Me he convertido en el escritor que sospechaba que podría ser

Publicado en Kultura Gara
09/08/2019

Por Patxi Irurzun

http://patxiirurzun.com/2019/08/5850/

-¿Por qué una antología ahora, a qué responde, los treinta años escribiendo, la necesidad de echar la vista atrás, reflexionar sobre tu trayectoria?

Algunos de los libros publicados están agotados o son difíciles de encontrar y con este libro, El cuaderno blanco, los lectores tienen la oportunidad de acceder a mi poesía. La antología es un resumen que reconoce mis cambios como poeta y mis inquietudes como escritor

-Hacer una selección del trabajo propio supongo que será complicado, a veces incluso doloroso (dejar fuera algunos poemas, por ejemplo)? ¿Qué criterios ha seguido?

Concedo libertad a los críticos y los lectores de mis libros para que opinen sobre lo que les sugieren mis textos. Me gusta escucharlos para luego sacar mis conclusiones. En este caso la idea de la antología nace de la escritora colombiana Catalina Garcés; el primer sorprendido por la selección de los poemas, los temas tratados y el título El cuaderno blanco, fui yo. Si me hubiera encargado yo, la antología sería otro libro.

Fotografía por Raúl Fijo

-Llama la atención el título, El cuaderno blanco, para un libro en el que todos los poemas ya estaban escritos hace tiempo ¿por qué?

Es el título de un poema de Escribir la distancia, un libro que cambió mi pulso poético. Es la referencia al cuaderno aún por escribir o la página en blanco, son temas recurrentes en mis libros. Cada uno debería escribir su vida.

-La antología, como señala en el prólogo Catalina Garcés es una mirada panorámica, un cuaderno de ruta de un viaje, vital y poético, ¿se puede leer así?

Son treinta años de escritura que muestran una poesía intimista que refleja lo que acontece en la sociedad y dentro de mí como testigo de esos hechos. Me sorprende la vitalidad de los poemas. La vida aparece en todas las páginas, incluso cuando se menciona la muerte hay un tono de aceptación de la belleza del mundo. Se puede leer así, pero el lector tiene plena libertad para hacerlo de muchas otras maneras.

-¿Cuál es el balance que hace usted viendo esa panorámica, esa trayectoria?

Cuando empecé soñaba con escribir unos cuantos libros. Que se publicaran me costó tiempo, no fue fácil para mí, recibí tantos rechazos como desprecio por lo que hacía. Cuando era joven, además, me daba vergüenza presentarme como poeta; ahora observo que esos temores se han superado y que me he convertido en el escritor que sospechaba que podría ser, aunque al principio no sabía de qué manera lo lograría.

-También se habla en el prólogo de que su poesía se caracteriza, entre otras cosas, por un sabotaje del amor romántico ¿Está de acuerdo? ¿Y cuáles diría usted que son las constantes de su poesía?

En los primeros libros surge un grito frente a la realidad que no me gusta y se aprecia una llamada al amor que se confunde con el deseo. Con el paso de los años la voz se serena y se equilibra ante los temas vitales como son el amor, la amistad, la sociedad en la que vivimos y la vida que llevamos.

-En uno de sus poemas dice “No debo hablar de mi /jamás lo hago”, sin embargo la poesía, y también la suya (hay, por ejemplo, varios autorretratos), está ligada a lo íntimo, a la experiencia vital. ¿Hay una voluntad de trascender, de que el lector se reconozca en usted?

En muchos poemas relato hechos que no me han pasado a mí directamente, las voces y los registros de mis libros son diferentes y variados, pero con en El cuaderno blanco el lector interpreta un viaje poético de un autor cercano con una mirada cómplice.

-Por último, después de esta antología y supongo que la reflexión que la acompaña, cuáles serán los siguientes pasos, como se enfrenta a nuevos poemarios, si los va a haber. 

Sigo escribiendo, tanto poesía como narrativa, y tengo varios proyectos sobre la mesa. Por ejemplo, diferentes tomos de memorias de poeta metido a editor que me gustaría que se publicasen; ojalá un editor se interese por ellos. Considero que es un documento que retrata el mundo de la edición y la poesía contemporánea, aunque también se habla de política y sociedad. No tengo prisa, si uno tiene un buen libro o un proyecto de calidad que presentar al público tarde o temprano llegará a los lectores. Soy un superviviente que se ha convertido en un experto a la hora de superar diferentes retos.

Enlace: https://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/gara_2019-08-09-07-00/hemeroteca_articles/me-he-convertido-en-el-escritor-que-sospechaba-que-podria-ser

Jordi Royo

Recuerdo del poeta y del amigo.

Jordi Royo, poeta del discurso verbal y gráfico.

Ha muerto Jordi Royo (Barcelona, 1959), víctima de una larga enfermedad degenerativa que pronto le apartó de los círculos poéticos. A pesar de una infancia complicada, en un internado de Galicia, tuvo una juventud llena de experiencias que vivió de forma alegre, poética y  heterodoxa. Sus amigos lo recuerdan como una excelente persona que, entre finales de la década de los setenta y principios de los noventa, en el ya desaparecido Café Dadà de Barcelona o en su piso del barrio barcelonés de Gràcia, le gustaba compartir lecturas diversas G. Leopardi, Ezra Pound, T.S Eliot, L. Ferlinguetti–, hablar de bossa nova o de canción italiana, de filosofía, o tocar la guitarra y salir en busca de un futbolín o de una máquina de flipper para jugar interminables partidas con los amigos o llevarlos en moto, de noche, por las calles de la ciudad mientras soñaba con un viaje a San Francisco, tras el rastro de la cultura beatnik, que finalmente la enfermedad no le permitiría realizar.  

