Escritor

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Escritor

Si escribes, vives; si escribes, cantas

Si escribes, vives; si escribes, cantas; si escribes, no dejas que otros lo hagan por ti y te conviertes en el protagonista absoluto de un mundo donde el universo ordena tu mente para que los demás se asombren por ese juego maravilloso de la naturaleza.

Por Dios, escribe, no esperes más, todo esto que parece tan complicado será un día muy sencillo y entonces, toda la paz de las letras, la calma de la poesía, la felicidad de la escritura se mostrará de lleno con una luz que no se podía reconocer en un primer segundo cuando todo parecía difícil y confuso.

Escribe como te dé la gana, como sientas que has de hacerlo, escribe. Hazlo y verás cómo todas las puertas se abren y alguna más, que aparentemente se cerraba, quedará así entreabierta para el resto de la vida.

(Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2019).

A punta de plata

Una página de Canciones para Pau Donés

Respuestas a una poeta hispanoamericana

Revista “Proverso”, 15 de septiembre de 2022.

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¿Qué es lo que hace que el poema sea transcendente?

A veces el azar, otras, la aparición de una manera de escritura en un contexto histórico determinado, a veces la novedad, en otras la belleza. Cada poeta que ha logrado transcender con sus poemas lo ha hecho de una manera particular, por eso quizá no hay fórmula para que esto suceda; finalmente todo se vuelve un dilema. En la vida como en la muerte las cosas no son como el hombre pretende a su imagen y semejanza, a su antojo. Pero el dilema, cuando te rodea la muerte, cuando te ataca la nada, es la verdad de esa aseveración que, llamando a las cosas por su nombre, disfraza con otras palabras los hechos.

¿Es posible pensar en un lenguaje poético hispanoamericano que tenga incidencia en otras realidades sociales?

Por supuesto, y es posible pensar en un lenguaje poético desde cualquier latitud. La lengua expresa emociones y sentimientos, es conocimiento, es música y es silencio. Una lengua se aprende en la infancia, se cuela en la juventud como si nada y con tiempo madura en un código personal que busca la comunicación con los otros. Esa lengua es la que nos permite conocer la historia y la literatura, la que se impregna de cultura, de canto y poesía. Todo el mundo tiene una lengua con sus rencillas y pasiones, su riqueza literaria y su miseria política. Pero la lengua tiene vida propia. Como la familia, tiene también su razón de ser y su carga de sentimiento, tiene su herencia y su testimonio. La lengua es parte de un patrimonio común que congrega a tantos individuos y desheredados. Todo el mundo tiene una historia que contar desde su lugar de origen, y esta historia completará al mundo.

Ella lee

Ella lee, no es el regalo que esperaba,
es una biblia, pero no puede rechazarlo.
Ella camina, le hubiera gustado tener otros zapatos,
pero son los que tiene, no puede comprar otros.
Ella cocina, le hubiera gustado hacerlo a solas,
pero el gentío abarrota la cocina.
Ella no esta sola, le hubiera gustado leer
otro libro, pero pocas veces encuentra
la tranquilidad necesaria para hacerlo con calma.
Ella recoge la mesa y limpia la vajilla,
suena la música afuera, pero aún no ha terminado.
Ella baila, lo hace con contención,
le hubiera gustado correr y saltar,
pero todos los ojos la están mirando.
Ella se desnuda, no tiene un espejo,
la habitación está fría y es oscura,
pero no se puede quejar de donde vive.
Ella duerme apenas unas horas,
se tiene que levantar temprano, pero se acurruca
y reza: pide que su vida cambie un día.
Ella se despierta, cubre la cama con la manta,
y se limpia el rostro con un paño
mojado en agua, se seca con una toalla áspera.
Le hubiera gustado que la luz la acompañara,
pero aún en la noche se siente feliz
por poder estar viva.
Ella se viste, la ropa está helada,
pero no tiene otra de repuesto, la que lavó
cuelga del techo de la estancia.
Ella lee, abre el libro, es una biblia,
siente que es una novela, pero piensa
que puede que no lo sea.
Ella sale al pasillo, recuerda lo que para ella
fue ser mujer en un solo día,
pero intenta olvidar lo que le duele.
Ella camina sin hacer ruido,
le hubiera gustado cantar una canción,
pero no puede.

(Del libro inédito Ella lee).

Manifiestos políticos

Artículo publicado en El Corredor Mediterráneo, 31 de agosto de 2022, nº 1012.

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Después de una discusión con un escritor afamado he decidido que aparte de salvar al mundo de la literatura intrascendente, nunca más voy a tener amigos de estos que te plagian en cuanto pueden, sin mencionar el origen ni la firma del autor de los textos. He pensado en buscar un amigo sincero que nunca me falle y se dedique, entre otras cosas, a la política de la vida con mayúsculas. Mi amigo puede tener gafas y ser calvo, puede tener los años que quiera, puede ser lo que se le antoje con tal de que sea honesto y no me venda a la primera. Entre los dos firmaríamos, por lo menos, un manifiesto de diez puntos que reinventara el arte de la política diaria y la escritura literaria. Todo en uno, para que la gente intelectual no se pierda y los demás nos entiendan sin problemas.

