Las respuestas están en nuestro interior, donde siempre han estado, como poemas escritos en un papel en blanco y lanzados un día en una botella al mar que más tarde vuelve hacia nosotros para recordarnos que la felicidad está de nuestro lado, aunque no nos demos cuenta.

© km

Y entonces supiste de la derrota
como quien alguna vez obtuvo
la felicidad momentánea.
Una realidad extraña, dura
como la piedra, porque no fue
por culpa de los demás
que aún te querían, sino por ti,
que respirabas aire contaminado
desde las uñas del amor
hasta los pies del abandono
como otros pronuncian palabras
atacadas por el desánimo
y aparentemente dulces.
Entonces cuando lo supiste
ya no había remedio.
Ya no había vuelta atrás
y tampoco podrías huir de todos
porque no fueron ellos los culpables
sino tú, tu único adversario.
Tú que vivías del aire
con palabras aparentemente sabias
que crecían desde tu cuerpo
abandonándote cuando sin más salían.
Entonces no pudiste hacer otra cosa
que volver a mirarte en el espejo.
Había aire en medio. Un aire
pegajoso como el que une las vocales
y las consonantes, duras como la piedra,
de tu nombre a tu rostro.
Pero ahí no había nadie reconocible.
Nadie. Solo aire.

(Poema de El cuaderno blanco, El desvelo, 2019).