Retirado en su casa de Palau-Solità i Plegamans, junto a su mujer Victòria y sus dos hijas, a pesar de los estragos de la enfermedad, Jordi Royo continuó escribiendo e ideando proyectos con otros escritores y artistas visuales. Conocedor de su inevitable final, trabajó hasta el último momento que le fue posible.  

Lejos de las convenciones, su poesía está libre de cualquier compromiso que no incluyera su propia presencia, su búsqueda y experimentación. Jordi Royo apostó por una refundación lírica, sin concesiones, no adscrita a militancias, que integraba elementos de la poesía visual, ecuaciones, signos de net-art, variaciones numéricas, códigos-máquina y claves que presentaba con listados que se acercan a la exactitud del decir científico para expresar, paradójicamente, la inexactitud y la inmensurable dimensión del ser humano. Con esos elementos logró un equilibrio original entre el discurso verbal y el discurso gráfico. Tal vez, como se ha dicho de él, no estar inscrito en ninguna tradición poética sea ahora un lujo, incluso un acto de rebeldía; el mismo lujo y el mismo acto de rebeldía que podemos reivindicar como lectores de ese caleidoscopio suyo de imágenes que muestran una realidad móvil.

El que también fuera secretario de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña en los años noventa se licenció en Filosofía por la Universidad de Barcelona, realizó cursos de doctorado de Literatura Comparada y dirigió las colecciones de arte y literatura: Amagatotis, Ipshitilla, Phalartao y Boston. Asimismo desarrolló una labor como crítico de arte, colaborando en catálogos de artistas plásticos en diversos países. Su obra ensayística, publicada de forma parcial en revistas, fue editada por Bassarai en el libro La imagen poética (2004). Tradujo al catalán y al castellano a G. Leopardi y a Csoóri Sándor y revisó la traducción de Old Possum´s book of Practical Cats de T.S. Eliot y algunos textos de János Pilinszky. Como poeta fue el autor de media docena de libros en los que destacan Naznava (Premio Ámbito Literario / Poesía 1982) y Il gobbo (Premio Ámbito Literario / Poesía 1988), ambos publicados por la editorial Anthropos, dos textos que pasados más de treinta años corroboran las palabras que le dedicara Juan Antonio Masoliver Ródenas en el prólogo de Il gobbo: “el poeta se está refiriendo continuamente al primer libro, Naznava; hay una lectura constante, en un proceso de construcción y desconstrucción, de aceptación y de rechazos: naznava y avanzan están en el centro de toda su poesía, un retroceso que es asimismo un punto de partida.” Otros libros, La utilidad de la muerte (1997), Okupación del alma (2002), y @-dreams (2009) fueron publicados por Bassarai.

Recientemente se ha reunido el conjunto de su obra en un único volumen: Poesía Reunida 1980–2011, Ediciones Sin Fin (2017). Sus poemas han sido incluidos en antologías de España y México, y traducidos al húngaro, portugués e italiano. En enero de 2018 y con motivo de la aparición de Poesía Reunida 1980–2011, sus amigos poetas le rindieron un homenaje en la Llibreria Calders de Barcelona.

Jaume Benavente, Kepa Murua, A.G. Porta, Gustavo Vega.

También se puede leer en el enlace de ACEC:
http://www.acec-web.org/spa/default.asp

Entrevista en la revista Pérgola

Bilbao, por Alex Oviedo.

 “Reivindico el oficio de poeta”

Seis poemas por cada uno de sus dieciocho libros conforman la primera antología  de Kepa Murua, El cuaderno blanco, un poemario surgido a partir de un trabajo de la poeta Catalina Garcés, “que conoce mi obra, hizo una selección y escribió un bonito prólogo; y de la apuesta de Javier Fernández Rubio, editor del Desvelo, que ya había publicado mi obra narrativa”.

– ¿Por qué una antología?

Me sirve para presentarme a los lectores que quizás no me conozcan o a aquellos que no pueden encontrar algunos de mis poemarios.

– ¿Se ha reconocido en esos poemas?

Sí, y eso que tenía cierto temor. Veo a un joven perdido, desorientado, pero con ganas de reivindicar su voz poética. En todos los libros subyace esta reivindicación del oficio.

¿Hay diferencias entre el poeta de antes y el de hoy?

El cambio radical de mi poesía comienza con los poemas publicados a partir del 2011: Lo que veo yo cada noche, Ven, abrázame y Escribir la distancia. Estos libros tenían como colofón La felicidad de estar perdido, un canto amoroso a la aceptación de la vida, pese a torpezas o sinsabores. Creo que en ellos, o en otros anteriores como Siempre conté diez y nunca apareciste, estaban algunas de las claves de mi poesía: el amor, el desamor, el deseo, la aceptación o no de la realidad.

– Siempre pensé que su cambio poético era El gato negro del amor.

Quizás porque en ese libro aparece una voz más narrativa. Con él pasó algo curioso: se publicó al tiempo que Poesía sola, pura premonición, un volumen extenso que pasó, sin embargo, desapercibido. El gato negro del amor tuvo mucho más recorrido crítico y de lectores, con esos poemas a mi padre, a mi madre…

– En su trayectoria hay libros escritos durante años: Poesía sola, pura premonición, Autorretratos...

