritor. El hombre que se cree su existencia, un verdadero poeta»).

A pesar del fatigoso esfuerzo con el que se ha de empeñar un editor independiente, en los diarios aún hay tiempo para las relaciones sentimentales y las escapadas. Es sorprendente la sinceridad con la que Kepa describe la ruptura con Mi. y los episodios de desesperación que asolan a Dé. Estos diarios son, del mismo modo, un libro de viajes en el que el autor nos recomienda paseos, museos y salas de baile en Londres, Buenos Aires, Canadá y Brasil. Con un estilo sobrio y directo que compagina con disertaciones sobre poesía, novela y ensayo –algunas entradas son verdaderos testimonios académicos -, Kepa mezcla con maestría las diferentes caras de una misma persona.

Los diarios de este escritor guipuzcoano son de extraordinario interés para quienes quieran conocer la industria del libro. Además, en sus páginas se maneja con maestría el relato, apoyándose en una «economía verbal que busca el volumen justo para que la atención se centre en la calidad de la voz» porque «en la escritura nada es casual, todo es consciencia». Kepa es un narrador incómodo que accede a la profundidad de las cosas y nos las enseña. Es un regalo que comparte la experiencia de alguien que se ha ganado el respeto por derecho propio: un artesano del libro que no debe nada a nadie.

Enlace de la reseña: https://almacendehierros.wordpress.com/2018/12/21/resena-los-sentimientos-encontrados-diario-de-un-poeta-y-editor-de-kepa-murua/

En Territorios: «Pastel de nirvana»

Publicado en el Diario El Correo; sábado 22 de diciembre de 2018

Pastel de nirvana

Pastel de nirvana es el último poemario de Kepa Murua y presenta 82 composiciones en verso libre de una media distancia cuyo contenido oscila entre el signo intimista y el colectivo. Murua pasa del amor, la amistad, el dolor, la alegría, el tiempo, la muerte, la soledad o los momentos de comunión con los otros asuntos clásicos de la poesía social o civil, como son la pobreza, el futuro, el trabajo, la corrupción, la emigración, los gobernantes, los parlamentarios… Dicha variedad temática aparece expresada en el propio título del libro, que sugiere una contradicción. La palabra ‘pastel’ alude al mundo material y sensitivo mientras el término ‘nirvana’ apela a esa fase espiritual que se caracteriza por la extinción de los deseos materiales en el budismo y el hinduismo.

Enlace de la reseña: https://www.elcorreo.com/Territorios/autora-normas-20181222175919-nt.html

Pastel de nirvana en «El corredor Mediterráneo»

Miércoles 14 de noviembre de 2018 – Año 19 N° 829

De las fuerzas que dominan al mundo, Kepa Murua escoge la vida con todos sus matices. Contienen los versos de este poemario, aquellas palabras que pronunciaría un guerrero en plena lucha, al menos aquellas que, en el silencio de lo que no se dice en voz alta, se pasean por su mente. Este es el guerrero que a pesar de las derrotas vuelve al escenario, pues sabe que tarde o temprano su enemigo será vencido, y ese enemigo es el desamor, el vacío, la desesperanza, más no la muerte como podría pensarse.

Ese enemigo es el pasado que hemos creído como pieza clave de nuestro futuro pero que, en palabras del poeta, en realidad no lo determina, mucho menos el presente, pues no es cierto que la vida sea tan estrecha y predecible como nos han hecho creer esos que han jugado con nuestra historia, esos que han robado nuestras riquezas con mentiras, esos mismos que han querido gobernar y gobernarnos, esos hombres que también caben en este poemario, con lo cual, Pastel de nirvana no desconoce que somos ante todo seres políticos y que esa opción de escoger las fuerzas de la vida, también hace necesario reconocer una postura ante los hechos y las injusticias. Y es que así es o puede ser el cielo: una suerte de espacio de consciencia del acontecer del mundo, un premio, un pastel. El cielo, el nirvana, es ese estado de iluminación: la recompensa, la dulzura merecida por la espera incansable.

El autor conjuga los grandes escenarios con los pequeños. La vida es también la historia de un amor o el mínimo espacio que ocupa la familia, aquel núcleo en el que surgieron las primeras preguntas esenciales acerca de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Allí, en la sala o en la cocina, el tiempo se prolonga desde la infancia hasta la adultez y vemos a nuestros padres envejecer y morir y, en medio de ese ciclo, entre la oscuridad y la luz, se alza el canto de los pájaros que es la voz de la vida, para que de nuevo, el amor que vuela, se esconde, se aleja y nos llama, nazca en la mañana y en la noche se esconda en un juego sin descanso.

Pero al final, creyendo el lector que quizás todo vaya a aclararse y que las preguntas serán respondidas, el poemario nos devuelve preguntas, las de siempre, las que nos empeñamos en descifrar, las que alimentan nuestra existencia. El último poema es una página en blanco: una nueva posibilidad.

Catalina Garcés