«Pastel de nirvana» en Deia

Por Carlos González

“La calma es fuerza”, apunta Kepa Murua. Por eso, el poemario Pastel de nirvana (Cálamo) “no es un libro nervioso, sino dulce, sereno”. Entre otras cosas porque, como explica el autor, “en la serenidad y en la calma se puede hablar de muchas cosas”, también “de temas sociales como los malos gobiernos, la corrupción, los desahucios, la falta de posibilidades que se les da a determinadas personas para que tengan una mínima posibilidad”. Junto a esa esfera pública, está lo privado, lo íntimo, lo personal. Al fin y al cabo, el todo se compone de partes en apariencia diferentes.

Esta nueva creación -este año que ahora se termina también ha alumbrado su Autorretratos– es ya una realidad palpable, aunque será el próximo día 21 cuando se produzca su presentación oficial en esta Vitoria a la que Murua dedica un poema específico dentro de Pastel de nirvana. En concreto, a partir de las 19.30 horas y con la presencia de Catalina Garcés -autora que en este libro se ha encargado del prólogo-, el encuentro con los lectores tendrá lugar en el Centro Regional Gallego, un espacio atípico para este tipo de actos en la trayectoria del creador. “Ofrecí una conferencia en su momento que les gustó y quedamos en hacer algo más adelante”. Dicho y hecho. Junto a él estará además Manuel López, presidente de esta casa regional. “La idea es hacer algo distinto, muy ameno, también para encontrarse con un público diferente. Como pasa a veces con el jazz o la música clásica, el lector en ocasiones todavía tiene miedo a entrar en la poesía, aunque cuando le explicas las claves, la situación cambia”.

Como en “una tertulia por la que pasamos por diferentes registros”, Pastel de nirvana abre un amplio abanico de cuestiones públicas y privadas. “Te ofrezco el postre, coge el bocado que quieras, pero que sepas que hay bocados dulces y otros envenenados”, sonríe. Así, se habla, por ejemplo, de la religión y la política, que “son dos temas que ponen muy nerviosa a la gente. En mi caso, los toco con mucha tranquilidad literaria”. El lector sabrá qué lectura hace y si, en algún caso, se siente reflejado. “Quizá alguno se retrate y piense en lo que está haciendo”. Con todo, no se trata de sentar cátedra, “no hay por qué coincidir en los pensamientos, sino sencillamente escuchar y opinar para que todos podamos mejorar en el discurso público. Es verdad que parece que no estamos en esas como sociedad, pero yo sí;debo ser un raro, pero estoy ahí. En el silencio, en la reflexión, en la calma está lo más poderoso en estos momentos. Sobre todo en la escritura detenida que permite la poesía”.

Enlace de la reseña: https://www.deia.eus/2018/12/10/ocio-y-cultura/cultura/en-la-serenidad-y-en-la-calma-se-puede-hablar-de-muchas-cosas

También en: https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/12/24/ocio-y-cultura/en-la-serenidad-y-en-la-calma-se-puede-hablar-de-muchas-cosas?fbclid=IwAR3YoRjHUQU4C-L81eB5UGooXC58AzDrlTbFJvs215OXYwzJ7NLH9CmsJmo

Reseña “Los sentimientos encontrados: diario de un poeta y editor” de Kepa Murua

Por Alejandro Menéndez

Kepa Murua (Zarautz, 1962) es un hombre comprometido con el Arte, a quien le debe todo a pesar haberlo mimado como pocos. A sus numerosísimos poemarios y varias novelas les acompaña la revista Luke de creación contemporánea, que da voz a autores consagrados y a autores noveles. Asimismo, durante quince años (1996 – 2011) dirigió con tremendo buen gusto la editorial Bassarai, que se hizo un nombre dentro de los círculos especializados y que, como dice el propio Kepa, se adelantó a su tiempo, apostando por libros de vanguardia. Ambas identidades, la de poeta y la de editor, conforman una personalidad completa que mira con atención a ambos lados de la mesa para no perder el hilo de la conversación.

Hace seis años se publicó “Los pasos inciertos (1996 – 2004): memorias de un poeta metido a editor” (ed. Milrazones). En sus casi trescientas páginas se asiste al nacimiento de la editorial Bassarai y de la revista Luke, que son ya proyectos consolidados en “Los sentimientos encontrados (2005 – 2007): diario de un poeta y editor” (ed. Cálamo). Se han escrito ríos de tinta explicando el auge de los diarios, género que en España apenas se había cultivado hasta fechas muy recientes. Una de ellas apunta a que el público ahora demanda textos más eclécticos, a lo que se adapta mejor el diario que otros géneros. Otra causa apunta al diario como ejercicio introspectivo que ayuda a ordenar los sentimientos del individuo aislado en el marco de una sociedad frenética y posmoderna. Sin embargo, la explicación más completa, y esto el autor lo ha entendido mejor que nadie, reside en el pacto de verdad que asume el escritor con los lectores, que se materializa en la necesidad de no inventar y no fantasear. En este sentido, el respeto con el que Kepa trata al lector invade ambas esferas: como poeta nos muestra sus miedos y como editor sabe que tenemos la última palabra.

Con los diarios de Kepa Murua se accede a la intimidad del trabajo editorial de un emprendedor que apuesta por la literatura periférica. Es un testimonio muy útil para quienes quieran conocer de primera mano el surgimiento de las decenas de editoriales independientes que –aún hoy- permanecen firmes contra viento y marea. Kepa encuentra la razón «de este renacer de las editoriales independientes en un cambio generacional, en una renovación cultural que cada cierto tiempo acontece en todos los países». El editor independiente debe mantener la ilusión y la confianza en su proyecto a pesar de las tremendas dificultades que impone no pertenecer al círculo de distribución mayoritario. El mundo de la edición es una pescadilla que se muerde la cola.

La segunda parte de los diarios plantea un juego desde el principio. Del título se extraen dos lecturas: los sentimientos encontrados como sentimientos reconocidos (identificados, si se quiere) por medio de la meditación sosegada producto de la escritura; y los sentimientos encontrados como sentimientos en disputa o contradictorios. Ambos significados enlazan con la naturaleza propia del hombre: el deslumbramiento producto de la reflexión, así como la lucha constante entre dos pulsiones en conflicto.

Kepa Murua nos invita a bucear en su día a día, haciéndonos partícipes del enfrentamiento entre ambas identidades. Estos son «unos diarios para recordar, para no olvidar, que muestra la intimidad de un poeta y la trastienda de una editorial» El propio diarista así nos los cuenta: «la diferencia entre un editor y un escritor es clara: el editor tiene un oficio con más decepciones que alegrías, y el escritor obtiene de su oficio solitario más alegrías que decepciones». El poeta se apoya en el editor y el editor aprende del poeta. Pero, ¿conoce cada personalidad sus límites? Ahí es donde el escritor se vuelca y, en cierto modo, se ahoga: «siento que mi trabajo de editor me quita mucho tiempo para la escritura». Así, son recurrentes las anotaciones en las que Kepa observa un mismo prisma desde distintos ángulos: como poeta, como editor y como hombre («el editor que no se cree su papel, el que no se cree su discurso, es un farsante. El poeta que se cree lo que hace es un auténtico escritor. El hombre que se cree su existencia, un verdadero poeta»).

A pesar del fatigoso esfuerzo con el que se ha de empeñar un editor independiente, en los diarios aún hay tiempo para las relaciones sentimentales y las escapadas. Es sorprendente la sinceridad con la que Kepa describe la ruptura con Mi. y los episodios de desesperación que asolan a Dé. Estos diarios son, del mismo modo, un libro de viajes en el que el autor nos recomienda paseos, museos y salas de baile en Londres, Buenos Aires, Canadá y Brasil. Con un estilo sobrio y directo que compagina con disertaciones sobre poesía, novela y ensayo –algunas entradas son verdaderos testimonios académicos -, Kepa mezcla con maestría las diferentes caras de una misma persona.