Trabajos que empecé hace treinta años. Comencé Poesía sola, pura premonición en Berlín en 1989, un libro que tardé en cerrar más de una década.

– ¿Berlín tuvo mucho peso en su poesía?

Sin duda. Era un joven sin expectativas laborales, que no quería atarse demasiado; y además de quitarme la losa del terrorismo pasé de un pueblo como Zarautz a una gran capital en la que abundaba el arte. Conocí a artistas que con poco hacían mucho y que reivindicaban que ya lo eran aunque no tuvieran obra. A mí me daba vergüenza decir que era poeta porque apenas tenía un libro –Abstemio de honores se publicó entre mis ideas y venidas a Berlín-. Incluso el germen de la editorial Bassarai nació de allí.

Julio, 2019

Kepa Murua: “También en el fracaso se puede encontrar la felicidad”

Por: Nekane Vado

Kepa Murua (Zarautz 1962) nos ha embelesado con su poesía en muchas ocasiones. Más de 30 años avalan a este escritor que tiene en su haber mumerosos libros de poemas y tres novelas; y muchas libretas guardadas, llenas de frases, versos e ideas que algún día verán la luz, como ahora lo hace “El cuaderno blanco” (El Desvelo Ediciones) su inmensa antología poética, para la que Catalina Garcés ha seleccionado 108 poemas: desde “Abstemio de honores» (1990) hasta “Pastel de Nirvana» (2018). La poesía de KM nos retrata minuciosamente la realidad del mundo y lo hace de forma paralela a su propia imagen, con una sinceridad de sí mismo y de otros que bien podría ser el espejo común en el que la humanidad se ve retratada y Kepa Murua lo descubre sin miedo.

¿Por qué ahora una antología?

Catalina Garcés, que también ha escrito el prólogo, estaba preparando un trabajo sobre mi obra, el editor se enteró y de ahí salió la propuesta de esta antología poética, enteramente seleccionada por ella. Y  esta selección, probablemente muy distinta a la que yo hubiera hecho, me ha sorprendido satisfactoriamente: me da una nueva visión de camino que me reconforta.

¿Llegan los jóvenes a su obra?

Yo tengo muy claro que no es posible existir sin ser leído. Y dentro de ese campo de lectores, a mi me da mucha alegría el lector joven. Me llena de satisfacción ver como ahora un grupo de adolescentes de la ESO ha elegido mi obra para hacer un trabajo de curso. También recibo cartas de jóvenes poetas latinoamericanos que me piden consejo, porque allí hay un gran movimiento literario.  Agradezco a todos mis lectores que estén ahí, apoyándome.

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“Hay días en que las manos en alto son treinta noches sin pronunciar palabra” (2009) ¿Estos versos hablan de KM?

Todos mis versos son un refugio, porque en los momentos de soledad y desasosiego, sobre todo en aquellos años de plomo (violencia de ETA) la sensibilidad que yo percibía la manifestaba en claves poéticas.

¿Qué ha callado en su poesía?

En “Autorretratos” (El desvelo, 2018) muestro algo de mi, de mis emociones a través de las personas que amamos o hemos amado alguna vez; pero generalmente callo buena parte de mi biografía, porque la voz no tiene porque corresponderme a mi, sino al deseo de otra persona, o al mar, cuya presencia me da mucha serenidad. Olvido decir soy yo.

¿Un poema de esta selección?

“Autorretrato con chaqueta verde” es mi seña de identidad, me encantaba de joven esa chaqueta verde y la usaba tanto que o estaba sucia o descosida. Le pedía a mi madre que me la cosiera… ella no quería, no le gustaba que fuera vestido con ella, le resultaba vieja: “La encontré en un armario/oculto de tu casa/y nadie de los que conozco/quiere coserla/porque es muy vieja y muy fea”. Bueno, al final, me la cosió una tía.

En “Autorretrato con guantes de boxeo” conocemos su afición

Si, llevo años con el boxeo, aunque antes de este libro no lo sabia casi nadie: “Para que rechacemos la venganza de los sueños rotos/sigo golpeando el rastro invisible de mi retrato”.

Algunos escritores, sobre todo poetas, dicen que la poesía es la hermana pobre de la literatura, ¿está de acuerdo?

No. Digamos que es la gran desconocida, pero la poesía está en todo, incluso en la Biblia.

¿Cómo se retrata un poeta?

A través de los sentimientos que se reflejan en un paisaje, en la vida, en el amor, en la política… pero no hay que confundir nunca el deseo con el amor.

¿Qué fue antes el huevo o la gallina?

Por supuesto la poesía. Antes de que se pusiera de moda, que se hablara de ella, mucho antes estaba ahí, ha estado desde siempre. Podemos hablar de relevo generacional.

Es un hombre solitario… ¿quién ha acompañado a quién,  Vd. a la poesía o la poesía a Vd.?

Me gusta el silencio y la poesía me acompaña, incluso me ha dado música a ese silencio, proporcionándome mucha calma.

