Escritor

La música que escuchamos

Nos pasa con la música que escuchamos. Sin embargo, no voy a mencionar la música que escuchan mis vecinos ni la que se oye en los bares, pues cada cual tiene su gusto y, pese al mal gusto dominante, es necesario escuchar esa melodía que hace gozar a los oídos y motiva que los cuerpos se muevan. No quiero llevar la contraria, pero si escuchas lo que otros oyen terminas aceptando lo que escuchan, de la misma manera que si escuchas lo que muchos oyen, terminas pareciéndote no solo a esos que escuchas, sino a lo escuchado. ¿Qué es la música? Eso que no sabemos definir y extiende sus alas hasta esa eternidad que es una conversación pendiente que no se esperaba encontrar ese día. Por eso no solo hay que tener cuidado con los días, sino fijarnos muy bien a quién escuchamos y pensar mucho, por último, sobre la música que ha de acompañarnos la jornada. Lo digo por mi propia experiencia. Como escritor he escuchado las confesiones de la gente. Como hombre escucho a mi vecina llorar cada noche y oigo la música que escucha todo aquel que viene a contarme sus penas, pues las alegrías no abundan por el momento. Y como El Escuchador me oigo a mí mismo cuando no abro la boca ni muevo los labios. Pero uno siempre termina pareciéndose a alguien; en la radio escucho una canción romántica en la que se cuenta que un hombre no escucha los consejos de la mujer que lo ama.

(Fragmento del tomo 1-1 de El Escuchador: Tomar el horizonte por límite del mundo).

© De la imagen: dibujo de Miryam Álvarez

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2 comentarios

  1. Creo Kepa que eres un extraordinario escuchador Y además un excelente maestro de música. Hace muchos años, entre tantos ruidos, -que hoy se han vuelto devastadores- me regalaste un solo de violin de von Biber, que aun llevo conmigo. Pero como bien dices, uno escucha y a la larga, o en la brevdad de un instante uno oye lo que está mas cerca del corazón y alli se estaciona. Mis saludos afectuosos.

    • km

      Era “El ángel de la guarda” de Heinrich Ignaz Biber. Sus sonatas me acompañan allá donde voy. Te devuelvo el saludo y te mando un abrazo, mi querida amiga.

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