Escritor

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Escritor

La verdad de la poesía

Dicen que la poesía es inútil hoy. Que la poesía es de los poetas que escriben encerrados en sus habitaciones sin mirar a la vida que pasa ante sus ojos. Dicen que en este mundo moderno la palabra escrita dejó parte de su razón en la pérdida de su alocado sentimiento. Dicen que los poetas intentan conducir a la poesía a su íntimo sueño. Que investigan el significado de su voz porque nunca han tenido la oportunidad de hacerlo como hombres. Dicen que en el origen de las cosas, la poesía no tiene sentido: que no cambia el mundo, que no cura las heridas de la vida, y tampoco en el amor se compromete a solas con sus semejantes. Dicen que en realidad somos lo que no somos y vemos lo que no vemos con extrema sencillez. Pero la voz es la emoción de las palabras cuando cobran sentido y en la garganta se siente el nervio de la lengua aferrándose a los mil sonidos desconocidos del cuerpo, y esa es su función poética: el sufrimiento de esas palabras por dar cuenta de lo que vieron, vivieron y las huellas que quedan en el alma. Lo que era verdad y que apenas intuíamos cuando la emoción estaba allí como estaba presente antes de que surgiera el poema. La poesía enciende la luz del mundo, cubre la oscuridad, el cielo y la ira, no cambia el mundo ni pretende con su grito nada, pero corre veloz con su ruido y su atmósfera envolvente, es la voz de hoy, como la de ayer y la del mañana.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.

Porque la vida tiene secretos

Porque la vida tiene secretos
que no cuenta a la muerte.
Porque en el camino se encuentra
el cielo de las cosas no dichas.
Porque la luz no es siempre blanca
y el sol de color amarillo.
Porque la tierra es frágil
con el hombre y su destino.
Porque la tristeza calla
cuando la vida recobra su alegría.
Porque nada es lo que parece
nada nos será prohibido.
Porque es libre el hombre
abrirá al fin sus ojos.

© Poemas del caminante, 2005.
© Ilustración de AFC, Mintxo.

Las frases que se escondían en la tela

La necesidad de exisitir

Un poeta debe ser un hombre libre y mantener su intimidad a salvo, como un elemento indispensable de su creación. Ha de ser independiente y crítico con la cultura oficial, así como con la política dominante y ha de basar su fuerza en un juicio honesto consigo mismo, pero que tenga en cuenta las necesidades de los demás. No ha de ser engreído y sí inconformista. No ha de ser hostil, pero sí auténtico y ha de estar tocado por un fino sentido del humor donde el elemento de la broma sea él mismo. Ha de aceptar sus miserias y derrotas tanto como los halagos y los posibles éxitos, y ha de aceptarse con humildad y alegría, no mostrándose ni artificial ni interesado. No puede faltar con sus actos a la dignidad que se merece ni al respeto que ha de tener por los demás. Ha de ser fresco si puede, original si sabe, creativo, inventivo, libre e, incluso, reconocer si se ha mentido a sí mismo en algún momento. Ha de saber vivir intensamente, sin excesos, con pocas cosas que le conforten, austero; de la misma manera ha de sentir intensamente las relaciones con la gente, con los animales y la naturaleza. Ha de admirar el silencio, la bondad y la belleza, incluso en las cosas desagradables ha de comprender la armonía del mundo. Ha de saber hablar, pero antes ha de saber escuchar. Ha de saber escribir, expresarse si se lo piden, hablar con sencillez y profundidad. Dudar mucho hasta que aprenda a dudar lo justo y nunca desdecirse ni en el amor ni en la guerra ni en el trabajo ni en la fiesta. Descansar si se lo pide el cuerpo, dotar al cuerpo de un vértigo inconcluso que se define como alma. Sentir el alma de todos en las palabras y dejar que vuelen como sombras libres que al final alcanzan su luz y su plenitud.

Me digo a menudo: yo soy uno con el universo y el universo es uno conmigo y la necesidad de existir es mi necesidad y la paz de encontrar un equilibrio es mi destino. El éxito está en intentarlo siempre. En la magia de reconocerse en los otros. Por eso no pongo límites al conocimiento y soy osado con los sentimientos mientras vivo el presente. Lo mejor está por venir, también me digo. Soy mi cuerpo y la fuerza que tengo tiene su razón en mi determinación, pues he de ser humilde tanto como ambicioso si quiero prosperar y conocerme. No tengo límites en lo que hago y ha llegado un momento en el que cada vez me siento mejor y, además, domino ese proceso que he asumido como propio, aunque a veces se me olvide quién soy y no recuerde la importancia de lo que hago.

© Fotografía: Raúl Fijo.


Revista Corredor Mediterráneo, nº 959, 9 de junio de 2021.