En “La felicidad de estar perdido” (2015) también parece haber mucho de KM

Aquí hablo de la felicidad: “La felicidad de ver el mar/con otros ojos/La felicidad de esperarte/aunque no vengas/La risa, la risa/más allá de la sonrisa/o la bendición de las cosas más simples”.  Me siento bien con estos versos. A veces tenemos tropiezos, pero no debemos olvidar que en el fracaso se puede encontrar la felicidad. Quiero agradecer a Javier Sánchez Menéndez (Siltolá)  por la publicación de “La felicidad de estar perdido” un libro que me reconforta especialmente. Tengo varios agradecimientos en esta antología, lo hago con satisfacción.

En un cuaderno blanco/como la nieve que cae/o la mano helada que acaricia tu rostro.. escribía su poema “El cuaderno blanco” (2012) que precisamente da título a esta antología poética ¿Qué hay en tanta belleza?

Mucha sinceridad y la puerta abierta para la libre interpretación.

“Mi madre”, “Mi padre” dos poemas en “El gato negro del amor” (2011) muy especiales

Mis padres me han marcado; ella, mi madre, dando sentido a mi vida, una mujer muy disciplinada y práctica; él, mi padre, que vivía en el silencio, como esos vascos de entonces que les costaba sacar a la luz sus sentimientos. De los dos he aprendido mucho: “A mi madre le gustaba/mirar por la ventana./Podía pasar horas y horas/con los ojos hacia dentro/mirando a la calle”. Con mi padre “A mediodía nos sentábamos/en un restaurante/con un mismo menú/todos los días: vainas y sardinas./Él fruta y yo flan/Él vino y yo agua”. “El gato negro del amor” es una poesía balsámica: me sobrevino el divorcio, un desgarro vital y familiar, tenía que contarlo, pero salvaguardando la intimidad, y conté una historia de gatos, me hice un ajedrez de gatos. Porque no hemos de olvidar que lo escrito permanece, el trabajo queda ahí.

¿Siempre ha querido ser poeta?

De muy joven marche a Berlín. Allí hice un  buen amigo. Allí escribí mis poemas y allí me dije que quería ser poeta. Mi buen amigo me dijo: “ya lo eres”. Soy poeta desde siempre. Me acuerdo como era, quizás haya perdido aquella frescura de la juventud, pero estoy contento con lo que se ha convertido ese joven.

¿Como es el KM de ahora?

Cada vez más trascendental, me acerco al canto y al relato poético que transforma el mundo literario hacia el sentido de la vida.

En 2017 escribe : “Me duele el corazón al sentir los pasos equivocados del mundo…” y en 2018 pide: “Quédate a cambiar el mundo desde tu casa”. ¿Hay un KM reivindicativo ahora? ¿Puede tener la poesía ese poder?

El poeta no pude mentir. Aún siendo con metáforas, hay que constatar la realidad. Es un valor que trasciende y por ahí van mis apuestas.

Tiene imagen de duro…

Es una imagen que ha salido de los medios de comunicación y no lo entiendo muy bien porque yo me considero un hombre tierno, incluso ingenuo, pero doy la imagen de duro y eso me marca mucho. Somos como nos ven los demás, por ejemplo en Latinoamérica dicen que hay una voz muy tierna y dulce en mi, pero la luz que proyecto aquí creo que es más estereotipada. Decía Balenciaga que la fama es transitoria y que solo queda la ropa bien hecha.

¿Tiene nuevos proyectos?

La buena literatura tiene distintos registros y distintas voces. Yo me considero un escritor y me falta el teatro, así que haré algo, tengo alguna obra ya en mente.

“El secreto del mundo, la soledad no deseada: lo que para unos es el norte, para otros el sur” ¿Es buena la soledad?

Yo no me considero solitario, aunque si me gusta el silencio.

La soledad no deseada duele y estamos en una sociedad que está llorando demasiado de soledad. Mila esker KM.

Enlace: https://lasentrevistasdenekanevado.com/2019/05/29/kepa-murua-tambien-en-el-fracaso-se-puede-encontrar-la-felicidad/?fbclid=IwAR3EPCrfqolKuqG8yPxSw7fsDYE49Y9oSogma8qab9vIVmWUAI-b1-hCluA

Reseña. Antología poética de Kepa Murua «El cuaderno blanco»

Sábado 25 de mayo de 2019. El Diario Vasco

Kepa Murua (Zarautz, 1962) reúne en El cuaderno blanco un centenar de sus poesías que recorren toda su trayectoria desde que publicó Abstemio de honores en 1990. La selección ha sido realizada por Catalina Garcés Ruiz, que en el prólogo define su poesía como «una lucha no armada ni extrema, sino artística, usando la palabra creadora que año tras año se va acercando más al canto y a la oración». La prologuista concluye que esta antología permite encontrar una ruta creadora que durante las tres últimas décadas ha seguido Murua, «de cómo poco a poco ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano». I.U.

Entrevista en El Diario Vasco

Kepa Murua: «Ser un ‘autor de culto’ estará bien en el rock, pero como poeta me ha pesado»

Por Alberto Moyano. SAN SEBASTIÁN.
Martes, 7 mayo 2019, 06:51

En ‘El cuaderno blanco’ (El Desvelo Ediciones), Kepa Murua (Zarautz, 1962) reúne 108 poemas de los diecisiete poemarios que ha publicado en los últimos treinta años. Antologado y prologado por Catalina Garcés Ruiz, el escritor zarauztarra reconoce que esta selección le ha permitido observar su obra desde nuevas perspectivas y comprobar que aún se reconoce en cada uno de los volúmenos que ha escrito a lo largo de su dilatada trayectoria.

