Un viaje de ida y vuelta

Toda carretera tiene un viaje de ida y vuelta, uno que comienza una mañana, cuando se sale de casa, y se va a trabajar o se acude a la escuela, y otro que es el de regreso. La misma ruta, tantas veces repetida, que se ve de una manera diferente cada hora. De noche, bien a primera hora de la mañana o bien a la última de la tarde, en pleno invierno por ejemplo, la oscuridad lo empaña todo. Las luces de los coches perfilan en cada curva las casas o los árboles que aparecen y en un instante desaparecen. Son sombras que surgen y se van, como las de las personas que vigilan a otras o como las de los huidos que cruzan la frontera un día, y vuelven a cruzarla tantas veces como sea necesario, más tarde, otro día, envueltos en unas figuras sombrías que frente a la luz adquieren una identidad que va cambiando también de imagen. Las sombras en invierno, la oscuridad de esa noche o la niebla densa de tantos días a comienzos de año protegen a los que huyen de un lugar a otro, a los que pasan de una carretera a otra, de un sendero a otro, una vez que otras sombras los buscan.

De La carretera de la costa, El desvelo, 2020.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *