3 de enero de 2008

Volver a la biografía de Rilke es volver al diccionario –el único libro que un poeta debe leer a menudo–. Es volver al aprendizaje de una lengua y situarse en otra. Es hablar y escuchar en una lengua y escribir en otra. Es transformar el canto interior del hombre en eco del paisaje. Es volver a la poesía religiosa sin ser religioso, a la poesía de la vida sin vivir como lo hace la gente, es volver al silencio y a la soledad extrema. A la ingenuidad también, a la profundidad de las cosas, al alma de lo innombrable junto a la visión detenida de los animales y las plantas. Saber algo más de Rilke apoyándose en sus textos es transformar la gramática cuando se empieza a escribir sintiendo la presencia de las palabras cuando no tienes con quien conversar y aprendes a hacerlo en silencio. Volver a Rilke es reconocer la naturalidad del cuerpo libre. Volver a un dios que por parecer triste o profundo, es humano y delicado. Es resistirse a una divinidad que nos convierte en únicos. Es resistirse frente a la derrota, seguir adelante con las palabras que no se emplean a menudo, continuar por un sendero ilimitado de sospechas y susurros. Volver a Rilke es reconocer un rezo invisible pronunciado por un hombre que se convirtió en poeta como quien persigue un amor sin saberlo. Es volver a la poesía en tiempos de derrota. Volver a Rilke es sentirse parte del mundo pese a su aparente tristeza.

8 de enero

Poco antes de morir, un ocho de enero de 1922, Katherine Mansfield escribe: “Quedarse tranquilo, explicarse y ser sincero. Acuérdate de esto”.

14 de enero

Este año se presenta difícil. La crisis económica internacional, la inestabilidad política en España, la falta de perspectivas del sector, la inexistencia de ayudas a las pequeñas empresas culturales en un entorno tan politizado como el vasco, son razones de peso a la hora de situar una empresa de literatura en un tejido económico que siente como un lujo que alguien se pueda dedicar a la poesía. ¡Qué se le va a hacer! A estas alturas me pregunto si todavía tendré tiempo para cambiar de oficio. Sea lo que sea, siento que estoy solo, que vuelvo al principio. Libro a libro, verso a verso, paso a paso, sin pensar demasiado en el futuro.

16 de enero

Otra de las razones de ser un poeta metido a editor es que, pese a conocer las trampas del sector, la dedicación se hace con una mirada radicalmente contemporánea. La ola es tan grande que nadie se atreve a cogerla, pero hay que lanzarse a por ella, aun a riesgo de salir despedidos.

20 de enero

El primer trabajo de un editor es el de lector, y el de un poeta, el de ciudadano del mundo.

22 de enero

Como desde hace un par de legislaturas los profesionales y tecnócratas de turno han llegado al poder, los políticos se han convertido en una casta aparte que vive alejada de los problemas reales de la ciudadanía. Pero en materia de cultura es significativo que se hayan transformado en una lacra que les marca por una pereza intelectual incapaz de comprender otras cuestiones diferentes al discurso dominante. Enfrentarse a ellos conlleva la obligación de prestar una atención desmesurada por sus encomiables servicios (sic) y una escucha interminable a un diálogo ensimismado que se sostiene en el mundo de las estadísticas. Debería decir entonces que es preferible encomendarse a los funcionarios de turno; pero no, porque estos se han transfigurado en una casta que se lava las manos y asiente con su sindical indiferencia a todo lo que mandan sus jefes. No obstante, si alguna vez vas a conversar con un servidor público, encomiéndate a Dios o al diablo por si te encuentras con un funcionario-poeta, o con un poco de buena suerte, con uno que iba para artista. Estos señores, la mayoría de ellos hombres, aparentemente cultos, conforman la casta más privilegiada del mundo laboral, pero a la hora de ubicarse en su trabajo critican los proyectos que se sostienen en el mercado y obstaculizan aquellos que no entienden como puramente artísticos. Oh, qué dolor cuando alguno me muestra sus poemas o me invita a ver sus cuadros. ¿Qué habré hecho yo en una vida anterior para atraer a tanto analfabeto y a tanto pelmazo al cruzar la puerta de las instituciones? Qué pesados son estos señores de la función pública que, aparte de vivir muy bien, nos exigen que coincidamos con un sentido puro de la vida. ¿Sabrán lo que cuesta escribir un libro? ¿Cuánto cuesta editarlo? ¿Y cuánto venderlo?

28 de enero

Si en las novelas vemos que los adjetivos se emplean muy mal, en poesía hay que ser muy certeros, casi perfectos, con las palabras utilizadas. A menudo lo que suena no es y lo que no suena prevalece por su ritmo interno, por su sonoridad secreta. Es como el jazz, pero con el silencio de la cabeza tocando una secreta melodía que va apareciendo mientras se escribe o se lee.

2 de febrero

Estar en la escritura es escribir un poema, masticar sus palabras, sentir el peso de su ritmo, sopesar en el pensamiento su significado. Es leer un libro sin más. Es leer lo que otros han escrito viendo cómo lo hacen. Es leer en silencio. Es corregir en el pensamiento. Y escribir unas líneas sobre la escritura. Y escribir luego algo muy tuyo, que sale de muy dentro, que pertenece a la vida y que está en el límite del tiempo que nos corresponde mostrar una vez más en silencio.

(Fragmento del libro de memorias inédito, La decisión ininterrumpida, 2008-2009).
© De la fotografía: Raúl fijo.