Escritor

Categoría: Opinión Página 1 de 13

Escribir en un mundo que cambia vertiginosamente

Entrevista realizada por Margarita Sánchez-Mármol para la web de la librería Muga. 24 de febrero de 2021.

Leer la entrevista en la web de la librería Muga.

Es una ocasión única para nosotros contar con la presencia de Kepa Murua en la librería Muga. Kepa, nos gustaría conocer mejor su último ensayo “Cambiar con la escritura”. ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

Suelo preguntarme sobre los cambios que observo en lo que hago o en lo que creo ser; la escritura me ayuda a pensar y me sirve para solucionar mis conflictos personales. Quería transmitir parte de lo aprendido en el oficio de escribir para que otras personas puedan hacerlo, sin miedo a la página en blanco, por ejemplo, o puedan mejorar lo que han escrito.

¿Qué significa para usted estar en la escritura?

No soy muy hablador, prefiero escribir y escuchar. Estar dentro de la escritura es sentir por dónde van las palabras, qué camino escogen; es plantear el texto, más allá de la mera argumentación, analizando el ritmo de las frases o la forma del libro, sopesando lo que se dice y lo que se ha de callar, apartando lo que en realidad no sirve y que suele ser eso que llama la atención al lector en un primer momento.

En el libro digo: “Por dentro, nos exige escribir mejor, hacerlo cada vez diferente y con una madurez a prueba de muchos silencios y demasiados fracasos. Por fuera, nos llama a ser mejores personas, a creer en la amistad, a ser generosos con nosotros mismos y con los demás. Nos cambia por dentro y por fuera para convertirnos en escritores a los que los lectores acuden para evadirse y conocer con otras palabras sus sentimientos”.

Independientemente del género con el que trabaje, su escritura parece que se desliza por los desfiladeros del significante: La nada se convierte en potencia creadora, la ausencia preludia el amor, lo estático genera movimiento. ¿De qué manera califica su relación con el lenguaje?

Puedo pasar horas eligiendo una palabra, en la corrección me asaltan dudas y se me abren nuevas posibilidades. El pensamiento sobre el vacío que ha de ocupar la palabra o el silencio que presenta lo escrito en la mente del lector debe tener una música envolvente. La partitura del autor se transforma en un ser vivo cuando el libro se abre y comienza a expandirse lo que en un inicio se pensaba que solo era lenguaje.

¿Cuál es la propuesta de cambio con la escritura?

Se puede alcanzar la felicidad con la escritura y en el plano personal, la escritura cambia nuestra visión de las cosas, nos convierte en mejores personas en un mundo cambiante, duro por momentos. La libertad es responsabilidad nuestra y como las palabras impresas no se pueden borrar, la escritura debe realizarse sin prisas, tiene que ser madura, bella, profunda, transformadora.

Se dice en el libro: “Escribir me dota de un espacio y de un tiempo diferente. Escribir me hace sentir más libre y creerme más fantasioso. Me hace volar sobre una realidad en un mundo que cambia vertiginosamente”.

Entre sus influencias literarias menciona “Carta al padre”de Franz Kafka y “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke. De este último, usted dice que fue el profesor que nunca tuvo. ¿A qué se refiere?

Con mis primeros libros me acerqué a escritores que no me hicieron caso. Eran famosos, pero andaban en sus asuntos. En esa búsqueda no tuve más remedio que apoyarme en los libros. Kafka me ayudó y Rilke fue el profesor que no tuve. Cuando no sabía cómo organizar un verso, me detenía en sus poemas hasta que era capaz de convertir algo que resultaba complicado en sencillo. Rilke me mostró que la soledad era el refugio. Nunca recibió un premio y su biografía presenta la fuerza que adquiere la poesía en un mundo cambiante.

En varias ocasiones he leído lo importante que es para usted la relación con el lector y el proceso creador. ¿Cómo trabaja para mantener ese equilibrio?

