Leer y escribir es lo mismo. Solo que la lectura llega después de la escritura. Si en la vida no sabes leer a los demás, estos no se podrán comunicar contigo. Cuando los lees, no solo los conoces mejor, sino que los interpretas acertadamente; gozas con esa lectura que contiene tantas palabras, como dudas existieron, y tantos silencios, como certezas se pudieron vivir en algún momento del proceso de lectura.

¿Los poemas? Vienen solos, lo único que hago es ordenarlos. Aun así, antes que facilidad o dejadez es trabajo e inspiración que se reparten a partes iguales, profundidad que hay que sacar a la superficie.

La corrección de un libro supone hacerlo con calma, con los ojos de la corrección, que es como llevar la mirada de la escritura a la lectura, sin que nos olvidemos nada y al mismo tiempo añadamos algo nuevo, pues todo está ahí, tal como estaba antes de que se cerraran los ojos del pensamiento y se abrieran los de su certeza.

Escribir, casi como el amor, más que un reto es una verdad.

(Fragmento del ensayo inédito, Libro de las estaciones).