Sin sueños

Destruyeron todo y nos quitaron lo poco que teníamos.
Fueron tan ambiciosos y tan listos
–en el fondo fueron muy idiotas,
a la vista de los resultados, más de lo que pensaban–
que solo vieron lo que podían robar
y lo que quedaba a un metro de sus ojos.
El poder los llevó al egoísmo
y su pasión por apropiarse de lo ajeno
nos dejó a los demás sin apenas nada.
A nosotros, por si acaso,
para que nos quedáramos quietos
nos dijeron que nos equivocábamos,
que éramos insolentes con nuestras apreciaciones
y que mentíamos.
No recuerdo muy bien qué palabras utilizaron,
pero fueron tan codiciosos que se quedaron
con el dinero, con las leyes,
con el trabajo, con las empresas y las carreteras.
Al fondo quedaron nuestras casas,
una detrás de otra.
Incluso se llevaron a muchos de los nuestros:
los engañaron con dinero fácil,
aplausos y cámaras con fotógrafos
para que se los viera guapos y bellos.
A nosotros, en cambio, por insolentes
o por perseverantes o por tozudos,
ingenuos o valientes,
pues no recuerdo muy bien
qué palabras utilizaron,
nos dejaron en una esquina,
aunque, por si acaso, nos vigilaban
con un ojo muy abierto
las veinticuatro horas del día.
Pero al dejarnos sin nada, incluso sin sueño,
nos arrastraron a lo peor: al olvido,
a la marginación, al desespero,
a desconocer si era cierto lo que estaba pasando.

© Pastel de nirvana, Cálamo 2018.
© de la fotografía: Raíl Fijo.

«Trilogía del corazón» de km

Culturamas, por Isabel Alamar, 6 de junio de 20021.

Trilogía del corazón (Editorial Luces de Gálibo, 2021) recoge tres libros de Kepa Murua que, en su día, fueron publicados por la prestigiosa editorial Calambur, pero como, con el pasar del tiempo, estas tres ediciones se fueron agotando, el autor quiso reunir finalmente los tres títulos en una antología porque en su mente siempre estuvieron unidos por varios motivos: por ser de los primeros poemarios con los que alcanzó cierto renombre y reconocimiento; también por la mezcla que contienen de pasión y riesgo, a partes iguales y, por último, por el deseo del poeta de expresar sentimientos como el amor, el desamor, la búsqueda de la felicidad, su fe en la palabra o su lugar en el mundo y en la poesía.

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Una trilogía, con prólogo de Catalina Garcés, que se ha convertido en una de las delicias de los amantes de la buena poesía de Kepa Murua; un magnífico menú de degustación para todos aquellos nuevos lectores que quieran acercarse con una mirada abierta, sincera y serena a este autor de culto, que ya se ha ganado un merecido hueco en el panorama literario actual.

La vida interior de Balenciaga

La Opinión de Málaga, por Alfonso Vásquez, 4 de junio de 2021.

Kepa Murua novela en ‘Elegancia’ la vida interior de Balenciaga.

El escritor vasco publica en Menoscuarto una semblanza literaria del modisto español más famoso del siglo XX.

La prosa elegante, poética y soñadora del escritor Kepa Murua (Zarautz, 1962) le va como un guante o más bien como un traje de noche a un personaje tan discreto, callado y distinguido como el modisto Cristóbal Balenciaga (Guetaria, 1895-Jávea-1972).

En ‘Elegancia’, que acaba de publicar la editorial Menoscuarto, Kepa Murua nos ofrece la vida novelada de su brillante paisano vasco, un reto que se aparta de la biografía para convertirse con acierto en una hermosa semblanza literaria que sigue los pasos del hijo de un modesto pescador y de una costurera que, con el tiempo, se convertiría en uno de los más famosos modistos del siglo XX, a la misma altura que sus contemporáneos Christian Dior y Coco Chanel.

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Desapariciones

¿Quién se acuerda de los malos momentos?

¿Quién se acuerda de los malos momentos, de esa tristeza que podría ser infinita, pero solo es extraña, cuando el amor ilumina la estancia? ¿Y quién recuerda a los que consideraba sus enemigos, a los que le traicionaron o a aquellos que lo pisotearon o no le dieron el lugar que se pensaba que se merecía, cuando el espacio del amor avanza y se desplaza hacia el infinito; hasta sentir esa transformación que lo trastoca todo: los pesares y las tribulaciones del pasado, las adversidades del presente? Y ¿quién desea recordar sus nombres, recordar lo sucedido, si el amor se eleva por encima y con su protección perdona también a los que nos dañaron, a los que nos persiguieron, a los más ambiciosos y a los más egoístas que con su proceder se contaminaron también a ellos mismos?

Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones.
© De la fotografía: Raúl Fijo.

A todas partes

Poema de Pastel de nirvana, Cálamo 2018.

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