El lector ocupa una parte de mi mundo, sin ellos son soy nadie. No tengo muchos, pero son fieles y escucho sus comentarios para acortar la posible distancia que nos separa. Sus palabras me han servido para cambiar de rumbo, su visión me ayuda a ser mejor escritor; en ocasiones, porque me han dicho de todo, me he reído mucho con ellos.

¿Qué cree que le distingue como escritor?

La capacidad de superar el rechazo de editores e instituciones, así como la elaboración de una obra personal en géneros como la poesía, la novela o el ensayo. Concibo la escritura como un todo y a menudo pienso que mi obra, donde se mezcla el canto a la vida con el rezo ante la muerte, es un rezo poético en todos los sentidos y que mi atrevimiento de ir a contracorriente, aun no siendo recomendable, es notorio.

© De la fotografía: Raúl Fijo, 2021.

Las palabras del corazón, a la cabeza.

Entrevista realizada por Natxo Artundo, en BegiART de El Correo, 27 de diciembre de 2020.

Cambiar con la escritura, ensayo sobre el oficio y análisis metaliterario.

NAtXO artundo

Leer la entrevista y escuchar los audios en la edición digital de El Correo

Fotografía de Rafa Gutiérrez.

Lo más difícil

Encontrar un camino no es sencillo cuando todos los senderos han sido analizados con lupa y los atajos observados y marcados previamente. Un camino, además, difícil y largo, más tortuoso no es recomendable. La escritura concierne a la vida que mantiene intactos sus límites. El individuo ve cómo sus sueños no solo no se realizan, sino que suponen una carga más que añadir a sus frustraciones. La escritura nos salva de la quema en una primera instancia, pero en su devenir nos exige más de lo que podemos dar. Nos exige esfuerzo sin recompensa, dedicación sin remuneración, una concentración total sin tiempo para semejante entrega. Nos exige el tiempo de la realidad que nos transforma, así como el de la verdad que hemos de mostrar, con tiento, ante los demás que nos observan.

La escritura no es ese escribir porque sí, ese juntar palabras hasta colocar un sujeto, un verbo, un predicado y un punto. Es moldear con tiempo la frase completa. Es dotar de espacio la narración sentida, de silencio el verso, de melodía el poema, de conocimiento el diálogo preciso. De aire toda su existencia. El individuo asiste perplejo a la vida de la misma manera que el niño se sorprende por todo. La sorpresa de la literatura no estriba en el asombro por lo perdido, sino en la maravilla de crear un mundo desde la incertidumbre que imponen la duda y la nada que en un principio se constatan en la página en blanco.

Pero el tiempo no nos concede muchas oportunidades para realizar una escritura que domine toda una biografía y una narración que cuente nuestros pasos. El tiempo de la escritura es otro, te envuelve, te embarga, te domina y no te da nada a cambio. Nada más que una soledad extrema donde la realidad se confunde con el engaño y la verdad con la historia que nunca se ha contado. Esa es la magia de la literatura, el truco de un camino que parecía tortuoso y, en realidad, es imaginario. Imaginamos así un mundo nuevo en cada párrafo, constatamos su fragilidad en cada diálogo, observamos su indiferencia en cada relato, la indiferencia del proceso y, sin embargo, hagamos lo que hagamos, pensemos como pensemos, nos va la vida en ello.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 23 diciembre 2020, Argentina, año 21, nº 935.

Con cariño, con ternura

Cambiar con la escritura en Deia, 19 de dieimbre de 2020.

Leer el artículo

Fotografía: Dibujo de Catalina Garcés para el libro Cambiar con la escritura.

Didáctico, tierno, cercano

Entrevista realizada por Carlos González con motivo de la publicación de «Cambiar con la escritura», en Mirarte de El Diario de Noticias, 1 de diciembre de 2020.

