Escritor

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Aquí podrás encontrar fragmentos de las novelas, ensayos y memorias publicadas, quizás también algunos adelantos de inéditos.

El respeto por el oficio

El oficio de escritor es de una inestabilidad constante. De hecho, es un oficio que no se debe recomendar a nadie. Por lo menos, el oficio de poeta, si es que podemos llamar así al mundo que el mismo poeta descubre con la poesía.

Pero el oficio de escribir va amontonando diferentes experiencias y vivencias hasta que, llegado el momento, uno puede afirmar con rotundidad, sin sentir mucha vergüenza al decirlo, que es escritor.

Se es escritor cuando se ha escrito mucho y se ha publicado algún libro. Y sin embargo, se es escritor cuando uno puede vivir de la escritura como si se tratara de un oficio más con una vertiente artesanal y otra más moderna si cabe.

Todo hay que decirlo: es un oficio maravilloso y extraño a la vez. Maravilloso porque te ofrece lo mejor del mundo: la imaginación para ser en todo momento libre, crear los mundos más increíbles y dejar constancia de los sentimientos más nobles y más lúcidos en medio de las palabras que se escriben. Extraño porque te exige una dedicación solitaria que te va apartando de los demás y te ofrece lo mejor de sí cuando te va asustando con los miedos más revoltosos que puedan asustar a cualquier hombre, como son el miedo al futuro y el miedo a la opinión de los demás.

(Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020).

El amor por los lectores

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.

El amor hay que merecerlo

© km, del libro, Un poco de paz, El Desvelo, 2013.

Jóvenes protagonistas

Mi biblioteca se convirtió en mi aprendizaje y las palabras me ayudaron a verme de otras formas. A aprender que la mente es libre y que los hombres y las mujeres se confunden con sus deseos cuando buscan la felicidad a todas horas. Que los jóvenes son lo mejor del mundo, pero que necesitan encontrar un camino y dar con un profesor que saque lo mejor de cada uno hasta que comiencen a andar por sí mismos, a escribir con sus propias palabras, pues solo de esta manera podrán hacerse mayores y disfrutar de la vida, amar su trabajo, amar a las personas que tienen a su alrededor y pensar finalmente que también pueden ser capaces de explicar lo que su cabeza les dicta que es cierto y lo que su alma les hace soñar, bien con los ojos abiertos, bien con los ojos cerrados, mientras mueven la cabeza y dicen que sí o dicen que no, y mientras alguien a su lado –como un ángel amigo– con palabras acertadas les cuenta lo que está sucediendo y puede suceder, con cariño, con ternura, con la misma ternura que yo pude escuchar de otros escritores lo que ellos habían preparado para que me convirtiera en lo que ahora soy y tengo, como aquellos muchachos que pasamos juntos la infancia y la juventud y que aún hoy, pese a lo que les conté y les sigo contando, siguen siendo mis amigos.

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.
© Dibujo: Mariposa, de Anxo Pastor, 2020.

Ya sé lo que es diciembre

De noche todo se ve con otra consciencia: con esa paz que son los pasos de la gente en la felicidad del mundo. El camino que se recorre sobre las hojas otoñales que caen en la nieve del invierno. Ya sé lo que es diciembre: es un mes en el que se espera un mensaje que no llega o ese tiempo en el que se aguarda algo que llegará más tarde.

© km, del libro, Un poco de paz, El desvelo, 2013.

Temblores del pasado

De esos temblores que acuden cada vez que se intenta fijar el presente con los sucesos del pasado. Pero ella, que era una mujer decidida, había aprendido a seguir sin más, a seguir adelante con “las cosas buenas y las cosas no tan buenas de la vida”, como le gustaba decir.

Y desde que él se fue, la verdad es que todo parecía haber ido bien, aunque en el fondo sabía que no era cierto, pues también en ese fondo de su corazón le quería como la primera vez que lo conoció, le seguía queriendo y le hubiera gustado saber por qué se fue y por qué dejó aquellas pertenencias en su casa.

