Escritor

Perder

Artículo publicado en El Corredor Mediterráneo, 3 de agosto de 2022, nº 1010.

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A todos nos molesta perder algo o a alguien. Es evidente que nos disgusta porque nunca nos acostumbramos a ello. De niños nos transmiten la idea de que hay que aprender a perder porque casi nunca se gana. En la escuela por ejemplo, con el deporte, se inculca que lo importante es ante todo participar y cuando se es joven, se aprende rápido cómo la mayoría de las veces se pierde si se apuesta contra las leyes de la vida. Es una constante inevitable porque en esa variable radica uno de los fenómenos más importantes de la realidad cotidiana si queremos sobrevivir junto a los otros.

Cualquiera puede encontrar ejemplos en su biografía: la vez que perdió a las cartas, cuando perdió a su novia que se fue con su mejor amigo, aquel día que se perdió en la ciudad, aquella nefasta jornada en la que le robaron la cartera o perdió las llaves, cuando perdió la dignidad que le quedaba porque lo despidieron de su trabajo, cuando fueron los dientes por hacerse el macho con tanto alcohol hasta las cejas o aquella última vez en que le hicieron perder el tiempo. De esta manera, viviendo eternamente en el perder, se aprende a gozar de las pocas veces que irrumpe el milagro y ganas algo que merezca la pena: un amigo, un poco de dinero, un regalo de quien no se esperaba; algo que quizá a los ojos de los demás carezca de relevancia, pero que tan importante es para uno. Una especie de ley inevitable que se basa en el respeto por las reglas del juego en una ruleta que la política, por su parte, no sabe asumir porque, a menudo, sus jugadores están por encima del bien y del mal que mide al resto de los ciudadanos.

Con el poder ya se sabe, no se puede ganar nada, en todo caso, se puede perder casi todo. Pero, como este código vital no es igual para todos, pese a que se gane o se pierda, siempre habrá quien no acepte que unos pocos gobiernen a su manera, otros que se desesperan por lo que ocurre y muchos más, se gane o se pierda se avergüenzan de lo que pasa, como si no estuviera en sus manos remediarlo. Pero la casa, que es el país o la nación que rige el gobierno, no es propiedad exclusiva de nadie: ni de los que están acostumbrados a ganar casi siempre ni de los que criticaban hace días una manera de barrer con descaro para dentro.

El tiempo lo asume de mejor manera: para saber ganar hay que estar acostumbrado a perder. Y la historia lo resume con otros matices: para perder hay que convencerse de que la próxima vez se puede vencer. Cuestión de sabiduría y de elegancia. No sirven las excusas como que la sociedad es inmadura. No los pretextos como que jugábamos fuera de casa y el árbitro era un vendido. Para vendidos nosotros, los que siempre perdemos, ganen unos o ganen otros. Y eso que nunca perdemos la sonrisa.

© Fotografía: “Calle de Zarautz”, ardiluzu, 2022.

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4 comentarios

  1. Elena Rodas Feraud

    Todo depende de la filosofía de vida que se lleve, del cristal con que se mire y de los objetivos que persiga, lo que en ocasiones llamamos «pérdidas», en realidad son ganancias. Y nos colocan en variadas sircunstancias, con el tiempo descubrimos que fueron ganancias. Sin embargo, sus letras están cargadas de verdad y sabiduría vistas desde otro cristal que es el lacerante momento que vivimos en el tiempo real.
    Es una enorme satisfacción leer su artículo y aprender de su fino y claro punto de vista. Por favor, publique siempre el enlace para leerlo siempre. Dios Lo bendiga y felicitaciones al diario argentino por contar con un escritor de su talla.

    • km

      Le agradezco sus comentarios, que en realidad son matices que completan lo escrito, conclusiones que indagan en la experiencia humana. Le mando un abrazo desde la distancia.

  2. Perder por ganar no es perder, un dicho muy popular, pero muy cierto.
    Es duro asumir la pérdida, incluso si es por ganar. Pero somos tan costumbristas y nos aferramos a todo lo que podemos poseer, por más de un momento así no lo podamos controlar, preferimos seguir así porque a nadie le gusta perder.
    Perder es de carácter y fuerza emocional.

    • km

      Estimada amiga. Perder es muchas veces ganar; por ejemplo, eso que no sabíamos que podría ser o conocer. Le mando un fuerte abrazo.

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