Los diarios de este escritor guipuzcoano son de extraordinario interés para quienes quieran conocer la industria del libro. Además, en sus páginas se maneja con maestría el relato, apoyándose en una «economía verbal que busca el volumen justo para que la atención se centre en la calidad de la voz» porque «en la escritura nada es casual, todo es consciencia». Kepa es un narrador incómodo que accede a la profundidad de las cosas y nos las enseña. Es un regalo que comparte la experiencia de alguien que se ha ganado el respeto por derecho propio: un artesano del libro que no debe nada a nadie.

Enlace de la reseña: https://almacendehierros.wordpress.com/2018/12/21/resena-los-sentimientos-encontrados-diario-de-un-poeta-y-editor-de-kepa-murua/

En Territorios: «Pastel de nirvana»

Publicado en el Diario El Correo; sábado 22 de diciembre de 2018

Pastel de nirvana

Pastel de nirvana es el último poemario de Kepa Murua y presenta 82 composiciones en verso libre de una media distancia cuyo contenido oscila entre el signo intimista y el colectivo. Murua pasa del amor, la amistad, el dolor, la alegría, el tiempo, la muerte, la soledad o los momentos de comunión con los otros asuntos clásicos de la poesía social o civil, como son la pobreza, el futuro, el trabajo, la corrupción, la emigración, los gobernantes, los parlamentarios… Dicha variedad temática aparece expresada en el propio título del libro, que sugiere una contradicción. La palabra ‘pastel’ alude al mundo material y sensitivo mientras el término ‘nirvana’ apela a esa fase espiritual que se caracteriza por la extinción de los deseos materiales en el budismo y el hinduismo.

Enlace de la reseña: https://www.elcorreo.com/Territorios/autora-normas-20181222175919-nt.html

Pastel de nirvana en «El corredor Mediterráneo»

Miércoles 14 de noviembre de 2018 – Año 19 N° 829

De las fuerzas que dominan al mundo, Kepa Murua escoge la vida con todos sus matices. Contienen los versos de este poemario, aquellas palabras que pronunciaría un guerrero en plena lucha, al menos aquellas que, en el silencio de lo que no se dice en voz alta, se pasean por su mente. Este es el guerrero que a pesar de las derrotas vuelve al escenario, pues sabe que tarde o temprano su enemigo será vencido, y ese enemigo es el desamor, el vacío, la desesperanza, más no la muerte como podría pensarse.

Ese enemigo es el pasado que hemos creído como pieza clave de nuestro futuro pero que, en palabras del poeta, en realidad no lo determina, mucho menos el presente, pues no es cierto que la vida sea tan estrecha y predecible como nos han hecho creer esos que han jugado con nuestra historia, esos que han robado nuestras riquezas con mentiras, esos mismos que han querido gobernar y gobernarnos, esos hombres que también caben en este poemario, con lo cual, Pastel de nirvana no desconoce que somos ante todo seres políticos y que esa opción de escoger las fuerzas de la vida, también hace necesario reconocer una postura ante los hechos y las injusticias. Y es que así es o puede ser el cielo: una suerte de espacio de consciencia del acontecer del mundo, un premio, un pastel. El cielo, el nirvana, es ese estado de iluminación: la recompensa, la dulzura merecida por la espera incansable.

El autor conjuga los grandes escenarios con los pequeños. La vida es también la historia de un amor o el mínimo espacio que ocupa la familia, aquel núcleo en el que surgieron las primeras preguntas esenciales acerca de nosotros mismos, de los otros y del mundo. Allí, en la sala o en la cocina, el tiempo se prolonga desde la infancia hasta la adultez y vemos a nuestros padres envejecer y morir y, en medio de ese ciclo, entre la oscuridad y la luz, se alza el canto de los pájaros que es la voz de la vida, para que de nuevo, el amor que vuela, se esconde, se aleja y nos llama, nazca en la mañana y en la noche se esconda en un juego sin descanso.

Pero al final, creyendo el lector que quizás todo vaya a aclararse y que las preguntas serán respondidas, el poemario nos devuelve preguntas, las de siempre, las que nos empeñamos en descifrar, las que alimentan nuestra existencia. El último poema es una página en blanco: una nueva posibilidad.

Catalina Garcés