  • ¿Por qué era éste el momento oportuno para una antología?
  • Esa una pregunta interesante, fueron varias casualidades. En primer lugar, porque después de treinta años de escritura, merecía la pena una mirada hacia mi obra. Por otra parte, aunque como editor fui reacio a las antologías, se me brindó la oportunidad. Catalina Garcés estaba estudiando mi obra y a la vez, preparaba una antología. Y cuando me la presentó el primer sorprendido fui yo porque uno se hace una especie de resumen poético, pero esta antología me retrataba muy bien, pero con matices sorprendentes.
  • ¿Cuáles?
  • Por ejemplo, yo siempre pensé que era un poeta más íntimo que público, en el sentido de que no trabaja tanto los espacios sociales, pero Catalina me hace ver que lo político, entendido como el conocimiento del hombre, también estaba ahí, sólo que quizás mi mirada era más intimista y lo trataba desde un punto de vista más individual. Parece ser que no era así porque los lectores de esta antología le están dando la razón a ella.
  • Esta antología rescata seis poemas de cada uno de los diecisiete poemarios que ha publicado hasta el momento. Visto con perspectiva, ¿piensa que debería haber hecho cribado más?
  • No, estoy contento con cada libro. No soy el clásico autor que sólo celebra su último título. Es toda una andadura, con aciertos y errores. Sí es verdad que me identifico más con algunos libros, pero esta antología me permite ver que estoy en todos los poemarios. Especialmente me ha sorprendido la frescura de los primeros, que me hicieron pasar de ser un poeta de provincias, anónimo y periférico a ser un tanto conocido o a ser definido por la crítica como un «poeta oculto» que, como se dice en la antología, es una etiqueta que me ha pesado para mal.

«Se dice que la poesía es ahora el género de moda; me parece bien, pero no creo que sea cierto»

«El boxeo me ha enseñado, como escritor, dónde puedo pisar y dónde me tengo que colocar»

  • ¿«Poeta oculto» o «poeta de culto»?
  • De culto, alguien que está oculto, que hace rarezas. Esto para el mundo del rock puede venir muy bien, pero en la literatura «de culto» quiere decir que no vendes libros, que vas a tu bola y esto no es así. Muchas veces estos adjetivos tan taxativos lo que hacen es ocultar un trabajo literario muy importante.
  • ¿Cuál es el hilo conductor de esta antología que recorre treinta años de escritura?
  • El amor, ¿no?
  • Sin duda, pero desde perspectivas muy diferentes.
  • Lo que pasa es que en los primeros libros no se menciona tanto el amor como el deseo, la piel, los encuentros, pero en el fondo siempre se está buscando el amor. Cuando hablo de ‘amor’ no sólo me refiero al que se de entre dos personas, puede ser también el que se siente por un lugar o en el ámbito familiar o de la amistad. Otro punto muy importante es el respeto por el oficio y por la palabra. Cuando la palabra se dice se puede olvidar o se lleva el viento, pero una vez que se publica queda ahí y yo creo que, especialmente en el País Vasco, he trabajado mucho el respeto por el significado de la palabra bien dicha, comedida y, más que nada, con humildad porque aunque ahora haya otras personas que digan otras cosas, para mí tiene un carácter muy humilde y un tanto íntimo.
  • ¿A qué se refiere?
  • A que ahora a la poesía se le está dando mucha presencia y mucha fuerza, y se dicen cosas como que es el género de moda. Todo esto me parece bien, pero no creo que sea cierto. Yo valoro la poesía más personal, los autores que te hacen pensar, reflexionar y dudar de cuál es tu sitio y, sobre todo, los que trabajan muy bien el oficio de poeta.
  • ¿Se ha banalizado el uso de las palabras en general y también en la poesía?
  • Ante todo, cada poeta es un mundo y cada libro defiende unas poéticas en una libertad con la que hay que estar de acuerdo. De igual forma, también es verdad que cada uno vibra más con unos autores que con otros y con unas poéticas que con otras. Así como la poesía no sólo está en el libro, sino en otros lugares como la publicidad, el cine, el arte o en una conversación entre dos personas, sí es verdad que últimamente se reivindica una poesía no diría que banal, pero sí que no trasciende tanto en el pensamiento, sino en la realidad que se siente y se ve.
  • De acuerdo con su experiencia, ¿cree que el lector ha realizado una lectura correcta de sus poemas o simplemente no hay una forma correcta de leerla?
  • Lo que me sorprende cuando he escuchado a algunos profesionales leer mis libros de poemas es que veo matices que no había captado. También es verdad que cuando he escuchado a otros rapsodas leer en voz alta mis poemas no me he quedado muy contento porque no me gusta esa sonoridad muy teatral que no va con la lectura más íntima.
  • Me refería al lector común que pueda encontrarse en sus presentaciones o actos públicos…
  • Eso no me preocupa tanto, antes lo hacía mucho más. Ahora la plena libertad de las personas es para mí muy importante. Yo sé por qué lo he escrito y cuál era mi intención, pero si no coincide con la lectura que hacen esas personas no me supone ningún problema. De hecho, son los lectores los que te van diciendo cosas que tú mismo no ves como autor. Y por otro lado, son ellos los que te dicen cómo sienten esos poemas. Con eso ya es suficiente. A no ser que sea un poema cerrado, muy narrativo y sin una interpretación muy lineal, lo normal es que el lector entienda lo mismo que quiso decir el autor.
  • ¿Se siente como un púgil, tal y como se desprende de ‘Autorretrato con guantes de boxeo’?
  • Bueno, sí, yo lo practico como aficionado y muchas de sus técnicas las aplico también a la escritura, más que a la poesía: qué es la disciplina, saber dónde puedo pisar y dónde me tengo que colocar. Ese poema forma parte del libro ‘Autorretratos’ (2018) que habla del poeta y hay alguna pincelada de mi vida íntima que nunca he contado a nadie, como por ejemplor esta afición por el boxeo y los deportes. Y aunque en estos ‘autorretratos’ el primer detalle se quede en el autor, tienen su importancia los pequeños detalles y el paisaje que le rodea. En ese poema al que alude, al final se trata de la propia lucha de uno frente a su propio espejo.
  • ¿Y qué retrato de usted extraerá el lector de este ‘cuaderno blanco’?
  • No lo sé. He recibido varias impresiones, a cada cuál más diferente. Uno no es como piensa que es, sino como lo ven los demás y me ven como una persona osada, quizás también generosa y con una voz muy comedida, según me dicen. Ahora, no lo sé. A veces uno piensa que es tímido y resulta que le definen como osado, o al revés. Lo que más me ha gustado de ‘El cuaderno blanco’ es que los lectores han visto a un Kepa Murua diferente, quizás porque ha podido leer algunos poemas de libros que resultan ya inencontrables.