La escritura está infravalorada, pero los libros son esenciales

Leer la entrevista

No tener trabajo

No tener trabajo es duro. Sentir el peso de la vida sin un oficio y no saber, además, a qué te vas a dedicar es enfermizo. Es lo peor que le puede pasar a un hombre curtido en mil labores antes de la crisis. Lo peor para una mujer que busca su lugar en el mundo más allá de las labores de su casa. Lo peor para el muchacho que anda en la calle con mil peligros que se descubren finalmente, por costumbre, por desarraigo, por fatalidad, casi sin importancia, sin riesgo. Para el estudiante que observa que sus años de aprendizaje no sirvieron. Para la muchacha que no tiene otra opción que imaginar que la vida es la que se ve en las pantallas. Pero no tenerlo para un escritor es un sufrimiento doble, perverso, pues él escribe sin cobrar por su trabajo, mientras duda entre invertir su tiempo en encontrarlo o en seguir escribiendo hasta que se le cruce en el camino la buena suerte. Pero lo que se le cruza es la risa del destino que gira su cara cada vez que alguien como él piensa en el devenir de su vida y sigue pensando asimismo en el devenir del mundo. Confundir su vida con el mundo es parte de ese oficio donde la ficción se toma por realidad y la mentira más despiadada pasa a convertirse en una sabia decisión o en una verdad satisfactoria porque a menudo se termina por creer como cierto lo que en el pasado se sentía como necesario.

Mas los días pasan y nada se resuelve con amontonar páginas escritas sobre el calendario cuando se tiene un oficio que no tiene futuro. Quizá ni siquiera un presente cuando se descubre una labor sin una recompensa monetaria para poder sobrevivir. No tener trabajo será la suerte de muchos ciudadanos en este siglo XXI y será el castigo de los artistas que intentan vender su alma por tener un poco de pan que llevarse a sus bocas y un poco de dinero en sus bolsillos; ya se sabe, para los gastos. Pero los gastos serán enormes como enorme será el esfuerzo. Cuanto más tiempo y energía se dedique a escribir, menos serán las ganancias y se reducirá la recompensa. Salvo para aquellos asimilados por el poder o instalados en el éxito, pues el resto será parte de una sombra en las cuatro paredes de su casa mientras sueñan con que el mundo cambie y el viento de la esperanza traiga un aire que les levante del suelo más resbaladizo, por donde, casualidades de la vida, siempre se caen los mismos y donde, lamentablemente, pocos se levantan, aunque sea para cambiar de registro, reinventarse o hacer otra cosa.

No tener trabajo si lo tienes, es de locos. Levantarse por la mañana para caer al final de la tarde es acortar el descanso de la noche. Caer y levantarse, levantarse y volver a caer para que no se encuentre la paz que se busca cuando se piensa que se trata de vivir y de no alejarse de la escritura para no volverse desquiciado. Qué contradicción la del escritor cuando reflexiona de este modo sobre su oficio. Qué triste realidad cuando nadie lo lee. Qué sufrimiento verlo como un amo de su casa, pero que depende del trabajo ajeno. Qué falta de libertad cuando no puede salir a la calle a respirar, tal como lo hacen esos muchachos a los que él describe como salvajes o mezquinos, sin compasión por el dolor ajeno y sin respeto por el género humano.

© De la fotografía: Miguel David.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 4 de noviembre de 2020.
Argentina, año 21, nº 928

Esperanza

Necesitamos que nos digan lo que somos con los dolores de la vida mezclados con la alegría del sentimiento. ¿Se imaginan? Ni un extranjero ni un emigrante, nadie que se avergüence por lo que es, nadie que no se atreva a decir lo que piensa, lo que siente, lo que hace, cómo se llama. Lo que necesitamos es un poco de color para sentir la vida como si estuviéramos desnudos en una isla con el barco de los sueños al lado, preparado para navegar y llegar a puerto. Necesitamos caminar sin olvidar la historia a nuestras espaldas y llamar a las cosas por su nombre. Atrevernos, por lo menos. Colorear el paisaje sin locuras, sin trincheras frente a tanto valle agreste y montaña nebulosa. Necesitamos el silencio para mirarnos después de tanto grito de aquellos que se atrevieron a huir a nado o a buscar el mundo en caminos disparatados con una fe ciega.

