El día que muera
no me enterréis con los míos,
dejadlos en paz.

Dejad a los Aurizenea con su timidez y su belleza
alzarse sobre una colina
con el apellido a cuestas.

Dejad a los Murua descansar por fin
con su inteligencia
y sus ojos ruidosos.

Dejad a mis amigos en su descanso.
A mis enemigos, dejad que sus huesos
les coman los gusanos.

Disfrutad de la fiesta el día que muera.
Prohibid exequias, negad mi buen nombre,
bebed un vaso de vino.

Leed algo, quizá un poema, pero no mío.
Y ahuyentando mi memoria
con una bengala detrás del horizonte, olvidadme.

Aventad mis cenizas el día que muera
en un círculo hecho silencio.
Ese día descansad y dejadme.

Y si alguno de vosotros llora
decidle que si es triste el recuerdo
la vida mereció la pena.

© Del libro No es nada, Calambur 2008, Amazon 2019.