«El cuaderno blanco» en Todo Literatura

Por Isabel Alamar

Con una selección y prólogo de Catalina Garcés nos llega esta primera antología de la obra poética de Kepa Murua.

Desde Abstemio de honores (1990) hasta Pastel de Nirvana (2018) nos encontraremos con  más de treinta años de arduo trabajo que dan como fruto  diecisiete poemarios de los que en El cuaderno blanco leeremos seis poemas por cada uno de los libros publicados hasta hoy.

Una recopilación madura que muestra una radiografía de los temas tratados (desamor, amor, familia, escritura, amigos, política), del lenguaje con el que los trata y que cada vez se vuelve más narrativo o del cariz de los versos que, al principio, es  más pasional y torrencial para tornarse, luego, en más filosófico y meditativo. Y es que como bien nos apunta Catalina Garcés en el prólogo de la obra, con el tiempo la voz poética de Murua se acerca al canto y la oración, aunque este matiz sagrado aparece ya, aunque en menor medida, en sus primeros versos, lo vemos p. e. cuando nos dice: “Sabes que cada día que pasa / donde tus rezos se apagan, crece la nieve. / Tu mano es hoy una página en blanco” (Pág. 24).

En este sentido, también Kepa Murua irá pasando del pesimismo al optimismo y de la osadía y la rebeldía a la aceptación, que no a la resignación, y a la calma. Pero, siempre y en todo momento, veremos a un KM comprometido con su oficio de escritor y dando lo mejor de sí mismo.

Una poesía y un poeta que evoluciona, que está en continuo movimiento para explicar un mundo que también evoluciona a su alrededor y cambia. Todo esto lo podemos apreciar en los siguientes versos pertenecientes al poema Mi madre que encontraremos en esta antología: “Eso del macramé es como la poesía: / tejer y destejer hasta dar / con el sentido de la vida. / Y luego me decía: / estoy perdiendo vista, hijo mío. / Como yo hoy, que la estoy perdiendo / por no ver nada de lo que pasa (Pág. 77).

Y, además, en esos mismos y también en otros versos de El cuaderno blanco podremos constatar otro de los grandes rasgos distintivos del poeta como es su sinceridad apabullante: Murua no tiene miedo nunca a decir la verdad en cualquier momento, para bien o para mal. Y es que el poeta vive como una necesidad lo que tiene que decir o como un misterio que debe descifrar y resolver.

Sin duda este poeta ha alcanzado una voz propia e inconfundible. En sus libros aparecen poemas cada vez más narrativos, en los que la autenticidad y la verdad desempañarán siempre un papel importante. Y en los que no faltará tampoco la luz y la serenidad a la hora de hablar del lugar que él ocupa en el mundo. Y en sus versos ocupará un lugar primordial el paisaje que le rodea, ya que éste ayuda a distinguirlo y a definirlo como ese mar que a menudo vemos en sus poemas y que lo acompaña desde su infancia: “En alta mar / en voz alta / sin mentira / mi grito / la voz acumulada / fiero espanto // en alta mar / en voz alta / perdido / plegado / palabra pura / solo canto” (versos extraídos de la Pág. 154 del poema Autorretrato en alta mar).

Este libro es una antología imprescindible a la vez que supone una inmejorable oportunidad para conocer mejor la trayectoria poética de Murua que sorprenderá, por supuesto para bien, a los amantes de la poesía y de la literatura de calidad.

Enlace: https://www.todoliteratura.es/noticia/50814/poesia/el-cuaderno-blanco-de-kepa-murua.html

La poesía de Kepa Murua y la narrativa de Álex Oviedo entre las novedades de El Desvelo

EL DIARIO MONTAÑÉS
Por Guillermo Balbona

SANTANDER. Poesía y narrativa. Afectos y amores insatisfechos. Versos y novela. Dos autores, ambos vascos, Kepa Murua y Álex Oviedo, y una sola editorial, la cántabra El Desvelo Ediciones que prosigue con su coherente y profusa trayectoria. En apenas dos meses ha sumado cuatro volúmenes de diversos géneros ligados a sus diferentes colecciones.

