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Kepa Murua eleva al cubo su poesía de juventud en «Trilogía del corazón»

La reedición de los tres poemarios recupera el orden original de escritura y aporta una nueva perspectiva sobre el reconocido autor.

El Correo, por N. Artundo, 4 de mayo de 2021.

Leer la entrevista completa en la edición digital de EL Correo

Kepa Murua ahonda en el ser de Balenciaga

Revista Pérgola, entrevista realizada por A.O, mayo de 2021.

¿Qué te llamó la atención de Cristóbal Balenciaga? ¿Por qué decidiste acercarte a su figura?

Fue un modisto que nació en Getaria y triunfó en el mundo de la moda; sin embargo, no le gustaba hablar en público y no concedía entrevistas. Prefería que se le reconociera por lo que hacía: conocía el oficio de coser, dejaba que sus obras hablaran por él, yo he querido mostrar su vida a través de su arte.

Revista Pérgola, Mayo de 2021.

Realmente no es una biografía al uso, sino que incide casi más en su lado artístico y desde un punto de vista más poético… Incluso te adentras en la voz del modisto, intuyendo cómo pensaría él.

Es la libertad de la narración, pero el tono del protagonista es calmado, su voz es reflexiva, pues en la vida real no necesitaba llamar la atención para explicarse ni tampoco gritar para que le hicieran caso.

Imagino que tendrías que documentarte sobre la vida del diseñador. ¿Qué es lo que más te llamó la atención? ¿Qué personas marcaron su vida y su forma de entender la moda?

Su madre, la mujer que le enseñó el oficio de coser, es una figura importante. También lo son su gran amor, que le abrió las puertas al mundo más refinado, así como sus colaboradores. Me llama la atención la admiración que le profesaban las personas que trabajaron con él.

¿Es Balenciaga ese gran desconocido? ¿O es un personaje de otra época que intuyó que ésta ya había finalizado?

Es uno de los grandes artistas del siglo XX, cambió la manera de vestir de las mujeres y lo hizo sin ostentación, en silencio.

Narrativamente, “Elegancia” tiene similitudes con “La carretera de la costa”, la anterior novela, aunque ésta es mucho más dura. Háblame sobre ello.

En ambas novelas la forma es parecida: en los capítulos no hay párrafos, la voz narrativa se equilibra con la reflexión y los diálogos se intercalan en medio. La carretera de la costa tiene varías vías que llevan al centro de una realidad conflictiva como es la de los Años de plomo, pues toca el tema de ETA. Elegancia, por su parte, es una narración con una aparente sencillez en todo aquello que se dice y se cuenta.

Coincide la publicación casi en el tiempo con “Trilogía del corazón”, la publicación en un solo volumen de tres de tus poemarios, y con el ensayo “Cambiar con la escritura”. ¿Está Kepa Murua más activo que nunca?

Cada vez comprendo mejor el oficio de escribir y de vivir, me manejo en diferentes géneros y acepto el riesgo.

Eres reconocido en otros países; sin embargo, en el País Vasco tu nombre se excluye en los actos programados y no aparece en las referencias institucionales, ¿a qué crees que se debe?

Habría que preguntárselo a los responsables y programadores culturales. En la firma de ejemplares de Elegancia, hubo lectores que vinieron con La carretera de la costa bajo el brazo; constato que aún hay miedo a enfrentarse a una realidad cercana o, incluso, conflictiva. La literatura analiza los sentimientos, pero en Euskadi todo es mucho más tradicional de lo que se cree o se dice.

Me preguntas

Me preguntas por qué no hablo de amor en mis textos. Podría excusarme con varias frases, por ejemplo, porque casi todo el mundo lo hace y no quiero sumarme a ese esperpento que confunde nuestras vidas, o porque saca lo peor de los escritores cuando repiten lo de siempre con razonamientos pasados de moda o dedos acusadores que no sabemos a quién justifican con su exagerada verborrea. Me preguntas por qué no menciono esa palabra en mis poemas. Te podría decir cualquier insensatez que me venga a la mente, pero no lo hago. Solo te digo que a menudo, aunque parece que no lo haga, lo estoy haciendo, ya que muchas veces por nombrar un lugar no se le dota, así como así, de existencia. O todavía algo más bello, que no por nombrar insistentemente una cosa, se la ama más, como cree todo el mundo. A veces, en el silencio está el más sentido homenaje. En la aproximación, la descripción más tierna, lo que nos conmueve o nos lleva a pensar que están hablando de nosotros sin que lo sepamos.

Me preguntas por qué cuando se habla de este sentimiento todo el mundo da lo peor de sí mismo. Primero, porque se lleva hablando de él tantos años que todos estamos cansados. Segundo, porque el sufrimiento es tan grande cuando parece que las personas miran a otro lado, que es difícil dotar a las palabras de un nuevo sentido. Tercero, porque hagas lo que hagas, o digas lo que digas, todos querrán colocarte un adjetivo encima, una definición, como si fuéramos hombres de ideas fijas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Me preguntas por qué tantos amantes andan a la gresca acusándose mutuamente. No lo sé, se lo tendrías que preguntar a ellos, pero me lo imagino. Quizá porque les han hecho tanto daño que ahora se defienden con lo que saben: con sus ideas y palabras, lo único que les queda a salvo. Quizá porque están cansados de que les engañen con promesas que venden como realidades que nunca se cumplen.

Me preguntas por qué se dicen tantas cosas sin remedio. No lo sé, tendrías que preguntárselo a quien las dice, pero quizá sea porque su discurso no es el de la gente que se quiere. A todos los que sienten su desgarro, les interesa justificar su inagotable existencia al pensar que no están aislados cuando reflexionan sobre el motivo de sus sentimientos. Me preguntas por qué siguen matando sin más. No lo sé, tendrías que preguntar a otros. Quizá porque no entienden la vida en una nueva sociedad o repiten las pocas cosas que saben porque ya no pueden salir del atolladero. Por último, me preguntas por qué no empleo palabras que otros utilizan como sometimiento o cólera, y no lo hago porque hay muchos que se llenan la boca con ellas y porque para explicarme prefiero llamar a las cosas por su nombre y utilizar mis propias palabras. ¿Te suenan duda, aproximación y respeto?

© Fotografía: Raúl Fijo.


Revista Corredor Mediterráneo, nº 951, 14 de abril de 2021.

Entrevista a Kepa Murua, un escritor versátil

Revista Todo literatura, Por Isabel Alamar, 13 de abril de 2021.

Leer la entrevista completa en TodoLiteratura

¿Cómo se te ocurrió la idea de escribir sobre el gran modisto vasco Cristóbal Balenciaga?

Cristóbal Balenciaga es uno de los grandes artistas del siglo XX y los libros que hay sobre él, aunque interesantes, no van más allá de la biografía con fechas y detalles de su vida en la que no profundizan con una mirada que a mí sí me interesa como escritor: esa que indaga en su oficio y reflexiona sobre su manera de ver la vida.

¿Qué es lo que más te llamó la atención de su figura?

La confianza de Balenciaga en el arte que permanece en el tiempo frente a la fragilidad de la moda, me hizo pensar en la solidez de su carácter y en las convicciones que tenía como modisto, pero lo que más me llamó la atención fue su discreción o esa reserva, podría decirse típicamente vasca, que combinó con la osadía para presentar su trabajo al mundo con habilidad y acierto.

¿Cuánto tiempo te llevó, más o menos, escribir esta deliciosa novela y de qué te ibas dando cuenta mientras la ibas escribiendo?

Cristóbal Balenciaga nació en Getaria, un pueblo situado a tres kilómetros de Zarautz, donde yo nací. De joven oí hablar de él; yo soy un buen escuchador y mi mente guardó esas historias hasta convencerme de que detrás de lo que se decía había algo más que moda. La labor de lectura sobre el modisto y los viajes al museo Balenciaga, se intercalaron durante años con apuntes sobre el oficio de coser o de vestir y fueron el germen de esta novela titulada Elegancia.

¿Cómo fue la labor de documentación, yo diría, y tú mismo lo dices también, que es un poco atípica; podrías precisarnos por qué?

