El cuerpo de la escritura es la anatomía del escritor. Las palabras son como esa voz interior que escuchamos a menudo, sin saber si es verdad lo que precisa con una intuición elevada que nos conecta con la vida de manera pura y natural. La voz, son esos pensamientos calibrados con exactitud y envueltos en una música que el oyente o el lector, percibe como aislada, ausente, bella o dolida, concisa o ambigua, elegante o amarga, tierna o distante, romántica o desinhibida como los sentimientos que se descubren cuando antes no los podíamos mostrar, pero salen fuera en una doble declaración: a los demás y a nosotros.

A los demás que nos escuchan y a nosotros que guardamos tantos secretos como dejamos de tenerlos cuando los escribimos. Así de sencillo. Por eso me pregunto, ¿por qué la gente no escribe? ¿Por qué no lo hacen si con ello pueden transformar el mundo? Sospecho que es porque tienen miedo a hacer el ridículo y que la respuesta podría estar en ese temor a pensar que se enfrentan a una de las más elevadas artes, al miedo ante la palabra y el vacío ante la página en blanco. Pero escribir es acercar el mundo de los demás a uno y llevar lo que tenemos dentro a todos, sin tener miedo a lo que vendrá después, nos lean o nos leamos tan solo unos pocos. Es estrechar lazos con lo que sentimos y percibimos. Observar los cambios de la vida y del cuerpo tal como se vive, acostumbrados como estamos, sin saberlo, de un modo diferente en invierno o en verano. El cuerpo lo sabe, lo nota, y la anatomía nos envuelve con su percepción del tiempo de la misma manera que cambia la realidad mientras nos acercamos a la escritura y nos alejamos de los demás con una verdad que, luego, nos junta a lo que más queremos.

Lo que sucede después puede que sea lo más sorprendente o lo que no tenga remedio. Escribir es por tanto un proceso de conocimiento y de disfrute a partes iguales. Entonces ¿por qué no se escribe más de lo que se hace? ¿Por qué no se escribe lo que de verdad se piensa si con ello se descubre lo más profundo de la existencia?

© De la fotografía. Mónica Picorel.

Publicado en El Corredor Mediterráneo, 2 de septiembre de 2020.
Argentina, año 20, nº 919.