Entre las cuerdas

Hay quien dice que la literatura es boxeo. Hay quien afirma que ser escritor es como ser boxeador. Es verdad. En el boxeo tienes que entrenar, conocerte bien, aprender del cuerpo y controlar la mente. Escribir libros y publicarlos no es un hecho habitual, tampoco hay mucha gente que se suba al ring. Pero entre las cuerdas, aunque la gente no se lo crea, no hay ganadores ni vencidos; solo uno que se baja del cuadrilátero antes, uno que deja de recibir golpes y otro que deja de darlos. En realidad, una vez que peleas con alguien, sabes que has de escribir de otra manera.

© De la fotografía: ardiluzu.

El respeto por el oficio

Yo mismo podría hablar de muchas puertas cerradas, de trampas tontas pero reales y dañinas de mis colegas, que en su día me molestaron, de incomprensión y de mucha soledad, pero, más allá de las penurias y miserias de esta realidad compleja a todas horas e inevitable como otra cualquiera, solo me gustaría que me recordasen por el intento de dignificar el oficio de la escritura con mis modestos logros como poeta y escritor al haber escrito y publicado algunos buenos libros.
© Km, Poemas de la servilleta, Olifante 2016.
© Fotografía: Isabel Delgado, 2017.
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El amor por los lectores

Sin un lector al lado, sin un lector que lea el poema escrito por un autor, el mejor poema no tiene vida. Sin un lector que sostenga un libro, lo abra y lo lea, el mejor libro, el libro más enigmático, el más hondo, no existiría.
Sin el lector, no somos nadie. Cuando nosotros mismos no somos lectores, no somos nada. Un libro sin lectores está condenado al olvido, al fracaso, podríamos decir que está muerto, y en cambio, por el contrario, con la irrupción de los lectores todo revive como cuando sale el sol después de muchos días de lluvia y la casa se ilumina con los primeros rayos de la mañana, tras la noche cerrada e intensa.
© km, Poemas de la servilleta, Olifante 2016.
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Ese amor por las palabras

En los peores momentos de mi vida, cuando no he tenido ese amor que buscaba, o cuando he fracasado en los proyectos profesionales o cuando, sí, también, me he arruinado y no he tenido un duro ni para comer o sentirme tranquilo, he sentido a menudo ese amor por las palabras que justo en ese momento podrían salir de mi boca, que es lo mismo que decir que podrían escribirse.
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© Km, Poemas de la servilleta, Olifante 2016.

Octubre


 
 
 
 
 
 
Ser auténtico desde dónde se escribe y cómo. Porque si uno tiene que saber desde dónde escribe debe también saber cómo lo hace. Cambiar de país, de registro, o de voz, tiene ese doble reconocimiento: llegas a un lugar donde nade te conoce y donde, como si empezaras otra vez de nuevo, apenas conoces a nadie. Solo es cuestión de que el tiempo te conceda la libertad necesaria para hacer lo que desees. Solo que la vida te conceda una nueva oportunidad cada vez que lo intentes, me digo.

Cambios radicales

El siglo se reconocerá por las emigraciones masivas, por los cambios radicales de la economía y la sociedad a los que asistirá el hombre con su cultura reconvertida en un eterno mestizaje. La cultura se impone por lo que se avecina tolerante. Será la comunicación con sus múltiples matices un punto de encuentro y de peregrinaje, un símbolo vivo de la efervescencia del momento. Viviremos en ciudades donde convivan varios idiomas, donde se escuchen melodías diferentes. Habrá quien trabándose las palabras se reconocerá en una o en otra, pero las lenguas serán parte del proceso enriquecedor del hombre. Como lo serán las viejas y nuevas costumbres, los rasgos y las diferencias que nos asemejan al resto de los hombres. Entorpecer esta emigración masiva, limitar esta nueva aventura, imponer leyes y reglas para defender una única lengua, jugar con ella por motivos ideológicos no tiene sentido. La lengua prevalecerá porque el hombre es quien respira con ella y la hace vibrar en todo su esplendor. La poesía será el hombre con sus diferentes voces, y la lengua el plural conocimiento de una aventura que nos hará libres, por más que algunos se empeñen en confundirlo todo.
 
Del libro, La poesía si es que existe

Organizar un festival de poesía

Organizar un festival de poesía, no sé si es fácil o difícil, pero la verdad es que te quita mucho tiempo. Y sin embargo, en un tiempo en que el mundo está cambiando, la crisis azota a todos por igual, por fin tenemos una buena noticia y podemos decir que el País Vasco vive un nuevo tiempo. Un tiempo sencillo para algunos, complicado para otros, pero donde la palabra es necesaria para entendernos y para poder disfrutar de la vida y de nuestro trabajo, sin interferencias que nos confundan más allá de lo que pensamos y pretendemos.
La palabra sirve para reflexionar sobre lo que nos sucede en un presente –a menudo confuso– y nos ayuda a la hora de mirar al futuro, con esperanza, por ejemplo, y sin que podamos olvidar el pasado que nos muestra cómo hemos sido. La palabra descubre los sentimientos, incluso los temores o los miedos que aún acechan, de la misma manera que nos ayuda a crecer en una nueva sensibilidad y a vernos tal como nos ven los demás, con una mirada diferente que puede y debe observar, también, al mundo.
Siento que estamos ante un festival donde manda la palabra y donde el silencio queda en manos de los lectores y los espectadores interesados en la poesía. Siento que tenemos un festival donde la poesía suena con una orientación moderna, con un estilo que responde a la realidad más actual y que, a su vez, se completa con diferentes registros y voces que desde su lugar de origen nos acerca cada poeta.
Se suele decir que cada poeta es un mundo, yo me atrevería a decir algo más: cada lugar tiene su poeta, cada paisaje su canción, cada tiempo su reflexión, cada silencio su atención, cada frase su sorpresa, cada acento su magia, cada pensamiento su misterio. Un misterio que es parte del mundo que nos habita mientras respiramos con los sentidos y hablamos y pensamos con la palabra.
Y como de los sentidos, de la música, de la vida y del gusto por la palabra entiende el público, cuando uno organiza un festival de poesía, así como debe contar con su gusto, debe atender, ante todo, a las posibles exigencias de la audiencia, de los lectores, de los espectadores, que suman –junto a los artistas y los poetas– la realidad más dinámica de este mundo.
Me hubiera gustado invitar a más poetas, pero el limitado aforo y otras cuestiones relacionadas con la programación nos han condicionado un poco. Pero el espacio de la poesía es rico e inmenso y ya habrá nuevas oportunidades y más encuentros donde participemos todos: poetas y lectores, artistas y público.
Ahora queda la palabra y en silencio, cualquier gesto que se acerque a ella con uno u otro significado, mientras el mundo sigue en movimiento.
Hacer, parar y seguir, así debe ser la vida de cada uno. Pensar, decidir, acometer, descansar, observar y sentir. Gozar y volver a empezar, casi como el oficio de juntar versos, casi como el amor en tiempos de esperanza o la paz en un tiempo nuevo.

El polvo de la vida

Sé que se trata de dar y de recibir, de sentirse amada y de no sentirse solo ni herido, aunque todo parezca difícil y en el fondo sea más sencillo de lo que pudiera parecer o menos confuso de lo que pudiera sentirse. Se trata de sentir la música que vibra en cada cuerpo, aunque se escriba de la dureza de la vida que se confunde con su belleza y la soledad descubra la ceniza que queda después del sueño. Lo malo, dirás, es que luego, cuando nos invade la soledad, necesitamos de más fuego, pero aparece el polvo de la vida. De sentirnos queridos y de recibir algún que otro abrazo. De compartir la intimidad, pues, una vez que se hace, la amistad se vuelve diferente.