Leí libros que hablaban sobre su trabajo, pero después de asimilar lo que se decía tuve que relegar esa información con el fin de hacer literatura. A menudo volvía a Getaria, visitaba el museo, analizaba sus vestidos, paseaba por las calles del pueblo, me sentaba cerca del mar e, incluso, fui a visitar su tumba al cementerio. Es tal como lo pensaba: discreta, sin adornos. Cuando todo estaba dentro de mí, más o menos organizado, no tuve más elección que olvidarme de lo que se había dicho sobre el modisto para que fuera Balenciaga quien hablara o para que los que le rodeaban mostraran sus pensamientos sobre lo que hacía.

Fotografía Raúl Fijo, abril 2021.

Alternaste la escritura de este libro con la de otros, pues también han salido a la luz un ensayo sobre la escritura, “Cambiar con la escritura”, y una antología de poesía “Trilogía del corazón”.

Los lectores se sorprenden ante la irrupción de tres libros de un solo autor en unos meses. España es un país raro en este sentido: se cree que un novelista debe escribir solo novela o que un poeta ha de publicar libros de poesía, pero yo alterno distintos géneros y en todos ellos me siento cómodo.

Háblanos un poco también de esta antología, cuéntanos, p. e. quién hizo la selección, de dónde salió el título y por qué ahora.

Este volumen reúne tres libros ya agotados, publicados en su día por Calambur. Cada libro tuvo su reconocimiento, especialmente Siempre conté diez y nunca apareciste, pero en mi cabeza, aunque se publicaron en un orden diferente a su creación, estaban unidos. La poeta colombiana Catalina Garcés lo explica en un bello prólogo que acompaña a la cuidada edición del libro: “el autor nos advierte que, en realidad, el último libro escrito fue Cavando la tierra con tus sueños; en medio Siempre conté diez y nunca apareciste; y el primero Cardiolemas, o los lemas del corazón, como le fue dictado el nombre por esa voz que solo los poetas conocen. Esta última es la razón por la que hemos querido llamar esta entrega Trilogía del corazón, por ser la manera en la que comienza su carrera literaria, que recoge el primer impulso desde la intuición y el palpitar que es donde salen los versos en su estado más puro”.

A qué tipo de lector le gustará sobre todo leer “Cambiar con la escritura”, “Trilogía del corazón” y la novela “Elegancia”.

Cambiar con la escritura es para aquellos que desean conocer el mundo de la creación literaria; Trilogía del corazón podría ser recomendable a los que se interesan por lo que pasa en el mundo del amor o del deseo y Elegancia, a quien busque la belleza en todo lo que hace.

Qué dirías que comparten las tres obras.

Son tres vestidos diferentes, pero cosidos por el mismo autor. Elegancia sería un vestido de noche, Trilogía del corazón serviría para el día y Cambiar con la escritura es el que queda en la silla antes de ir a la cama y una vez puesto nos sirve para pensar en lo que hemos hecho durante el día.

Comparte, por favor, un párrafo de “Cambiar con la escritura”.

“El cambio es evidente. Como el mundo, el registro de la escritura va cambiando. Los temas parecen los mismos de siempre, ya se sabe: el amor, el deseo, la soledad, el poder, la vida y la muerte. Pero el envoltorio, los diálogos, las palabras, el mismo vestido de los personajes, el traje de las personas, hasta la misma música que aparece en los libros corresponde a la vida que se ve y suena ahora mismo”.

Comparte, por favor, un poema de “Trilogía del corazón”.

SILUETA

un sueño que nos hablaran de la multitud
las páginas no escritas
pues la hicimos desvestirse
en busca de alguno que la llamara

Comparte, por favor, un párrafo de “Elegancia”.

“¿Hablar? Prefería los hechos; antes que las palabras, los hechos; antes que el esbozo, antes que el dibujo, el vestido acabado; ante el color, prefería la tela, ante todo lo demás, la sencillez. Lo que ha de estar desnudo no es necesario que se cubra, pero lo que se ha de vestir, ha de hacerse con delicadeza”.

La vida y el oficio de Balenciaga

Entrevista realizada por Natxo Artundo, publicada en El Correo, 8 de abril de 2021.

Balenciaga pasa de la timidez a la osadía

«Balenciaga pasa de la timidez a la osadía», entrevista realizada por Alberto Moyano, en El Diario Vasco, 28 de abril de 2021.

