Los sentimientos somos nosotros
y alguna vez son los demás.
Pero el amor es ese cuchillo
que solo a nosotros nos hace daño
mientras su fuerza rodea al mundo
con su manto de bondad.
Los sentimientos infundados
sobre la sospecha mientras el amor
se desenvuelve ajeno
a lo que nos pasa
y se confiesa como ese beso entregado
a las profundidades de un espejo
donde aparecemos desnudos
con las arrugas del cuerpo
y el rostro tras el tiempo detenido
de las palabras inconfesables.
También los miedos son así: son nuestros
y algunas veces, de otros.
Pero el amor sustituye al deseo,
su inconformidad más latente.
En una noche hermosa
donde el hombre espera a su amada
y esta no vuelve.
En una mañana de lluvia
donde la amada quisiera darle un abrazo
y el mundo se vuelve esquivo
y lo que se ve por la ventana
parece un mar plano y duro
como el suelo de cemento
en una ciudad deshabitada.
Los sentimientos como barcos a la deriva
en una cocina a fuego lento en nuestra casa.
Y alguna vez, a lo lejos, en la de los demás
como navegantes minúsculos
que parecen puntos negros
que juntándolos más tarde
hacen del aire un cuerpo unido
que nos sostiene en la duda
con una fatídica pregunta:
¿son verdaderos los sentimientos?
¿Nos engañan si los vivimos en silencio?
Otra vez lo que ven los ojos,
lo que se siente y lo que se dice.
En medio, el silencio
como la única verdad
que nos ata al mundo
como eso que sentimos propio
y ese amor ajeno que se nos escapa.

© Del libro Ven abrázame, editorial Amargord, 2014.