En el año 2018 escribí “¿Dónde?”. En el pórtico del poemario aparece la dedicatoria: “Este libro está dedicado a mi amigo, Joaquín Mari Arzalluz, una persona leal y sincera, quien desde aquel lejano día en el que nos conocimos en la escuela, me sigue escuchando pese a las diferentes distancias que hemos mantenido en nuestras vidas».

Hoy, 29 de octubre de 2020, el día en que mi amigo ha muerto descubro por primera vez uno de los poemas del libro.

El cielo podría ser este teatro vacío.
¿Cuántas butacas tiene?
Algún día espero verlas ocupadas:
que se abran las dos puertas
y que entren de una vez.

Quizá él nos espera sentado
en el centro de la mesa.
A su lado, dos sillas vacías,
alineadas con cada pasillo.

¿Dónde quedan esas dos líneas de una vida
que se cruzan en una mano
y se preguntan por esos que han de llegar,
pero no llegan?

La memoria es una arruga,
transparente y ligera
como un pequeño río en la delgada palma
de la arena del universo.

Una voz a la espera
de quien avance o de quien retroceda:
quién es el que parte
y quién el que vuelve.

¿De dónde viene, adónde va?
Silenciosa y perdurable, ¿dónde?