Escritor

Autor: km Página 3 de 27

Escritor

La importancia de esta antología

El poeta se entrega también a sus lectores, al fin y al cabo, no es posible existir sin ser nombrado y mucho menos sin ser leído, es la relación de reciprocidad que nunca acaba, como el símbolo del infinito en medio de la creación:

Nadie como tú para pronunciar mi nombre.
Nadie como yo para saber lo que sientes.
Nadie entre las palabras
que pronuncias a diario.
Y nadie como nosotros para repetir
estas que no nos pertenecen
cuando las escribimos en silencio
en un cuaderno blanco.
En un cuaderno blanco
como la nieve que cae
o la mano helada que acaricia tu rostro.

La importancia de esta antología radica en que en ella se hace posible encontrar la ruta que ha seguido a lo largo de su trayectoria como escritor, sus cambios y evolución, de cómo poco a poco su poesía ha dejado de ser lamento para convertirse en oración y cómo de oración ha pasado a ser un llamado a la consciencia de todo ser humano. Como el mismo poema, en el que las palabras al final nos llevan a un ideal, a la paz del cielo:

Entre las palabras, el engaño.
Entre las pronunciadas, las más bellas sin significado.
Entre las que se callan, las verdaderas.
Y las auténticas, las del silencio contrariado.
Las que se sienten aproximarse
como cuchillos inexistentes.
Las que sin desdecirse
suben sin más al cielo.

Fragmento del prólogo de la antología El cuaderno blanco, escrito por Catalina Garcés.

Entrevista en TodoLiteratura con «La carretera de la costa».

Revista Todoliteratura, Por Isabel Alamar, 5 de junio de 2020.

En su última novela La carretera de la costa (El Desvelo Ediciones, 2020) Kepa Murua nos sitúa en «los años de plomo» del terrorismo en el País Vasco, pero lo hace de una manera un tanto diferente, con un tono autobiográfico muy personal e íntimo y un ritmo muy sereno, lo que propiciará sin duda que todos reflexionemos sobre aquella pesada y cruda realidad.

Leer la entrevista completa en Todoliteratura

© ardiluzu, 2020.

En qué crees que se diferencia tu novela de otras que se hayan escrito sobre este mismo tema.

Más allá de la importancia del paisaje, es una novela de matices, los personajes no son antitéticos, tienes sus luces y sus sombras, el narrador no los juzga. Y al terrorismo, como fenómeno vivido en el País Vasco, se le suma el mundo de la heroína. Es una novela de balas y jeringuillas, donde nada es lo que parece, pero que en sus páginas reivindica la paz.

¿Qué crees que aporta de nuevo tu punto de vista sobre aquellos años de plomo?

Mi novela es una confesión sobre el miedo que sintió un joven que no entendía lo que pasaba y donde prevalece una narración tierna de los sentimientos y cercana en los hechos. Se mezcla ficción y realidad, pero al lector no creo que le importe lo que es verdad o lo que es imaginario y seguramente no se dará cuenta de esta combinación, pues la historia se envuelve con una voz clara que respira entre los sucesos y las acciones que se describen para ayudarnos a pensar en voz alta sobre toda esa locura. Me gustaría señalar también la visión de nuestros padres sobre esa realidad vivida en su madurez. La distancia generacional incluye diferentes visiones sobre la comprensión de la vida. La relación del padre con el narrador, que tiene mucho que ver con la que tuve con el mío, confronta dos mundos distantes: uno que se acaba y otro que se mantiene.

El narrador es un narrador-personaje y la estructura es parecida a un diario con un claro destinatario: podrías ser tú que se dirige a la persona amada. ¿Por qué elegiste esta vía para contar tu historia?

Es la voz que me permite tocar diferentes planos de la narración y que apuntala los hechos. No quería escribir una novela lineal, necesitaba un espacio narrativo donde se pudiera hablar de los sentimientos, del dolor, de la muerte, pues evidentemente en aquellos años de plomo, así como sobró toda violencia, faltaban las palabras que expresaran lo que sentíamos o nos pasaba. Me ayudo de una prosa de frases largas y de un ritmo sereno para presentar una novela que va de amor y de muerte y que, sin embargo, aporta la ternura de quien reza solo ante el paisaje o se confiesa ante su amada.

¿Cómo crees que te marcó a ti y al resto de jóvenes haber vivido aquellos años?

Los asesinatos, las bombas, las detenciones, los controles y cargas de la policía, las manifestaciones con barricadas no es el mejor de los escenarios para una juventud que de un día a otro deja la dictadura atrás y comienza a vivir en democracia sin saber muy bien lo que esa palabra significa. El caballo, además, fue una salida radical que tragó a muchos de mi generación que se encontraron con una libertad que no se supo digerir en los primeros años. Faltó la educación necesaria para reconocer lo que estábamos viviendo; en mi caso, me salvó la literatura, la amistad y la religiosidad de mi madre o la honestidad que me inculcó el padre.

¿Cómo crees que se siente aún la gente hoy en día?

