Mi biblioteca se convirtió en mi aprendizaje y las palabras me ayudaron a verme de otras formas. A aprender que la mente es libre y que los hombres y las mujeres se confunden con sus deseos cuando buscan la felicidad a todas horas. Que los jóvenes son lo mejor del mundo, pero que necesitan encontrar un camino y dar con un profesor que saque lo mejor de cada uno hasta que comiencen a andar por sí mismos, a escribir con sus propias palabras, pues solo de esta manera podrán hacerse mayores y disfrutar de la vida, amar su trabajo, amar a las personas que tienen a su alrededor y pensar finalmente que también pueden ser capaces de explicar lo que su cabeza les dicta que es cierto y lo que su alma les hace soñar, bien con los ojos abiertos, bien con los ojos cerrados, mientras mueven la cabeza y dicen que sí o dicen que no, y mientras alguien a su lado –como un ángel amigo– con palabras acertadas les cuenta lo que está sucediendo y puede suceder, con cariño, con ternura, con la misma ternura que yo pude escuchar de otros escritores lo que ellos habían preparado para que me convirtiera en lo que ahora soy y tengo, como aquellos muchachos que pasamos juntos la infancia y la juventud y que aún hoy, pese a lo que les conté y les sigo contando, siguen siendo mis amigos.

Fragmento del libro, Cambiar con la escritura, Amazon 2020.
© Dibujo: Mariposa, de Anxo Pastor, 2020.