Luces de plomo

«Luces de plomo», entrevista realizada por Natxo Artundo, en El Correo, 10 de marzo de 2020.

https://www.elcorreo.com/alava/araba/luces-plomo-20200310205707-nt.html

Cuando se ve la portada de ‘La carretera de la costa’ (El Desvelo ediciones) uno no puede evitar, al menos, cierta inquietud. La mirada fija de un ojo tras un pasamontañas puede verse como amenazante, inquisitiva, iracunda o hasta insultante, pero nunca poética. Esta última cuestión surge al relacionar el título de la última novela de Kepa Murua con su obra Flysch, que conjugaba verso y fotografía con un paisaje que el escritor conoce muy bien.

“Es una novela en la que los personajes descubren su opinión, especialmente el narrador. Habla de la denuncia de la violencia, el desastre que conlleva y el fenómeno terrorista en ‘los años de plomo’. Nací en Zarautz y lo viví allí hasta los 18 o 19 años, lo que marca una impronta. También, el mar ha sido y es una constante de mi obra poética. Flysch era más filosófica, mientras que aquí el paisaje no habla tanto. Lo hacen las personas cuando piensan sobre algunos hechos violentos”, distingue el autor, que estos días ha presentado su libro en las capitales vascas.

El asesinato en mayo de 1980 de Ceferino Peña es el motor de una historia donde confluyen realidad y ficción. Pero también una visión poliédrica y coral del drama, construida desde las miradas de policías, etarras o diferentes ciudadanos vascos. Y en la que se escuchan voces, algo que no siempre sucedía. “Una de las conclusiones que se pueden sacar es que la gente no hablaba con tranquilidad. De hecho, al final se alude a ese ‘pregúntame para que pueda hablar’, porque había miedo y no hablaba con claridad”, recuerda Murua.

Hasta se zanjaba la cuestión de manera tan tajante como irreflexiva: “Había reacciones como ‘algo habrá hecho’, que es cuando se normaliza lo que no es normal. El lenguaje se pervierte”, precisa el novelista. Tan poco normal como cuando ETA admite que el hombre ejecutado ante la mirada de su hija pequeña había muerto por error. “Llama la atención que se asumiera así, y con este eufemismo, para no llamar a las cosas por su nombre. Todavía pasa hoy en política, donde se usan metáforas, se pervierte el lenguaje y se camuflan los hechos”.

Situar el contexto

Murua consigue que el lector se transporte a aquellos momentos y se ubique en esa realidad. Y, a la hora de situarse o resituarse, de pensar o repensar, hay numerosas claves. Y no todas de pensamiento. “Una de las labores más importantes del escritor fue readecuar el paisaje, el contexto, cómo vestíamos, cómo eran lo coches y los salpicaderos o cómo era el habla. Pero de lo que se habla es del arrepentimiento y el etarra que asesinó a Peña –que como todos aparece con su alias– se siente perseguido por los ojos de la niña que le vio matar a su padre. Esto le lleva a huir a Sudamérica y vivir como un clochard”, refiere el autor vitoriano.

“Esto me permite mostrar un mundo sobre el arrepentimiento, que siempre es tardío, como ha pasado en el País Vasco. Igual que la reflexión, tardía», expone el escritor, que defiende la aportación del arte y también que la población nunca ha sido neutra. Siempre ha estado muy comprometida, incluso con el silencio”.

Claro que tampoco era una situación donde no llevara cada cual su mochila de prejuicios. “Había una fijación extraña, que tenía que ver con de qué familia venías, nacionalista o no, del ámbito rural o urbano… Pero sí es verdad que era duro para un estudiante o trabajador ir por las carreteras de Euskadi. La Guardia Civil tampoco era lo profesional que es ahora y también se cometían muchas torpezas o errores. Eso son los matices. El miedo que existía en los dos bandos, a través del cual se va reflejando una sociedad enfermiza”.

Y, en algunos casos, incluso enferma. Murua afirma que “el caballo, la heroína, fue una huida de una generación que no entendía nada”.

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