«Entre las palabras, el engaño./ Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado. /Entre las que se callan, las verdaderas./ Y las auténticas, las del silencio contrariado». El poemario ‘El cuaderno blanco’, de Murua, se presenta a modo de antología diferente. Y el género negro, conjugado con la sensibilidad de una historia de amor en ‘Ausentes del cielo’, de Oviedo, es una obra enmarcada en los últimos tiempos del terrorismo, conjuga el género negro con la sensibilidad de una historia de amor. Además, El Desvelo suma esta semana un libro de filosofía. ‘El cuaderno Blanco’, de Kepa Murua, autor al que El Desvelo ha prestado una especial y justa atención reúne poemas en los que hay un «ánimo de sabotaje del amor romántico, aunque en el fondo no es más que la defensa de los verdaderos afectos como responsables de la esperanza». Su poesía es una lucha no armada, sino artística, usando la palabra creadora que se va acercando más al canto y a la oración. Poemas de cerca de una veintena de libros configuran esta antología. Murua (1962) poeta y narrador vasco ha publicado con el Desvelo las novelas ‘Tangomán’, ‘Un poco de paz’ y ‘De temblores’, así como el citado poemario ‘Autorretratos’. Quien fuera el editor de Bassarai y creador de una de las primeras revistas culturales en formato digital, ‘Espacio Luke’, es un autor conocido en España y en el extranjero en donde desarrolla una intensa actividad como creador y conferenciante. El título ‘El cuaderno blanco’ tiene su origen en una frase que aparece en otros escritos suyos. Es una «alegoría a la hoja o la libreta que lleva todo real escritor en su bolsillo para consignar en ellas las ideas que luego serán obra acabada». En cuadernos están también todos sus poemas, pues Murua «es un escritor de pulso, de tinta más que de teclado, pues a este recurre tan solo para transcribir y dejar registro ordenado de su creación», a juicio de Catalina Garcés, como apunta en el prólogo.

Por su parte, ‘Ausentes del cielo’, de Álex Oviedo, novela el retrato de Andrés, un joven a punto de quedarse sin subsidio por desempleo, que mata de tres tiros a un miembro de la izquierda abertzale en una manifestación. La ficción se sitúa a comienzos del siglo XXI y el asesinato remueve los cimientos sociopolíticos del país. El caso pasa a manos de Vidal, inspector de la Unidad Antiterrorista de la Ertzaintza, cuya vida ha dado un vuelco tras la marcha de su pareja. ‘Ausentes del cielo’ es la historia de dos amores insatisfechos: el del joven, incapaz de mostrar sus sentimientos hacia otra persona, y el del inspector enamorado aún de alguien quien dejó escapar por culpa de su trabajo.

Álex Oviedo (Bilbao, 1968) es periodista y escritor, responsable de prensa del Colegio Notarial del País Vasco. Colabora con el periódico municipal Bilbao dentro del suplemento cultural ‘Pérgola’. Su primera obra se publicó en euskera y fue finalista del premio Ciudad de Barbastro. Ha publicado, además, las novelas ‘El unicornio azul’ (2005), ‘Las hermanas Alba’ (2009), ‘La agenda de Héctor’ (2014), ‘Cuerpos de mujer bajo la lluvia ‘(2016) y el libro de relatos ‘El sueño de los hipopótamos’ (2011). Con El Desvelo Ediciones ya vio la luz ‘El hacedor de titulares’.

La novela conjuga el estilo clásico del género negro con la sensibilidad de una historia de amor.

Estudiar la vida

La filosofía también tiene sitio en este nuevo desembarco editorial de El Desvelo. Un libro de pensamiento de Pablo Redondo y Sebastián Salgado, ‘En el corazón de la existencia’, ve la luz estos días en la editorial que dirige Javier F. Rubio. Los profesores de filosofía de Avila y Salamanca parten de la idea de que la existencia humana ha sido uno de los grandes asuntos de la filosofía, y lo seguirá siendo de uno u otro modo mientras esta tenga vigor.

A lo largo del tiempo se han adoptado múltiples enfoques para estudiar la vida. En su libro dan protagonismo indiscutible a las manifestaciones existenciales universales: «La risa, el aburrimiento, la intimidad, la conversación, el asombro, la melancolía… Esta serie de experiencias se ha completado con otras que también conciernen a todos: «la muerte, el cuerpo, el tiempo, los demás seres humanos…».

El método elegido consiste en avanzar de lo superficial a lo profundo, de la vivencia de apariencia cotidiana a lo esencial, con el propósito de irnos acercando al corazón de la existencia, a lo que hace de ella lo que realmente es». Redondo, profesor en el IES Federico García Bernalt de Salamanca, doctor en Filosofía por esa Universidad, es autor de ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Maestros del pensamiento’ y Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ son sus publicaciones.

Por su parte, Salgado es profesor en el IES Isabel de Castilla de Ávila. Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca ha publicado ‘Pensar (en) imágenes’, ‘Una historia de la filosofía para la vida cotidiana’ y el ‘Diccionario de citas de filosofía. conceptos fundamentales en sus textos’.