No hay clases que nos diferencien, no hay vestidos que tapen los errores cometidos, no hay vendas que nos salven de los horrores percibidos como afrentas personales. En esta nave de la locura, que es la existencia de las diferencias compartidas, necesitamos del cuerdo y del loco, del cojo y del vidente, del extraño, del feo y del enfermo, del hermano y de la muchacha que bebe con lágrimas la desaparición de sus seres queridos. Necesitamos de lo poco que tenemos, de las ruinas compartidas, de los lisiados de corazón, de los mutilados de la historia, de la realidad que nos hizo creer lo imposible para recuperar el sentido de las promesas compartidas. No sobra nadie. Aquí no hay enemigos, no hay banderas ni fronteras en un navío sin nombre que cruza un desierto donde nos están viendo los muertos. Los nuestros, los de los otros, esas palabras que diferencian lo que no debería ser así, por lo menos, al principio, pero que han hecho mella en el esfuerzo por compartir las cosas elementales y bellas. Las que primero se olvidan: un abrazo, una caricia o una mirada tierna.

En el fondo no existen las diferencias. Por lo menos, no las de raza o religión, no las de patria o comunidad, no las de victoria o derrota, imposición o muerte, sino las que nos dañan por lo que sentimos como la envidia y el resentimiento al pensar que se nos rechaza. No por lo que somos si nos creemos algo cuando en realidad no somos nada. No por lo que seremos, sino por los colores de mil sombras en luz plena, que es como decir, la esperanza que nos queda.

© De la fotografía: dibujo de Anxo Pastor, 2020.


Publicado en El Corredor Mediterráneo, 7 de octubre de 2020.
Argentina, año 20, nº 924.

¿Por qué la gente no escribe?

El cuerpo de la escritura es la anatomía del escritor. Las palabras son como esa voz interior que escuchamos a menudo, sin saber si es verdad lo que precisa con una intuición elevada que nos conecta con la vida de manera pura y natural. La voz, son esos pensamientos calibrados con exactitud y envueltos en una música que el oyente o el lector, percibe como aislada, ausente, bella o dolida, concisa o ambigua, elegante o amarga, tierna o distante, romántica o desinhibida como los sentimientos que se descubren cuando antes no los podíamos mostrar, pero salen fuera en una doble declaración: a los demás y a nosotros.

A los demás que nos escuchan y a nosotros que guardamos tantos secretos como dejamos de tenerlos cuando los escribimos. Así de sencillo. Por eso me pregunto, ¿por qué la gente no escribe? ¿Por qué no lo hacen si con ello pueden transformar el mundo? Sospecho que es porque tienen miedo a hacer el ridículo y que la respuesta podría estar en ese temor a pensar que se enfrentan a una de las más elevadas artes, al miedo ante la palabra y el vacío ante la página en blanco. Pero escribir es acercar el mundo de los demás a uno y llevar lo que tenemos dentro a todos, sin tener miedo a lo que vendrá después, nos lean o nos leamos tan solo unos pocos. Es estrechar lazos con lo que sentimos y percibimos. Observar los cambios de la vida y del cuerpo tal como se vive, acostumbrados como estamos, sin saberlo, de un modo diferente en invierno o en verano. El cuerpo lo sabe, lo nota, y la anatomía nos envuelve con su percepción del tiempo de la misma manera que cambia la realidad mientras nos acercamos a la escritura y nos alejamos de los demás con una verdad que, luego, nos junta a lo que más queremos.

Lo que sucede después puede que sea lo más sorprendente o lo que no tenga remedio. Escribir es por tanto un proceso de conocimiento y de disfrute a partes iguales. Entonces ¿por qué no se escribe más de lo que se hace? ¿Por qué no se escribe lo que de verdad se piensa si con ello se descubre lo más profundo de la existencia?