Leer la entrevista en El Diario Vasco

Una introducción innecesaria

La obra de Kepa Murua no debería ser explicada, como tampoco el arte necesita argumentos para justificar su existencia, pero, a veces, algunas palabras nos parecen importantes para llegar con seguridad y quizás con algo de luz a una lectura. Quiero pensar que no necesita ser explicada porque, a diferencia de otras obras poéticas, en especial las que van por la tradición hermética, los poemas de Kepa son transparentes, incluso en su aparente complejidad, pues en Murua lo que ha cambiado con el tiempo es el aspecto formal y no la razón de ser de su poesía, que desde sus primeros libros es la misma: la vida, el camino, la felicidad, la búsqueda del amor y, en esa búsqueda, el peligro de desviarse, de confundir el amor con el deseo o la defensa de una idea con la violencia.

Pero como esta es una introducción innecesaria, más allá del argumento que quiere evitarse sobre el valor de la obra, lo que sigue en este texto es la respuesta adelantada a la pregunta que podría hacerse un lector que ha seguido la trayectoria de Kepa Murua, porque la manera en la que se presentan los tres poemarios que conforman la trilogía no es igual al orden en el que fueron publicados, sino que obedece a la cronología real de su escritura. De esta manera el autor nos advierte que, en realidad, el último libro escrito fue Cavando la tierra con tus sueños; en medio Siempre conté diez y nunca apareciste; y el primero Cardiolemas, o los lemas del corazón, como le fue dictado el nombre por esa voz que solo los poetas conocen. Esta última es la razón por la que hemos querido llamar esta entrega Trilogía del corazón, por ser la manera en la que comienza su carrera literaria, que recoge el primer impulso desde la intuición y el palpitar que es donde salen los versos en su estado más puro.

En cuanto a temas formales es necesario advertirle al lector que los textos han sido revisados y por ello se ha actualizado la ortografía en el uso de los signos y los acentos, pero, en general, los tres títulos recogidos conservan la estructura original con la que vieron la luz.

© Catalina Garcés, septiembre de 2020.
© Prólogo de Trilogía del corazón, Luces de Gálibo, 2021.

Una experiencia inolvidable

Texto publicado en la revista “Proverso”, 22 de marzo de 2021.

Leer el ensayo breve en la revista Proverso

Un poema nos aguarda después de recordar una experiencia inolvidable. Creemos que tras un paréntesis imprescindible para congelar en la memoria un recuerdo inevitable, el poema alcanzará su forma definitiva porque el poeta se hizo hombre con él. Pero el poema tiene su propia independencia y movimiento. Intuimos que todo puede ser un poema, pero somos conscientes del límite de esta aseveración cuando muchas experiencias quedaron en el primer esbozo o se congelaron en el tintero de la pasión y de la memoria. Observamos su primer fraseo y un cúmulo de palabras desordenadas nos obligará a volver a la historia pensada con el sentimiento del olvido alzándose eternamente en el horizonte. El poema lo es todo y es nada. A veces un primer verso, otras una repetición de palabras como un único vértice de lo que acontece por nuestras vísceras endemoniadas, y otras, el susurro de la mente cabalgando por nuestros oídos como el mar de un viento único que se abraza ante nuestros ojos. Estaba, pero no nos dimos cuenta, éramos, pero quisimos ser otros frente al paisaje de la poesía. El de la infancia, el de la vida, el amor, la soledad y la muerte, una única premonición a oscuras cuando se acerca el poema en su primera impresión y desdoblamiento. Tu voz y la mía, lo que pretendemos y no logramos, lo que quisimos alcanzar y apenas nos deja un rastro, como un olor que reconocemos, algo muy nuestro, pero que no sabríamos definir a ciencia cierta pese al poder que encierran las mismas palabras en la búsqueda de esa definición. El día que un mar no tenga tus ojos, el día que aciertes con ese olor y lo encierres entre las palabras, ese día, dejarás de escribir, o escribirás el último poema, quizá el mejor, el más bello. El único e irrepetible, pero entonces nadie, nunca nadie, sabrá que te estás pisando la identidad en un mundo de silencios y murmullos inevitables ante lo inevitable que es la vida en el itinerario del poema. 