He pensado en incluir a una chica en el grupo, pero no para quedar bien con el personal, sino porque quiero dar vida al triángulo amistoso una voz femenina. Ya es hora de que las mujeres salgan a decir sandeces sin pensar en nada, tal como hacemos los hombres. Quiero constatar que las mujeres aún no han descubierto ese mundo oculto, pero, para el caso en cuestión, mi amigo, el político, mi amiga, la política del alma y yo, pasaríamos tardes enteras mientras decimos tonterías, nos conocemos, reímos y nos quejamos de la vida hasta dar con la esencia de la escritura en común. Un documento que alentara al resto de los ciudadanos hacia la amistad, sería el punto de partida de nuestra reivindicación sincera.

El primer punto del manifiesto, el que podría ser a todas luces el más discutido, nos convencerá de la bondad de no haber nacido en ningún lugar. El segundo, el que nos hablará del ser, nos dirá que es preferible no ser de nadie. El tercero, podría incidir en la no pertenencia a un grupo, por si acaso. El cuarto, el que trata la verdad por encima de todas las cosas, nos llevará a no creer en lo que se nos dice, tal como no creemos en lo que decimos. El quinto, este es inamovible, no matarás. El sexto, el que nos recuerde lo que somos, se referirá a no desear lo que pretende el vecino. El séptimo, pase lo que pase, no mezclar la política con el arte. El octavo, no trabajar más de la cuenta. El noveno, no pensar a todas horas en el dinero. Y el décimo, ser amigos de todos, pese a todo.

Con este planteamiento –austero y ambicioso a la par– estoy convencido de que podríamos jurar este decálogo de buenas intenciones como si nos fuera la vida en ello. Si somos capaces de convivir con las tonterías que decimos cuando pretendemos hablar en serio, habrá merecido la pena.

© Fotografía: Raúl Fijo, 2022.

«Canciones para Pau Donés», un poemario en la encrucijada del duelo.

Reseña en “La casa que soy y otras voces”, por Carlos Santiago Amézquita Villamizar, 29 de agosto de 2022.

Kepa Murua traza un personaje central que canta y sufre múltiples despedidas. Este personaje, un músico con rasgos de poeta romántico, se pregunta qué será de su destino cuando sea su turno de marchar, qué huella quedará en quienes ha amado, si acaso será recordado y si el amor que ha sentido perdurará.

Leer la reseña completa en el blog literario «La casa que soy».

Páginas finales de «Canciones para Pau Donés».

Mentiría

Una página del poema “Mentiría”, del libro “Canciones para Pau Donés”.

Perder

Artículo publicado en El Corredor Mediterráneo, 3 de agosto de 2022, nº 1010.

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A todos nos molesta perder algo o a alguien. Es evidente que nos disgusta porque nunca nos acostumbramos a ello. De niños nos transmiten la idea de que hay que aprender a perder porque casi nunca se gana. En la escuela por ejemplo, con el deporte, se inculca que lo importante es ante todo participar y cuando se es joven, se aprende rápido cómo la mayoría de las veces se pierde si se apuesta contra las leyes de la vida. Es una constante inevitable porque en esa variable radica uno de los fenómenos más importantes de la realidad cotidiana si queremos sobrevivir junto a los otros.

Cualquiera puede encontrar ejemplos en su biografía: la vez que perdió a las cartas, cuando perdió a su novia que se fue con su mejor amigo, aquel día que se perdió en la ciudad, aquella nefasta jornada en la que le robaron la cartera o perdió las llaves, cuando perdió la dignidad que le quedaba porque lo despidieron de su trabajo, cuando fueron los dientes por hacerse el macho con tanto alcohol hasta las cejas o aquella última vez en que le hicieron perder el tiempo. De esta manera, viviendo eternamente en el perder, se aprende a gozar de las pocas veces que irrumpe el milagro y ganas algo que merezca la pena: un amigo, un poco de dinero, un regalo de quien no se esperaba; algo que quizá a los ojos de los demás carezca de relevancia, pero que tan importante es para uno. Una especie de ley inevitable que se basa en el respeto por las reglas del juego en una ruleta que la política, por su parte, no sabe asumir porque, a menudo, sus jugadores están por encima del bien y del mal que mide al resto de los ciudadanos.

Con el poder ya se sabe, no se puede ganar nada, en todo caso, se puede perder casi todo. Pero, como este código vital no es igual para todos, pese a que se gane o se pierda, siempre habrá quien no acepte que unos pocos gobiernen a su manera, otros que se desesperan por lo que ocurre y muchos más, se gane o se pierda se avergüenzan de lo que pasa, como si no estuviera en sus manos remediarlo. Pero la casa, que es el país o la nación que rige el gobierno, no es propiedad exclusiva de nadie: ni de los que están acostumbrados a ganar casi siempre ni de los que criticaban hace días una manera de barrer con descaro para dentro.

El tiempo lo asume de mejor manera: para saber ganar hay que estar acostumbrado a perder. Y la historia lo resume con otros matices: para perder hay que convencerse de que la próxima vez se puede vencer. Cuestión de sabiduría y de elegancia. No sirven las excusas como que la sociedad es inmadura. No los pretextos como que jugábamos fuera de casa y el árbitro era un vendido. Para vendidos nosotros, los que siempre perdemos, ganen unos o ganen otros. Y eso que nunca perdemos la sonrisa.

© Fotografía: “Calle de Zarautz”, ardiluzu, 2022.

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