Escritor

Mi madre

A mi madre le gustaba
mirar por la ventana.
Podía pasar horas y horas
con los ojos hacia dentro
mirando a la calle.
Cuando yo volvía de la escuela
ella estaba allí por la tarde
mirando como si no viera nada.
Tantos días, con una sillita
cerca del balcón hacía macramé
tejiendo y moviendo los dedos
con las gafas que se le caían de la cara.
Eso del macramé es como la poesía:
tejer y destejer hasta dar
con el sentido de la vida.
Y luego me decía:
estoy perdiendo vista, hijo mío.
Como yo hoy, que la estoy perdiendo
por no ver nada de lo que me pasa.


Mi madre iba para soltera.
Nació en un pueblo pequeño de la montaña
llamado Aia, de donde se ve el mar.
Un pueblo que en la guerra visitó Franco,
a quien mi tía Alicia entregó un ramo de flores.
Mi tía era como Sophia Loren
pero mi madre también era muy guapa.
Tenía esa belleza que mira para dentro
con ojos oscuros como piedras
que crecen debajo de una virgen
que uno encuentra en su camino.
Como lo hizo mi padre más tarde
casi por la cara. Luego vinimos nosotros:
mis tres hermanas, Marijo, Belén, Yolanda
y yo. El último, con bastante retraso,
el pequeño, Hilario, que con pocos años
te pedía cinco pesetas
para completar la de cinco pavos.
Qué tiempos aquellos cuando existía
el macramé y la peseta
y se podía mirar para dentro
como se abren los ojos
a través de una ventana.

© Del libro, El gato negro del amor, Calambur 2011.

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4 comentarios

  1. Mónica

    Me ha emocionado. De alguna manera es el viaje a mi infancia, también. Bellísimo.

  2. Hermoso poema Kepa. Ay cómo se nos quedan las madres grabadas, sea en su hacer o en sus silencios. Como lo dices, la mirada siempre está y uno la sigue encontrando aún después que la ventana se cierra. Y rememorar aquellos tiempos también es ir al encuentro de una simpleza, inmensa en su frugalidad, que este mundo roto procura permanentemente que olvidemos.

    • km

      Gracias Mery, tienes mucha razón en lo que dices; sin embargo, pese a la intención que prevalece hoy en el mundo, es difícil que se olvide esa sencillez que se vive mientras se aprende a coexistir con las personas que amamos.

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