© km, del libro, De temblores, El desvelo, 2017.

El tiempo de las palabras

Entre tantas palabras que tenemos a mano, debemos pensar entonces en la escritura que da forma a nuestro pensamiento, y entre tantas palabras que quedan disueltas en el aire del silencio, debemos fijarnos en aquellas que elegiremos para explicar los sentimientos y describir los estados de ánimo, así como las que nos acompañan, esas que observamos en el espacio y que son las que describen los objetos que nos rodean, el color del mar o del cielo, y que explican a los demás si llueve o hace frío, si viajamos en coche o vamos a pie.

Nuestro cuerpo se explica con nuestras palabras y nuestro pensamiento se abre a los demás con las que pronunciamos, con las palabras que utilizamos en medio de numerosas pausas que sirven para tomar aire, respirar y sentir el silencio.

Una vez que se siente el silencio, todo comienza a andar. Es como cuando nadamos en el mar: primero, movemos un brazo y luego otro; después, un pie y otro, y, finalmente, flotamos y avanzamos como si nada, sin apenas esfuerzo, una vez que hemos aprendido y nos hemos acostumbrado.

Así es el cuerpo de las palabras que avanza lentamente y flota en el aire, y así su poder y su evocación que se escucha en los oídos, mientras aquellas que compartimos quedan con un eco sostenido durante algún tiempo.

El tiempo de las palabras es necesario, con ellas nos explicamos, nos conocemos. Gracias a ellas, además, nos ven los demás, nos observan. Por las palabras que se utilizan, por su peso, sabemos cómo somos y cómo nos ven los amigos y los compañeros de trabajo, hasta conocernos, de verdad, con las palabras que elegimos para explicarnos.

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.

Es así de simple

Parece demasiado radical y extremo, pero es así de simple. Mira que a menudo parece que no te da nada. Mira que casi siempre los rechazos son más que los halagos, los desprecios más que las recompensas. Mira que es difícil publicar un libro. Mira que es más difícil tener éxito con él. Mira que es difícil que te hagan caso y no te tomen por loco y pese a todo, el escritor que insiste, el que persevera y sobrevive con la misma fuerza de la escritura, el escritor con voluntad, el poeta con un don, el escritor visionario escribirá y volverá a escribir, aunque sepa muy bien lo que puede perder y muy pocas veces ganará en el empeño.

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.

La vida es lo más importante

La vida es lo más importante, lo sabemos todos, pero la escritura es como una metáfora real de esta vida que nos convierte en creadores, artesanos, iluminados, profesores, amigos, confidentes, personas, diferentes o parecidas, lectores y cómplices en un modo de mirar diferente a un mundo donde las palabras están por todos los lados.

Pero, con tanta palabra sonando a todas horas, con tanto ruido, son las palabras de la escritura las que adquieren relevancia y proyectan más luz. Son esas palabras en manos del escritor las que adquieren un sentido mágico, nuevo, que ilumina a todos: a la misma vida, a las personas que acuden a ellas, a la misma escritura y, cómo no, al mismo oficio.

Ese oficio que ilumina la oscuridad de la noche. Que da luz a lo que no tenía nombre. Que subraya el sentido de una realidad desconocida. Que envuelve a los seres humanos con un pulso inteligente y acertado: el pulso de la escritura que convierte su devenir y su trabajo en un oficio importante.

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.

Volver a empezar

Lo adecuado para alguien en mi situación es considerar qué puede hacerse para fomentar una literatura diferente en este país en lugar de alabar a grandes editores, académicos, o a las librerías entre otras amenidades en el nombre de las letras, pues su influencia en esta sociedad resulta perjudicial cuando la comunidad lectora emplea un tono bajo, cuando la crítica no es tal, cuando los mediocres son quienes reciben los mayores honores, cuando se pone a las personas sin integridad como ejemplo y cuando se magnifican libros insignificantes para ponerlos al nivel de obras maestras.

© km, 1 de cotubre de 2020.
© De la fotografía: Miguel David.

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