© De la fotografía: Mónica Picorel.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 2 de septiembre de 2020.
Argentina, año 20, nº 919.

Bibliotecas

Me sorprende tanta biblioteca con idénticos libros. Si una casa con una biblioteca es todavía una rareza cultural en cualquier país, la excepción es la biblioteca personal que se distancia de las amontonadas sin criterio. Pasar una tarde en una habitación con libros es una de las mejores maneras de perder el tiempo que conozco, pero últimamente me aburre constatar el mismo perfil de biblioteca para distintas clases de lectores y me sorprende la exagerada proliferación de escritores que apenas aportan algo a la literatura. Para esta realidad no encuentro más razón que el desconcierto del lector ante la avalancha de títulos publicados y la confusión generalizada de los mismos escritores que sobreviven a duras penas en el mercado del libro.
Mas no pretendo parecer un lector al margen de todo ni uno tan elitista que se conforma con creer en una única razón que explique lo que observa. Sin embargo, ante una biblioteca sé si su propietario es el lector que compra lo que le echen o si es alguien que sabe lo que lee. No obstante, tal como se reconoce la ingenuidad en la mirada de cualquiera que se para ante una estantería repleta, la vida de los libros te depara alguna que otra sorpresa: bibliotecas con premios literarios que muestran a un lector hipnotizado por la publicidad; bibliotecas que desconocen la existencia de autores con menor presencia, pero con cierta envergadura literaria; bibliotecas que apilan libros de editoriales reconocibles en su lomo, títulos mediáticos y biografías del momento, con una aparente preocupación por lo que rodea al individuo; bibliotecas que acumulan libros en el olvido porque no se leen; bibliotecas que retratan a un lector desorientado que ordena los libros según los clichés que prevalecen en los medios culturales. Su único interés coincide en que repiten el modelo de biblioteca personal que pretende ser más de lo que es. Sin ánimo de molestar a nadie puedo asegurar que esos libros pueden ser sustituidos por otros. Que lo que les señala como portadores de un gusto exquisito, les traiciona en la medida en que esta historia se reproduce a menudo. Ante la insistencia de los mismos títulos en las bibliotecas que presumen de cultas, me sorprendo susurrando alguna incongruencia en mi interior para que no me pregunten por alguno. Si me ofrecieran uno, me sentiría perdido. ¿Qué hago yo luego?, ¿regalárselo a otro ingenuo?, ¿vender como libro de calidad lo que es libro anodino? Frente a tanto lector clónico llega un momento en el que no se puede mantener la boca cerrada. Los nombres que suenan en la actualidad podrían ser sustituidos por otros a los que apenas se conoce. Pero, yo no pretendía hablar de los autores, sino de los libros: artefactos decorativos que nos delatan sin remedio. Títulos que venden lo que somos luego.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 1 de julio de 2020.
Argentina, año 20, nº 910.

Entrevista en TodoLiteratura con «La carretera de la costa».

Revista Todoliteratura, Por Isabel Alamar, 5 de junio de 2020.

En su última novela La carretera de la costa (El Desvelo Ediciones, 2020) Kepa Murua nos sitúa en «los años de plomo» del terrorismo en el País Vasco, pero lo hace de una manera un tanto diferente, con un tono autobiográfico muy personal e íntimo y un ritmo muy sereno, lo que propiciará sin duda que todos reflexionemos sobre aquella pesada y cruda realidad.

Leer la entrevista completa en Todoliteratura

© ardiluzu, 2020.

En qué crees que se diferencia tu novela de otras que se hayan escrito sobre este mismo tema.

Más allá de la importancia del paisaje, es una novela de matices, los personajes no son antitéticos, tienes sus luces y sus sombras, el narrador no los juzga. Y al terrorismo, como fenómeno vivido en el País Vasco, se le suma el mundo de la heroína. Es una novela de balas y jeringuillas, donde nada es lo que parece, pero que en sus páginas reivindica la paz.

¿Qué crees que aporta de nuevo tu punto de vista sobre aquellos años de plomo?

Mi novela es una confesión sobre el miedo que sintió un joven que no entendía lo que pasaba y donde prevalece una narración tierna de los sentimientos y cercana en los hechos. Se mezcla ficción y realidad, pero al lector no creo que le importe lo que es verdad o lo que es imaginario y seguramente no se dará cuenta de esta combinación, pues la historia se envuelve con una voz clara que respira entre los sucesos y las acciones que se describen para ayudarnos a pensar en voz alta sobre toda esa locura. Me gustaría señalar también la visión de nuestros padres sobre esa realidad vivida en su madurez. La distancia generacional incluye diferentes visiones sobre la comprensión de la vida. La relación del padre con el narrador, que tiene mucho que ver con la que tuve con el mío, confronta dos mundos distantes: uno que se acaba y otro que se mantiene.

El narrador es un narrador-personaje y la estructura es parecida a un diario con un claro destinatario: podrías ser tú que se dirige a la persona amada. ¿Por qué elegiste esta vía para contar tu historia?

Es la voz que me permite tocar diferentes planos de la narración y que apuntala los hechos. No quería escribir una novela lineal, necesitaba un espacio narrativo donde se pudiera hablar de los sentimientos, del dolor, de la muerte, pues evidentemente en aquellos años de plomo, así como sobró toda violencia, faltaban las palabras que expresaran lo que sentíamos o nos pasaba. Me ayudo de una prosa de frases largas y de un ritmo sereno para presentar una novela que va de amor y de muerte y que, sin embargo, aporta la ternura de quien reza solo ante el paisaje o se confiesa ante su amada.

¿Cómo crees que te marcó a ti y al resto de jóvenes haber vivido aquellos años?

Los asesinatos, las bombas, las detenciones, los controles y cargas de la policía, las manifestaciones con barricadas no es el mejor de los escenarios para una juventud que de un día a otro deja la dictadura atrás y comienza a vivir en democracia sin saber muy bien lo que esa palabra significa. El caballo, además, fue una salida radical que tragó a muchos de mi generación que se encontraron con una libertad que no se supo digerir en los primeros años. Faltó la educación necesaria para reconocer lo que estábamos viviendo; en mi caso, me salvó la literatura, la amistad y la religiosidad de mi madre o la honestidad que me inculcó el padre.

¿Cómo crees que se siente aún la gente hoy en día?

En la presentación del libro que pudimos hacer en Vitoria-Gasteiz, unos días antes de la reclusión por la pandemia, asistieron los familiares de Ceferino Peña. Fue una sorpresa que viniesen desde Zumaya, yo no los conocía y pudimos hablar, fue muy emocionante. Todos los que asistieron opinaron con libertad sobre aquellos años duros, pero recuerdo que uno de ellos dijo que él sí levantó la voz cuando casi nadie lo hacía y que no perdonaba lo que hicieron los etarras y tantos otros que les apoyaron. No puedo hablar en nombre de todos, pero podría aventurar que muchos no exteriorizan sus sentimientos y que aún se tiene miedo de hablar de lo sucedido. Cuando escribía la novela imaginaba que su lectura podría servir para pensar en lo que se hizo, dijo o se calló, que fue mucho.

Uno de los temas principales es el terrorismo, pero ¿qué otros temas encontraremos cuando nos acerquemos a esta novela?

La falsa identidad de las personas, la sexualidad sin asumir y el perdón o el arrepentimiento por parte de los etarras, pues el mundo de las drogas ya se ha mencionado. No debería olvidar el amor y la necesidad de explicar con palabras precisas lo acontecido. Espero haber acertado en estos registros tan íntimos y públicos a la vez.

Página 1 de 13

Funciona con WordPress & Tema de Anders Norén