Latidos presentes

Entrevista realizada por Carlos González con motivo de la publicación de «Trilogía del corazón», en Mirarte de El Diario de Noticias, 19 de marzo de 2021.

Leer la entrevista en la web del diario

Pedirle a la vida

Si yo tuviera que pedirle algo a la vida, le pediría que la poesía no huyera de las calles y que la gente no huyera de sí misma. Si yo tuviera que pedirle algo a la esperanza, le pediría que no nos dejara que nos rindiéramos en el remolino de nuestras confesiones. Si tuviera que pedirle algo a la amistad, le pediría que siguiera un paso atrás del amor y que conversara con el silencio, cuando los demás no nos oyen. Si yo tuviera que pedirle algo al misterio, le pediría que mantuviera en su libro las palabras sorpresa e intriga, para que cuando lo abrieran pudieran llegar a cualquier parte. Si yo tuviera que pedirle algo al sueño, le pediría que nos dejara dormir con nuestras contradicciones a la vista y que nunca descubriera nuestros secretos. Si yo tuviera que pedirle algo al trabajo, le pediría que no cerrara las puertas de los sueños más hermosos. Si yo tuviera que pedirle algo al olvido, le pediría que nos dejara con nuestra felicidad momentánea y nos recordara lo que podemos perder sin perderlo todo. Si yo tuviera que pedirle algo al dolor, le pediría que no sufriera más de lo debido y que apareciera para evitar lo inevitable. Si yo tuviera que pedirle algo al ruido, le diría que no martilleara la conciencia de la gente. Si yo tuviera que pedirle algo al arte, le pediría que se quedara quieto para que pudiéramos entenderlo y que se moviera un poco para que pudiéramos verlo. Si yo tuviera que pedirle algo al aire, le diría que nos rozara con su transparencia y que respirara con nosotros permanentemente. Si yo tuviera que pedirle algo a la música, le diría que convirtiera en sonido el silencio doliente y en renovada alegría el dolor triste. Si yo tuviera que pedirle algo a mi familia, le pediría que me dejaran ser como he sido, un poco tonto y un poco libre, y que me quisieran como se recuerdan los momentos compartidos. Si yo tuviera que pedirle algo al presente, le pediría que no volviera la mirada al pasado y que no se le ocurriera confundirme con el futuro ni con la muerte. Si yo tuviera que pedirle algo a la muerte, le pediría que me dejara abrazarte antes de expirar mi último aliento. Si yo tuviera que pedirle algo al amor le pediría que estuviera a mi lado en ese momento y que nos enseñara a amar desde el principio. Si yo tuviera que pedirle algo a Dios, le pediría que no dejara que me sintiera confundido y que no dejara que la gente se perdiera. Si yo tuviera que pedirle algo al destino, le pediría que fuera benévolo con la gente y que no pusiera demasiadas piedras en el camino. Si yo tuviera que pedirle algo a la suerte, le pediría que me mantuviera digno ante mis ojos y humilde ante los de los demás, por más que tuviera un bolsillo agujereado o la cartera llena. Si yo tuviera que pedirle algo a la escritura, le pediría que me permitiera escribir lo que quisiera, sin mirar lo que hacen los demás o esperan de mí los pocos que me leen. Si yo tuviera que pedirle algo a los demás, les pediría que me recordasen con cariño una vez que no esté con ellos. Si yo tuviera que pedirle algo al recuerdo, le pediría que no me olvidase de inmediato y que me diera la oportunidad de escuchar mi nombre. Si yo tuviera que pedirle algo a mi nombre, le diría que le doy las gracias pese a todo y que olvidara que estuve a punto de cambiarlo. Si yo tuviera que pedirle algo al pensamiento, le diría que todo fue posible y que lo que no tuve no era tampoco tan imposible como creímos en un principio. Si yo tuviera que pedirle algo a los hombres, les pediría que se mantuvieran unidos y que no se abandonaran a extrañas suertes, ni partieran a viajes sin remedio. Y si yo tuviera que pedirle algo al paisaje, le pediría que siguiera siendo bello como ahora, transparente como cualquier pensamiento que se cruza entre nosotros y que me guardara en un lugar secreto.

© Fotografía: Raúl Fijo.

Revista Corredor Mediterráneo, nº 946, 10 de marzo de 2021.

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