Enlace: https://www.eldiariomontanes.es/culturas/poesia-kepa-murua-20190319212437-ntvo.html

Entrevista en El Correo de Álava

Por Natxo Artundo

VITORIA. El viaje desde el autor de culto de Abstemio de honores hasta el vitalista poemario Pastel de nirvana ha sido largo. Y, aunque el camino de Kepa Murua (Zarauz, 1962) sigue abierto y fértil, hay un retrato literario colgado en un muro de papel. El cuaderno blanco (El Desvelo Ediciones), la primera antología poética del autor, que ha seleccionado y prologado Catalina Garcés Ruiz, ha visto la luz.

– ¿Qué impresión le da cuando llega a sus manos este libro?

Es un libro mío pero que no está hecho por mí, sino por Catalina Garcés. Cuando vi la selección no me imaginaba que podían aparecer esos poemas, porque tal vez había otros que creía más representativos. Fue una sorpresa. Son muchos años, tu cosecha llega de otra forma al público.

– ¿Muchos años y también muchos poetas?

Sí, ahí se ve.

– ¿Cuál le ha sorprendido más?

El de la juventud. Me veo ahí, pese al paso del tiempo, con esa fuerza. Entiendo la madurez, los últimos libros, sobre todo la trilogía de Ven, abrázame, Lo que veo yo cada noche y Escribir la distancia. Pero veo que la fuerza está en Abstemio de honores Aunque entonces no sabía nada, eran más intuiciones.

– No hace tanto ha buceado en los tiempos cuando su poesía no era impresa, sino escrita en servilletas.

Sí. Tengo una medio antología que no es tal, que son los Autorretratos, una compilación de poemas aparecidos en diferentes libros y algunos inéditos. No tengo memorizados mis poemas, excepto tal vez un par, pero cuando leo una estrofa me viene todo: cómo sentía, cómo hablaba, cómo sentía… Los poemas de Cavando oCardiolemas incluso, por no volver a Abstemio de honores, me pegaron una buena sacudida.

– ¿Y qué le ha dicho la gente?

En cuanto al joven, tal vez le falte la lucidez, pero me han dicho que era un poco ‘punk’, un poco ‘destroyer’. Lo bueno es que prevalece una poesía de paz. Sin contrastes pero muy bien definida, con sus osadías.

– ¿Qué ha comentado con la autora de la selección?

Yo doy mucha libertad cuando alguien va a hablar de mi obra, estoy en una entrevista o en una crítica. Entiendo que es el espejo en que se me ve. Discutimos mucho la expresión «poeta político» que aparece en la introducción. Lo entiendo como comprometido con la ciudadanía. Sí que hay un peso muy fuerte de los años de plomo en algunos poemas.

– ¿Poesía política, pero no de militancia?

Si hablas del compromiso, de organizar el paisaje, de poner voz a los que no la tienen, sí. Es un poeta muy comprometido con la propia obra, con su oficio de escribir. Yo pensaba que podía ser más ensimismado, pero no. Hay mucho paisaje, mucha sociedad, como en Las manos en alto o Poesía sola, pura premonición. Y me ha reconfortado. No sólo la selección, que dibuja un prisma que eres tú, pero es que te reconcilias con esos poemas y con el pasado. La única página nueva es la de agradecimientos, que es la gran página de la madurez.

– Usted ha sido editor. ¿Qué dice esta faceta suya del libro?

Que está muy bien. Especialmente la portada, el trabajo de Catalina, el apoyo de El Desvelo. Me siento reconfortado. Yo era reacio a este tipo de cosas. Tengo 57 años y hace dos que comenzó este proyecto. Fui también reacio como editor a publicar antologías, opté más por defender cada obra todavía viva. Pero ahora veo que puede servir al público para conocer mi obra y, si quiere, acudir a los libros, aunque algunos están agotados. Ahora me siento muy a gusto. Sin eufemismos

– En aquellos años de plomo, hay un momento clave, en que decide dar testimonio de una realidad social poco reflejada en lo literario. ¿Cómo fue?

Fui de los primeros. Lo que pasa es que se tiene más referencia de la narrativa. En 1999 publico Un lugar por nosotros, un libro que cambió mucho. Venía de una poesía más expresionista, lírica. Tras el éxito de Cavando la tierra con tus sueños y Siempre conté diez y nunca apareciste no era que quisiera un nuevo registro, pero hice una poesía más narrativa para explicar las cosas, como en Las manos en alto. Creo que fui el primero pero como lo hice en el ámbito de la poesía, pasé más desapercibido. No tanto en Un lugar por nosotros, que se agotó tres veces. Pero también muchos de los que me saludaban dejaron de hacerlo, mientras otros comenzaron a saludarme y a darme las gracias.

– ¿Cuál era su experiencia?

Creo que mi infancia fue maravillosa. Pero yo vengo de un mundo donde no se hablaba de sentimientos. En las reuniones familiares se cantaban canciones en euskera, pero si alguien quería hablar de la guerra, mi abuela lo cortaba. De política poco se hablaba en casa, pero tampoco en la calle. Tenías miedo de que alguien escuchara y te pudiera malinterpretar. Hablabas con algún allegado e incluso con eufemismos. Recuerdo que cuando me desplacé para estudiar en la Universidad de Oviedo, bastaron esos kilómetros para sentirme libre y poder hablar con tranquilidad de muchas cosas, incluso de esas.