30 de abril de 2022

Cumplo sesenta años. Son más de treinta años de escritura. De un pueblo donde nací fui a diferentes ciudades y he tenido muchos trabajos; mencionaré los relacionados con la escritura: editor, escritor y profesor. He creado revistas literarias –en papel y en formato digital–, fundé una editorial, aprendí a editar libros y he impartido cursos de letras y de comunicación. De mis publicaciones, más de treinta, no separo uno de otro: no quisiera nombrar, por ejemplo, ni el primero ni el último. Gracias a ellos soy. En este tiempo mis padres ya no están, me faltan algunos amigos, tengo una familia a la que quiero, ella valora lo que hago. Fui un joven poeta, un escritor radical, publiqué con cincuenta años unas memorias de poeta metido a editor con un tono furibundo; cuando cerré la editorial Bassarai me sentí agotado y liberado a partes iguales. Sé que lo que he vivido es parte de un camino trazado por el universo para ser una buena persona y quizá un buen escritor. Cuando era joven no pensaba en llegar a los sesenta –¡qué viejo!, podría haber dicho–, pero hoy que los cumplo siento de lleno los días en los que vivo y la intensidad de las horas en las que escribo para ser yo, Kepa Murua Auricenea. Solo hay una condición, una que me hice hace unos diez años y debo cumplir en los días venideros: “cuando cumplas sesenta años ve retirándote del ruido del mundo”.