En la presentación del libro que pudimos hacer en Vitoria-Gasteiz, unos días antes de la reclusión por la pandemia, asistieron los familiares de Ceferino Peña. Fue una sorpresa que viniesen desde Zumaya, yo no los conocía y pudimos hablar, fue muy emocionante. Todos los que asistieron opinaron con libertad sobre aquellos años duros, pero recuerdo que uno de ellos dijo que él sí levantó la voz cuando casi nadie lo hacía y que no perdonaba lo que hicieron los etarras y tantos otros que les apoyaron. No puedo hablar en nombre de todos, pero podría aventurar que muchos no exteriorizan sus sentimientos y que aún se tiene miedo de hablar de lo sucedido. Cuando escribía la novela imaginaba que su lectura podría servir para pensar en lo que se hizo, dijo o se calló, que fue mucho.

Uno de los temas principales es el terrorismo, pero ¿qué otros temas encontraremos cuando nos acerquemos a esta novela?

La falsa identidad de las personas, la sexualidad sin asumir y el perdón o el arrepentimiento por parte de los etarras, pues el mundo de las drogas ya se ha mencionado. No debería olvidar el amor y la necesidad de explicar con palabras precisas lo acontecido. Espero haber acertado en estos registros tan íntimos y públicos a la vez.

La vida a solas

La poeta Ángela Serna lee un poema de El cuaderno blanco y que en su día apareció en El gato negro del amor, un libro que se fija en las embestidas del corazón,

Para escuchar el poema.

¿El título?

El título, esa carretera de la costa, es como el nexo de unión entre pueblo y ciudad, la paz y la violencia, pero también un viaje del protagonista con su propio pasado.

La carretera que va de la montaña a la playa pasa por ciudades y pueblos, ha sufrido la violencia y hoy vive en calma. La conozco, nací en Zarautz, en la novela aparece la relación con mi padre cuando me llevaba en su coche a trabajar a una fábrica que está junto al lugar donde mataron a Ceferino Peña.

© De la ilustración: recortes sobre papel grueso, con la portada de “La carretera de la costa”. La obra, realizada por Román en 2020, es parte de una serie que se llama “Anacos y posos” (“Retales y posos”). 

Literatura y realidad

La realidad se sustenta en la creación literaria con un tiempo nuevo donde los sucesos de la vida se imponen en secuencias diferentes y ritmos apropiados al lenguaje y a la comprensión del lector. La memoria, por su parte, comparte la realidad en su afán de recordar los hechos, de ordenar los actos y la interpretación de los mismos no corresponde a la imaginación, sino a la historia. Pero, a su vez, la historia rescata el pasado a través de diferentes documentos, entre los cuales destacan los de la imaginación como hechos artísticos que iluminan un camino de por sí oscuro.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 27 de mayo de 2020.
Argentina, año 20, nº 905.

Vídeo-lectura de «El fondo del espejo».

Un poema de El cuaderno blanco.

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Líderes menores

El Diario Vasco, 15 de mayo de 2020.

Quiero líderes inteligentes, aunque parezcan tontos, y no atontados que van de inteligentes. Quiero líderes que manejen la situación en tiempos de crisis y que no sean solo directores en tiempos de bonanza. No quiero líderes que nos perdonen la vida por no ser como ellos, quiero líderes que sean capaces de asumir los errores para que la próxima vez acierten.

Me gustaría equivocarme

Diario de Noticias de Álava, 13 de mayo de 2020.

Es una situación triste: cuando todo cae, las personas se acuerdan de la poesía, de la cultura. Son días oscuros, pero si pensaran un minuto de cada día en los que mueren, en los que lo han perdido todo, hasta la esperanza, podrían valorar lo que de verdad es importante en la vida de uno y en la de los demás.

Lectura de un fragmento de «La carretera de la costa»

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«La carretera de la costa», la cuarta novela que publica Kepa Murua.

Reseña de La carretera de la costa en Territorios de El Correo.
Nuevas críticas literarias, 9 de mayo de 2020.

ver reseña

El 16 de mayo de 1980, en Arrona, pequeña anteiglesia del municipio guipuzcoano de Zestoa, fue asesinado por ETA a la edad de treinta años Ceferino Peña, propietario de un taller de carrocería. La banda terrorista pidió después perdón en un comunicado en el que explicaba que se había tratado de un “error”, a la vez que inscribía este hecho en los“daños colaterales” propios de una guerra. Es este asesinato el punto de partida argumental de La carretera de la costa, la cuarta novela que publica Kepa Murua (Zarautz, 1962) y que aborda el tema del terrorismo en el País Vasco durante los llamados “años de plomo” desde la perspectiva de personaje cercano a la víctima que tiene 55 años, un padre enfermo y una esposa colombiana a la cual le dirige preguntas como “¿quién puede matar a otro hombre por error?” o “¿por qué el Estado respondió a la rebelión de unos pocos con una fuerza desorbitada?” La carretera a la que hace referencia el título es la que va de Zarautz a Arrona y pasa por las localidades de Getaria y Zumaya.

I. L.

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