Cuando no se escuchaba lo que se decía
parecía que el mundo estaba en su sitio.
Cuando no se pensaba en lo que se hacía,
que era bello y hermoso.
Y cuando no se pensaba demasiado,
que era el mejor de los lugares del planeta.
Y, sin embargo, no solo no era así,
sino que existían otros equívocos.
A saber: cuando los negros cantaban
pero no podían hablar
o cuando los poetas no podían bailar
delante de los demás.
O cuando los hijos no podían abrazar a sus padres.
Podría parecer que sucedió hace muchos años.
Podría, pero no es así.
Así que ya no estamos ante esos cuando.
Ni tampoco ante esos cuántos
que seguramente no se sabrán.
Podrían ser muchos, digámoslo en voz alta:
¿quinientos? ¿Cien? ¿Veinte? O ¿diez?
Mas cuando eso sucedía
el silencio no era el de hoy.
La gente andaba despacio
y escuchaba de otra manera.
Ahora todo va rápido
y en un segundo todo se viene abajo:
todo parece perdido o mucho peor
que en ese principio en el que unos no eran iguales a otros
y algunos dictaban las leyes a su antojo.
Pero no lo olvidemos, seamos rápidos
o lentos, estemos en medio,
al principio o al final, cuando los hombres cantan
el mundo es sencillo y es hermoso.
Y cuando las mujeres cantan es más bello aún.

© Del libro Pastel de nirvana
© De la fotografía: Raúl Fijo, 2021.