Escucho el murmullo de la gente. Ellos, sin preocuparse de que los puedan escuchar, hablan de lo que podría ser, de la vida que podrían tener si las cosas se hicieran de otra manera. Poco a poco, aún con sus voces en el aire, me acerco al mar y siento su movimiento transparente y su inmensa paz. Mañana podría estar enfurecida, enfadada, brava, díscola, nerviosa, pero hoy está en calma.

Aprendan el arte de escuchar, escuchen el hambre de la calle, la falta de amor y belleza, escuchen todo aquello que se dice con miedo, lo que se hace con temor. Escuchen la desesperación, pero también la alegría y la risa, el nombre que se pronuncia en los labios, la identidad de cada persona.

Me gusta la conversación, amo la inteligencia, admiro la belleza y vivo en la luz, pero creo que es necesario que me quede quieto una temporada en penumbra hasta saber qué es lo que quiero.

(Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones).
De la fotografía: Raúl Fijo.