Con las palabras pasan cosas. Las palabras nos sitúan en el mundo real e imaginario, nos dicen cómo somos y en qué pensamos. Nos señalan un camino al conocimiento y a la interpretación de lo que nos rodea. Las palabras sitúan la conversación entre las personas, los objetos adquieren relevancia cuando los nombramos, pero siendo un reflejo de lo que sentimos y decimos pueden huir de nuestro vocabulario si intentamos forzarlas. Lo más sorprendente de este acto reflejo, que busca la simplificación interesada, es que estas palabras sustentan un espacio para la comprensión del otro y de eso que está afuera.

Fragmento del ensayo La poesía si es que existe, Calambur 2005.